Monday, July 7, 2008

Sobre la Pintura de Antonio Gattorno (Parte IV): "El Anscenso de Gattorno" por Adriana Herrera

(Miriam 1933)
El Ascenso de Gattorno (El Nuevo Herald. Junio 2, 2005)

El Lowe Art Museum de la Universidad de Miami rinde tribute a la memoria de Antonio Gattorno con una gran exposición retrospectiva que tiene lugar cuando numerosas evocaciones en distintos lugares señalan el ascenso del artista cubano que falleció en 1980 y cuya memoria permaneció décadas en la sombra.
En La Habana se empezó a preparar un libro tras la celebración del centenario de su nacimiento diciembre de 2004; en California, Chris Gumersal, productor de cine obsesionado con su figura, realiza un documental que revive a Gattorno ante el público general presentándolo como “el mas impresionante pintor del que usted jamás oyó hablar”. En Santa Fe, Nuevo México, Bernard Ewell, el gran experto en la vida y obra de Dalí, celebra la pasión con que Terri Cabral, sobrina de la viuda de Gattorno, y su esposo Sean M. Poole, han dedicado sus días a seguir el rastro de sus periodos de gloria y oscuridad. Son, dice, “guardianes de la llama” de la memoria de un gran pintor desaparecido. Poole es en efecto su gran biógrafo y el autor del libro que acompaña la exhibición del Lowe, curada por el mayor coleccionista y marchante de su obra: Frank Padrón.
Antes de que nadie, fuera de su isla, hubiera oído hablar de Gattorno, ya Hemingway proclamaba que era “un pintor cubano para el mundo”. Lo hizo además marinero y pescador; lo sometió a pruebas de repitencia en conversaciones sostenidas bebiendo vermut durante horas interminables a bordo del barco Pilar, y lo impelió a dejar Cuba, con una convicción total sobre su arte. Le dedico una monografía en Nueva York, la ciudad a la cual lo arrastro, como paternal mecenas de su “destreza pictórica”.
Paradójicamente, una de las múltiples razones por las cuales Gattorno llego a sumarse al grupo de los artistas devorados por el olvido temporal, fue la “traición” que para el supuso el suicidio del portentoso narrador que había citado alguna vez John Donne en su celebre frase: “La muerte de cualquier hombre me disminuye”. La de Hemingway lo sumió en una suerte de parálisis emocional que le impidió pintar por más de una década.
A la ausencia de su nombre en el esplendor del Soho neoyorquino, se sumaron la combinación de su soberbia artística con el desden por la promoción, la mezquindad humana de la que se contamina la critica cuando se guía por antipatías personales, como parece haber ocurrido con José Gómez-Sicre, quien lo excluyo de la gran exposición de 1944 del MOMA, Cuban Painting of Today, y los espacios vacíos en la memoria de su gente tras su partida.
Juan A. Martínez, profesor en historia del arte y autor de Cuban Art and National Identity, señala que Gattorno, considerado genio en los 20, figura principal del modernismo cubano en los 30, y reconocido neorrománticista en la Nueva York de los 40, desapareció de la gran historia del arte cubano. Su figura le hace pensar en una cita de Fidelio Ponce sobre los ojos verdes y bellos, pero tan chicos de la posteridad, que “pocos caben en ellos”. Y, sin embargo, insiste, Gattorno “produjo un impresionante conjunto de pinturas, acuarelas, y dibujos”.
Ciertamente, a los 15 anos, siendo alumno de Leopoldo Romanach, gano una beca para estudiar en Europa. En Paris trabajo en los estudios de George Roualt y Jules Pascin y en Italia descubrió el cuatrocenttos. A lo largo de su vida rindió distintos homenajes a esa época que evoco y defendió, en contraposición a ciertas formas de modernidad en obras como Omaggio del Quattrocento o Self Portrait with Buffons. Según sus escritos, los dos bufones son Pollock y de Kooning.
En Madrid, a los 17 anos, fue compañero de Dalí, que tenia su misma edad. Creía que el español era capaz de hacer cualquier cosa movido por un “inmoderado deseo de fama”, mientras este lo veía como un artista increíblemente ingenuo. Ambos tenían razón. Ewell se refiere a los dos como pintores “con un alto grado de superposición” en etapas determinadas de sus obras. Destaca que Gattorno, “maestro del modelado y las técnicas del óleo y las veladuras”, creo obras significativas sin conexión alguna con el surrealismo. Dalí sigue esta tendencia una década antes que el, pero como advierte Carlos A. Díaz, escritor y coleccionista de arte, a través de su simbología surrealista Gattorno participa una experiencia en la carne que tenia como objeto a la mujer y la condición humana, mientras Dalí participaba vivencias oníricas. “Dalí suena con los humanos. Gattorno habita con ellos”.
El cubano vivió a contracorriente, aferrado a su personalísima exploración de la pintura. En Europa, ignorando el auge surrealista, dibujaba pinturas modernas primitivistas como El camino; en Cuba fue pionero en los retratos de guajiros (Guajiros 1927, Miriam 1933) pero se fue encaminando a un “romanticismo surrealista”. Una acuarela de 1935 obtuvo el primer premio en la gran competencia de Chicago en la que participaba también Paúl Klee. Luego, en medio del auge del expresionismo abstracto, se comprometió con la pintura narrativa, y el espacio tridimensional – The Young Poet, 1958. Décadas atrás Carpentier decía de sus primeras pinturas que eran “hechas de un limo amasado con la voluntad y la meditación”, y que si en ellas había “una sucesión de panoramas de su vida interior”, no se manifestaban como en el romanticismo, como finalidad en si. “Una preocupación de pintura pura”, anota, “le cine el silencio”. Dos rasgos relacionados con su vida emergen en su iconografía: la representación de la mujer asociada a la figura de la pécora o la bruja que trae consigo la sombra de la muerte y un conocimiento oscuro que perturba, y la aguda ironía política. En su Anunciación, la virgen esta vestida de rojo y negro, y un gato, un ovillo y una rueda sobre un libro abierto son sus atributos. Más caras femeninas, lechuzas, unas como garfios evocan el dolor experimentado ante la infidelidad de su primera esposa, pero lo transmuta en el misterio y la profundidad pictórica que sedujeron a Hemingway. Por otra parte, uno de sus grandes cuadros es Hitler’s Portrait, hecho en 1942, con la claridad de un visionario que retrato la inmensurable devastación humana, antes de que el horror se conociera en su extensión. En 1961, cuado la imaginaria cristiana comienza a censurarse en Cuba, pinta una polémica Natividad con un San José en la sombra, que sostiene una hoz. El martillo yace a su lado.
En 1938, Gattorno fue contratado por BACARDI para pintar en su sede de Nueva York un mural primitivista en su sede de Nueva York un mural primitivista con un chivo blanco, que hoy esta en su edificio de Miami. La prensa ignoro su presencia, hasta que una estampida del animal – que teóricamente debía usa de modelo – por los pisos de los rascacielos supuso un bocado noticioso. Enfurecido por la banalidad periodística, Gattorno se negó a colaborar para ningún despliegue. Hemingway sabia que pedirle a Gattorno que luchara por un reconocimiento con efectos comerciales era tan absurdo como “usar un cepillo para camellos como bayoneta”. Y no obstante, la exposición del Lowe revela que lso ojos de la posteridad retienen su figura.

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