Tuesday, December 30, 2008

"Lorenzo García Vega, el Poeta en el Publix" por Gerardo Munoz

Lorenzo García Vega con su uniforme del supermercado Publix (Arturo Rodríguez).

Grado Cero:

Gastón Baquero hablo una vez de la relación entre la poesía y la comida. Decía el autor de Un inocente escribe su nombre en la arena, que la poesía de Verlaine era de carácter de cerezas, ya que Verlaine llevaba en los bolsillos de su gabán, cerezas secas. También Mallarme, cuya poesía era de moluscos, pues era esta comida marina la que comía el poeta de la poesía pura. Hacia ya un buen tiempo que un amigo me había contada que Lorenzo García Vega, trabajó durante muchos años en un Publix de Miami (desconozco si fue en el Publix de la 37 y Flagler, o en el de Coral Way). No le creí. Claro, yo no había leído mucho de la obra de Lorenzo, salvo algunas paginas de sus flamantes Años de Orígenes. Mucho meses después di con los 'aforismos autistas' de Lorenzo, donde el mismo autor afanaba sobre su status de bag-boy en el supermercado de Publix. Siguiendo el consejo correlativo de Baquero, el hecho de que Lorenzo García Vega trabajara en el Publix, conforma estructuralmente, la prosa de las tardías paginas de Lorenzo: la palabra como lata de frijoles, la oración como carrito de mercancías, las metáforas de delantales verdes, la ironía igualan a esas propinas por las cuales regañan a Lorenzo en un caluroso día. La estética de Lorenzo, es inconcebible sin tener en cuenta sus escritos sobre el supermercado verde (coincide con el color de los revolucionarios, el verde-olivo) llamado Publix.

I
"…Representa una iniciación que comenzó cuando, al ponerme el uniforme de bag boy para trabajar en Publix, terminé, como única alternativa, convertido en escritor de autobiografía. Pero…, te he respondido inmediatamente y…, resulta que me está entrando miedo. ¡Miedo! Ya que empiezo a mirar para otra parte, no vaya a ser que me encuentre con los fantasmas. Pues fíjate en lo que empecé diciéndote, Pablo: iniciación. Pero ¿cómo he podido decirte esto? ¿Pues qué clase de iniciación puede pretender un viejo bag boy que acaba escribiendo una autobiografía? ¿No será que me estoy soñando la muerte? No sé qué contestar. Después de esta autobiografía que acabo de publicar, me parece que me están sucediendo cosas raras…"
(El Oficio de Perder)

II

"Muchas veces estoy tan solo, en una Playa Albina [Miami] donde vivo, que casi es como si, en algunas ocasiones, perdiera el sentido de la realidad. Me acuesto, inevitablemente tengo que acostarme, después de regresar del supermercado donde trabajo. En una Playa Albina hay sol con 90 grados, o un sol con 92 grados, o hasta un sol con mil grados, ¡lo mismo da!; lo cierto es que uno regresa del trabajo de bag boy, se quita el delantal de bag boy, y durante un tiempo, bajo palio de aire acondicionado, tiene que ir tratando de que el cuerpo vaya licuando, o perdiendo, todo ese sol que en un parqueo, y conduciendo un carrito, uno ha estado acumulando dentro de sí. Uno está solo, en la Playa Albina donde vive. A veces es como si perdiera el sentido de la realidad. No hay duda. Como si se perdiera el sentido de la realidad".

III
"En el Publix, poniéndonos nuestros respectivos delantales, mientras esperamos el momento para marcar la tarjeta, oigo que un viejo bag boy, recién operado de la próstata, dice sonriendo: "Somos los fieles difuntos".
(Aforismos Autistas)

IV
En una antología editada por Juan Abreu, 'Cuentos de Miami', se puede encontrar un "cuento", o como el mismo Lorenzo lo llama, "un collage" titulado Donde comprar es un placer, en el cual Lorenzo habla de su segunda profesión después de la de poeta del grupo Orígenes, la de ser "bag-boy", un niño mandadero:

"Es que (para que se entienda mejor lo que estoy diciendo) soy un bag-boy (o sea, aunque tengo 63 años, soy un muchacho mandadero) del Publix, el supermercado donde comprar es un placer".

