En una reciente glosa sobre el Maquiavelo de Louis Althusser (Machiavelli
and Us, Verso. 1999), el pensador Jon Beasley-Murray, autor del importante Posthegemony (2010), argumenta que este libro puede ser leído a contrapelo del concepto de hegemonía por el cual
tradicionalmente se ha querido leer al autor de El
Príncipe (con énfasis en la lectura gramsciana del texto, desde luego). Si
aceptamos la condición que Beasley-Murray sienta cuando escribe :
« In short, there is a posthegemonic reading of Machiavelli that is
constantly escaping and perhaps threatening to overwhelm Althusser’s otherwise
Gramscian insistence on hegemony. There is, we might even add, an ontological
dimension that undermines Althusser’s contention that Machiavelli’s singularity
is his insistence on “the primacy of politics tout court” (99), entonces, la pregunta que necesariamente se
deriva de esta articulación es, desde mi punto de vista, doble.
Por una parte, la primera pregunta tiene que ver con el
pensamiento y la actualización del althusserianismo en el debate sobre
poshegemonía, siendo éste el paradigma más relevante del campo latinoamericanista
contemporáneo. Por otra, surge la pregunta en torno a la función de la singularidad (que no sé hasta
qué punto pudiéramos equiparar la "singularidad" con categorías como
lo “concreto” o como en la última etapa de Althusser, “lo aleatorio”), como
instancia de quiebre o de ruptura de toda formación hegemónica. En todo caso, lo que está en
juego en esta discusión, siguiendo un poco un reciente intercambio con Alberto
Moreiras en la Universidad de Princeton, no es dar cuenta del rescate de una
tradición intelectual o de un pensamiento en una « disciplina » de
los estudios culturales, sino más bien el hecho de poder pensar, como parte de
la propuesta poshegemónica, un momento de fuga o bien de « terreno
originario » *.
No hay dudas que la lectura de Beasley-Murray no es
un caso nominal y que se enmarca en lo que pudiéramos llamar muy
provisionalmente un « giro althusseriano » en el discurso teórico
contemporáneo. El libro de Emilio de Ipola, Althusser,
el infinito adiós (2002), Althusser
and his contemporaries (2013) de
Warren Montag, los trabajos de recepción althusseriana de Marcelo Starcenbaum, o la reciente edición al inglés del primer libro de Jacques
Ranciere, La lección de Althusser (2011), apuntan hacia un síntoma del
pensamiento actual**. Este « regreso » del althusserianismo, sin
lugar a dudas, tiene como correlato el cansancio (¿ acaso el fin?) de la teoría
post-colonial, así como de las formulaciones más amplias basadas en las lógicas
de la diferencia (deconstrucción incluida). Lo que merita ser pensado, primero
que todo, es si existe una « especificidad » en el althusserianismo
como respuesta al agotamiento de los paradigmas ya mencionados, o si el althusserianismo
sería una de las otras apuestas para el presente. Paralelo al
« revival » de Althusser en la discusión teórica del
latinoamericanismo, la discusión de Badiou por Bruno Bosteels (The Actuality of Communism, Marx and Freud in Latin America), y
Peter Hallward (Absolutely Postcolonial:
Writing Between the Singular and the Specific, Badiou: A Subject To Truth), vendria siendo otro de los registros
posibles.
Una de las diferencias entre estas dos
propuestas, pudiera tratarse de que, mientras en el althusserianismo no hay
necesidad de llevar a cabo un proyecto en « nombre de »; en el caso
de Alain Badiou, la lectura sobre el estado de lo « político » se hace a
« nombre de Badiou » hacia lo latinoamericano, y no viceversa. Esta puede ser una hipótesis
que pueda verificarse, entonces, en el
plano de la poshegemonía : el althusserianismo vendría a articular el
doble movimiento de la universalidad por una parte, y de querer darle fin a la fascinación populista (de hablar en
nombre « del pueblo » o del « evento ») por otra. Pero,
desde luego, la estrategia althusseriana, como todo regreso, es el regreso de
lo concretamente distinto. De ahí que, como es aparente en la nota de
Beasley-Murray, el Althusser de la poshegemonía no es más que un cierto althusserianismo
cuyo énfasis está en la ruptura, las fisuras, o la contingencia como líneas de
fuga de la construcción hegemónica, más que de la vieja escuela althusseriana
de la « ciencia vs. historicismo» que también fue recibida y criticada por intelectuales latinoamericanos
tan diversos como José Arico, Oscar del Barco, León Rozitchner, Carlos
Altamirano, o Fernando Martínez Heredia. La poshegemonía no solo quiere recrear
cierto tipo de Althusser , sino un althusseriano en función de la
poshegemonía (¿en este sentido no es el paradigma que propone Beasley-Murray la
continuación del análisis cultural sobre el científico?).
