Wednesday, July 2, 2008

Dos Glosas

(Performance - Asturias 2008)
(I)

Aquí compruebo (*el nuevo performance de Fuentes), y registro con sola una mirada detenida, a un Rubén germinador. Si, germinador! Con esto quiero decir que me enfrento a un Rubén en proceso de simbiosis y de un dialéctica sublime que va en contra de todos los airados remolinos del Ángelus Novus de Paul Klee, ósea de la plástica y el arte actual. Se destila un aire original, un artista con un dominio propio, corpulento en sus ritmos de ideas, pero también como los filósofos del Zen o el gran Epicuro del Jardín, es un artista disciplinado, un artista rectilíneo (como comprobamos en sus huellas en línea). Aunque debo decir que soy mas fiero entusiasta de los lienzos monocromáticos y de esas obras "telúricas" que he podido ver los últimos meses, siento que en este performance el aura del arte va a sublimarse con la tierra misma, con el mar, con las huellas de la arena. Como en Mendieta, el artista se vuelve tierra, palabra y sangre. Sangre de huesos y tierras compartidas con el recuerdo. Puedo recordar al mirar a Rubén dando sus pasos encorvado, los famosos, tal vez muy famosos, versos de Antonio Machado: "caminante no hay camino". Veo con este performance, que la obra deja de ser una obra de arte por si misma, deja de ser la obra monumental y atemporal, y que se va creando un pedazo de lo que hoy en día llamaríamos el "conceptual machinery" de Rubén para una estética individualista del futuro. Es en esta obra lo que sin duda, como torbellino de arena que destila el salitre, se va fomentando la enhiesta obra de mi compatriota y amigo Rubén Fuentes. Ser hombre y percibir la belleza de lo cotidiano es el propósito de cada arista. Los pasos son análogos al constante "flux" de Heráclito, que sin decir mas, son los pasos que dio el griego en la antigüedad y que los vuelve a dar este artista cubano por las lejanas aguas de San Lorenzo: lejanas porque no es pueril decir en cada huella dada esta Cuba, en cada huella están todos los azules del trópico y todas las transparencias de los sueños de Carlos Enríquez.

(II)El exilio no puede insinuarse como una de las muchas barreras psicológicas al hombre moderno, puesto que el hombre moderno ya es, en su esencia y naturaleza, un exiliado de lo segundo, y un extraño de lo primero. Encontrar el Reino es una quimera, el cual se halla en la ciudad laberíntica y los escombros de su paraíso y su única naturaleza. El arte, en cambio, propone contestación mandataria a la condición del hombre, cuando resuelve en el presente levantar su vieja etimología de “hacer”, de crear; no de ‘imitar’ y / anti-hacer, en sus fortalezas. Los pasos de Rubén aspiran a la creación con lo más secreto de la ruptura del hombre: la tierra. Para Tales, fue símbolo, de lo que los empobrecidos hombres de imaginación (los científicos), de hidrogeno y oxigeno, y lo que el llamo el agua. Es por esto que condeno a la plástica de Rubén como poética visual, la cual crea y deja marcas en la tierra madre, en una tierra que no es ajena al hombre, porque el hombre es parte de ella.

Nietzsche sentenciaba, no ignorando este simple argumento: “El artista no imita a la naturaleza, porque ya en si lo es”. Como creador el artista crea donde sea, y amolda su realidad – sus contornos extraños. El exilio de Rubén en Asturias, no le ha servido para el sufrimiento o las patéticas añoranzas…en cambio, se adapta como la planta de piña evolutiva, para dar el sumo y juntarlo con el solivio de las aguas y sus vidrios. Cito al artista, en torno a su propósito e influencias personales: “En el budismo Zen hay una meditación caminando que se llama Kinin, se camina lentamente sin pensar en otra cosa que no sea el acto energético de dar los pasos con todo el peso de nuestro cuerpo y nuestra conciencia. Si cuando caminan recuerdan hacerlo con atención esta sencilla obra habrá cumplido su propósito”.

La creatividad de un hombre es infinitamente mas rica que los simulacros naturales: el sol, las aguas, la tierra, la sangre, el semen, las lluvias, la voz de los pájaros…digo, que para elevar a un pájaro hubo que inventarlo como en Keats; para un movimiento que sacude las aguas y un exilio, hubo que observar a los pasos ‘encontrados’ de Rubén Fuentes.

G.M.R
Marzo-Julio 2008

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