Tuesday, September 16, 2008

"El Lector de Tabaquería en Cuba" (Reseña escrita para -Revista 'Sin Fronteras' de Literatura Hispánica-)

Araceli Tinajero, El Lector de Tabaquería: Historia de una tradición cubana
Editorial Verbum 2007. Madrid


Gerardo Muñoz*
Septiembre 2008


"El tabaquero, con su artesanía,
En las raíces de la historia acampa:
Con Marti destrozo la tiranía
En las gloriosas fabricas de Tampa.

- Guillermo Villaronda."
"Elogio al tabaco cubano"


El nuevo estudio histórico de Araceli Tinajero tiene como boceto precursor una última sentencia escrita por la propia autora al final de uno de sus ensayos sobre la escritora cubana-americana, Cristina García, en el volumen Cuba: Un Siglo de Literatura 1902-2002 (editado por Roberto González Echevarria. Colibrí Editores) donde nos alerta: "la historia de las tabaquerías cubanas está por escribirse". La estudiosa mexicana ha decido embarcar esta ambiciosa historia en su totalidad con la publicación de El Lector de Tabaquería en Cuba. El estudio de las tabaquerías en Cuba no solo abarca la cuestión de la arqueología histórica sobre una de las instituciones mas importantes (a la vez, es una de las mas raras de la modernidad) de la época finisecular en America Latina, sino también marca un punto de referencia vital donde la política, la sociedad y la literatura convergen dentro de uno de los espacios primordiales de la sociedad civil cubana: la tabaquería. El lector de tabaquería, por su parte, es una de las figuras más sobresalientes de la cultura cubana, de mucho relieve social y político, aunque hoy es apenas recordado.
El estudio de la Dra. Tinajero, en sus palabras: "recobra una practica cultural de importancia", ya que la lectura en voz baja, tal y como la conocemos hoy en día es una invención muy reciente. Es solo durante los años intermedios del Medioevo, cuando los monjes, escribanos y teólogos dan luz a la lectura en voz baja, de este modo pensaban crear un puente entre la tierra y las jerarquías divinas, las cuales solo eran dignas del silencio y de la palabra sagrada del magíster dixit. En contraste con los rapsodas griegos como Hesíodo u Orfeo; los monjes de las tenebrosas catedrales góticas aspiraban a la reflexión taciturna y sosegada. Esta tradición continúa hasta nuestros días en las universidades y escuelas públicas. Sin embargo, la otra tradición, la misma que se impone en el lector de tabaquería, es la de la voz alta que nos remonta no solo a los griegos sino a los juglares de los cánticos sefardíes o a los romances moriscos que se cantaban por los siglos trece y catorce en la península ibérica. Cabe distinguir, desde luego, la diferente función de la oralidad en el Medievo, con la práctica del lector de tabaquería en la modernidad. Aun en el siglo XIX, un autor de gran obra literaria como Charles Dickens cumplía con su oficio de lector hacia una audiencia pública en Londres, siempre emocionado y lleno de gallardía (así lo pinta Mario Vargas Llosa, en uno de sus más admirables glosas). Mientras los poetas medievales como los griegos practicaban su gesto de arte verbal en público, el lector en voz alta de la Modernidad se encuentra en una matriz política y social. Sin embargo, el lector de tabaquería comparte con los previos ejemplos, el mismo sentido de la preferencia por la palabra en voz alta, la cual después de los desarrollos tecnológicos modernos como en el caso del libro, la imagen, la radio o la televisión, se veía afectada por las nuevas funciones que remplazaron la calidez acústica del otro interlocutor en la experiencia viva y tangible de la lectura. La misma autora nos advierte: "Este estudio presenta como la lectura en voz alta es un eslabón con el pasado, con las épocas pre-industriales era la norma y no la excepción".

