Tuesday, September 30, 2008

Susan Sontag en sus ensayos póstumos

En una de esas divertidas explosiones de hiel que distinguen el espíritu populista de sus conferencias, Camille Paglia le reprochaba a Susan Sontag haber cambiado el papel de la Madame de Staël norteamericana por “Miss Mandarin in her New York apartment”. Aunque uno tiene la impresión de que la envidia contribuye demasiado a esa lista de los-pendientes-de-Sontag-según-Paglia (le reprocha no ser “lazo mediático entre la academia y la cultura popular”, ni “una talentosa escritora de ficción”, ni la escritora de un ensayo sobre The Supremes –que ella, entonces, tuvo que escribir–, ni “alguien capaz de hablar con franqueza sobre sus preferencias sexuales”, uff…), es innegable que en algún punto de su carrera Sontag murió de éxito, se convirtió en una parte ineludible del mainstream. Y ello trajo consigo un cambio en su manera de entender y escribir ensayos.

Valga el preludio sensacionalista para decir que uno lee estos dos últimos libros suyos como un compendio de opiniones del último gran intelectual norteamericano que podía hablar sobre casi cualquier cosa con un alto grado de solvencia retórica y pareja autoridad mediática. Pero hay un hecho evidente que no alegrará a los editores de estas traducciones recientes: los mejores ensayos de Sontag, libros como On Photography, Illness as Metaphor y, sobre todo, Under the Sign of Saturn, quedaron atrás. Y lo mejor de la última Sontag es precisamente Regarding the Pain of Others, un diálogo crítico con On Photography.

En cambio, en estos últimos volúmenes uno encuentra simplemente fogonazos de inteligencia que premian un largo recorrido por prólogos, artículos, conferencias y textos de ocasión. Viniendo de Sontag, los fogonazos pueden llegar a ser deslumbrantes, pero uno echa de menos las maneras rotundas con las que antaño ejercía una incuestionable originalidad en casi todo lo que tocaba con su prosa. Aquella Sontag que nos enseñó a diferenciar las preocupaciones morales del moralismo sólo regresa a ratos en un ensayo como “Un argumento sobre la belleza”, donde la autora somete a una severa crítica el uso estético del adjetivo “interesante”, o el que da título a uno de los volúmenes, “Al mismo tiempo”, donde clarifica el rol ético del novelista.

Hay varias versiones de esa mutación: algunos piensan que en los últimos tiempos Sontag ejercía con demasiado celo su papel de árbitro moral o de investigadora de las intersecciones entre acto público y responsabilidad personal. Otra gente, incluido su hijo David Rieff, insinúa que la “avidez” de la ensayista, su amplia gama de preocupaciones, acabó por atribuirle a sus ensayos un rol demasiado periodístico. Otros creen que Sontag simplemente empezó a hacer amigos, amigos artistas que le pedían que escribiera de ellos. Y está, por supuesto, esa célebre boutade de Gore Vidal cuando decía que “la inteligencia de Sontag es aún mayor que su talento”, algo que, sin duda, no podría afirmarse del propio Vidal.

Pese a la porción de razón que llevan todas esas objeciones, también sería justo decir que Sontag fue víctima de “ese resentimiento terrible y mezquino que hay en Estados Unidos hacia el escritor que trata de hacer muchas cosas”, asunto que ella misma detalló en su ensayo “Sobre Paul Goodman”. Por otro lado, como decía el bardo, 'times are a-changin’.

