Monday, May 19, 2008

José Marti y la pintura




Marti - Roberto Fabelo


"Mad­ness, an extraordinary fanaticism took possession
of all these new sun-worshippers [Painters]".
- Charles Baudelaire, Modern Painters

"Quieren pintar como el sol pinta, y caen"
- José Marti, Julio 2, 1886



I.

La representación o el esteriotipo del genio han sido difundidos y prefabricados dentro del imaginario canon de nuestra historia intelectual moderna. El interior del significante de la clasificación "genio", presupone a un hombre polifacético, medio desequilibrado y excéntrico (Holderlin, Dante Rossetti, Rimbaud: la "discursiva de la locura en la Edad de la Razón"- M. Foucault). En la Modernidad el genio es una categoría del "Otro": una invención reproductiva de las construcciones culturales. Roland Barthes recordemos, señala en una de sus micro-mitologías, que para la clasificación del "Genio", el cerebro del científico Einstein se convierte en un fetiche, lo que Walter Benjamin aclamó como la "reproducción mecánica del arte", y por ende la destrucción del aura o de la figura natural. El genio no puede verse como un "otro", o un mero producto de una sociedad avanzada, la cual expectora estos hombres de ingenio y de iluminación. Dos aspectos pueden satisfacer la noción del genio: primero, su poder orgánico de la creatividad, y segundo su habilidad y maestría en disciplinas disímiles o heterogéneas. Como ejemplares podríamos pensar en Aristóteles, en Leibniz, en Goethe o en un Bertrand Rusell. El cubano José Marti pudiese ser colocado en esta definición sin riesgo alguno, ya que el genio siempre es plural y poliédrico. Marti, nunca fue un plano ni una estrella, sino un poliedro siempre iluminado por una de sus vértices.

El poeta y apóstol de la nación cubana es constantemente tildado como el 'genio supremo', aunque solo entendido mediante uno de sus muchos planos: el de poeta. No podemos ignorar, sin embargo, que José Marti fue un hombre de las más altas cumbres del intelecto, manejando muchas de las disciplinas y géneros literarios que se propuso en su corta y estrecha vida. No solo le dio forma y coherencia al Modernismo Baudeleiriano, que echo andar Julián del Casal en la creación poética, sino que también escribió la primera novela Modernista que conocemos, Lucia Jerez: "Amistad Funesta". Escribió obras de teatro con tintes naturalistas, dignas de pertenecer a las mejores continuidades de Ibsen, y no a meros pleonasmos o copias localistas. Su prosa diáfana, directa, elocuente, le permite ser un gran orador y agitador político mediante sus discursos, mientras que en las epístolas y en los ensayos estéticos encontramos a un Marti inmerso en la historia de la filosofía y en las más novísimas teorías estéticas de su tiempo. De los múltiples "Martis" que podríamos discutir e indagar, de la misma manera que un arqueólogo desempolva unos huesos, el Marti critico de arte y de pintura es uno que no deja de sorprender por su vigencia y su sorprendente adelantamiento al discurso actual del arte. Propongo una lectura de Marti como poeta-pintor, quien a través de una critica azarosa y tenaz de los pintores españoles, impresionistas y americanos, pudo apuntar a una estética propia dentro del arco del Modernismo Hispanoamericano. Marti declara en una de sus cartas: "El poeta debe, como el pintor, también pintar"; Marti como poeta llega a pintar sus versos con los colores más vivos de las paletas de los Maestros. Paletas que se vuelven palabras, y con palabras todo un mundo sencillo y débil, pero también un mundo que explota de bellaza poética.

II.


El vínculo de José Marti con la pintura, la historia del arte y las artes visuales comienza tan pronto como con su propio exilio de la isla en 1871. Al llegar a España Marti tiene dos propósitos que ha de cumplir. Primero, terminar unos apuntes sobre el presidio en Cuba, y segundo completar sus estudios, los cuales se habían truncado al verse forzado ha abandonarlos cuando solo tenia dieciséis anos. En Madrid, Marti es calidamente recibido en la casa/taller de Madrazo, el eminente pintor neoclásico, y es en este espacio donde Marti profundiza sus estudios pictóricos asistiendo a clases en Zaragoza por pintores de renombre en la España de Siglo XIX. Es un ambiente de desarrollo plástico para el poeta, y rápidamente descubre a las dos figuras que serian señeras dentro de su concepción estética: el pintor del Eclecticismo Español, Mariano Fortuny, y el macabro y quevedesco Francisco de Goya.

