Tuesday, September 23, 2008

"Egipto, o el tránsito del Desierto" - Por Juan Hernández (Crónica de Viaje)

(The Arab in the desert - J.Gerome Leon)

Prólogo: Egipto, primero ves/vez primera

Flaubert, De Nerval, el Josef de Thomas Mann; en estas paginas también ha morado el gran Egipto, aquí también se ha borrado. El viaje a Egipto siempre es el mismo, pero siempre es distinto. Gerardo, el otro que no escribe esta nota y que nunca la leerá, nunca ha ido a Egipto. Pero, ¿como puede saber otro que no sea Gerardo, que Gerardo nunca ha ido a Egipto? La ida, (lo que antes he llamado la misteriosa fuga); decía Kavafis siempre merece plenitud. Después de la plenitud, nacen ansias del regreso y de la estadía en tierras que parecen dilatarse durante los ocasos. Se abstrajo (Gerardo dixit): Miro al Occidente mientras el aire pasa y sopla. Me despeina. Todas estas sensaciones del cuerpo cubren mis ojos, sus ojos, de ciego que no ha ido a Egipto, pero que ya viene de regreso.
Este retazo que escribo no es más que la referencia, la postal, el suplemento, la dedicatoria de un regreso del Egipto natal de Juan Hernández. La ciudad y su magia me habitan, porque la ciudad siempre es plena magia. La luz y el hombre: el desierto y las caras de otro continente aquí se unen y se dispersan. La valoración del silencio rítmico cae sobre cada palabra como la tormenta de arena que cela mi vislumbre.
Ayer fui otro, hoy soy egipcio. Egipcio/Cubano/Cubano/Egipcio; con pasaporte americano: EgiCubnAno. No me agota el desierto, ni las moscas que circunvuelan sobre los hombres descalzos; voladores con turbantes.
El Egipto sigue siendo el Egipto de la eternidad faraónica y de las fálicas pirámides. Desde allí, Filo y la circuncisión viril de Pitagóricas. De Egipto; la extracción de los sesos por la vía nasal para el goce de Osiris. Desde ese espacio etéreo, cierro esta nota; donde comienza el Cairo me convida el otro fin.
Tomo agua en el vaso de cristal que se agota, con pasmo veo la coloración de dos granos de arena que intentan diluir el fondo. Es Egipto otra vez.
– G.M


Egipto es una tierra que es fácilmente retratada con las palabras del astronauta americano Buzz Aldrin: 'Magnificent Desolation'. Esta tierra ha sido el puente entre tres mundos que se cruzan e intersectan en su vientre, desde el nacimiento del hombre mismo.
Fue castigada por Dios con una geografía áspera, tenaz, y expuesta de cara frente al sol. Este país se refresca solo en su maravilloso Nilo y en sus costas Mediterráneas. La tenacidad de sus vistas y la sequedad de su piel solo acentúan esas tonalidades terracotas y amarillentas como sombras alargadas van dibujando el desierto del Sinaí a lo largo de kilómetros salvajes. Nunca he visto a un país con menos vida, con esa desolación que destila el desierto. En verdad existen dos desiertos, el primer desierto es de una amarillenta y fina arena. El otro desierto, tapiza con sus piedras rojizas cientos de kilómetros cuadrados que se levantan ocasionalmente para dibujar las suaves colinas. La cara del inmortal Misr vista desde el satélite nos resulta flácida, inerte y desolada.
Como un anacronismo de concurrencia matemática, o como los hechos del destinado inmemorial, el propio espíritu del pueblo egipcio es rotundamente diferente a la naturaleza de su paisaje. El carácter de los habitantes de pequeños pueblos y de las grandes ciudades es uno de bulla, desorden (pero a la vez un orden superior implícito) y de mucha alegría.
Tuve la gran oportunidad de caminar y explorar las calles del Cairo y fue allí mismo donde sentí que podía vivir, si fuese posible, el resto de mi vida. Los barrios mas cosmopolitas, yerguen magníficos edificios que relucen el nombre HILTON en sus viejas terrazas y traen aquellos tiempos del derroche, optimismo y primera modernización, a la memoria. Cairo es una ciudad donde el mundo de repente cambia y se metamorfosea en algo parcialmente desconocido; pero curiosamente nada aterrador.