La investigación de las tabaquerías y el lector, traspasan la hermenéutica de la crisis de la lectura o del nacimiento del libro como argumento histórico y cultural. Siguiendo los pasos de la transculturación de la ínsula emprendido por Don Fernando Ortiz en Contrapunteo del Azúcar y el Tabaco, este libro también pretende desentrañar con una erudita y minuciosa investigación, cómo, porqué, y cuando emerge la institución tabaquera en la isla, y como se desplaza, y renace en el exilio estadounidense, y termina trasladándose posteriormente a España y a la Republica Dominicana.
La tabaquería como institución nace en Cuba aproximadamente hacia 1865. Es sobre estos años que la importante firma de tabaco Partagás, implementa la lectura en voz alta para mantener a sus trabajadores ecuánimes y hacerlos sentir, como bien decía Marti, que el trabajo bien pudiera ser "un arte". Las tabaquerías cubanas, son al mismo tiempo el eje de un espacio que creaba una identidad nacional y que daba sustento a la floreciente economía del boom azucarero que comenzó durante el primer cuarto del siglo XIX en la isla de Cuba. Nace así, una profesión que mantiene a los trabajadores informados de las noticias, y del uso de un buen lenguaje mediante las lecturas literarias; mientras que los artesanos torcían la paca del habano con paciencia. Era también una variante opuesta al estridente trabajo mecánico de las fábricas y factorías de la industrialización, las cuales exigían, por regla, el ejercicio físico de las manos y una atención total a un infausto empeño que solo resultaba en la alineación de la condición humana. El lector de la tabaquería, como lo lee Araceli Tinajero, es semejante a un obispo que desde su púlpito y atril podía terminar con el incomodo y monótono silencio del trabajo. A través de las lecturas el trabajo se hacia mucho más ameno, donde los trabajadores no se sentían bajo la impresión de la explotación, sino fieles a sus tareas. Este espacio laboral se convertía en un ambiente cerrado, y despejado a través de las lecturas. Así lo describe la autora: "La ausencia del ruido en los diferentes departamentos permitía el dialogo e intercambio de ideas entre los tabaqueros e hizo que el artesanado siempre tuviera un nivel de cultura…el ambiente de la lectura es como en el ámbito conventual o escolar donde hay silencio, disciplina y donde un lector le lee a un grupo de personas sentadas que en la mayoría de los casos pueden verlo y escucharlo." (p.36-37) Esta institución, con sus estructuras y planes de distribución del saber, posteriormente fue exportada debido a las febriles condiciones de las luchas independentistas cubanas ('la Guerra de los Diez Años') hacia al exilio; donde la primera diáspora cubana se asentó en las regiones floridanas, específicamente en Tampa y Cayo Hueso. Junto a ellos, muchos de los lectores de tabaquerías también vuelven a practicar su labor en la tabaquería. Valga recordar que el mismo apóstol y poeta José Marti lee desde la tarima tabaquera su eufórico discurso 'Los Pinos Nuevos', con propósito de lograr recaudaciones en vísperas de la guerra de independencia.
La formación "critica-literaria" de la Dra. Tinajero (autora también de Orientalismo en el Modernismo Hispanoamericano) enriquece su estudio en varios niveles, puesto que parte de diferentes ángulos interpretativos, y maneja con habilidad fuentes que se extienden desde textos literarios, periódicos, manuales, cartas y panfletos; a entrevistas efectuadas por la investigadora durante su viaje a Cuba. El libro de Araceli Tinajero también impulsa revisiones tanto en el campo de estudios genealógicos e históricos de la Modernidad, como en el campo de la cultura cubana. Su libro es fácilmente divisible en tres secciones: en la primera parte la autora esboza y analiza la tradición de la función del lector de tabaquería en la Cuba del siglo XIX. En la segunda parte, investiga como el oficio de la lectura se llevó a cabo en el exilio de Cayo Hueso, Tampa y Nueva York desde el fin de siglo hasta el comienzo de los años treinta. La última parte se circunscribe a un estudio comparativo donde yuxtapone el desarrollo y uso de la lectura en voz alta en Cuba, con países como México y la Republica Dominicana.
Como en otras monografías que abarcan la memoria cultural cubana, pienso específicamente en tres ya clásicas: El Monte por Lydia Cabrera, Holy Smoke por Guillermo Cabrera Infante y La Gloria de Cuba: Historia del Béisbol en la isla por Roberto González Echevarria; la historia de la tabaquería y su lector por Araceli Tinajero se cifra dentro de este escaso circulo de importantes estudios que merecen tanto el elogio de la critica, como el disfrute del lector. Para los que buscan una inteligente y multidimensional exégesis sobre un tema poco asimilado en los estudios latinoamericanos, encontraran en la monografía de Araceli Tinajero un hito de la práctica de investigación histórica sobre un oscuro archivo de nuestra cultura poco estudiado hasta nuestros días.

(*)Gerardo Muñoz es estudiante de Ciencias Políticas, Filosofía y Literatura en la Universidad de la Florida, Gainesville. Nació en Matanzas, Cuba. Es autor de ensayos, poemarios, y textos críticos sobre temas que abarcan tanto la filosofía, la cultura cubana, como la política, artes plásticas y la literatura. Ingresará el próximo año para estudios posgraduados de Literatura Hispánica.

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