Thursday, November 6, 2008

"Krapp's Last Tape" de Samuel Beckett en Constant Theater: Un Quijote Posmoderno


Una vez inmerso en el mundo de Samuel Beckett, todo se vuelve más familiar, o tal vez podríamos decir, que el mundo se percibe como un íntimo tejido que misteriosamente habitamos. Los personajes de Beckett, como esos de Maurice Blanchot o los autómatas de Kafka, son encarnizados espejos de la condición del hombre en la posmodernidad de las sociedades capitalistas. Después de haber visto Waiting for Godot el Teatro Constant de la Universidad de la Florida, y este martes regresa ese placer que solo puede emanar la obra de Beckett, con su corto, pero lacerante monologo Krapp's Last Tape. Escrita hace exactamente cincuenta años, en 1958, este monologo de un solo personaje tiene la misma fuerza que los absurdos personajes del Godot, y la picardía de los momentos risueños de Endgame. Bajo la dirección de The San Quentin Drama Workshop, y magníficamente actuada por el actor Rick Chuchey, la obra no duró mas de cincuenta profundos minutos de silencio y reflexión.
Acompañado de mi amiga derrideana e historiadora de arte americano, Alexandra Challenger, entramos al teatro con ciertos pensamientos en cuanto al "Krapp" de Beckett. Pensamos que una obra con un solo personaje viejo, loco, cascarrabias, y con una maquina de grabar no podría ser menos que un paradigma de la condición del siglo XXI. El viejo Krapp es un personaje tan completo como el Alonso Quijano, o el viejo romántico de Nabokov, o sea un ser inmortal. La obra consta de este solo personaje, y fue una de las últimas obras escritas por Beckett. Entonces es también como si estuviéramos en presencia de un espejo del propio artista. El tema central de la obra es la afirmación de cada momento de la vida, esa protesta que Nietzsche acogió en su eterno retorno de la eternidad. Al final de la obra las carcajadas del viejo Krapp sentado en su buró se interrumpen por sus palabras de cuando era un joven. Se da cuenta que ha perdido toda su vida, y que ahora no es mas que un viejo solo con su memoria y sus anhelos; aun así dice Krapp: "No cambiaria nada para volver a ser ese joven". Krapp es la matriz moderna de la búsqueda de significado en el momento sacramental de la muerte. Como en los versos de Góngora o Quevedo, donde el apostrofe y las alegorías de la muerte conducen al poema hasta el final; en Beckett la muerte es la liberación misma, un final feliz, un final humano.
Si Don Quijote enloquece por estar dentro de una biblioteca, y si su pasión no es más que la patología por el libro, esa rutilante enfermedad libresca; la pasión del viejo Krapp se encuentra en las antípodas de Alonso Quijano o del memorable librero de Spitzweg que reaparece como un espectro en la novela de Canetti, Auto de Fe. Krapp es el fantasma fatigado por las intromisiones sonoras de lo acústico de la tecnología. Beckett, con una magia profética, se adelanta a los avatares de la comunicación de nuestro siglo XXI. La maquina de grabar con sus cintas es el medio de cautivar la memoria, de fijar los recuerdos para la posteridad. Oír para Krapp es volver a vivir, mientras que reconoce que la muerte se le viene encima y que ni las fugas del recuerdo, ni el "otro" yo de las voces de la grabadora puede salvar su pudoroso destino. La proliferación de los medios de comunicación marca la nueva era de la desimanación y la desunión del centralismo del Sujeto moderno. Aunque vemos en la obra de Beckett solo un personaje, el viejo Krapp, tenemos también la certeza de presenciar otros Krapp's a través del tiempo: ninguno es el verdadero, ya que la cinta y la voz que habita, destruye todo intento de demarcar lo real de lo fantasmagórico, como lo definió Walter Benjamin en el caso de Baudelaire. En Krapp's Last Tape, Beckett propone que miremos el destino del hombre moderno mas allá del sentido de la autoridad existencial y del miedo. El Krapp es la figura total de lo posmoderno, ya que el uso de la tecnología siempre divide y sirve como poder corrosivo del saber humano. Si recordamos que el mismo Lyotard decía que la fe sobre las metanarrativas modernas moririan al ser vistas desde la multidimensional red de información; Krapp también duda y muere de sus retazos de vida que escucha en su grabadora desde su solitario cuarto. Para Krapp la pregunta esencial es: "Quien he sido?". Beckett partiendo del Zarathustra de Nietzsche deja claro que el humano debe aprender a reír, como también debe aceptar la vejez como una estación violenta de nuestra condición absurda por el flujo de la información de nuestra era.
Volvemos al principio: al empezar la escena de la obra vemos a Krapp, viejo, con una sucia bata de baño, en pantuflas, dejando caer ininteligibles monosílabos hacia la audiencia (algo que se parecía a los insultos de los personajes de Ionesco en sus obras, en especial el Bald Soprano). Abre la gaveta de su buró y saca un banano. Lo pela, y arroja violentamente la cáscara hacia el suelo. Se maravilla frente al banano, y se ríe. Todos nos reímos con Krapp, todos volvemos a reir porque todos somos Krapp, y todos somos humanos en la era de la deshumanización. Lo único restante es maravillarse ante la naturaleza de un banano, o sea de lo superfluo y lo banal. Cada carcajada, cada sonrisa hacia lo absurdo es una nota testamentaria hacia un destino común y solitario – para Beckett, como lo fue para los macabros personajes de Dostoievski, la muerte y la vejez no es una derrota, sino otra movida en el juego de la vida.

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G.M.R
Noviembre 5, 2008
University of Florida, Gainesville.

4 comments:

Ernesto Menéndez-Conde said...

veo q te gusta el ajedrez. Un dia podremos jugar online, si aparece el tiempo. Saludos.

GerardoFilosofo said...

Si claro Ernesto, cuando quieras jugamos. Yo tengo cuenta en JaqueMate, que es donde juego. Cuando estaba en barchillerato (High School) fui el capitan de mi equipo, y pues jugaba muchisimo. Termine siendo cuarto lugar en las Nacionales de Ajedrez 2005 en Nashville, Tennessee, y segundo como equipo a nivel nacional. Ade jugar muchas competencias a nivel estatal y de condado en Miami. Algun dia quizas cuelgue algunas fotos. Hoy en dia juego poco ajedrez, y lo que juego es "blitz", o sea 1min o 3min...como le decimos los cubanos "rapitrance" para no olvidar las aperturas.
saludos, y dejame saber cuando tengas tiempo.

G

Ernesto Menéndez-Conde said...

Bueno, Gerardo, si eres un ajedrecista mas serio que yo. Yo jugue muchisimo cuando era adolescente (a veces mas de cien partidas diarias). En su momento lograba jugar a la ciega contra dos adversarios. En Cuba, cuando estaba en la Universidad, tome clases con Eliazar Jimenez, que era un tipo genial. No he jugado una partida en los ultimos cuatro annos. Creo que me defiendo bastante; pero nunca llegaria a los niveles que, al parecer, tu has alcanzado. Muchas felicidades por ello.
Al "rapitrance" tambien le decian "chapucia", porque todo el mundo opinaba, bromeaba y convertia el ajedrez en un relajo muy divertido.
No conozco ese site de JaqueMate, pero en cuanto tenga un tiempo abrire una cuenta. Saludos.

Aristides falcon said...

Muy bien Gerardo lo de Krapp. No sabia eso que jugaste o jugas ajedrez. Un dia jugaremos.