Saturday, August 9, 2008

Foucault y Sartre: de la libertad en la filosofía



“I think that the only acceptable practical consequences of what Sartre has said is to link this theoretical insight to the practice of creativity - and not that of authenticity”
- Michel Foucault; Work in Progress: Genealogy of Ethics


Cuando Michel Foucault sentenció que Gilles Deleuze seria el filósofo de más notoriedad del siglo XX, quiso intentar de ser el Michel Foucault de su escritura; o sea el Foucault genealógico y nietzscheano, rechazando de una vez el Foucault de las tardías bio-éticas y de los discursos normativos de la Ilustración. Nunca que se lee o se escucha a Foucault se está en presencia del mismo hombre: Foucault siempre es otro; y pueda que existan muchos Foucaults dentro y fuera de su obra. Este Foucault es el que busca las figuras exiguas y oscuras para la representación de la “cosa (chose)” y de una época. Con sus diálogos con Rabinow no fue su propósito ser veraz (parrhasia), ni mucho menos cordial con su amigo del discurso de la esquizofrenia Posmoderna: Foucault a la vez que daba una opinión de Deleuze, acreditaba su proyecto, y lo convertía en un dialogo rizomatico de la historia, en una traza para la posteridad entre ‘amistad y persona’, o entre las ambigüedades derridianas de ‘filosofía y obra’, algo que ya el mismo filosofo había trazado en sus ensayos estéticos como ese brillante prologo al San Antonio de Flaubert, o en las paginas en torno a la definición de ¿Qué es la Ilustración?.

El escritor, el filosofo no se ausenta de este discurso contradictorio, más se encuentra dentro del agon horizontal de la gestualidad (Derrida, metafóricamente lo figuró como cierta textura o como el himen de la feminidad – que se rompe y que deja fluidos y secretas máculas) de un texto. La distancia, entonces, de un escritor a otro es siempre una miscelánea óptica, un supplement, ya que pudiera ser a la brevedad o la escasa lectura, el continuismo de una filosofía – el fragmento apócrifo. No remitiré aquí las distancias o los intercambios intelectuales de un discurso que surgen desde las costas de Deleuze/Foucault, sino del dialogo y pareceres entre ese autre Foucault con Jean Paul Sartre.

Antitesis vertical: El humanismo existencial y el historicismo genealógico, intersectado por el pensamiento continental de Nietzsche. Los dos filósofos, en el centro de la cede intelectual del Paris afiebrado del agitado 68 daban sus manos a los Maoístas y la Izquierda romántica.

Foucault y Sartre compartían más allá ideales similares de rebelión, también existió la resistencia a la autoridad y la cuestión de la libertad del sujeto. Foucault, años después se retractaría sobre su relación con el Papa de los existenciales (aunque verdaderamente solo existían dos existencialistas; el mismo Sartre y su compañera platónica, Simone de Beauvoir).

¿Por qué abandona el joven Foucault, desde su primer libro de Le Mots le choses, el sistema sartreano: doble eje de marxismo anticuado [Ortodoxo] con heideggerismo? El mismo Foucault había dado con su línea social y genealógica, distanciándolo del autor de El Idiota de la familia. Así lo explica Foucault en conversación sobre su An Overview of a Work in Progress: Geneology of Ethics con Paul Rabinow:

"I think that from the theoretical point of view, Sartre avoids the idea of the self as something that is given to us, but through the moral notion of authenticity, he turns back to the idea of that we have to be ourselves - to be truly our true self. I think that the only acceptable practical consequences of what Sartre has said is to link this theoretical insight to the practice of creativity - and not that of authenticity. From the idea that the self is not given to us, I think there is only one practical consequences of what Sartre has said is to link his theoretical insight to the practical creativity - and not that of authenticity. From the idea that the self is not given to us, I think there is only one practical consequence: we have to create ourselves as a work of art. In his analyses of Baudelaire, Flaubert, and so on, it is interesting to see that Sartre refers the work of creation to a certain relation to oneself - the author to himself- which has the form of authenticity or inauthenticity. I would like to say exactly the contrary: we should not have to refer the creative activity of somebody to the kind of relation he has to himself, but should relate the kind of relation one has to oneself to a creative activity". (Foucault Reader; p.351)

La discusión presente entre estos filósofos se acentúa por sus ideas centrales sobre la naturalidad del Sujeto. La idea es vieja, nos dice Derrida. Una de las ideas centrales del discurso político y filosófico de la Modernidad (ya sea en las obras de Heidegger, Derrida, Blanchot, o Habermas) es la definición y subscripción del Sujeto en la sociedad y al Estado. ¿Qué es el Sujeto? ¿Cómo se normaliza y se legitima el sujeto? ¿Qué constituye un sujeto? Y finalmente: ¿Cómo se liberaliza el sujeto? Michel Foucault nota esta diferencia entre su pensamiento y el de Sartre, cuando juzga que la autenticidad del individuo como compromiso moral en la sociedad civil. La creatividad es la necesidad en la creación del sujeto, no la “autenticidad” de una existencia como Sartre lo apuntaba en Existencialism and Humanism.

