Tuesday, September 9, 2008

Manchas de una metafísica telúrica


 
Discípulo y seguidor de la filosofía Zen (este término aislado de todo significante Occidental), el artista Rubén Fuentes posee una obra que se gesta de una maquinaria muy disímil pero que proviene tanto de la influencia oriental (cabe resaltar el Budismo Zen, las vislumbres Hindúes, la caligrafía Japonesa, el eterno oro Bizantino) como de los maestros modernos y contemporáneos. Si podemos discernir vagas influencias en su plástica – pensamos en la fuerza de una anthropométrie de Yves Klein, el conceptualismo de Beuys o Marcel Duchamp, o lo telúrico de Ana Mendieta; siempre su obra logra un sentido de síntesis total, lo que imposibilita cualquier categorización de su obra en las tendencias o movimientos estéticos vigentes. Podemos decir con poca resistencia que la obra reciente de Rubén Fuentes es un estilo de lo telúrico metafísico, una unión que solo puede surtir clausuras para una percepción de ese multiverso dentro de su configuración plástica. La cosmovisión de Rubén no construye, ni erige sistemas, sino que disemina y convierte la unidad de un sistema plástico en una pluralidad telúrica. Siempre parte de la iluminación de un concepto, aunque no es esa teleología que busca el pintor. La búsqueda en la obra de Rubén circunnavega en el secreto círculo de ensō, donde se acaba por llenar con el óleo y el pincel, una escritura operante de la pintura. Esta ejecución mental reluce en las últimas series del pintor: Registros de la Lámpara y Geometrías No Euclidianas, donde la figuración plástica solo queda presente en su invisibilidad. Es esta invisibilidad, la habitación céntrica del tokonoma del artista, bajo el abismo del vacío donde se logra que el espectador pueda mirar, penetrar y elaborar la presencia de un "Otro". El espacio de la obra de Rubén nos secuestra: no en el espacio del lienzo sino en el contacto visual de la distancia y del espectro. Las sombras de matas, hojas secas, plumas son las huellas y las manchas de la pureza de un ambiente telúrico de lo trascendental. Los puntos que se conectan en las geometrías de sus abstracciones (Geometrías No Euclidianas) son dispersiones orgánicas que cobran sentido solo sobre un profundo cuestionamiento filosófico: ¿Que es el tiempo/espacio? ¿Que son las substancias de las estructuras? Sus formas pictóricas, en su propagación no aspiran a las respuestas del instante metafísico, sino a la exaltación taciturna del observador. Rubén Fuentes, en su obra visual no busca un sentido ideal ni una consumación; cree compartir una de las sentencias de su compatriota el poeta cubano, José Lezama Lima: "lo que interesa es la sombra que va quedando en el muro".\(Escrito para el catalogo de una exposición del artista en Gijón, Asturias 2008)



"Painting as in writing, is after all, in its way, a satori (the Zen occurrence) which causes knowledge or the subject to vacillate: it creates an emptiness of language"
- Roland Barthes, Empire of Signs


A lo largo de la historia del arte moderno, son escasos los artistas que han podido integrar la inteligencia cartesiana (el saber metafísico) con el séquito de la sensibilidad estética. El arte cubano contemporáneo, una totalidad desigual y heterogénea por excelencia, consta del pintor matancero, Rubén Fuentes; que desde hace unos años atrás viene trazando una obra rica e inteligente donde sobresalen los elementos metafísicos de la curiosidad del hombre en relación con el cosmos. El pintor desempeña su inteligencia sosegada y geométrica tanto para la búsqueda infinita del hombre en sus espacios, como para crear contornos inusuales, los cuales tienen el propósito de escapar las letanías fugaces y las reproducciones de la vida moderna. El artista ha optado por dejar en el lienzo, no las fortalezas matéricas del pasado, ni tampoco las transparencias del vacío, sino solo rastros, huellas, trazas; en fin, ecuánimes gestos para la autorreflexión y las búsquedas internas.

Gerardo Muñoz
Septiembre 4, 2008
Gainesville, FL.

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