El caminar por aquellas amplias avenidas sobrepoblados de transeúntes, taxis mas viejos que yo mismo, se ven avisos y publicidades que hechizan los inocentes ojos, puesto que están escritas en árabe, produciendo una sensación abismal de curiosidad e identificación al mismo tiempo. Es una atmosfera un tanto compleja y contradictoria. Las vallas que promocionan alguna marca de maquillaje o de cremas faciales usando como modelo a una dama de ojos azules se ven frecuentemente flanqueadas por los omnipresentes 'arcos dorados de McDonalds', la gigante cabeza de Harland Sanders de KFC, o por el anatema de la buena pizza italiana: PIZZA HUT. El Cairo es capaz de integrar muy hábilmente el discurso tradicionalista del Islam, con las tendencias y elementos del Occidente.
Cairo es una ciudad donde también se encuentran terribles diferencias. Si se recorren los barrios marginales, nos encontramos frente a un terreno repleto de casuchas de barro y piedra que reflejan la terrible pobreza que se extiende en toda la ciudad. De igual forma, las construcciones abandonadas, escombros y restos de escombros se encuentran entre los interiores urbanos del Cairo. Entre estas fantasmagóricas imágenes de las ruinas; tambien podemos ver la sonrisa del eterno niño con su chispa del sonreír y de destello. Cairo es símbolo internacional, debido a la presencia de una de las joyas de la humanidad: las tres Pirámides de Giza. Y no es para menos. Estas son el legado del Antiguo Egipto para los subsecuentes pueblos que habitaron sus áridas tierras: persas, griegos, romanos y árabes. Si se recorre la ciudad en taxi (y si hay suerte de que el chofer hable ingles y no cobre el doble de la tarifa) se llega a las pirámides de la manera más fácil y a la vez en carruaje de lujo. Pues el automóvil recorre, no sin afán, entre callecitas y pequeños edificios de cinco pisos que ocultan un poco la visibilidad y las palmeras, que bien pudieran haberse sacado de Las Mil y Una Noche. Si se alza la mirada se observa un borde de magnitudes vastas. Cuesta trabajo comprender como la imagen de las pirámides parecen piezas surrealistas y mágicas de la realidad. Se llega a ellas sin pretensiones; con mucho respeto e inquietud. Pero a la vez, la grandeza, y su contenido histórico son avasalladoras. Apartar la vista resulta prácticamente imposible. Estas construcciones le otorgan al Cairo y al país en general un orgullo, un sentir histórico y nacionalista, una sensación de ese "Gran pasado Faraónico", del que hablaba Jankowski. Una vez fuera del auto es necesario dejarse embrujar por la presencia y la personalidad de estas magnas instalaciones. La manada de turistas es inevitable y los beduinos que cobran 'uan dola' para que se dejen tomar la foto también forman parte del paisaje – son también, cosas sobre el desierto. Pero por encima de la detestable multitud y de los guías turísticos, hay que divagar y caminar al antojo. Las medidas y su antigüedad son impresionantes. Mas de ciento cuarenta y seis metros en el punto más alto, 3570 años de antigüedad, cien mil trabajadores durante 20 años. La milimétrica configuración de esas infinitas piedras se repiten una tras otra con exactitud asombrosa. Estos monumentos dignos de perfección se alzan en tal armonía, que si se observan desde una vista aérea, su forma triangular y su posicionamiento coincide con el delta del Nilo, y se alinean perfectamente con el norte y el sur geográfico.
Esto nos muestra que no solo fueron metódicamente construidas, sino que las tres pirámides de Giza se organizan y se alinean siguiendo un designio militar. No es un accidente que cada una fue erigida con el propósito de deslumbrar aquellos que las observasen fijamente desde el espacio. Las siluetas de estas tres grandes pirámides reflejan el poderío de un pasado. También el misterio y la inmensa curiosidad del hombre con el "hacer".
Misr, y en particular Al-Qajira (Cairo en árabe) sigue rotando en mi interior desde que abandone esas mágicas tierras. Como fantasmas deambulantes, los reflejos y las estampas se quedaron grabados en mi memoria. A veces me sorprenden y me regalan un pedazo de aquella aventura que había dado por perdida. Olores del jazmín mezclado con el agua barrosa del Nilo regresan hacia mi olfato. En mi ensueño, revivo el omnipresente Cairo y sus diseños.
Para escapar de la rutina me sumerjo en viajes ilusorios de remembranza donde la calle sucia, el bello rostro femenino cubierto por el paño, y la melancolía propia de la ciudad me consuela y me embriaga con su substancia de la que están hechos los sueños. El viaje al exterior siempre permite obtener una nueva dimensión, y si se es buen observador, esta se ramifica y se extiende para convertirse en una regla medidora que otorga validez y al mismo tiempo niega los estándares en que vivimos y las esferas que rodean la existencia. Todo viaje por Egipto regala la valiosa frescura eterna para descubrir que hay otras maneras de vivir, otras maneras de circular; quizá otras formas de morir.

Juan Hernández
Septiembre 21, 2008
University of Florida

3 comments:

juanfelipe said...

Muchas gracias compadre Guajiro por asignarle un espacio a este humilde escrito. Se le agradece el tiempo y la dedicacion para configurar y editar tremendo texto tan confuso; espero que sea el comienzo de una serie de contribuciones no solo mias sino de los demas pseudo-eruditos como yo. Ojo, tilde en la U.

Un abrazo

GerardoFilosofo said...

Compadrito Juan, le aclaro que por desgracia no soy "warhero"; soy muy cobarde. Detesto las vacas y los caballos, y pago para que no me den golpes. Primer punto aclarado.
Segundo, permita usted le conteste en lenguaje metonímico: para 'Puente' es un honor que usted haya colaborado con esta bella pintura (si, es un lienzo del Cairo) sobre tierras lejanas que ignoraban tanto yo, como los otros lectores. Estamos esperando las voces que aun no llegan, pero yo como exegeta de lo común, pienso que algún día llegarán.
Un s(á)ludo.

-Gerry, el Filosofo de la Torre

María Fernanda said...

Extrañando las largas conversaciones de los años ya pasados, es placentero leer lo que tu corazon guarda.
Llegaran momentos para compartir y escucharte....