Aunque en Sartre las dos ideas embriónicas del existencialismo, ‘autenticidad’ y ‘creatividad’ del sujeto eran implementadas dentro de un mismo discurso, Foucault rechaza la noción de “autenticidad” del sujeto por estar en código referencial con las normas morales. El existencialismo de Sartre, Beauvoir, Ponty, declaran la libertad autentica del sujeto prestando muy poca atención a las barreras sociales que amoldan, construyen y economizan las libertades del sujeto, cuando es reducido a la dominancia de la microfísica del poder, ya sea el ideológico, discursivo, espacial o corporal.

Tan pronto como en la Arqueología del Saber, Foucault se mostraba inquieto con la tesis Rousseauniana de Sartre: “l'homme est condamné pour être libre”, la cual analiza al hombre dentro de un contexto sociológico de súper-hombre dentro de la ínter-subjetividad sociológica guiada por el materialismo histórico marxista que trataba de imitar Sartre, quien por aquellos tiempos fue un hábil aprendiz de las lecturas de Hegel vis-a-vis, las conferencias de Kojeve. Para la nueva generación, a la cual Michel Foucault pertenecía, la historicidad de Hegel siempre se mostró dudosa e incapaz de explicar las relaciones del poder. El discurso del Poder, nos recuerda Foucault siempre ha sido limitado e ignorado por los críticos de la historia de las ideas. Es solo con Marx (salvo a Maquiavelo, quien en sus Discursos tuvo una inquietud en torno a la restructuración moderna del poder político y social) y posteriormente Foucault, que se abre el discurso del poder como espacio discursivo que articula la libertad del hombre en sociedad civil. Sartre no termina por explicar con su existencialismo, las interrogantes del sujeto.

La languidez fenomenológica de Sartre, orientada por las lecturas de Husserl y Marx, intentan liberar al ‘hombre’ pero no al sujeto. La diferencia (le différance – Derrida, Dissemination - Pharmakon) radica en que la libertad no se enmarque solamente en las pretensiones ontologicas, ni inter- sujetivas, sino entender en su totalidad el sujeto en como ser central de un esquema total, un punto o una costura de la textura de un tapiz o de una tela de araña que llamamos el poder. Para Sartre la libertad del sujeto abarca también la libertad de los hombres a través de nuestras acciones dentro de las normas sociales de la praxis. Si para Sartre la libertad del hombre, o la cuestión de la libertad (la esencia de la pregunta) se estructura en cada de las decisiones de hombre (en la ontología existencial); en Foucault la hallamos una construcción de las múltiples relaciones entre las masas, construcciones de sujeto, y las diferentes instituciones que, con su uso de ‘economía de la microfísica de poder’ amoldan, desforman, compactan y crean un nuevo hombre: la libertad solo puede existir dentro de un discurso abierto contra estas instituciones que reprimen el discurso contra el pervertido, el criminal, el loco, y los otros sujetos, quienes sirven para mantener una sociedad dopada y presa dentro del Iron Cage que nos indicaba Max Weber a principios del Siglo XX. La libertad entonces, para el ‘anti-sistema’ genealógico foucauldiano no se trata en “decidir” lo correcto y genuino en las circunstancias de la existencia (la ética de la ambigüedad de lo autentico como en Beauvoir), sino como contrarrestar y debilitar las redes del poder que fluyen desde los espacios políticos periféricos al Estado. Se podría decir que, en la etapa primera de Foucault (Le Mots et le choses; L'Archéologie de savoir; Folie et déraison) leemos a un Foucault determinista en cuanto a la libertad del hombre en sociedad. El hombre es lo que es por su contexto. El sujeto esta siempre en construcción.

El cambio de paradigma dentro del discurso filosófico con respecto a Sartre, se debe a los problemas afrontados con los Maoístas y la declinación del marxismo como modelo social en el Occidente. El 68 fue un año decisivo. La sospecha de los crímenes de los campos de concentración rusos daba paso a dudar también las teorías Marxistas como las únicas respuestas para explicar la Historia, el presente y las fricciones de clases en las sociedades capitalistas del Occidente. Foucault mismo dice en dialogo con los Maoístas en 1972, a propósito de la ideología de la justicia: “La justicia debe ser, entonces, una lucha ideológica del proletariado, y de los otros que no son de proletariado: es por esto que la idea de la Justicia debe ser vista con cautela dentro del aparato del sistema comunista” (Rabinow, p. 32 *Traducción es mía). La justicia, causa dogmática de los intelectuales del 68, se desmoronaban con las realidades sociales de la vieja Unión Soviética que mucho antes denunciaba Andre Gide. La mirilla estaba también puesta en la China revolucionaria de Malraux y hasta en la Cuba de Sartre.

