Thursday, July 31, 2008

Louis-Léopold Boilly: Pintor de la vida Napoleonica (Parte II -caricaturas)







Como Goya en sus dibujos negros y grotescos, en Boilly existe la “otra” cara del pintor. Aunque Boilly difiere esencialmente de ese Goya trágico y agónico de los dibujos de los horrores de la guerra y de las escenas de la Inquisición, la otredad de Boilly son las caricaturas satíricas y cómicas del burgués Frances del siglo XIX. Lo cómico se hace en Boilly otra tragedia.
En casi todos los dibujos caricaturescos de Boilly, el personaje central es la mascara – la naturalidad del símbolo, ósea el rostro/ la persona. Recordemos que la etimología Latina de “persona” no es más que “mascara”; es también ser “otro”. Andre Gide, recordó esta distinción y sentenció en su Diario “lo más profundo que tiene el hombre es su superficie”. El rostro es la mascara natural del hombre, una sombra que significa el “yo” pero que siempre es “el”. La representación del rostro, recordando lo apuntado, resulta aun más difícil de precisar en la historia del arte. Boilly, en sus dibujos macabros de rostros, los exagera, los carga de dramatismo humano y de un absurdo patético, que solo podemos encontrar en los vagabundos teatrales de Samuel Beckett.
La caricatura tuvo en su origen esa función de “delatar” y “atacar” el poder y los seres que gobiernan a los otros. La caricatura también sirvió para comunicar o señalar una “verdad” al público (a las masas, a una simultaneidad) con un signo que muestra otra cosa en ocasiones, como el uso de una metáfora inteligente, que siempre es parte de una buena caricatura por parte del dibujante. En cada de los rostros de Boilly se esconde una imagen de sus tiempos, una acusación que hoy se nos pierde y que nos es ajena, pero que sin duda hubiera sido muy graciosa para los espectadores de los cuadros de Boilly. El autor de Who cut the cheese: a history of the fart, Jim Dawon, evoca a Boilly para su argumento sobre la percepción de las flatulencias en el siglo XVIII, haciendo referencia a los gestos faciales de las caricaturas de Boilly. En ese sentido la sátira y la comedia siempre carece en su temporalidad. El propio Boilly, se auto retrata, haciendo una mueca extraña: ahí se diluye el propio pintor, la mueca lo convierte otro como la mascara (el astuto critico e historiador de arte, E. Gombrich, ha notado la incomunicación sobre la relación de la representación de la cara, como en el espejo de Venus de Velazquez, y la ilusión mimética de la visualidad) porque de hecho su cara, como la de Dios para los antiguos Cabalistas, no se puede ver; muchas veces apenas nombrar.

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