Incluso para el lector en español, la mayoría de los textos de Al mismo tiempo no son novedades. En Cuestión de énfasis sí hay bastantes cosas inéditas, aunque el tomo se resiente demasiado del espíritu de la miscelánea: Sontag habla no sólo de literatura universal y de política, sino de cine, pintura, fotografía, danza… Lo peor: muchas veces nos dice cosas que ya sabíamos sobre Borges, Machado de Assis, Danilo Kis o Pedro Páramo. Otras, nos descubre nombres y hace relecturas de clásicos olvidados. En general, aquellas grandes ideas, realmente originales, con las que Sontag nos deslumbraba hace un par de décadas brillan por su ausencia. Es posible que estén en esos diarios que se anuncian como su próxima contribución editorial al mito de la posteridad. Pero, por lo pronto, ¿quién quiere oírla decir que “A nosotros los escritores nos inquietan las palabras. Las palabras significan, las palabras apuntan. Son flechas”, o que “La traducción literaria es una rama de la literatura, y es todo menos una tarea mecánica”, o que “Un escritor es en primer lugar un lector”? Frases asombrosas por su banalidad, sobre todo firmadas por alguien que dijo alguna vez que una tarea del escritor es combatir los lugares comunes.

El estilo sigue siendo llano (Sontag es una especialista en que creamos que tiene muchas dudas y, al mismo tiempo, convertirnos en cómplices de sus opiniones), y hay siempre en sus razonamientos un pathos característico, elegíaco, casi “ruso” a pesar de que Sontag no leía esa lengua en la que escribieron sus escritores más admirados. La tónica general de su visión del mundo, lo que Sontag siempre carga consigo, ya sea que hable de Beckett o del bunraku, es cierta actitud nihilista hacia el mundo –“como ese gran sombrero negro, un poco demodé”, en palabras de Paglia.

En Al mismo tiempo se incluye también un artículo sobre el atentado terrorista del 11 de septiembre, que tanta polémica trajo aparejada y que, a mi juicio, no dice otra cosa que un par de lugares comunes. Asediada por las banalidades vociferantes de un país con vocación imperial, donde la mayoría de los políticos leen la Biblia de manera literal, la combativa Sontag tampoco se salvó de la banalidad. Su ejemplo político (el destino del pensamiento de aquellos que dejaron de creer en el Estado americano, o que cuando lo evocaban preferían rememorar el Watergate al New Deal y que al final tal vez hayan allanado el camino al conservadurismo actual) nos habla de los curiosos destinos del intelectual moderno y del indiscutible final de una era.

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Ernesto Hernandez Busto
Barcelona, LL. 2005

Monday, September 29, 2008

Napoleon, Goethe, Eckermann


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Goethe sobre Napoléon, o "el Resumen del Mundo" – por Isis Wirth
 
Volviendo sobre el grano goethiano, esta vez en Conversaciones de Goethe por Eckermann.
Como apunta Gerardo, Napoléon le dice a Goethe en Erfurt que hay un pasaje del "Werther" que no resiste un examen profundo. Goethe le da la razón. Se trata del pasaje en que Charlotte le envía a Werther una pistola, y no le dice nada a Albert. Napoléon le dice a Goethe que ese silencio de Charlotte no era comprensible, pues de esa manera ella sabía que la vida de Werther corría peligro. (Éste es el Napoléon, crítico literario.) Eckermann le pregunta a Goethe cómo era Napoléon. El Dichter le dice que "valía la pena haber encontrado ese resumen del mundo".

-"¿Tenía el aire de ser alguien?", indaga Eckermann.

-"Él era y uno veía que él lo era, he ahí todo", responde Goethe.

En otra conversación con Eckermann:
"Napoléon era alguien formidable. Siempre iluminado, claro y resuelto, dotado a toda hora de la energía necesaria para ejecutar enseguida lo que él ya había pensado que era necesario. Su vida fue la marcha de un semi-dios, de batalla en batalla, de victoria en victoria. Se puede decir que él se encontraba en estado de iluminación perpetua: es por ello que su destino tuvo un brillo que jamás el mundo había visto antes de él, y que quizás el mundo no verá después de él". (Éste es Napoléon, el profesor de energía.) He aquí la frase que, en mi opinión, corresponde al "Voilà un homme ! " con que el Emperador saludó a Goethe:
"Sí, sí. Él era un hombre que nosotros, por supuesto, no podemos igualar".
Y:
-"Para hacerse de un gran nombre, Napoléon detalló en piezas casi la mitad del mundo".

