Monday, August 18, 2008

El Lezama Lima de la Familia Habanera

(Reseña de Una Familia Habanera – Eloisa Lezama Lima)
 

La vida y obra de José Lezama Lima se ha convertido no solo en el tabernáculo de las letras cubanas para los célebres “culteranos”, sino que también en el santuario para muchos de los escritores latinoamericanos (salvo Julio Cortazar quien dijo: “!ese gordo no sabe escribir una oración Gregory!”, dicho a G. Rabassa el traductor norteamericano) y cubanos. Es en esa estampilla donde se han fijado mitos, nebulosas, dudosos comentarios, se han arrojado rosas artificiales y patrañas en torno a su figura y su categoría de “Maestro” dentro de aquella pequeña guardilla donde se balanceaba en su sillón el sibilino de Trocadero 162.

En los últimos diez años la bibliografía lezamiana ha sido extensa: todos escriben sobre Lezama; todos lucran con Lezama. Lo peligroso (o penoso) no es el lucro o la proliferación informativa sobre la obra del difunto cubano en las sombras de la Cuba revolucionaria (téngase en mente que el velorio del poeta fue un secreto de solo dos horas, donde pocos amigos y conocidos se hicieron presente), que bien pudiera ser una norma de la naturaleza del capitalismo; lo llamativo y alarmante es que todavía prescindimos de una biografía autorizada y definitiva del autor. Nadie ha emprendido esa tarea. Entonces no resulta alarmante que cada revelación de la vida de Lezama termine en la edificación de un mito, en tenebrosos misteriosos, que bien pueden resultar ofensivos. Lezama, sin embargo, no ha sido el único escritor, cuya vida ha sido construido entre el artificio y lo real. La vida de William Shakespeare, suele impregnarse de las mismas nebulosas fabulaciones narrativas, a tal nivel que algunos niegan que haya existido, otros concuerdan que toda su obra fue escrita por Christopher Marlowe (repetición de la obra apócrifa de Homero). Con Lezama la entrañaza y lo laberíntico se suma a su oscuro “sistema poético del mundo”, ese don gongorino del poeta en decir las cosas dos veces raras, porque como Verlaine, siempre pensó que si las decía claramente perdía mas de la mitad de su sentido. El problema esencial en Lezama es la expresión, lo que a su vez oscurece su figura, hasta el punto de anulación. Por aprensión al chisme y a los tempranos “enredos” que se mezclan como en un juego de cartas en la vida de Lezama Lima y de los escritores en general, me limito a saborear su poesía, sus ensayos y su novela; dejando a un lado los íntimos pareceres de un poeta que también, al parecer, fue hombre. Hago una excepción, ya que cae en mis manos Una Familia Habanera de Eloisa Lezama Lima, escrita por la hermana del propio Maestro. El curioso crítico o lector piensa, o se deja pensar: ¿Quién mejor para un anecdotario sobre los años del joven Lezama que su propia hermana?

La curiosidad merecía una lectura rápida al menos (la rapidez como escape, pues el libro es una de esas malas ediciones de la Universal, por cierto overpriced, con incontables erratas por todo el texto – donde “Mariano” es “Marino” o “careta” es “carreta” – y no rebasa las 105 paginas con letras enormes). Eloisa Lezama Lima se propone varias cosas al escribir este libro. Primero crear un mural de “viñetas” como lo llama la propia autora; no es un libro lineal, de tesis central; sino un buceo en la memoria donde se extracta, aunque con mucha ética, el recuerdo de su querido “Jocelyn” (el nombre de por si me confundía muchísimo, llegué hasta pensar que se refería a una mujer). La otra estrategia de su escritura, no al placer de la lectura, cabe señalar su incoherente estilo entre lo pedagógico, lo epistolar y lo desapacible; es dejar bien claro los valores de la burguesía cubana de los años de la Republica. Los valores burgueses de los “Lima”. Ninguno de los propósitos los logra.