En el primero, Marti se deja llevar por el novedoso uso de la luz, y de los colores de las playas (elementos que Fortuny adelanta a las luces impresionistas de Joaquín Sorolla), pintar con el uso del sol y la simple búsqueda de lo cotidiano, que a su vez es elevado al nivel estético. Mientra que, Goya para Marti fue el gran denunciador de la España actual: una voz crítica. Marti escribe de Goya: "Gusta de pintar agujeros por ojos, puntos gruesos rojizos por boca, divertimentos feroces por rostros". Si Fortuny simbolizó para Marti el pintor de la "luz", y de la visión plástica de la paleta, Goya bien pudiera representar para Marti el lado oscuro de la razón y de la Modernidad, una razón que "produce monstruos" para la concepción del arte. Los elementos satíricos, son claves en la obra del Maestro Aragonés, no solo en su temática, sino también en su estilo desfigurado por mascaras, bestias, animales y las metáforas representado las ansiedades del hombre frente al progreso moderno y sus instituciones (la Iglesia Católica, el Estado y sus instituciones paralelas). Como bien ha señalado Leyva González: "Marti admira la verosimilitud que han alcanzados sus monstruos [Goya]…Marti decía 'he ahí un gran filosofo, ese pintor, un gran vindicador un gran demoledor de todo lo infame y lo terrible". Pudiéramos notar que la crítica Martiana sobre la pintura española, gira sobre la idea de una conciencia crítica, para la denuncia y el contraataque de las infamias agudas que la Ilustración se trajo consigo desde Voltaire hasta Kant. Si críticos como Juan de la Encina en su "Retablo de la Pintura Moderna", o Carlos Fuentes en sus ensayos, han dejado claro que Goya ha sido el primer pintor moderno por excelencia; es José Marti quien se adelanta por casi un medio siglo en asegurar que Francisco de Goya guardaba la clave de lo efímero del hombre moderno:

"De Goya y Velazquez vienen todos – esos dos españoles gigantescos…
Goya que dibujaba cuando niño con toda la dulcedumbre de Rafael, bajo envuelto en una capa oscura a las entrañas del mundo humano y con los Colores de ellas contó el viaje a su vuelta".
José Marti, Obras Completas T. XIX P. (304)


La crítica hacia la obra pictórica de Goya acentúa y marca pautas para el hombre moderno. Si Baudelaire en sus Pintores Modernos, discute el flâneur como la nueva mascara del artista moderno, es también Marti quien desde la orillas de la pintura crea de Goya una critica de estirpe sociológico, a la vez que va instrumentado una visión filosófica de la condición humana del hombre en su nuevo contexto social y político del siglo diecinueve.

El riguroso estudio de la pintura realizado por Marti en España, abre ventanas para los anos en el exilio neoyorquino. Sus contribuciones en los periodiquéales de la America Hispana, ya ilustran a un José Marti sumergido en las aguas mas profundas de la crítica visual. Ensayos como "La quincuagesimaquinta exhibición de la Academia Nacional de dibujo" en 1880, y "Nueva Exposición de pintores impresionistas" se han convertidos en paradigmas de la critica en la historia del arte. En sus primeros anos en los Estados Unidos, Marti es severo y desdeñoso con la pintura Americana, a la cual con mucha frecuencia tilda de "falsa, no se inspiran a su propia naturaleza, tipos locales", entre otras muchas desdeñosos objeciones. No es hasta mucho después, a mediados de 1880s que Marti se encuentra fehaciente al lado de una plástica renovada en el mundo estadounidense. Duramente el mismo tiempo que escribe la muy alagada y excepcional glosa a Walt Whitman, Marti empieza por conocer en una exposición de acuarelas los trabajos de F. W. Church y las obras maestras de Winslow Homer. Esta exposición renueva su critica en torno a plástica moderna americana, y señala los prósperos cambios del arte del continente: "han logrado una rápida victoria sobre el espíritu nacional, y la tersura gracia" (Obras Completas. Cartas 1888).