-"Seguramente, Napoléon era superior a los otros. Pero, lo esencial era que los hombres estaban seguros de alcanzar sus objetivos bajo su dirección. Por ello, se comprometían con él, como lo hacen con cualquiera que les inspire una certitud parecida. Los actores siguen a un nuevo director de quien esperan obtener un bello rol. Es una vieja historia que se renueva sin cesar. La naturaleza humana está hecha así. Nadie sirve gratuitamente a los otros, pero si uno sabe que por ese medio uno se sirve a sí mismo, uno lo hace con gusto. Napoléon conocía a los hombres y sabía tirar partido de sus debilidades".

El análisis psicológico del Dichter se revela cierto. Napoléon decía que los hombres sólo se movían sea por el interés o por el miedo. Habitualmente, se podrían delimitar dos grandes polos en la genialidad de Napoléon: el militar y el psicológico. Las fuentes estrictas del primero pueden rastrearse literariamente, o sea, las influencias de los estrategas de su tiempo, como Guibert, por ejemplo. Pero el segundo es inasible. Sin embargo, las condiciones traumáticas de la infancia de Napoléon, a partir de los nueve años, en que sin hablar francés es internado en un colegio militar en el "Continente", durante años no ve a su familia, y es objeto de la burla de sus compañeros, a los que odia en tanto "franceses" y a los que jura, en silencio, que un día él, el corso, se vengará de "Francia", podría ser la fuente de su conocimiento de la naturaleza humana.)
Eckermann le dice a Goethe que está leyendo un libro sobre la campaña de Egipto, y Goethe le apunta:
"Eso de que él entró en las pirámides, es una fábula. Sólo permaneció en el exterior de las mismas, e hizo que los otros le contaran lo que habían visto en el interior"




¿Por qué Goethe reacciona de esa manera, tan rápido, aludiendo a las pirámides, cuando Eckermann nada más menciona "Egipto"? Seguramente, porque habló con Napoléon de ello. Goethe era, a su manera, como otros en la época, "egipcizante". Se decía entonces que Napoléon, en el interior de la pirámide de Keops, había sido iniciado por un antiguo sacerdote de la religión faraónica, que allí sobrevivía desde la noche de los tiempos, y que de ahí provenía su posterior "estrella" (lo cierto es que sale de Egipto para devenir Primer Cónsul). Me inclino absolutamente por lo que refiere Goethe, porque Napoléon era demasiado práctico para haber entrado en una pirámide, aunque lo suficientemente curioso para ordenar a los otros que así lo hicieran y la inspeccionaran de arriba a abajo. En otra ocasión Eckermann quiere "ponerle un pie" a Goethe:
-"¿Qué libro llevaba siempre Napoléon en todas sus mochilas de campaña?"

-"¡Mi Werther!", responde orgulloso el Dichter. "Había estudiado muy bien ese libro, como un juez de instrucción lo hace con las piezas de un proceso, y es en este sentido que en Erfurt me habló de mi libro. Por cierto, fue Bourrienne (se refiere al secretario de Napoleón) quien me dijo que mi Werther figuraba en la lista de sus libros en Egipto. Pero lo más curioso en esta lista, son las rúbricas bajo las cuales los libros son clasificados. Por ejemplo, en la rúbrica Política, nos encontramos catalogados el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el Corán, por lo cual uno ve bien de qué punto de vista Napoléon consideraba las cosas de la religión".


