Thursday, July 17, 2008

Louis-Leopold Boilly: Pintor de la vida Napoleonica (Parte I-Cuadros)




Boilly, es un no muy conocido pintor del género costumbrista francés de siglo XVIII, quien vivió durante el Imperio Napoleónico. Fue sacado de la ultratumba de su tiempo no hace mucho por Susan Siegfried, historiadora de arte de University of Michigan, con quien tuve la oportunidad de compartir un rato en una de sus magistrales y eruditas conferencias en University of Florida hace ya dos años, a que Susan visitó la universidad en Gainesville, a propósito de su nueva investigación sobre los dibujos y el orientalismo de Jean Dominique Ingres. Después de su erudita conferencia sobre la anatomía de la Odalisca de Ingres; el banquete se inició en el dept. Art History la charla entre copitas de vino, donde nos hablo sobre su especialidad: la pintura de Leopold Boilly. Ahí empezó mi interés sobre un pintor que apenas había oído hasta ese momento, y que rápidamente busque al día siguiente en la biblioteca de Arte en la Universidad. Dra. Siegfried escribe una deliciosa exegesis sobre el pintor, con la puesta de la exposición en el Kimbell Art Museum y el National Gallery of Art, titulada: The Art of Louis Leopold Boilly: Modern Life in Napoleonic France. Junto a sus otros trabajos monográficos sobre el contexto social en el arte de Ingres y sus lucidos ensayos sobre la función del trompe l'oeil, su trabajo de Boilly abarca la época de especialidad de la historiadora (la Napoleónica), en la cual yuxtapone siempre su análisis histórico, siguiendo los pasos metodológicos de Arnold Auster, aunque no siempre marxistas, llevados a la mano por la influida corriente de la filosofía del arte de Meyer Shapiro. Boilly como pintor es desconocido pero muy bien pudiera ser un paradigma dentro de las discontinuidades del arte francés que abarcan las tres corrientes principales: el neo-clasicismo, el academismo, y el tardío romanticismo de Géricault. En contraste de escribir una simple biografía acompañada por viñetas, Siegfried se arma de una hermenéutica que intentan discutir dos importante tesis: la sociología del arte de Boilly y su representación erotizante de la mujer en su primer periodo. Boilly vivió en los últimos días del Ancien Regime de Francia hasta la restauración pos-napoleónica de los Borbones. Las escenas de la vida parisina bajo Napoleón es su obra más interesante, ya que nos deja una mirada muy íntima y un relieve de expresión de la condición de esa emergente burguesía de principios del siglo XIX. Como el Balzac de la Comedia Humana, Boilly ilustra en sus lienzos el flaneur, ese hombre de sombrero de copa que camina y sale en busca de la aventura nueva. El hombre que trato de matar Carlos Marx. Paralelamente en Francia, el pintor neo-clásico, Jacques Louis-David, se convertía en pintor cortesano. David sorprendía con sus magnificas y gigantes pinturas del General Corsico, de las escenas históricas clásicas y de otros temas recurrentes en la pintura neo-clásica, como rescate del arte romano y griego, recordamos las escenas romanas de David basada en las organizaciones de las columnas doricas. Boilly se distanciaba de este estilo prolífico de David, cargado del clasicismo icnográfico, eligiendo una representación de las escenas de la vida cotidiana. Siegfried, cabe señalar, analiza en su libro la obra pictórica de Boilly como división de dos etapas. (The Billard Game - L.Leopold Boilly)
La primera se caracteriza por un conjunto de pinturas elegantes, que fueron en su tiempo encargos privados por burgueses. Se ve en muchas de ellas un elemento erótico y tierno, sobre todo en la representación de la mujer en los interiores, las cuales nos recuerdan a menudo a esos interiores holandeses de Vermeer y de la escuela flamenca, con un cuidado exquisito de las telas y de las texturas visuales. La segunda etapa presenta la etapa social, donde (como ya había señalado anteriormente) Boilly ilustra las escenas de las muchedumbres y de las masas en su dinámica exterior: las mudadas de familias, las riñas en las calles, las señoritas de flor (de las que habló también el gran Proust en su Tiempo Perdido) bajo el cuidado de las sombrillas que se pasean con sus hijos. Son estas escenas las que habitan en los lienzos del Boilly viejo. También ejecuta temas de interiores como una pareja jugando al ajedrez o el famoso lienzo del “Juego de Billar” (en Hart Museum, St. Petersburg). Una de las constantes en las pinturas de Boilly es la ejecución melódica y balanceada de las masas. En contraste de Giotto y de los primeros italianos del Renacimiento, Boilly no ordena espacialmente sus figuras, ya que la masa para Boilly es lo central y lo único. La masa que no tiene forma y que se prolonga en diferentes tensiones sociales. Desde Baudelaire hasta el análisis más profundo de Elías Canetti (Masa y Poder 1960) la masa como fenómeno en el cambio sociológico del Occidente ha sido estudiado como función y estructura moderna: ¿Qué constituye una masa? ¿Qué simboliza una masa? ¿Cuál es la relación entre masa, poder y sujeto? La plástica de Boilly (y aquí Susan Siegfried brillantemente penetra y aporta muchísimo a este discurso) es uno de las fichas esenciales para entender la masa y la representación de ella en el Siglo XIX y XVIII. La profusa diversidad de las masas en los lienzos del pintor francés, se aprecian desde las diferentes tangentes y configuraciones del fenómeno social; detalles de mujeres, modelos urbanísticos y los espacios politizados de los que ya había estudiado Michel Foucault en su “Heterostopia” como espejismos modernos en la esfera pública. Boilly, cobra sentido dentro de este marco sociológico que ayuda a un entendimiento de las variables políticas que surgen en el Imperio Napoleónico. La historiadora Susan podría admitir como Foucault, que la Modernidad social nace en la época Ilustrativa del Siglo XVIII y XIX. La Dra. Siegfried, en sus intentos deductivos, revela la grandeza de Louis Boilly dentro del paradigma social del arte en el siglo XVIII. No creo que exista estudio que supere al libro que será esencial para aquellos interesados en un pintor que resulta tan importante como los grandes nombres que encontramos en los catálogos y las matriculas de la historia de la pintura moderna.

GM 2008

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