Wednesday, October 15, 2008

Contra la crisis: El arte postcapital de Damien Hirst (Nota)

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"The discontent in our culture has assumed a new quality: it appears as a universal, diffuse Cynicism".
– Peter Sloterdijk

Mientras la bolsa en Wallstreet se desplomaba durante los últimos días, el artista más valioso del mundo del arte no se detuvo en poner al mercado una amplia venta de sus obras en la casa de Sotheby. Entre las muchas obras del artista ingles, Damien Hirst, se encontraba una zebra embalsamada, como si estuviese viva, parada dentro de una especie de pecera o cajón de vidrio. Como su tiburón, como los puercos, los corderos, o los otros animales expuestos en las obras de Hirst; estas "instalaciones" son reproducciones de un mismo tema: la cristalización de la imagen en el mundo del arte. Como Marcel Duchamp, quien firmó el urinario con el infame 'R. Mutt', Hirst no le interesa, ni mucho menos cree en una estética, sino que su búsqueda se centra en enseñarle al mundo del arte un espejo simbólico (Lacan, podría afirmar) de si mismo.

Iván de la Nuez habla del arte en el siglo XXI como parte de un nuevo paradigma posmoderno llamado "postcapitalismo". Dentro de este paradigma se deja claro que el arte en el siglo XXI se muestra en un tránsito, cambiando de lo que Walter Benjamin tildó como la "reproducción maquina" a la digitalización o la iterabilidad de la traza de una imagen. Esto no solo sucede en el arte de muchos de los artistas contemporáneos, como es el caso de Dana Schutz, Marc Quinn, Jenny Saville, John Currin, u Orlan, sino también en la formación del museo, y la fotografía. El tránsito del arte pasa por momentos donde la transformación social inunda ese estado espectral de la ruina. Aun con música, con chillidos, con la proliferación de la acumulación de saber (el teléfono como prótesis del Otro); estamos realmente solos. El arte, como la fotografía, ahora se vuelve un simulacro de la reproducción. Iván de la Nuez dice brillantemente en uno de sus apuntes sobre el espacio poscapital: " espacios que no se convierten en lugares concretos pero que tampoco podemos considerar utópicos". De hecho, el elemento esencial de la pintura es el espacio, como vía había aclarado Velazquez cuando llevó a cabo, como pocos en la historia, su juego espejista en la representación. Como la fotografía, el arte se encuentra en un vacío espectral de la visualidad. No hablamos del vacío de Yves Klein, o de la música de Schoenberg, sino de un vacío en el campo dimensional de la representación: ¿es posible la creación, donde todo se repite a través de la digitalización? La crisis de la representación plástica en la era digital pone en crisis dos parámetros de un mundo: la crítica de arte, y la legitimidad del sujeto.

Aunque disímiles en su concepción crítica, los artistas mencionados anteriormente son ejemplos de esa conquista de la "imagen" que el mismo Martín Heidegger nos avisaba a principios del siglo pasado. Marc Quinn esculpe a Kate Moss doblada, de oro pesado, como si fuese una foto, o una película en el momento de su ejercicio corporal. El elemento fantasmagórico vive. Esta claro: si antes la imposibilidad de la materia creaba la distancia entre lo palpable y lo real, ahora todo se vuelve irreal. La obra de Damien Hirst comprueba la contradicción del capitalismo: el arte, aun cuando el capital entre en crisis, se estima por el capital, por el valor de si mismo, y no por lo simbólico. Esta es la entrada en lo poscapital. Sartre criticó la condensación del espacio y la forma en Giacometti, como el fin (o el empezar) de la escultura que materializa la crisis de la burguesía moderna. En el posmodernismo, el arte tiene crisis por falta de amistad con si misma: el capital reflexiona, se autocrítica por vez primera. Las esculturas de Marc Quinn, y ahora la zebra de Hirst se vende por 125 millones libras.

Los temas de Damien Hirst no es precisamente lo que nos inquieta. No es difícil pensar en los animales de Soutine, de Rembrandt; o más recientemente, las carnes colgantes de la pintura brutal de Francis Bacon. Lo que interesa en Hirst es su noción del valor en el arte, a desigual que Marcel Duchamp, el concepto no es a priori del tema; la autorreflexión del valor es gobernado por un nombre sin concepto. La zebra es el arte del cinismo: Hirst, construye y opera como una contra/firma, y define el valor, el tiempo, la capacidad y la belleza globalizada que se dilapida entre las entrañas ruinosas del postcapitalismo.
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Gerardo Munoz
Gainesville, Fl.

1 comment:

Anonymous said...

Extrahordinary but not as the works of art painted by M Galguera, if you dont know them, wait, soon you can see them.