Para ilustrar lo que digo voy a recobrar un momento
que pudiera operar como un capítulo o preludio en la futura reconstrucción y discusión
del althusserianismo y América Latina. En parte esta operación se debe a que
tanto Beasley-Murray, así como Alberto Moreiras, sostienen aun el paradigma
del « latinoamericanismo » como suma legítima de los discursos
posibles sobre el contexto concreto de lo latinoamericano.
Destinada a
publicarse en un número de Casa de las
Américas de Octubre de 1967, la carta de Louis Althusser a Roberto
Fernández Retamar, a propósito de la muerte de Guevara en Bolivia, es
iluminadora por varias razones. Primero, porque se trata de un documento, que
me apresuraría a decir que es el único en donde Althusser refiere y toma
partido con la lucha armada y el proyecto guevarista del foco guerrillero. Se trata de una carta, publicada décadas
después por Retamar en un número de Casa,
y que da cuenta de la manera en qué el
espacio “latinoamericano” operó como momento epistemológico en el pensamiento
de Althusser. El fracaso guevarista signó, para Althusser, así como para buena
parte de la izquierda latinoamericana (pienso concretamente en varias notas de
Viñas sobre Guevara), tanto el cierre como la apertura de cierto momento
“latinoamericano”. Por último – pero de esto solo me ocuparé en la última parte
de esta reflexión – creo que la carta puede ser interrogada desde el presente,
y así verificar los límites y las ganancias que ofrece la poshegemonía como
nuevo paradigma latinoamericanista.
Althusser reconoce en Guevara una “estrategia
general” (sic) de la lucha de clases que logra moverse en dos puntos: la
reflexión teórica de la lucha y la encarnación de las tácticas en la praxis.
Pero considerando esto, Althusser pasa apresuradamente a decir que:
“Una estrategia general
no es suficiente. Hacen falta organizaciones, objetivos, tácticas y métodos de
lucha correctos y justos, que no se pueden definir sin los resultados concretos
de este análisis concreto de las relaciones de fuerza que constituyen el estado
presente, y las potencialidades de la lucha de clase en cada país, y en el
conjunto de los países” (Casa, p.61).
Leyendo tan solo este fragmento, uno puede
confirmar que dicha crítica, estaría en sintonía con lo que poshegemonía, en efecto, intenta
ofrecer. En última instancia, lo que Althusser critica como “generalidad
abstracta”, no es otra cosa que lo que Moreiras ha llamado recientemente la
“política de la afiliación” (Y llevando la critica a su expresión más concreta,
uno puede ver aun esta tendencia en la defensa que John Beverley hace de la
guerrilla en su Latinamericanism after
9/11). La guerrilla tuvo, en sus
distintas formulaciones latinoamericanas, cierto componente populista, en tanto
construcción de pueblo, a la vez que en la praxis negó la articulación de lo
concreto. La guerrilla entonces, fue esencialmente un grupo de guerrilleros
profesionales, desconectados de las bases y del Estado, ya que el mismo Regis
Debray en Revolución en la Revolución?
– que también critica Althusser, por cierto – determinaba la práctica
guerrillera como contraparte de la actividad "objetiva" del Partido. Esa lógica de
“afiliación” entre pueblo genérico (no concreto),
Partido Comunista, y grupo guerrillero meramente ligado a un territorio (como
lo define Carl Schmitt en sus famosas conferencias sobre la “teoría de
partisano”) repiten el gesto hegemónico de la construcción estatal. La guerrilla sería, según la poshegemonía, la repetición hegemónica del Estado por otros medios.
En la raíz de la crítica althusseriana al foco
guerrillero, encontramos el concepto de lo “concreto”. La crítica de Althusser
a Guevara no es contra la lucha armada (“En su conjunto, la revolución en la
América Latina pasa y pasara necesariamente por la lucha armada”), sino por la
inconmensurabilidad (un “corto circuito”) entre la práctica guerrillera y la formas
concretas de la práctica real:
“La guerrilla resulta el
objeto de una simple afirmación y no de una demostración basada sobre un
análisis, o más bien sobre los análisis de clase concretos. Por otra parte, se
trata de una organización única, encargada de todas las tareas, sin que su
unicidad esté fundada demostrativamente en análisis concretos” (Casa, p.61).
El “corto circuito” – el momento de la
mistificación ideológica y del fracaso, pudiéramos decir – ocurre cuando el
análisis concreto nominal no corresponde a esa “una sola forma de
organización”. El problema de la guerrilla y de Guevara, entonces, es que nunca
puede acortar esa distancia, ni lograr ese “encuentro”, para usar la jerga del
último Althusser, entre los dos niveles de articulación.