En este cuento, que diga, este "collage" gira sobre la idea de las propinas en el Publix, las cuales Lorenzo García Vega recibió indebidamente, ya que en el Publix where Shopping is a pleasure, no tips are needed. Las propinas en el Publix no deben ser aceptadas por los bag-boys viejos. Para Lorenzo estas peripecias de conducir un carrito de mercancías y mandados a los consumidores del mercado de Miami (o Playa Albina, como le gusta decir al poeta de Publix), lo salva de la secta elitista y oscura que fue el nefasto grupo Orígenes del gordo Lezama Lima durante la época republicana:

"Después…después pasaron muchas cosas. Otra encarnación. Me zafe, tal como, de cierta manera, me lo había recomendado Lezama. Escribí mis Años de Orígenes: libro en que narre mis diferencias con Lezama y con los origenistas, por lo que, después de esa publicación me volví invisible, tan invisible que hasta termine como he terminado, conduciendo el carrito del Publix" (p.245). Termina diciendo Lorenzo García Vega, el viejo bag-boy. No resulta sorprendente la aniquilante respuesta de Lorenzo sobre la estética del grupo de Lezama. Si para aquellos, la resurrección era posible a través del poder de la Imagen, y el culto del verbo era la pasión que conducía a la eternidad literaria (la tumba del libro, como decía Mallarme); el Publix para Lorenzo García Vega significo la derrota literaria, la subsistencia en el subsuelo, otra "encarnación" en otro mundo. El titulo de su autobiografía, El Oficio de Perder, confirma esa estética del cubano por la derrota literaria, a la vez que marca una victoria mas real, y mas sincera: la de vivir sin mascaras, ni bombines; una existencia del instante. Quizá la sobrevivencia misma, como en el caso de Rimbaud. En el cuento de Lorenzo, el propósito era escribir un cuento, justamente, que fuese mandado a un concurso de premios (el apócrifo Hucha de Oro) para competir en el concurso. El resultado es trágico: el narrador, la primera persona, o sea Lorenzo García Vega, delira y vagabundea sobre experiencia en el supermercado, como si manejando un carrito de compras del Publix fueran las mismas palabras, y nada logro. No logra el relato, con el fallo esta el origen del absurdo logro. También, paralelamente al fracaso de la escritura (del acto narrativo), Lorenzo comenta su fallo en aceptar propinas en el supermercado:

"…pretendiendo ganar la Hucha de Oro, todavía creo que la escritura y la realidad son como dos sendas enantiomorficas…Pero el nudo central, el verdadero nudo de este cuento, es el hecho de que hace unos días, a las dos de la tarde y bajo temperatura de noventa y cuatro grados, fui sorprendido por Mr. Paul Reiner, asistente del manager, cogiendo propinas (eran veinticinco centavos) de los cliente de Publix y, lo que es peor, cogiendolas a pocos centímetros de la puerta principal de ese gran centro comercial…Así que fui ejemplarmente humano al cometer un error, pero no fui ejemplarmente humano al desobedecer al mandamiento del Publix" (p.246-47).

El patetismo de este fragmento deja un sabor amargo en la boca, pero también Lorenzo consigue el absurdísimo del 'black-humor': nos reímos de su desgracia, mientras leemos el no-relato que ya va hacia su fin:

"Y colorín colorado, así termina este collage. Pero, un collage puede ser un cuento? Y si esto que he escrito es un cuento, es un cuento ejemplarmente humano" (p.248)

V
Este gran poeta, autor de Espirales del cuje, que en otra vida fue miembro del Consejo de Redacción del Grupo que se reunía en Trocadero 162 con José Lezama Lima, se ríe, como buen nietzscheano de todos, como esta risa desmorona las supuestas "verdades" que muchos tratan de cristalizar como absolutas o canónicas. Como crudo ironista, Lorenzo ha levantado polémicas y objeciones. Recuerdo una de Eloisa Lezama Lima, donde se señala a Lorenzo como traidor por el solo hecho de disentir: "Esta lista de traidores se inicia con Lorenzo García Vega. Se coló en nuestra casa para aprovechar la biblioteca, los consejos, la protección y los deliciosos diálogos con mi hermano…Al llegar al exilio [Lorenzo], sin voluntad ni calidad moral, se le ocurrió engendrar un libro que titulo Años de Orígenes, donde intento desprestigiar al grupo al cual había pertenecido. El libro no logró su propósito y actúo como un boomerang: Lorenzo no pudo con la carga de conciencia. Después de muchos años en el exilio, solo ha logrado colocar mercancías en un supermercado de Miami. Lorenzo García Vega: pusilánime, descastado, que Dios te perdone" (p.90). Las declaraciones de Eloisa, a mi juicio, son lugares comunes de los registros verbales de esa oleada discursiva del llamado "Exilio Histórico". Esos culpables de una dictadura de cincuenta años. A pocos cubanos le tengo tanto aprecio y respeto como al poeta del Publix, el bag-boy que sobrevivió a los "otros" – la sinceridad es nómada.
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Gerardo Munoz
Diciembre 30, 2008
Miami, Fl.

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