Alejo Carpentier fue uno de los primeros en señalar la importancia de la critica martiana en torno a la pintura impresionista, puesto que, en comparativa con la critica Francesa de la misma época, Marti, sin duda alguna, estuvo muy adelantado a su tiempo. Recientemente, Adelaida de Juan, en un breve pero penetrante estudio: "Pintar como el Sol Pintura: José Marti y la pintura impresionista francesa", ha dado lugar al descubrimiento de la importancia de la critica que el poeta hace a los impresionistas. En una acotación, "Nueva exhibición de los pintores impresionistas", Marti desarrolla una critica original analizando la forma, los colores, las astucias técnicas, los antecedentes históricos, e instala (como mismo hará muchos anos después nuestro Guy Pérez Cisneros con los artistas de la Vanguardia Cubana), en un marco universal de las tendencias artísticas. Las obras de Monet, Pisarro, Corot y Manet, forman parte de la critica que Marti hará paralelamente que iba desarrollando su estática de "pintura poséis" (terminología iniciada por Lessing para denotar la relación ekphratica entre los visual y la escritura – véase Gabrieloni, Ekphrasis y la Traducción). Marti propone a Renoir como el pintor maestro del movimiento impresionista francés, idea que todavía hoy el canon artístico esta de acuerdo. Para tener una breve sombra o pincelada de la crítica de los impresionistas por Marti, cito de su ensayo lo siguiente:

"Naturaleza…con el esplendor y realce…Quieren pintar en el lienzo plano lo que la naturaleza crea en el espacio profundo. Ellos [los impresionistas] quieren reproducir los objetos con el ropaje flotante y tornasolado – la Naturaleza procede con la luz fugaz que los enciende y reviste. Quieren, por la implacable sed del alma, lo nuevo y lo imposible. Quieren pintar como el sol pinta".
- José Marti, "
Nueva Exposición Impresionista".


Con los antecedentes ya notados (Fortuny y Goya), Marti como critico de arte se apuntala en defensa de un grupo artístico de vanguardia, como los impresionistas, en la realidad del mercado artístico de finales del siglo. La critica del poeta, no solo es reveladora por su novedosa asimilación plástica y la oblicua observación, sino que Marti como crítico de arte puede forjar su propia visión poética con los principios del arte moderno pictórico a la par de los Parnasianos y los Simbolistas como Mallarme, Baudelaire o Gautier. El encuentro con la pintura da la sensación de un desarrollo colorido y plástico en la obra literaria de José Marti.

III.

Las huellas de la critica de arte en la poesía de José Marti han sido estudiadas sistemáticamente por varios críticos de la literatura hispanoamericana, por ende me limitaré a unos ejemplos de la plasticidad en la poesía Martiana. Ivan Schulman (Símbolo y Color en José Marti. 1970), ha codificado en la poesía de José Marti un complejísimo mosaico basado en esquemas de colores para cada símbolo o leitmotifs de la obra martiana. Los recursos y licencias poéticas de Marti no son signos arbitrarios de un genio poético. La obra poética de Marti solo cobra sentido y riqueza cuando es estudiada dentro de un marco ecfrastico, ósea llevando paralelamente sus estudios críticos hacia la pintura que ya hemos visto.