El tema central en torno a la libertad puede ser el eje diferencial entre ambos filósofos, lo que desconecta y a la vez que transmite otras preocupaciones donde el pensamiento de Michel Foucault converge con el de Jean Paul Sartre. Se puede recordar que Foucault tanto como Sartre entendían o definían al intelectual como ser “orgánico” y comprometido con su tiempo, su realidad y su contexto (praxis) influyendo en los discursos políticos de la sociedad. Sartre fue a Cuba como periodista para poder ver la revolución y el personaje existencialista en acción. Allí, junto con Simone, emprendió conversaciones con el Che Guevara y Fidel Castro.

Michel Foucault trabajó durante este tiempo a favor de los derechos de los prisioneros de las cárceles francesas, y en los setentas participó como periodista en la Revolución Iraní, apoyando el pensamiento de S’hariati, a favor del giro “anti-moderno” del Ayatola para derribar el proceso de americanización de la muy occidentalizada Irán del Sha. El compromiso del intelectual, aun en diferentes sistemas epistémicos, apuntan hacia una sola vía: la libertad del hombre, la resistencia contra todos los focos de poder de la sociedad moderna. Otro factor crea cercanías entre las diferencias de Sartre y Foucault: la resistencia como móvil imprescindible de la libertad individual. Los dos filósofos son discípulos de Nietzsche, dos venas que emergen de ese tapiz – dos hilos emergentes, aunque ambiguos. Nietzsche no es solo el anticristo - ubermensch del siglo XIX, también es arquetipo del individualismo agónico, como del filosofo de la Historia.

Las lecturas pueden resultar tan distintas como hombres en el universo. Para Sartre la obra de Nietzsche estaba cubierta de los temas esenciales del existencialismo: la subjetividad en la vida en contra de la verdad absoluta, la muerte de Dios, la recreación del ser para la vida autentica (el versuch – el intento del abismo; en Sartre es la nausea), la creación de un proyecto anti-sistemático que propicia la originalidad y autonomía del sujeto: el poder de la voluntad en el desdoblamiento ontologico. La obra de Sartre combina al Nietzsche existencialista con el Marx de las luchas de clases.

Foucault combatió a lo largo de su vida con el proyecto Marxista de tal manera que las genealogías de instituciones de Foucault, se pudieran leer bajo la hermenéutica de oposición de la obra del autor de Kapital: el poder estático y centralizado, a contrario del otro poder “fluido”, discursivo, periférico y localizado en las instituciones disciplinarias de la sociedad. Nietzsche para Foucault es el filósofo del “poder” por excelencia, al que se debe hacer chillar y rugir. También aprende de Nietzsche el método genealógico de la historia, no como continuidad sino como diferencia y motor de discontinuidades leves y disloques abruptos de la epistemología humana. Leslie Paul Thiele, ha señalado (The Agony of Michel Foucault: Nietzsche in Foucault) que la influencia de Nietzsche se emplea también en los conceptos de resistencia del filosofo, aunque no precisamente dentro del marco rígido del hombre como ser libre en su totalidad, sino como modelo lingüístico o gramático.

El año 68 dividió a los dos filósofos franceses en la historia de la filosofía: maestros de la resistencia y delatores de las condiciones sociales. Foucault no remplazó, ni negó del todo a Sartre (la relación es un complejo dialogo, todavía inagotable); la libertad fueron sus preocupaciones, no sus diferencias. Más allá de los modismos y los tics de una época, las cosas que unen al Maestro a su alumno están cerca de la preocupación del hombre y de su destino social: la libertad, no como democratización de los medios y de la acción, sino como vía de resistencia. Si Sartre nos parece anticuado (totalmente ignorado por Habermas en Philosophical Discourse of Modernity) merece ser articulado bajo la sombra del último Foucault, cuando se hable de La Historia arqueológica de la Sexualidad – ese Foucault, otro filósofo unfinished.

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Gerardo Munoz
Agosto del 2008
Gainesville, FL.

2 comments:

rubenarteobras said...

Gerardo Muñoz, sorprende por su aguda pluma, aun a sus tempranos años, ha edificado una cultura monumental. Fuera de alguna lisonja baladí, representa a mi juicio, la continuidad de lo más sólido de la cultura cubana, que aun en el obligado distanciamiento de la diáspora, continúa esgrimiendo la saeta de Martí, de Cabrera Infante, de Sarduí. Es la certera inteligencia que contribuirá al renacer de Cuba en un futuro no muy lejano. Rubén Fuentes

Abdiel Rodríguez said...

me gustaria que se explique un poco mas la relacion que tuvieron los dos ya que se plantea la cuestion solo desde el punto de vista teorico. si alguien tiene conocimiento de esto de lo personal de ambos seria bueno señalarlo ya que complementaria la teoria y la relacion que guardan conceptualment.