Monday, December 15, 2008

Diálogo con el Ogro Estético (IX): El Orgasmo Vis®ual de Molly Monroe


Gerardo M: Ogro hoy he deparado sobre una foto, que casi parece un montaje surrealista de Magritte o del grupo de Andre Bretón.

Ogro: Munoz, creo que es la primera foto espectral que divisas en tu biblioteca. ¿Hablas sobre alguna diapositiva del mundo contemporáneo o de un retrato?

GM: En este caso creo que las dos topologías convergen. Por un lado todo el mundo contemporáneo se sumerge en esta foto, mientras que por el otro es un retrato de uno de los iconos más reconocibles de la historia del cine y de la fotografía. Me refiero, sin dudas algunas, a esa exorbitante, aunque silenciosa, foto de Marilyn Monroe leyendo el Ulysses de James Joyce. Supuestamente es de esos años nebulosos y poco documentados que Marilyn Monroe fue esposa del dramaturgo americano, Henry Miller. Esta foto, a mi juicio, creo que es uno de los retratos más memorables, de eso que Theodor Adorno tildó, la "industrial cultural". Se retrata a Monroe, una estrella de Hollywood y de la decadencia (de la manufacturación) leyendo quizás la obra más importante del siglo XX de James Joyce. Si te detienes, Monroe no solo lee la obra de principio a fin, sino que se encuentra en ese momento leyendo el ultimo capitulo, ese orgásmico final de la novela del monologo de Molly Bloom. Como si estuviesen entretejidos sus labios, y con una concentración envidiable, con esta foto pareciera que el espectro de Monroe converge y se fusiona con el espectro de Bloom.

Ogro: No solo eso Munoz, también podemos ver las piernas extendidas de Monroe mientras que lee el libro. Si recordamos que el último símbolo de la novela de Joyce es la carne, la pasión de la piel, realizando en un largo orgasmo de Molly de ocho oraciones (el ocho acostado, recalcan los críticos, es símbolo del infinito, el cuerpo de Molly desnudo…el infinito placer del Eros, según Bataille), vemos que hay una cercano parecido a pesar de las lejanías estéticas. ¿Has ponderado sobre esa correlación?

GM: Ese minúsculo detalle es precisamente el cual borra la línea entre quien lee la obra y que existe en ella. Diría mas: al ver la foto de Marilyn Monroe, en verdad no puedo decir con certeza a quien estoy mirando – si a Molly o a Monroe. Me gusta pensar en una dialéctica de dos personas, una especie de Molly Monroe, y dar el cuento por acabado, ya que las similitudes son muchas. No solo el monologo de Molly esta construido con la parte corporal, como sabrás en Joyce cada capitulo representa una parte del cuerpo, sino que el tema tanto de Ulises y la foto de Monroe es la carne; una suerte de pecado original que se encuentra en el desgarre del origen. Aquí pienso en la trama central de Ulises, quien a desigual que el Ulises de la Odisea de Homero, quien regresa a casa (es volver a la presencia del origen, la mítica Ítaca), ni Leopoldo Bloom, ni Stephen Dedalus cierran el circulo concurrente de esa travesía por el centro de Dublín. El pecado es la carne, tanto para Molly Bloom que traiciona a su esposo, como para Leopoldo Bloom, quien se encuentra en la periferia deambulando por la anatomía del Occidente: es un judío. Tiene hecha la circuncisión. Volviendo a la estructura de la foto de Monroe, no es del todo difícil comprobar que la misma estructura óptica de la forma, nos lleva a una inspección, a una "arqueología" de la piel. Desde el punto de foco del libro, la vista baja hasta los dedos de Monroe. Ese vuelvo vertical de cabeza a los pies nos trae otra coincidencia parcial. Si te fijas bien, los dedos de los pies de Monroe parecen estar erectos; llenos de placer, de injuria, y de éxtasis. Otra vez la realidad orgásmica de Molly y Monroe se confunden. Leyendo a Molly uno también esta leyendo su cuerpo: desde los senos hasta los pies. Ambos retratos (el primero a través de la prosa irónica y saltarina de Joyce, y el segundo una foto tomada por un fotográfico incógnito) son simétricas correspondencias de una misma cosa – el desprendimiento del cuerpo en su fuerza mayor.

Ogro: Entiendo tu análisis sobre la cercana relación de Molly y Monroe, pero que piensas de que una joven "Pop Star" como Monroe salga en una foto con un libro tan trascendente, un libro que en si mismo es una Institución de la Literatura Occidental – todo un archivo que solo lo estudian los críticos de la Academias y los eruditos de la literatura. El Ulises de Joyce, recuerda a Borges, nunca verdaderamente ha sido leído.

GM: Aunque las correspondencias visuales entre Molly y Monroe sean casi infinitas, como las ocho oraciones del monologo, no deja de sorprender como Ulises, obra total del Occidente, cae en la Industrial Cultural Hollywoodense. Esa empresa cultural de apropiación de la alta cultura se convierte en producto social llevado a las esferas del consumo del arte por el arte. Aunque debo decir que la coincidencia no es del todo arbitraria. Horkheimer y Adorno, para explicar su dialéctica entre los mitos y la racionalidad, ilustran el ejemplo de Ulises y las sirenas. Basta una escena homérica: cuando Odiseo, el héroe se encuentra amarrado al hasta del barco y oye el canto hostil de las sirenas, son los marineros quienes reman; y vemos claramente el defasaje entre labor y explotación, entre el turista y el consumo, entre el surplus de la ganancia del jefe y las masas. Ulises viene siendo el personaje central de la dialéctica moderna: la razón por un lado, y la mitificación por el otro. La luche de las explotaciones de las clases, el proceso de Dueño y Esclavo que ilustró Hegel. Cuando alcanzamos a ver esta foto de Marilyn Monroe leyendo, placenteramente el libro de Joyce, nuestra vista agrieta como si fuese un bisturí, esa membrana mitológica que gobierna todo el pensar occidental: las oposiciones binarias, y las privaciones del placer corporal.
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