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Poder y Literatura: Goethe y Napoléon – Zoe Valdés

Lo que cuenta Goethe a Eckermann, es la razón, entre otras, por las que Napoleón no es santo de mi devoción. Esa necesidad de saberlo todo, de ser "crítico literario", de meter la cuchareta en todo, esos tics me recuerdan demasiado a cierto personaje, que como usted sabe lo admira. Carlota envía la pistola sin decir nada -y yo también he estudiado mucho no sólo a Werther, esa novela de Goethe, a todo Goethe- porque ella apuesta por el azar, aunque de manera inocente, eso es el romanticismo, sino qué sentido tiene. A Goethe no le queda más remedio que darle la razón a Napoleón, estos personajes suelen ser tiránicos incluso dando su opinión al autor sobre un libro inmortal.

Y ahí radica el problema: El Werther es más grande que Napoleón. Y eso seguramente lo sabía Napoleón, porque todos los que se creen más grandes que los demás, asunto horrendo, terminan por saber que no es así, y que hay quienes son más grandes que ellos. Napoleón sabía -brillante era- que en la concurrencia con Werther perdía soberanamente. Werther es eterno, él no. Werther es imaginario, es un personaje literario, él no. No puede un personaje real, por muy histórico que sea, ganarle a un personaje literario, la realidad sucumbe ante a la irrealidad. Napoleón, tal como lo conozco yo, sin odios e incluso hasta admirativamente, daba esas respuestas al gran Goethe, como era de esperarse de un militar que se creía por encima del mundo. Pues bien, Goethe ha probado lo suficiente que su Werther y él mismo, están por encima incluso de la gloria, porque el arte y la literatura están en el sitio mejor que se puede estar, en el espíritu de los hombres.

En cuanto a las pirámides, no creo que entró, toda una leyenda pura. La "grandeur" napoleónica estuvo en sus batallas, en sus conquistas, en su manera de ver Europa, ya lo explica usted mejor que yo; pero esa misma "grandeur" lo hizo pequeño en momentos como estos. Que Goethe cuente que tenía algo, y de la manera que lo dice, es bien ambigua. Goethe supo escapar con una frase bastante hermética. Ese es el don del escritor, saber manejarse con las palabras, y fugarse de los compromisos que lo llevarían a quedar como tontinos. ¿No querría Napoléon ser Werther?

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Dos Personajes de la Irrealidad: Goethe/Bonaparte - por Gerardo Munoz
Napoleón "construyó su novela" del material de su propia vida. Como hemos podido ver tras la arqueología literaria de Wirth; Napoléon fue ambas cosas a la vez: personaje irreal de la historia, y crítico literario. Imposible pensar en otro ser de la infinita historia de nuestra cultura que haya emprendido estos dos milagrosos esfuerzos sin nunca proponérselos. Esta cita es adecuada para entender al Napoleon de la construcción dialéctica de su novela como vida. Como Sócrates, y como Montaigne, Napoléon se presenta como otro de los "artistas de la vida", un 'Mosaikus Aner' que erige una realidad no en el campo de la escritura, sino en la hiperrealidad de su destino (historia). Esta conclusión me lleva afirmar que Bonaparte, como figura arquetípica fue más que un general de Guerra, un ser completamente irreal, ósea de la literatura (Quie es Sócrates, sino un personaje de Platón? Quien es Napoléon, sino un personaje del desdoblamiento del "Geist" continental?). Para el mismo Hegel (ya Isis Wirth, ha escrito brillantemente sobre este tema) Napoléon fue un símbolo de su Fenomologia del Espíritu.

