Sunday, August 31, 2008

Ciudad de ladrillos e hispanica (Crónica de Viaje)

"Four years in college is like leaving a party at 10!" (refrán populis universitario)

Embarcamos rumbo norte, Gainesville milla 382, en horas muy tempranas. En la carretera siempre tengo nauseas, estímulos para el vomito de la ventrecha. Recuerdo que lo mismo me pasaba en aquellos largos viajes a la Habana, con madre y yo íbamos a esperar a mi papa en la Terminal José Marti. Los "fumes" de aquel Lada de la antigua URSS me daba ganas de vomitar y mi mama siempre llevaba una tajada de limón para calmar los olores y los mareos mientras pasábamos por la compulsiva y movediza Vía Blanca llena de agujeros y zanjas.

El viaje no es largo pero para aquel que no viaja, pueda que resulte interminable: seis horas eternas de aburridas paradas en gasolineras desoladas y fatigosas conversaciones sobre patéticos temas en un automóvil. El diminuto Jeep de mi amigo se convertía en una pequeña casa o venta para pasar el día. Maquine algunos versos y pensé otras cuestiones filosóficas que solo se pueden pensar en un automóvil. La relación entre espacio y pensamiento, dice Bachelard, es aun más importante que la relación de sujeto y mente. Allí te gastas, pienso yo – en los carros. En verdad, partimos de Miami con pronósticos de muerte. En la mala televisión de 'Playa Albina' el miedo y la propaganda de los reportes meteorológicos sobrepasan lo sobrenatural. Un errático huracán (otros eruditos meteorólogos lo llamaron 'tropical storm', aun desconozco la diferencia) hacia de las suyas, con su movimiento semejante a un garabato de Pollock sobre la zona central del estado floridano. Las inundaciones llegaron a mas de ocho pulgadas, los vientos y la gente con capas y botas eran de fácil visibilidad en la televisión. Las cosas no andaban muy bien. Pero embarcamos, porque las noticias en teve siempre son más ruidosas y estridentes que la realidad. Y embarcamos porque hay también que estudiar, para no decir "hacer algo". El desembarco lo comprobó: en Gainesville solo el cielo estaba hinchado con un profundo gris cargado de tristeza, pero no lluvias. Nada de lluvias o de esos arfiletazos que rompen cráneos. La enorme indicación del expressway indicaba el destinatario deseado: Gainesville, Mile 382.

Al bajarme del carro no vi muchas gentes con paraguas, ni casas derrumbadas. Todo el mundo parecía feliz, como en los Films del deep south o en las páginas de Walker Percy- esa felicidad incompleta. No vi, pero si sentí la humedad de la ciudad – una capa invisible que se me metía en los poros, en la ropa, y que hacia aun mas trabajosa la idea de cerrar y abrir el puño. Después la humedad fue agarrando carácter de pegajosidad cubana, sensaciones que me volcaron hacia el elemento líquido (sudor, sangre, semen – las tres eternas 's') que se derraman del ambiente habanero de las obras de Pedro Juan Gutiérrez y de Zoe Valdés. Esta sensación telúrica y porosa hasta llegar a la Ciudad de los Ladrillos.

La University of Florida es muy vieja, se empezó a edificar a mediados del siglo XIX (1852) y hasta hoy siguen naciendo edificios pujantes por todos lados como los ciegos rascacielos neoyorquinos. La larga tradición de los "Gators" es mas bien fomentada hacia los deportes y no hacia las artes o hacia los diurnos cenáculos bohemios, aunque si existen; poquísimos. Tampoco se pueden olvidar las bibliotecas (más de cinco bibliotecas independientes). Me predilecta, en la que siempre me detengo es en la Biblioteca Latinoamericana George Smathers, que guarda una inmensa colección de 100, 000 volúmenes en cinco pisos. Es allí el verdadero 'Paradiso' del lector, puesto que de todo tiene, hasta lo más insólito: primeras ediciones de todas las revistas de Orígenes, artículos originales y manuscritos de Carpentier, primeras ediciones de García Márquez, antiguas bohemias, y hasta los catálogos de arte cubano contemporáneo. Ahí regreso siempre para llevar algún que otro libro, es así que ya me conocen mis queridos bibliotecarios Lucy and Octavio, este último indio nativo de Bolivia que habla español o ingles con su acento nativo del quechua. Un hombre culto y muy respetuoso. Aquí se organizan eventos de todo tipo en torno a Latinoamérica, y se pueden ver Films sobre Cuba y sobre otros países de continente.
Las calles interiores del campus son amenas de caminar. Surcos y calles limpias bajo las múltiples arboledas; así el peatón puede distraerse y mirar la arquitectura de ladrillos que predomina en su alrededor. El trafico de gente, la música hindú al mediodía, la comida de Hare Krishna y los diálogos con esos queridos marxistas y comunistas que me voy encontrando en el camino, hacen de la escena universitaria un melting pot agudo y heterogéneo. Digo que no hay mucha heterogeneidad y no 'homogeneidad, porque aunque existe una gran diversidad cultural en el campus, no coexiste mucha integración. Se puede ver fácilmente una manada de hindúes, un pelotón de cubanos gritones, una turba caleña, o una escuadra de afro-americanos; pero muy pocas veces puede uno distinguir las interacciones entre las diferentes razas, colores y lenguas. Es en este sentido que la universidad peca de cierta aleta conservadora, al contrario de las universidades latinoamericanas o europeas.

