Monday, November 17, 2008

Diálogo con el Ogro Estético (VIII): El alma de Kandinsky

Gerardo Munoz: Amigo Ogro, hoy me ha cegado tras su velocidad, el verdoso espectro del blaue reiter.

Ogro: Ya veo, te refieres al cuadro más representativo del movimiento del mismo nombre encabezado por Wassily Kandinsky y Franz Marc.

GM: Si Ogro, en efecto. Auque los impunes historiadores todavía discuten sobre el origen del paradigmático movimiento expresionista, con la obra Der Blaue Reiter podemos decir que es simplemente que se forma uno de los puntos de partida de la estética del movimiento de la vanguardia alemana. Vemos que el artista de las sinfonías pigmentadas todavía no ha logrado el sello estilístico dotado de la pura abstracción o los gestos geométricos que caracteriza su formación pictórica más madura. En este jinete solitario, sin embargo, ya comenzamos a vislumbrar una totalidad que se compone a través del color y del balance entre las sombras impresionistas rumbo a la abstracción moderna. Lo más interesante del lienzo de Kandinsky no es lo prematura de su estilo, ni la atomización unidimensional del lienzo, sino su iconografía. Por una montaña verde, el jinete recorre a toda carga en busca de ese destinatario que ignoramos. La fascinación por el caballo o el jinete se convierte en el eje central de la iconografía del joven Kandinsky, a tal punto que aparece mencionado en su Manifiesto sobre la esencial espiritual del arte. Para Kandinsky el caballo es entonces, y he aquí lo singular de este gran artista, símbolo de dos preocupaciones: por un lado el camino, la ruta que el jinete (el artista) se abre al concebir su obra y su destino; mientras que por otra tenemos también la concepción del jinete en la iconografía clásica de la historia del arte, y me refiero claro está, a la parábola mística divisada por San Juan en el libro de Apocalipsis. En ella se personifica la Apocalipsis a través de cuatro jinetes en sus respectivos caballos en diferentes colores (rojo, verde, negro, y blanco), cada uno con su significado de malestares sobre lo humano. Mientras digo esto puedo visualizar el terrible e imponente grabado de Durero de los 'Cuatro Jinetes' arrasando con todo a su paso, y uno de ellos con una inmensa espada en alto. El Jinete Azul de Kandinsky esconde este silencio entre lo apocalíptico en torno al destino del hombre moderno, a la vez que deja entre ver un gran optimismo, una redención concurrente (salvación) con su propuesta de fe sobre el arte. Como los estetas de su tiempo Kandinsky cree que solo el arte puede justificar la vida.

Ogro: Munoz, cada encuentro suyo, usted dispersa mis oidos con pretensiones catedráticas, sin dejar que el Otro, su querido Otro, para no decir Ogro, deje caer al menos la palabra en el poso. Solo le digo esto: el jinete de Kandinsky no solo es alegoría de lo espeluznante de lo apocalíptico, sino también un paseo por la naturaleza. No cree usted que tanto el caballo como el color verde del pasto representan una unión del hombre solitario con la naturaleza?

GM: Puedes tutearme querido Ogro, ya que algo nos conocemos. En cuanto a tu pregunta sobre la unión del hombre con la naturaleza, te respondo en lo positivo. Algo que perdió el hombre moderno en el curso breve de su condición fue precisamente el vinculo con su mundo maravilloso. Karl Marx nos advierte en su crítica económico/teológica sobre Hegel, que el hombre se encuentra distanciado y alienado totalmente del mundo natural. Kandinsky sintió eso mientras pintaba, y por eso opto en sus tardías obras por la representación de la forma en su pureza, o sea en la abstracción. El jinete se pudiera leer como el artista que cabalga hacia ese camino, que se sale de la humanización artística para entrar a otro mundo, a otro tiempo. Pintada a principios de siglo, la Gran Guerra dará paso al cuestionamiento del Dadaísmo y del existencialismo como sanadores de la Apocalipsis. En la obra de Kandinsky, no obstante, es imposible de discernir hacia donde se dirige el jinete, hacia la hecatombe de nuestra civilización o hacia una posible salvación del art pour art?

Ogro: Quizás nunca sabremos…

GM: Lo mismo creo yo. Aunque no quisiera leer a Kandinsky bajo la situación posmoderna de nuestra realidad, me inclino a pensar que el jinete está mas cerca de los bárbaros de la inmolación que de las apacigües luces que emiten una falsa estética para la vida.

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