Se debe entender, que si Werther es irreal, Napoleón también lo es. La ambigüedad literaria de ese encuentro es posible, y para responderle a Zoe Valdés: Si, Napoleón intento de ser Werther, pero Werther también quiso (aunque no pudo) ser Napoleón! Hay cierto patetismo romántico en ambos, quizá apocalíptico. En el caso de Bonaparte su idea fue llegar a la sublimación máxima y después dejarse derrotar. El derrote era su fin. Nadie mejor que el mismo Napoleón Bonaparte para explicarlo: "He cumplido pues, las voluntades del Destino? Yo me siendo impulsado hacia un fin que desconozco. Cuando lo haya alcanzado, un átomo bastara para derribarme" (L'Ame Napoléon, by León Bloy). Es destino de Napoléon, como en el hombre que se encuentra antes la puerta de su destino en ese hermoso cuento de Kafka ("Antes la Ley"), es único. Los filósofos medievalistas, pienso en Boethius o Miguel de Molinas, admitían que Dios era como una eterna esfera cuya mente podia entender las causas y los efectos que determinan todas las acciones del hombre. Para Napoléon no existieron las bifurcaciones temporales del futuro, sino solo una línea recta que guía la aguja de la esfera.

Siguiendo este ángulo interpretativo, me abstengo a formular un discurso sobre la relación moderna de "poder y literatura" en el siglo XVII, ya que Napoléon buscó el poder para perderlo (he ahí su destino singular y trágico), mientras los dictadores Totalitarios (el poder invisible común en todos los estados modernos) lo emplean con el afán del oprobio y del exterminio de su propio pueblo. Concuerdo con lo que sentencia Zoe Valdes sobre "Napoleón es lírico" – es precisamente ese lirismo, el cual sobrepasa al personaje melancólico de Werther. "Las cuitas de Werther" no es lo mejor que escribió Goethe, digámoslo claro, sin embargo Napoleón si fue el ultimo símbolo, la personificación del gran héroe europeo. Al igual, en el sentido de Carlyle, Napoléon es el ultimo heroe de los viejos cantares, epopeyas y de las épicas nórdicas ya olvidadas. Si como los griegos afirmaban – los hombre sufren para que el poeta cante, entonces Napoléon es la fuerza vital de la mejor literatura francesa. Fuente creativa para hombres como Víctor Hugo, el Stendhal de "Le Rouge le Noir", o las intrincadas y laberínticas paginas de León Bloy.

En la eternidad de la Historia, quien sabrá quien fue el "real", Napoléon o Werther? Distinguir la diferencia entre realidad/irrealidad cuando hablamos sobre el Gran General es baladí. Napoléon fue actor y creador de su obra shakesperiana. Termino valiéndome del manual espiritual de Bloy una vez mas: "Se dice que toda la vida de Napoléon fue un sueno; espanta el solo pensar en la agitación sobrenatural de ese sueno de Titán…como un prodigioso poema que hubiera concebido uno mas gran y mas temible que el".
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©(Editado por Gerardo Munoz, con permiso de Isis Wirth y Zoe Valdes).
Septiembre 28-29, 2008

Thursday, September 25, 2008

"Antoni Tapies y el arte de caminar" (Nota)


"Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto"