La última parte de la epístola de Althusser a
Retamar es una defensa de la “guerra del pueblo” que estaría lejos de poder
leerse como una propuesta “poshegemónica” como la que Beasley-Murray ha querido
leer en el texto sobre Maquiavelo. Veamos, Althusser escribe en varios
momentos del texto:
“La cuestión más
importante, decisiva en última instancia no concierne a la relación entre dos organizaciones
[Althusser se refiere aquí a la guerrilla y el Partido], sino a la relación entre
la organización u organización y las masas populares por otra…”
“El pueblo son las masas
populares. Las masas son el conjunto de clases y grupos sociales que están de
un mismo lado den la lucha, contra el mismo enemigo. El contenido del pueblo
varía según las etapas de las lucha de clase…”
“…en primer plano el
concepto o de la guerra popular, con todas sus consecuencias es reconocer el
papel determinante de la segunda articulación (organizaciones/masas)”. ( Casa, p.62-63)
De esta última parte surgen al menos dos formas de
interrogar críticamente a la propuesta poshegemónica para o desde
“Latinoamérica”. Por una parte, habría que “verificar” concretamente si los
“casos” que Beasley-Murray recoge en su libro Posthegemony, consiguen establecer la mediación entre el concepto y
lo que pudiéramos llamar la “contaminación de la multiplicidad” de la praxis. ¿
Si no llega a verificarse, sería la “poshegemonía” una forma de la guerrilla por otros medios que en su suspensión dialéctica por una propuesta de
la “inmanencia” nunca llega a ser verificada en lo concreto? Esta crítica no es tanto
contra el proyecto de poshegemonía, sino contra la “apropiación” que la
poshegemonía quiere hacer del althusseriano para lo “latinoamericano”. Una
pregunta más genérica quizás tendría que comenzar preguntando: ¿ es lo concreto
una condición para pensar lo poshegemónico?
Entiendo que la reapropiación es una de las
estrategias suplementarias a la conceptualización de un paradigma. El marxismo
hoy, por citar tan solo un ejemplo que me parece pertinente, es continuamente
suplementado por tradiciones maoístas y anarquistas, psicoanalíticas y
deconstrucionistas, de la universalidad o lo comunitario. Se entiende de igual forma que lo que está en juego en la
recuperación de Althusser para la poshegemonía es cierta construcción
retroactiva de un pensamiento poshegemónico que substituya el “negrismo”
puro y duro de Beasley-Murray en la última parte de
su libro***.
Pero si parte de lo que está en discusión, y que se le agradece a
poshegemonía, es la posibilidad incluso de ir más allá de Althusser, entonces
también se tendría que poder leer a contrapelo, la tradición intelectual misma de la
hegemonía latinoamericana – los lectores de Gramsci, en particular el proyecto
más importante en cuanto a la hegemonía, es decir el de Pasado y Presente de José Aricó – como instancia relevante para el
diálogo que comienza abrirse en el presente poshegemónico. La propuesta
lanzada ya por la "poshegemonía" tendría, en última instancia, la
revelación de la hegemonía tal y como fue conceptualizada desde América Latina
más allá de una mera cancelación que signa su prefijo "-post".
Notas:
* En su ponencia en inglés, Alberto Moreiras utilizó
el término "originary ground". Ponencia titulada "Ankhibasie:
Coming to Geophilosophy", Princeton, Marzo del 2013.
** Además
de estos libros, Etienne Balibar estará enseñando un curso en Birkbeck
University este verano sobre la “escenas” del pensamiento de Althusser (ver
aquí: http://www.bbk.ac.uk/bih/lcts). Le agradezco esta información al colega
Gavin Arnall.
***
No hay que olvidar que en la conclusión de Posthegemony,
Jon Beasley-Murray critica a Althusser por su rechazo del sujeto, proponiendo
como referentes a Antonio Negri y Paolo Virno. Conviene
citar este extenso fragmento: “The multitude is a collective subject that
gathers on affect’s line of flight, consolidates in habit, and expresses itself
through constituent power. So the concept of the multitude reclaims
subjectivity from its disrepute in much of twentieth-century political theory.
For Louis Althusser, for instance, history is a “process without a subject”.
But by contrast Antonio Negri, in an analysis first presented on Althusser’s
investigation, stresses subjectivity as a key element in his reinvigoration of Marxism, his “Max
beyond Marx”. In an implicit rebut to Althusser and coauthor Etienne Balibar’s
focus on “Reading Capital", Negri criticizes the “the objectification of
categories in 'Capital’ and praise instead “the Grundrisse as a text dedicated to revolutionary subjectivity”. But
the multitude is a subject of a very particular kind: it is not the traditional
working class, whose identity derives from is place in the process of
production and its place in the process of production and hence its relation to
capital; nor is it either the rational individual beloved of the social science
or one of the delimited identities of cultural studies’ multicultural alliance”
(Posthegemony: Political Theory and Latin America 2010, p.228).
________
Gerardo Muñoz
Marzo de 2013
Princeton, NJ.