La parte histórica de la Universidad, "Murphree Area" es la mas vieja de la escuela. Es aquí donde desembarco con mis matules y mis cofres, para el comienzo de mi tercer y ultimo año de mi carrera de undergraduate en Filosofía y Ciencias Políticas. Es la arquitectura de principios de siglo, con su uniformidad de ladrillos terracotas y los frondosos árboles, que muchas veces impiden ver los arcos y las formas que adornan las entradas a los dormitorios, donde siempre he pasado con mucho deleite. Ahora vivo en Sledd Hall, uno de las primeras residencias construidas en la Universidad hacia 1929.

El diseño fue hecho por el gran Rudolph Weaver, quien fue un antiguo profesor de arquitectura en la universidad. En el exterior podemos detenernos en los diseños en concretos que ilustran antiguos escudos de muchas de las universidades europeas, pienso que los escudos fueron calcados de las antiguas escuelas españolas. Al pasar el arco de la fachada, entramos a una especie de recoleta o patio interior hexagonal que une las diferentes partes de las residencias a través de muchos otros arcos. Esta idea fue trasladada por W.K Long, prominente historiador del arte hacia principios del siglo pasado. Los arcos son pequeñas miniaturas de un neogótico americano, con lámpara antiguo y todo, que honran el pasado hispánico de la ciudad y sus gentes. Las letras incrustadas en el arco leen: "Mucozo", nombre del jefe Timocuan, y único prófugo (también fue el único sobreviviente) de la expedición del siglo XVI bajo el conquistador Pánfilos de Narváez. Recordemos la historia. Narváez fue el conquistador que tomo a Jamaica a principios de siglo XVI, y pocos años después, en 1512 va a Cuba junto con Diego Velazquez para conquistar la isla de una esquina a la otra. En esta empresa lo acompañó el Fraile Bartolomé de las Cosas – ya han pasado mas de un quinquenio de esos moribundos recorridos y enfrentamientos entre los dos mundos.
En los años a seguir (circa 1520) Narváez fue encomiado a gobernador de la Florida por Carlos I, el gran Emperador de la monarquía de Habsburgo del Imperio SacroRomano. Sin embargo, nada fácil fue la conquista de la Florida. Quines hayan visitado las páginas de los Naufragios, esas esplendidas crónicas de las Indias por Cabeza de Vaca, pueden comprobar la maldición que se les avecinó a la tropa española durante el mal tiempo, como si hubiera sido advertida por el mismo Dios de los Indios de Tierra Caliente. Recorrieron por mucho tiempo lo que hoy conocemos como las tierras de Tampa, St. Petersburgo y Gainesville. Otro de los conquistadores que encontramos en el repello de los arcos es a Juan Ortiz, viejo conquistador de estirpe vasca, quien también participó en la conquista del Perú. Ignoro si este Ortiz tuvo algo que ver con la conquista de la Florida, pero no creo recordar su nombre en las páginas y crónicas de los otros tripulantes ibéricos. Por que ha de llamarse entonces Sledd Hall? Como parte de la tradición universitaria, todos los complejos de la zona histórica deben tener el nombre de algún presidente de la universidad. Andrew Sledd fue el primer presidente de la Universidad de la Florida, estudioso del latín y de otras lenguas muertas. De 1904 a 1909 tomó la presidencia hasta que fue remplazado por Murphree.
Estadísticas incomprensibles: por estos años, la universidad solo tenia menos de sesenta maestros y la ejecutiva de alumnos era menor que cien, este año leo en las noticias que la cópula de estudiantes en la Universidad sobrepasa la increíble cifra de los 50, 000. Me siento rodeado de historia viva más que nunca; historia también hispánica que mezcla y sortea los destinos insulares con los americanos. Al fin y al cabo que somos?: somos los mismos hombres y tenemos la misma expresión americana.
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Gerardo Munoz
Agosto 30, 2008

4 comments:

juanfelipe said...