- Luis Cernuda, Peregrino


Caminar por un museo – de izquierda, a derecha, y divagar por recovecos y giros, es como perderse en un laberinto moderno. Recorrer el museo es el camino del bosque cerrado. La luz caliente que emiten los bombillos ilumina las obras y nos atraen hacia ellas. Colgadas, como reliquias del pasado en una necrópolis espectral, el museo es el nuevo espacio moderno para velar los muertos. Estos muertos son sagrados, cuyas voces son colores y sombras. Por ahí se encuentra Monet en plática con Herzog. Todos ignoramos sus palabras con gran resignación. El observador llega al cuadro, lo observa, y termina por abandonarlo – el artista ha muerto; pero la obra queda en la memoria de todo visitante, o mejor aun, en el archivo de la memoria del observador, ese flaneur del presente. La gran decepción en el Harn Museum de University of Florida en cuanto a su renombrada, pero poco interesante exposición "Alice Ever After" de Maggie Taylor, parecía lanzarme patas a fueras del salón cuando de pronto decidí mirar la sala siguiente del pequeño museo. Me llamó la atención un cuadro enorme. A mi izquierda un abstracto de Ellsworth Kelly, adyacente una tela inmensa con un pie de arena o barro que a primera vista dejé pasar. Al acercarme era nada más y nada menos que una obra de Antoni Tapies. El gigante lienzo de Tapies consistía de un enorme pie incrustado como una huella de un gigante de Swift, que cubría toda la tela. En la parte baja del cuadro, dos trapos sucios y negruscos que parecían ser calzoncillos del artista. Me acerqué al pie, y comprobé que toda la fuerza matérica del Maestro Catalán se condensaba en esa huella, una traza que me remontaba a la ruta del Ebro, donde el mismo Antoni Tapies había incorporado una inmensa escultura de acero que figuraban las plantillas de los pies. La obra de Antoni Tapies es la gran obra del siglo XX: un monumento del Tiempo, de la naturaleza de su transcurso por el hombre y del efecto de la muerte. La consternación fundamental del hombre es la muerte. Un aviso que sin conquista llega tarde o temprano, ya que la muerte es la anti-conquista por excelencia. Como decía Heidegger: "El Tiempo es el horizonte del hombre hacia la muerte"'; la obra de Tapies es una prótesis de la apoteosis de ese recuerdo de nuestro inescrutable destino. Venimos de allí, del barro, y hacia el barro vamos. Como los grandes artistas catalanes de este siglo, pensemos en Miquel Barceló, Joan Miro o Casas; Antoni Tapies profundiza más que ningún otro artista en la convulsión de la tierra y el hombre, de la fuerza del origen mitológico de nuestro cuerpo. Solo quedan huellas de lo que fue, y de lo que será. Antoni Tapies, con su materia y cruces, va indicando la ruta al mismo destinatario. Imposible de olvidar que la obra de Tapies también ilustra la posible huella de cada hombre – la pluralidad de un principio. El artista se ha esforzado por maximizar la presencia de la huella en el lienzo – ironía doble. Cada hombre lleva su huella, su ruta de carga arenosa hacia un futuro. Pero también la huella recuerda, con ironía, los pasos del peregrino en el museo. Tapies, con su gran espíritu metafísico, se esconde detrás del lienzo, y se ríe de nosotros. La huella es nuestra marca, lo único que queda impreso mientras miramos la obra de Tapies; y lo que no nos llevamos al seguir nuestro camino por los tabloncillos del salón. La obra de Tapies es la huella del espectador que se repite y se reproduce en el régimen que habita en el mas allá de su lienzo. La obra no trata de implementar la vanidad de la mimesis de la naturaleza, sino su contacto con el hombre – la diferencia de un residuo, la silueta de un pasado. Así Tapies inventa y revive el arte de caminar. Como en los versos de Antonio Machado, la alegoría siempre hace un camino cuando se pisa de frente. Para Tapies el camino también puede ser inverso. Se atestigua nuestro fin con el final apocalíptico del museo, a lo largo del peregrinaje por la sala burguesa. Después de la noche, la huella es invisible (elemento originario de la pintura); pero para Tapies esta vuelve a solidificar esa suma transitoria. Si la vida, o la existencia del presente nos parece sólida; en Tapies la huella arguye lo contrario: lo que se deja (parece que nos susurra el propio Tapies) nunca mas será tuyo. Al final (o al comienzo?), la huella de Tapies es la primera huella del hommo faber saliendo de la caverna.

Gerardo M. 9/25/08 Gainesville, Fl.