La palabra “deliciosa” aparece en el breve folleto más de diez veces, como calificativo del carácter de su hermano. El lector se espera los rasgos familiares, las conversaciones (aunque sean ficticias después de tanto tiempo), la historia de la familia desde su punto de vista y no de Paradiso; salvo que es todo lo contrario. Eloisa parece ser una extraña al hablarnos de su hermano. Repite clichés y clicks que todos sabemos; ósea las frases y epítetos mas famosos: su orfismo, su naturalidad al dialogo, la dificultad de su poesía, su voracidad de lector y su condición de Maestro. Todo esto no los reitera la autora, una y otra vez; pero no los ilustra. La imagen de Lezama es imperfecta, borrosa y encartonada – se le halaga como si fuese un ser planetario sobre humano, critica que pocas veces se hacen en la tradición anglosajona pero que muchas veces la oímos de la boca de los burócratas y funcionarios comunistas cubanos. Lezama en las palabras de su hermana va quedando como un extra de su familia: uno más, que aunque respetado fue un muchacho unidimensional en su personalidad. Lezama no fue ordinario. Los temas oscuros de la figura de Lezama, aun con las palabras de la hermana quedan en la oscuridad o apenas mencionados: ¿Qué tan fuerte fue el impacto de la muerte del Coronel Lezama en la memoria del pequeño? Eloísa solo refiere un episodio donde el niño José Lezama se vestía como pequeño soldadito de plomo. ¿Fue Lezama homosexual? Aquí Eloisa ataca a la inmensa mayoría que lo aseguran. ¿Su argumento?: su familia era decente: “un clan cerrado” (p.89), no como la “familia cualquiera y austera de María Luisa (la tardía esposa de Lezama) (p.87)”.

 Como “panfleto” el libro de Eloisa ataca a un sinnúmero de escritores, en ilusoria defensa de su hermano. Eloisa le dedica un capitulo de sus “Viñetas” a sus enemigos (el XXIII) donde arremete contra aquellos que disienten o acusan de homosexualismo (como si ello fuera un crimen capital) a su viril hermano José Lezama Lima. El lector pueda que recuerde la virilidad de Lezama en múltiples ocasiones: primero en aquel infame episodio de Farreluque en Paradiso donde el pene del negro tiene forma de un venoso y grueso dragón chino. Segundo, el Lezama que visitaba el prostíbulo homosexual (Guillermo Cabrera Infante dixit) al final de la calle Trocadero, mas sus precarias calenturas con Virgilio Piñera o Rodríguez Feo. Pero el odio que expulsa Eloisa no es contra Cabrera Infante (ya ganador del Cervantes y de un prestigio internacional por su obra y su defensa del propio Lezama), sino contra el mas débil, el “deshonesto y pusilánime Lorenzo” (p.89-90), el autor de Los Años de Orígenes. Su agresión contra el poeta mas joven de la Generación de Orígenes es penosamente personal. Así lo escribe:

“Lorenzo no logró su propósito y actúo como un “boomerang”: Lorenzo no pudo con la carga de conciencia. Después de muchos años en el exilio, solo ha logrado colocar mercancías en un supermercado en Miami” (p.90).

Conjeturo que el odio de Eloisa Lezama Lima no es solo contra Lorenzo, sino contra todos aquellos que solo disintieron de la obra de Lezama siendo sus “pupilos”: Eliseo Diego, Ciro Bianchi, Cintio Vitier, Gastón Baquero. Paradójica y misteriosamente nada nos dice de dos de los fundadores del mito homosexual en Lezama: Reinaldo Arenas y Severo Sarduy, dos escritores homosexuales y muertos por el SIDA. En lo mas profundo su odio no es odio sino desmentir a los “otros” y así crear un monopolio de la verdad; y también ser la única (la hermana exiliada) que puede hablar, publicar y discutir las verdades de la vida de José Lezama Lima.

La diatriba personal vista en torno a Lorenzo García Vega muestra un microcosmo constante en el panfleto lezamesco de Eloisa: la exaltación y reivindicación de la burguesía cubana. Los ejemplos a través del folletín son casi infinitos e imposibles de enumerar por problemas de espacio; pero su tristeza sobre la mudanza desde el Paseo de la Habana a Trocadero, sus comentarios sobre María Luisa, su preocupación por la “finura” de la gente de “clase alta”, son suficientes muestras que ilustran el impertinente carácter de una vida dañada por el exilio y por la decadente cultura burguesa pre-revolucionaria, de la cual de alguna forma dio paso a la entrada de Fidel Castro en Enero de 1959. Para Eloisa comer “frijoles remojados es un espectáculo vulgar” (p.89). Sentencias como estas, son de las mejores imágenes que la escasa y lánguida hermana Lezama puede dejar en la memoria del lector. La otra ventaja de la lectura del panfleto (no creo que sea un libro crítico, sino un paquete de propaganda de una figura pos-mortem – la mitificación de la figura central del Canon Cubano) es que la figura de Lezama Lima queda tan oscura como siempre; enigmática y silente; gorda y chisporroteante como cuando se leen sus primeros y últimos poemas. Nada ganado, nada perdido – Pascal.

