Tuesday, October 21, 2008

"Otro otoño para el Patriarca: Poder, Literatura, y Gabo" (Artículo para Manual Latino)

Gerardo Munoz
Gainesville FL

Octubre 20, 2008

I.
La literatura del dictador latinoamericano no comienza con El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias. Tampoco con el renombrado Tirano Banderas de Ramón del Valle Inclán – con ese tic, tac de las botas de charol. Aunque parezca dubitativo, la tipología del dictador en la novela moderna latinoamericana es de genealogía inglesa, o quizás de origen polaco: aquí la geografía une y desune como en toda mitología de la era imaginaria del continente. En 1904 Joseph Conrad publica Nostromo, una novela situada en Sudamérica, en el pueblo ficticio de Costaguana. En la novela de Conrad, el Señor Gauld y Nostromo ponen al relieve la relación de poder en la literatura. Nostromo precede la fundación mítica de Macondo: allí encontramos la corrupción, el poderío individual, el materialismo, el vicio del macho, el racismo, y el culto de la personalidad, el poder, y la escritura. Exactamente setenta años después Roa Bastos publicaría Yo, el Supremo, novela que sellaría el fin de la tradición de la novela del dictador. La figura del dictador es la contribución mas importante de la literatura latinoamericana, basta con citar a Roberto González Echavarría, quien nos dice que ya desde las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, Inca Garcilaso, las cartas de Hernán Cortes a Carlos V hasta "El Matadero" de Esteban Echevarria del siglo XIX, el arquetipo del caudillo se teje como protagonista de la mistificadora narrativa. Toda literatura Latinoamérica (aun cuando no aparece como tema) es la historiografía, la conciencia histórica, de las dictaduras. Los ejemplos aludidos son parte de la configuraron de la literatura latinoamericana, a ellos le sigue la literatura macondiana. Gabriel García Márquez, como ningún otro escritor ha sabido explorado como la literatura es poder, o sea como el poder se traslada a la literatura.

II.
Macondo es un mundo total: el rostro del continente americano; el rostro del dictador. En todas la novelas de García Márquez el espectro del dictador flota en el fondo; siempre translucido, y silencioso. En la antigüedad existió el héroe de la epopeya, en la Modernidad (Adorno dixit) el espectro del dictador, o de la personalidad autoritaria prevalece como autoridad secular. Este culto a la persona es tan irreal como la misma literatura. Gabriel García Márquez le interesa no por su naturaleza política, sino por su esencia metafísica. Pienso, que no estaría mal hablar del poder del patriarca de Macondo como el ser alienado de la sociedad, puesto que la vida del Caudillo-Dios (el poder es siempre inconmensurable) debe de ser muy solitaria. Dos vidas que se cruzan, dos soledades: el escritor y su espacio, y el poder dictatorial de lo impecable. Se pregunta: ¿como es posible que el Gabo no siendo comunista puede ser tan amigo de Fidel Castro? Cesar Leante suele darnos una respuesta a nivel psicológico: "El apoyo incondicional de García Márquez a Fidel Castro – indica – cae en buna parte dentro del campo psicoanalítico…cual es la admiración que el Patriarca ha sentido, siempre y desmesuradamente, por los caudillos latinoamericanos brotados de las montoneras. El coronel Buendía, pero sobre todo el innominado dictador caribeño que como Fidel Castro envejece en el poder" (G.G.M, el hechicero). El tiempo es la materia esencial de la literatura, como el espacio (el aire) es para la representación plástica. El dictador de Macondo siempre envejece con su eterno poder: ¿pero es ese gesto verdaderamente el poder al que siempre estamos inclinado a pensar? El poder en Macondo es el camino a una metafísica del tiempo, y no a una desmoralización política. No sorprende que Gabriel García Márquez mire con añoranza y cariño todavía al viejo dictador del caribe, aun después que el romanticismo revolucionario ha llegado a su fin, la presencia de la imagen macondiana puede remplazar a la propia realidad.

III.
Citemos a Cien Años de Soledad: "El coronel Buendía detuvo en el aire la pluma entintada, y descargo sobre el todo el peso de su autoridad…Dos días después el coronel Gerineldo Márquez, acusado de traición fue condenado a muerte. Derrabado en su hamaca, el coronel Buendía fue incesadle a las suplicas de la clemencia" (ed. Real Academia Española p. 141). Aquí leemos como la autoridad de la pluma, es siempre la autoridad del poder, ya que el verbo sentencia. El escritor es el primer dictador ideal, hasta en Rayuela, con su "libertad narrativa", el autor es un dictador (escritura = dicta, estructura). Después de siglos, nadie sabrá distinguir entre el dictador ficticio, y el dictador de la historia. El otoño surtirá ambos mundos. Desde esta clave, Antonio Munoz Molina postula: "En cuanto a García Márquez, que tantas veces ha escrito sobre la megalomanía delirante de los poderosos, tal vez lo que le atrae de Castro es que se parece a ese modelo doble de escritor y caudillo que sólo se da en las débiles y serviles sociedades hispánicas". El dictador de la "realidad" es la sombra del otro de la literatura; para el novelista, el dictador es el símbolo de infinitas supersticiones de un pueblo: un dictador termina inscribiendo, descarrilando la vida de los residentes hasta dejar su huella en la conciencia. El escritor, de igual modo, se deja arrastrar por la figura total del dictador hasta la creación última pagina – el poder siempre vence a la escritura. El futuro totalitario – decía George Orwell, es una bota en el rostro de un niño para siempre.

IV.
Se acaba de publicar en Londres la biografía definitiva de Gabriel García Márquez, la cual (no nos sorprende) gira sobre el tema del poder del escritor, escrita por Gerald Martín, estudioso del Maestro de Aracataca. No mucho es novedad, Ángel Esteban también ha escrito brillantemente sobre la relación triangular - Fidel, poder, Gabo. La cuestión de la escritura de Gabo todavía escudriña un análisis más allá de los asuntos éticos del escritor. El personaje del dictador en America Latina en las novelas de García Márquez, es el moribundo viejo que nunca se decide a morir, el poder es mas que la transposicion de la realidad en la novela. Tampoco está muy decidido el dictador de Cuba – en el futuro, el uno sobrevivirá al otro. El poder, anota Michel Foucault, genera una economía que reproduce un saber. El dictador reproduce al dictador a través del poder literario (escritura). El realismo mágico continuamente reescribe e imagina un texto de la conciencia de America del Sur: el poder es la literatura, generado por la imaginación del poder del caudillo. Los otoños pasan, nos ponemos viejos como los dos patriarcas (Fifo y Gabo); salvo que estos viejos patriarcas aun no se deciden a morir, ellos se creen inmortales; este es el síntoma de toda irrealidad.

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