Tuesday, September 23, 2008

"Egipto, o el tránsito del Desierto" - Por Juan Hernández (Crónica de Viaje)

(The Arab in the desert - J.Gerome Leon)

Prólogo: Egipto, primero ves/vez primera

Flaubert, De Nerval, el Josef de Thomas Mann; en estas paginas también ha morado el gran Egipto, aquí también se ha borrado. El viaje a Egipto siempre es el mismo, pero siempre es distinto. Gerardo, el otro que no escribe esta nota y que nunca la leerá, nunca ha ido a Egipto. Pero, ¿como puede saber otro que no sea Gerardo, que Gerardo nunca ha ido a Egipto? La ida, (lo que antes he llamado la misteriosa fuga); decía Kavafis siempre merece plenitud. Después de la plenitud, nacen ansias del regreso y de la estadía en tierras que parecen dilatarse durante los ocasos. Se abstrajo (Gerardo dixit): Miro al Occidente mientras el aire pasa y sopla. Me despeina. Todas estas sensaciones del cuerpo cubren mis ojos, sus ojos, de ciego que no ha ido a Egipto, pero que ya viene de regreso.
Este retazo que escribo no es más que la referencia, la postal, el suplemento, la dedicatoria de un regreso del Egipto natal de Juan Hernández. La ciudad y su magia me habitan, porque la ciudad siempre es plena magia. La luz y el hombre: el desierto y las caras de otro continente aquí se unen y se dispersan. La valoración del silencio rítmico cae sobre cada palabra como la tormenta de arena que cela mi vislumbre.
Ayer fui otro, hoy soy egipcio. Egipcio/Cubano/Cubano/Egipcio; con pasaporte americano: EgiCubnAno. No me agota el desierto, ni las moscas que circunvuelan sobre los hombres descalzos; voladores con turbantes.
El Egipto sigue siendo el Egipto de la eternidad faraónica y de las fálicas pirámides. Desde allí, Filo y la circuncisión viril de Pitagóricas. De Egipto; la extracción de los sesos por la vía nasal para el goce de Osiris. Desde ese espacio etéreo, cierro esta nota; donde comienza el Cairo me convida el otro fin.
Tomo agua en el vaso de cristal que se agota, con pasmo veo la coloración de dos granos de arena que intentan diluir el fondo. Es Egipto otra vez.
– G.M


Egipto es una tierra que es fácilmente retratada con las palabras del astronauta americano Buzz Aldrin: 'Magnificent Desolation'. Esta tierra ha sido el puente entre tres mundos que se cruzan e intersectan en su vientre, desde el nacimiento del hombre mismo.
Fue castigada por Dios con una geografía áspera, tenaz, y expuesta de cara frente al sol. Este país se refresca solo en su maravilloso Nilo y en sus costas Mediterráneas. La tenacidad de sus vistas y la sequedad de su piel solo acentúan esas tonalidades terracotas y amarillentas como sombras alargadas van dibujando el desierto del Sinaí a lo largo de kilómetros salvajes. Nunca he visto a un país con menos vida, con esa desolación que destila el desierto. En verdad existen dos desiertos, el primer desierto es de una amarillenta y fina arena. El otro desierto, tapiza con sus piedras rojizas cientos de kilómetros cuadrados que se levantan ocasionalmente para dibujar las suaves colinas. La cara del inmortal Misr vista desde el satélite nos resulta flácida, inerte y desolada.
Como un anacronismo de concurrencia matemática, o como los hechos del destinado inmemorial, el propio espíritu del pueblo egipcio es rotundamente diferente a la naturaleza de su paisaje. El carácter de los habitantes de pequeños pueblos y de las grandes ciudades es uno de bulla, desorden (pero a la vez un orden superior implícito) y de mucha alegría.
Tuve la gran oportunidad de caminar y explorar las calles del Cairo y fue allí mismo donde sentí que podía vivir, si fuese posible, el resto de mi vida. Los barrios mas cosmopolitas, yerguen magníficos edificios que relucen el nombre HILTON en sus viejas terrazas y traen aquellos tiempos del derroche, optimismo y primera modernización, a la memoria. Cairo es una ciudad donde el mundo de repente cambia y se metamorfosea en algo parcialmente desconocido; pero curiosamente nada aterrador.