La idea del ekphrasis, es tan antigua como la critica de la poesía misma, aunque el discurso proviene del Lacoon de Lessing, seguidos por los ensayos críticos de Charles Baudelaire, Stephane Mallarme y Wallace Stevens. Como recurso retórico el ekphrasis denota la relación de lo visual con lo escrito o lo narrado (la palabra ekphrasis proviene del griego "ek" = afuera, "praxis" =describir). El origen proviene de la narración del escudo de Aquiles en la Iliada de Homero, donde la técnica de descripción del escudo se vuelve una imagen visual de una obra de arte. El poeta busca una descripción en una obra ajena a la escritura, y la describe de forma tal, que la palabra se vuelve dúctil o plástica. La poesía de Marti, incluyendo los Versos Sencillos y los versos libres de Flores del Destierro, hacen un uso del ekphrasis para incorporar el color, los tonos, los símbolos plásticos que Marti habría de estudiar en sus críticas de pintura impresionista, americana y española como hemos señalado a través de esta discusión. Sin embargo, sugiero que no solo Marti incorpora la forma "plástica" que aprendió de la pintura; Marti también opta por dos medios diferentes de "pintar" sus versos. La primera vía, la llamaríamos la de alusión-directa, mientras que la segunda de retórica-simbólica, donde la plasticidad emerge para darle un molde a al versos sin referirse o aludir directamente hacia algún cuadro visto o imagen fija.

En el poema de Marti, Pollice Verso, vemos una directa alusión al cuadro neoclásico del Orientalista Frances, Gérôme León del mismo titulo. Los versos de Marti pintan con palabras, a través del recurso ekphratico, la atmósfera y el tema del pintor:

La vida es grave,
Y hasta el pomo ruin la daga hundida,
Al flojo gladiador clava en la arena.

En el poema, la vida es un símil con la "arena", y así visualizamos el elemento espacial en lienzo de León. La agudeza de las palabras como "grave, gladiador, clava", enfatizan aun más la emoción que la pintura derrocha con su iconografía y sus figuras centrales como el gladiador: la pintura de León, que no es más que un retrato histórico, es convertido por Marti en una metáfora existencial de la vida cuando dice:

Donde ni el Sol da luz, ni el árbol sombra!
Y bogan e silencio, como en magno
Océano sin agua, y a la frente
Porción del Universo frase unida
A frase colosal, sierva ligada
A un carro de oro, que a los ojos mismos
De los que arrastra en rápida carrera.

Los elementos plásticos impresionistas abundan en el poema: sol, luz, sombra, azul (océano), oro. Este arco iris visual, pretende conectarnos con un mundo de belleza de la imagen pura, ya que los símbolos no son conceptos aislados de lo visual. Ya sea el color o la forma del cuadro de León, el lector toca y visualiza un estrecho panel pictórico. Con palabras de códigos plásticos Marti va creado, como si la pluma fuese una brocha o u pincel, los relieves de luces y de sombras, que se van filtrando en el anfiteatro romano. Los versos sencillos muestran también un código visual en cuanto al color y a la vitalidad plástica, donde aunque no se aluda a un cuadro de los maestros impresionistas como Claude Monet:

Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbon.
Pinta mi amigo el pintor
Sus angelones dorados,
En nubes arrodillados,
Con soles alrededor.


Pínteme con sus pinceles
Los angelitos medrosos
Que me trajeron, piadosos,
Sus dos ramos de claveles.

La frescura del color le sirve a Marti para el desarrollo de su estética del Modernismo Hispánico. Una estética que plasmaba las nociones de la castidad, la blancura, la belleza, lo musical, lo diáfano, la condición del poeta como recreador del Universo, y la verificación llana y simple de arte menor. En Marti, el paralelismo que existe entre la pintura va mas allá de una subconsciente o "influida" noción pictórica de algún que otro aspecto pictórico. Marti, como hemos visto, estudio y se nutrió de la pintura, y no se detuvo en la acomodada posición de crítico de arte. Marti recreó lo aprendido para transmutar en colores, aceites y telas cada de sus poemas y sus narraciones.

A primera vista Marti es un poeta: un excelente poeta de la sensibilidad más sosegada. Pero Marti es también pintor, aunque carezca de un lienzo y de un caballete. La pagina blanca es la tela del poeta, ya que para el genio de Marti no hubo necesidad de acuarelas o de brochas para poder dejar plasmados en nuestras letras los movedizos Ángeles de Giotto, las rosas de Redon, el sol de Monet; regalándole a Cuba la quieta y oscura noche de Whistler.

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Gerardo Munoz
Mayo 19, 2008

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