Monday, April 7, 2008

Wifredo Lam (Ultima parte V): La Sangre que queda. Maria Zambrano critica de Lam

María Zambrano, critica de Arte: Ojo que atraviesa a Wifredo Lam




















(Maria Zambrano con el novista cubano, Virgilio Pinera.)

Termino este ciclo de mis observaciones en torno a la plástica de Wifredo Lam, con una crónica que, todavía en nuestros tiempos no deja de ser profunda y reveladora como lo fue en sus días más maduros. María Zambrano, ya casi olvidada hoy en los estudios y cenáculos filosóficos, fue la Antígona del Siglo XX. Excelentísima estudiante de Ortega y Gasset, la joven María muy pronto embarco los azarados estudios de la fenemonologia de Husserl y el pensamiento Griego de Empedocles y Parmenides. Todo este marco del canon de la filosofía occidental lo complemento con una visión poética muy honda, una visión mítica del presente que como propósito buscaba y rescataba el continente de los nuevos mitos del nihilismo. Al igual que Nietzsche, María Zambrano nunca se siente en casa en el viejo continente y cuando pone su primera huella en Cuba dice muy tempranamente en uno de sus artículos: "Cuba es mi patria pre-natal". Con el empezar de la guerra civil en la península, María jamás volvería a su tierra, solo en los últimos anos cuando se le otorga el Cervantes y muere en su España de recuerdos lejanos de la mocedad. Son los anos maduros de la guerra y de la posguerra donde María ha de escribir y pensar toda su obra; mucha de ella cuidadosamente redactada en Cuba (Delirio y Destino). María Zambrano fue una peregrina universal, una de las pocas que pudo unir con una majestuosidad increíble las ruinas de la Grecia del siglo V antes de Cristo con la poesía de "resurrección e imagen" del Maestro Lezama Lima. Zambrano fue un pájaro discreto que no le temió a las aguas claras, ni a las oscuras: fue abierta, locuaz, penetrante, poética, visual, precisa, mística. María Zambrano renace de las cenizas de los rayos incandescentes de Santa Teresa y de las noches ocultas de San Juan de la Cruz. En Cuba se reunió con el grupo Orígenes y mantuvo una larga correspondencia a través de toda su vida con Lezama Lima, Rodríguez Feo y Piñera. En Cuba María soñó que era otra, tal vez que era ella también la hija de la madre de la isla, pero también su madre. El tiempo, esa materia tan misteriosa y secreta, nos brinda el goce de poder imaginar que María Zambrano es tan contemporánea como nunca. María esta, todavía, entre nosotros – parafraseando a Lezama.
Aquí presento su crónica a Wifredo Lam, en vísperas de rendir involuntarios recuerdos a dos figuras que fueron, a mi entender, cumbres de una historia que releo y cuyas sombras me han hecho lo que soy.


Wifredo Lam por Maria Zambrano

Si se me pregunta cual es el mundo de la pintura de Wifredo Lam, respondería que es de la naturaleza; mas el de la naturaleza tratada en una relación distinta a la tradicional, en esa forma que el surrealismo ha querido hacer posible. No en la relación del concepto, no una visión conceptual como lo es siempre la visión diaria del hombre de nuestros días, sino en modo mágico.
Mágico es una palabra usada muy a menuda para definir lo indefinible; un recurso. Aquí tiene en cambio un significado preciso: es la forma de relación primaria, original, del hombre con la realidad que le rodea. Realidad que todavía no se ha dividido en visible e invisible, y que no ha sido transformada en "cosa". Las cosas son ya conceptos que encierran dentro de si un misterio que el hombre ya sellado para poderlas manejar con su mente y hasta con sus manos. El misterio inicial con que la realidad aparece esta sepultada en las cosas, especialmente en las cosas de la naturaleza. En la pintura de Lam no hay cosas, ni hombres, sino fuerzas, almas diríamos y en lo que al hombre se refiere, mascaras. Pues el hombre he necesitado la mascara mientras trataba directamente con el misterio viviente de la realidad, aun sin limite. Las mascara cae del rostro humano solo cuando aparecen las cosas como tales y se ha forjado ese instrumento para tratar con ellas, el concepto. Entonces son las cosas las que enmascaran; es la realidad misteriosa la que palpita bajo la mascara de "las cosas".
Triste realismo el de "las cosas como son" y triste arte el que no logre deshacer en algún modo la mascara de las cosas, para que su alma aparezca.
Pero hay varios modos de emprenderlos y aun de lograrlo. El Arte llamado "clásico" respeta la forma de las cosas y de los seres y logra hacer de ella una envoltura adecuada, diáfana, a fuerza de precisión, del misterio que encierran.
La visión conceptual subsiste, más no se interpone ni enmascara la realidad íntima y silenciosa. Es la armonía entre la mente humana y la realidad que parece dócilmente acordase con ella.
En el modo mágico, la relación es otra. La fuerza de cada cosa aparece en libertad, no tal como se muestra una la visión cotidiana sino en una suerte de ilimitación.
Y ante esta fuerza ilimitada el hombre se definiendo; conjura, invoca. La pintura de Lam es toda ella conjuro e innovación; las cosas no están sino que aparecen como atraídas por una canto secreto; por una melodía antigua como las que ciertos pueblos han conservado de su vieja sabiduría. Lam pinto lo que no se ve, lo no dócil a la visión, que por un instante, se mantiene quieto, se amansa, pierde su maleficio como las serpientes por virtud de la melodía misteriosa que las encanta. Encanto del arte que deshace el hechizo de la malignidad que un día cayera sobre las criaturas de la tierra. Pues todo lo venenoso y el veneno mismo parecen venir de un hechizo, de un maleficio que el encanto del arte deshace por un momento. Y así, el conjuro y la invocación que atrae a esas criaturas reacias a la visión, es también exorcismo que las libera de su mal, que las vuelve inocentes.
Recuerdo que un día en la época en que Lam, enfebrecido por el trabajo, se daba a captar las criaturas hijas de la tierra y el fuego del sol de su país natal, veía yo el despliegue de sus telas, pensaba que de tener que darle un titulo a todo aquello, le llamaría La flauta mágica. Los insectos misteriosos del trópico, los cocuyos esmeralda que alumbran las noches del verano, las flores increíbles que abren sus corolas a medianoche, los cactus que apenan se distinguen de la tierra, el secreto mundo del trópico tan esquivo a la visión, aparecerían sorprendidos en su danza. Porque en la naturaleza todo se mueve bajo una aparente quietud y solo la noche revela la oculta fiesta, la danza que parece ser la intima vida de todas las criaturas. El mundo del trópico no es plástico, sino musical, órfico. La pintura de Lam ha sorprendido este secreto; sus cuadros tiene aún distribución musical, rítmica; el espacio es el vacío que desplazan los cuerpos sutiles en su giro. No es un espacio preestablecido, sino ganadao trozo a trozo; un error de milímetro haría caer el equilibrio de sus grandes composiciones. Porque es el número quien rige la danza. Si toda naturaleza tiene su matemática, la del trópico es la más precisa y delicada; en el trópico la luz encubre y la noche revela. Pintura nocturna más que luminosa me pareció siempre la de Lam. Más la pintura, no lo olvidemos, nación en la noche de las cavernas; conjunto e invocación a las criaturas: para que dejaran por un instante ver según numero y figura.


(Roma 1954. Algunos Lugares de la Pintura. Madrid 1991)

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