Thursday, August 14, 2008

Nadia Comăneci, la Nación y el Deporte Socialista -(Articulo)

Por Gerardo Munoz
Agosto 14, 2008

Las Olimpiadas han vuelto a la pantalla chica, ahora en Beijing. Siempre he sentido una desmesurada perplejidad por los lugares que el mundo (o los burócratas del mundo) eligen para los juegos. Recordamos al Berlín de 1936 junto al Führer; las Olimpíadas en Moscu 1980 con boicots, y ahora en la China, donde aunque se celebra, se ríe y se agitan las banderas, presos políticos y disidentes no ven la luz del día en las sórdidas cárceles de un régimen que se convierte en una de las grandes potencias globales. ¿Por qué no buscar una zona neutral, donde no se politicen los juegos y las fronteras? A todo esto le sumamos el presente conflicto armado en Georgia y Rusia (la Madre Rusia quiere regresar, y esta vez con artillería pesada, también vuelven al Caribe) por Osetia del Sur, y las Olimpíadas son nada mas que un infausto velo para mostrar la amistad y la convivencia en un mundo que, (todavía no se olvida de aquella idea que Isaías Berlín nos dice que nace de las plumas de Fichte y Rousseau) el nacionalismo vibra desde lo mas profundo. En un mundo donde el discurso (Hobsbawn y Richard Sennett como ejemplos intelectuales) se alinea sobre la globalización, la comunidad “Mundial” y la conciencia verde por el “Medioambiente” ahora muestra borrarse con los agites nacionales que abundan el teatro mundial. Mientras Michael Phelps se lleva los metales dorados como todo un místico (Fray Luis de León quiso transmutar, como todo los Medievalistas, la materia en Oro; salvo que Phelps lo hace con sus músculos) posmoderno; la vieja Bolivia y Evo Morales se estremecen con la inestabilidad política y los enfrentamientos con los separatistas. Ayer el Martín Fierro cubano, Fidel Castro Ruz, cumplió 82 años; mientras que hoy veo ganar a Nastia Liukin el oro y a Shawn Johnson la plata en mi deporte olímpico favorito: la gimnasia femenina. La simultaneidad del nacionalismo impide que se pueda concebir un “mundo unido” por el amor al Deporte, o mucho menos, por el amor a los hombres. En Beijing la humanidad no existe, no puede existir mientras exista un solo hombre preso por tener ideas de cambio social o político.
China y Cuba, aunque países con la etiqueta comunista, ya no lo son. El bipolarismo de la Guerra Fría, sin embargo, tenía su hechizo. Era el “agon” perfecto: lo Dionisiaco contra lo Apolonio. Las competencias siempre son entre dos, y es por esto que podemos encontrar los Tiempos Memorables de la historia de las Olimpiadas en las eternas batallas de la vieja Unión Soviética y los Estados Unidos. De las apolíneas, quien puede olvidar a la gran Nadia Comaneci de Rumania. Como una ardilla saltarina ganó más de un perfect 10 en aquellos agridulces juegos de Munich 1972. He vuelto a ver las viejas reproducciones de la Comaneci, a propósito de la victoria de Liukin. ¿Cómo se pudo crear a una gimnasta así en aquel tiempo? La Comaneci fue un producto del ‘agon’ Oeste/Este, un ejemplar de la potencialidad de los regimenes Totalitarios (más que todos, los comunistas) de preparar a los deportistas hacia solo una meta: la victoria del deporte, que es la victoria nacional. Si Liukin sobresale en la escuela americana, sale a las películas de estreno con sus amigas, juega al Wii; la Comaneci practicaba y practicaba y practicaba los saltos como una Tarzana en las barras. El Totalitarismo construye un monstruo atlético, a la vez que destruye al sujeto.
La “Comaneci” fue llamada en su patria de Rumania como el símbolo de la “Labor Socialista”. La imagen del deportista socialista es la del deportista puro, el deportista que aun no existe en los países capitalistas. La estatización del cuerpo (a lo ubermensch), del movimiento, la resistencia; son solo elementos de un culto metafísico deportista (así lo analiza Sloterdijk) donde los elementos de la Nación se concentran en la mitificación de la persona y la camiseta enumerada. Las dinastías deportivas siguen vivas: en Beijing cada medalla es el significado de los significantes de los índices de la nación (economía, política, educación, estabilidad social, tolerancia…etc.). No es misterioso el hecho que las dos potencias que combaten hasta la muerte, China y U.S.A, también batallan por la perfección de un cuerpo invisible, una perfección que nos remonta a las perfecciones de la Comaneci, o de la pelota cubana: la economía y el poderío. Dos mundos diferentes, dos culturas, dos banderas; una muralla antigua y océano que nos aísla del todo.


2 comments:

David Lago González said...

Hola.

Totalmente de acuerdo con todo cuanto dices. Entro ahora a este artículo después de habérseme ocurrido opinar sobre el despliegue y seguimiento de los triunfos del estado cubano que hacen muchos blogs de eso que ellos mismos llaman "exilio" basado en unos supuestos rechazos a lo establecido por la causa de ese exilio.

Me alegra saber que siempre existen personas sensatas.

Un saludo

GerardoFilosofo said...

Muchas gracias por su lucido comentario David, visitare su blog tambien. Me alegra que sea usted un visitante de mi blog. Un saludo,

Gerardo