Pues muy bien mi queridisimo rival de Waterpolo. Se ha tomado usted el trabajo de honrar en un corto escrito partes de esta universidad que quedaran en el alma y los recuerdos distantes de todo aquel que piso sus aulas y camino bajo sus infinitos musgos melancolicos. Una ciudad que de Hispanica solo le quedan los nombres de los primeros Europeos olvidados en algun libro o en algun arco conmemorativo y/o tal vez como muy bien se menciono algunos vestigios de la impresionante comunidad Hispana en la Florida: muchacho(a)s de ojos picaros y cabellos negros. Una breve observacion: Quienes son los profesores? los eruditos de campus? A quien hay que culpar por el maravilloso estado de la grama y de los edificios y a la vez uno de los GPA's mas mediocres? Acordemonos que, para la satisfaccion de mis companeros de clase y mas de un pseudo-catedratico, la Universidad de la Florida fue nombrada como la universidad donde mas y mejor se rumbea (party, fiesta, bluyineo, perreo?) que orgulloso me siento de ser un Gator!

GerardoFilosofo said...

Por donde empezar, viejo caleño! Usted comenta, pero a la vez me lanza una olla casuelera llena de verduras, carnes, sales, patas de cerdos, orejas de ranas, y otros raros condimentos; otras porras. Que puedo yo contestar a un comentario que se estira como una serpentina festiva o como la insaciable nota de una flauta del San-Succi o como la pulsión del encarnado cachete de una chica que toca el clarinete? Me limito a una cosa: al musgo.
Un musgo ayer casi me cae en la cabeza mientras caminaba hacia la polleria de Chic Fill-A; pensé que era Dios pero después me di cuenta que Nietzsche lo había matado hacia mucho tiempo. No, era un musgo. Un raquítico y seco musgo, si. Epifania: así me di cuenta que no había mencionado los musgos en mi pequeña crónica de viaje! Esos compañeros de circo que hace del campus, una topografía norteña y bizarra. Bueno, poco importa. Primero porque usted lo ha superpuesto en mi escrito, usted a mejorado mi reseña con la yuxtaposición de esa figuración lúdica del musgo; y dos porque el musgo existe en mi escrito pero en su forma colgante, ósea en silencio – no se nombra, ni se oye; porque aun no cae en la cabeza. Solo cuando cae en la cabeza, el musgo esta hecho palabras.
El escrito es un viejo musgo en su totalidad, ya que la universidad queda en un fondo empañado y desmedido con mis viñetas verbales de los arcos y de los repellos hispánicos. Usted ha adivinado al musgo invisible que habita en mi escrito, en ese sentido, no fue solamente a mí a quien le cayó el musgo en la cabeza, sino también a usted mientras miraba pasar (en su impúdica imaginación) a la moza de vestido café.

-El filosofo de Puente: GM

juanfelipe said...

Pues le confieso que la analogia del musgo encaja perfectamente, pues como dices en el escrito, es solamente cuando el musgo cae que existe para uno, mientras tanto, no. Si el musgo sigue colgante, como ha estado hasta ahora, entonces no seria parte de la resena, pero como a ti te cayo encima y ami se me ocurrio dibujarlo en ese comentario pues existio, en la imaginacion y en el poema. Y si, a veces la mirada inventa y la imaginacion se desborda mientras vemos (para tomar tu vocablo reciente) feminas, luciendo vestidos y labios que invitan e insinuan lo que no existe, la imposibilidad de desearlas mejor, el resignarse y el morir. Un abrazo

juan felipe said...

Pues ahora que re-leeo estas contestaciones me doy cuenta como envejecen las palabras y como los defectos de la escritura propia saltan a la vista.
Pero, si, tiene razon, que bonita sucesion de imagenes, lineas y palabras. Ahora me parecen mas bonitas que cuando las escribimos. En fin, cae el musgo, epifania, feminas, labios, y resignarse.