Thursday, November 20, 2008

John Cage y los sonidos del Zen por Rubén Fuentes



A nuestro profesor del Instituto Superior de Arte (ISA), Jorge Fernández

Como ya es costumbre, apunto los lugares que he tenido la oportunidad de visitar. En esta ocasión, me toca hablar de un viaje hecho el domingo 9 de noviembre desde Valencia a Castellón, en cuyo trayecto apenas saliendo de Valencia, se ve en una colina a la izquierda el gran castillo de Sagunt, además los extensos campos de naranjos custodiados por el mar a un lado y montañas al otro. Pero no es esta crónica de las descripciones habituales, sino del insólito paisaje visual y sonoro que encontramos al llegar al Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón. Allí se expone hasta finales de diciembre una singular muestra llamada Paisajes Imaginarios que rinde tributo merecido al músico Norteamericano John Cage.
Según Arnold Schoenberg, su discípulo John Cage no tenía ningún talento para la armonía, sin embargo, sería precisamente el aporte de Cage aprovechar esa incapacidad suya para convertirla en puerta de salida al bosque sonoro. En Ryoanji, por ejemplo, aparece una réplica del famoso Jardín Zen japonés de piedras, a partir del cual Cage dibujó los perímetros de las piedras en unos gráficos cuadrados para construir líneas melódicas, cuyos acompañamientos se ejecutaban rastrillando la piedra. Otras obras fundamentales del músico aparecen ilustradas como Water Wolk en donde la los instrumentos musicales aparecen substituidos por nada menos que: una batidora, una olla de presión, una palangana llena de agua, un radio y objetos similares que son ejecutados según intervalos de tiempo prefijados. Cosas tal vez más insólitas se pueden escuchar al ejecutar sonoridades desde la pulsación de las espinas de un cactus al que se le ha insertado un amplificador conectado a un altavoz.
En Imaginary Landscapes, una sucesión de 12 radios que son sintonizados según los dictados del I Ching, el cual Cage usaba frecuentemente como herramienta de composición. El azar objetivo duchampiano, parece hacerse radical entonces en las ideas de Cage, cuando habla de la no intencionalidad, o tal vez dejar actuar a fuerzas desconocidas o aleatorias, que representan el modo de operar de la naturaleza.
Una pieza no menos interesante es Organ 2/ASLP, que significa as slowly and softly as posible (tan lentamente y suavemente como sea posible). El órgano que da notas continuas con unos contrapesos que son cambiados en diferentes momentos del día siguiendo estrictamente la partitura, el resultado es que la obras dura 87 días, 2088 horas en total. Otra famosísima creación de Cage es su tan conocida 4.33, el equivalente en la música, a la galería dejada completamente vacía por Yves Klein, en este caso Cage, deja la partitura en blanco, y la orquesta “ejecuta”, un silencio de 4 minutos y 33 segundos. Además aparece su famosa experiencia en la Cámara Anecoica, el recinto herméticamente cerrado, donde Cage buscaba la escucha del silencio total. Pues escuchó entonces 2 sonidos, uno grave, y el otro agudo, el grave era su sangre circulando, el agudo su sistema nervioso funcionando.
La obra de John Cage, inspirada en los escritos de Thoreau, y las conferencias sobre el Zen de Suzuki entre otros, ha sido más que un gran cúmulo de bellas obras melódicas, o un torrente de ideas refrescantes sobre lo que entendemos por música. Cage, más que ser un irreverente desacralizador y dinamizador de la tradición sonora; también fue un maestro que nos enseñó a disfrutar un poco más de los ruidos cotidianos cuando decía preferir escuchar el siempre diferente sonido de los coches transitando por la Fifth Avenue que oír una sinfonía de Beethoven. Cage, nunca vendió un disco, más que un genial músico o un artista visual, fue un gran pensador.
Si en el Budismo Zen la iluminación puede llegar en cualquier labor cotidiana: cortando leña, barriendo, o preparando el té, igualmente, el disfrute sonoro puede acontecer cuando fregamos los platos, y el sonido del agua arrastra la espuma, cuando el viento mueve los árboles de parque, el perro ladra, y el avión surca el cielo. La obra de Cage, como la de muchos otros creadores del siglo XX, acercó y diluyó el arte con en la vida cotidiana, dándonos a todos, tal vez sin proponérselo, valiosas herramientas para hacer nuestro breve paso por la vida, una experiencia cargada de intensidad de instante en instante.
_
Rubén Fuentes
Gijón, 17 de noviembre de 2008.

1 comment:

VELPISTER said...

interesantísma esta entrada. estaba buscando la relación entre la sinfonía monótona de Klein y los 4´33 de Cage, que evidentemente es ninguna, ya que ambos tenían sus teorías, lo que no recuerdo son las fechas de cada composición.
no conocía la opinión de Shoemberg sobre Cage. Soy pianista, toco a ambos, mas a Shoemberg. Admiro a los dos por igual. Por cierto, supongo que habrás visto water walk en you tube, si no te lo recomiendo encarecidamente. su última obra thirteen (última obra grabada, no se si es la última compuesta, aunque puede ser), de la que tiene dos versiones es fascinante, un epílogo de su vida. sus textos son igualmente fascinantes.
en fin, me ha encantado encontrar a un erudito de la música en la red
un saludo