Marx en su articulo sobre el Imperio de Louis-Bonaparte, el filosofo del materialismo dialéctico dictamina brillantemente: “Todo se embaraza con su opuesto”. La Revolución Cubana no nació ex nihilo. La burguesía es su madre, la que dio a luz y alimentó para después abandonar a su hijo: Eloisa no solo apoyó al dictador en sus primeros días como buena burguesa, también se fue al exilio para nunca volver. Lezama Lima murió en 1976 en Trocadero, en su “fijeza”, sin poder salir, aunque siempre en fuga, en sus peregrinajes infinitos por las oscuras praderas de cisnes o antílopes. Lo llamativo del libro de su hermana no es la informalidad del estilo, ni las crueles diatribas contra otros escritores de meritos, sino la superficialidad y la intrascendencia de su historia, de su narrativa y de su memoria (¿tiene memoria Eloisa? seria una valida pregunta metafísica) de sus mayores y de su hermano. Es una anti-memoria en el sentido de Malraux: existe también un cobro de cuentas, un saldo a personas nones gratas que no se afilian al idolillo de Trocadero 162; quizá sea este el solo propósito de la tirada de un libro que después de diez años no ve las horas de estar agotado. Quizá fui yo su único lector, el más ingenuo, o tal vez el único que compró el escuálido y opaco volumen por un precio exorbitante.

Solo será imprescindible el testimonio de Eloisa Lezama Lima, Una Familia Habanera, no a los curiosos de Lezama Lima, sino a los interesados en lo psicológico y en la codificación moral de la clase dominante en la Cuba republicana. Aclaro un aspecto ya dicho: la biografía de Lezama esta por escribirse, tal vez la biografía que prepara (un work in progress que el mismo autor nos dice tomara unos ocho años) el Sr. Hernández Busto, uno de los ensayistas mas lucidos que tiene en estos momentos las letras cubanas, podremos disfrutar del dinamismo y de la frescura literaria que el Sumo Poeta Cubano se merece. Al ingresar en mi biblioteca este volumen, no estará en compañía de los estudios críticos de Justo Ulloa o Cesar López en mi “Rincón Lezamiano”; sino en la coffe table junto a la Havana: Architecture of a Romantic City de María Luisa Lobo y al recientemente publicado Sacarocracia de la aristocracia cubana.


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Gerardo Munoz
Agosto 18, 2008-08
Miami

3 comments:

Anonymous said...

Siento mucho los comentarios sobre el libro de mi tia Eloisa (ya que es una persona muy humana y genuina). Solo siempre estamos cansados de las insinuaciones de mi tio. Que pena que ella no se supo expresar de una forma mas sincera, para que tuvieran mas conocimiento de la bella persona que era mi tio.

ileana BustilloSotolongo LezamaLima

Anonymous said...

No importa la inclinacion sexual del gran poeta, lo importante es su obra que se perpetua en los miles de lectores que ha tenido y tendra.

poetahabanero said...

El escrito me ha gustado por la sinceridad del autor. No he leido el libro, pero si lei el prologo de Paradiso escrito por Eloisa y me pude percatar de que ella idealiza la imagen de su hermano, y en ese sentido se aleja de un analisis objetivo de ciertos aspectos que hubieran podido ser reveladores sobre su vida y su obra. Desgraciadamente, ya Eloisa y Lezama han muerto, asi como muchos de sus amigos. Me intereso mucho el comentario negativo sobre lo que dijo Cortazar sobre la manera de escribir de Lezama, lo que dista un poco de su apologia a Lezama en su famoso ensayo que Lezama recibio con tanta aceptacion. En fin, me ha fascinado tu escrito, pues se ve que esta escrito desde adentro, con gran dominio y pasion sobre la materia.
Yo tambien persigo conocer mejor a Lezama.