El caminar por aquellas amplias avenidas sobrepoblados de transeúntes, taxis mas viejos que yo mismo, se ven avisos y publicidades que hechizan los inocentes ojos, puesto que están escritas en árabe, produciendo una sensación abismal de curiosidad e identificación al mismo tiempo. Es una atmosfera un tanto compleja y contradictoria. Las vallas que promocionan alguna marca de maquillaje o de cremas faciales usando como modelo a una dama de ojos azules se ven frecuentemente flanqueadas por los omnipresentes 'arcos dorados de McDonalds', la gigante cabeza de Harland Sanders de KFC, o por el anatema de la buena pizza italiana: PIZZA HUT. El Cairo es capaz de integrar muy hábilmente el discurso tradicionalista del Islam, con las tendencias y elementos del Occidente.
Cairo es una ciudad donde también se encuentran terribles diferencias. Si se recorren los barrios marginales, nos encontramos frente a un terreno repleto de casuchas de barro y piedra que reflejan la terrible pobreza que se extiende en toda la ciudad. De igual forma, las construcciones abandonadas, escombros y restos de escombros se encuentran entre los interiores urbanos del Cairo. Entre estas fantasmagóricas imágenes de las ruinas; tambien podemos ver la sonrisa del eterno niño con su chispa del sonreír y de destello. Cairo es símbolo internacional, debido a la presencia de una de las joyas de la humanidad: las tres Pirámides de Giza. Y no es para menos. Estas son el legado del Antiguo Egipto para los subsecuentes pueblos que habitaron sus áridas tierras: persas, griegos, romanos y árabes. Si se recorre la ciudad en taxi (y si hay suerte de que el chofer hable ingles y no cobre el doble de la tarifa) se llega a las pirámides de la manera más fácil y a la vez en carruaje de lujo. Pues el automóvil recorre, no sin afán, entre callecitas y pequeños edificios de cinco pisos que ocultan un poco la visibilidad y las palmeras, que bien pudieran haberse sacado de Las Mil y Una Noche. Si se alza la mirada se observa un borde de magnitudes vastas. Cuesta trabajo comprender como la imagen de las pirámides parecen piezas surrealistas y mágicas de la realidad. Se llega a ellas sin pretensiones; con mucho respeto e inquietud. Pero a la vez, la grandeza, y su contenido histórico son avasalladoras. Apartar la vista resulta prácticamente imposible. Estas construcciones le otorgan al Cairo y al país en general un orgullo, un sentir histórico y nacionalista, una sensación de ese "Gran pasado Faraónico", del que hablaba Jankowski. Una vez fuera del auto es necesario dejarse embrujar por la presencia y la personalidad de estas magnas instalaciones. La manada de turistas es inevitable y los beduinos que cobran 'uan dola' para que se dejen tomar la foto también forman parte del paisaje – son también, cosas sobre el desierto. Pero por encima de la detestable multitud y de los guías turísticos, hay que divagar y caminar al antojo. Las medidas y su antigüedad son impresionantes. Mas de ciento cuarenta y seis metros en el punto más alto, 3570 años de antigüedad, cien mil trabajadores durante 20 años. La milimétrica configuración de esas infinitas piedras se repiten una tras otra con exactitud asombrosa. Estos monumentos dignos de perfección se alzan en tal armonía, que si se observan desde una vista aérea, su forma triangular y su posicionamiento coincide con el delta del Nilo, y se alinean perfectamente con el norte y el sur geográfico.
Esto nos muestra que no solo fueron metódicamente construidas, sino que las tres pirámides de Giza se organizan y se alinean siguiendo un designio militar. No es un accidente que cada una fue erigida con el propósito de deslumbrar aquellos que las observasen fijamente desde el espacio. Las siluetas de estas tres grandes pirámides reflejan el poderío de un pasado. También el misterio y la inmensa curiosidad del hombre con el "hacer".
Misr, y en particular Al-Qajira (Cairo en árabe) sigue rotando en mi interior desde que abandone esas mágicas tierras. Como fantasmas deambulantes, los reflejos y las estampas se quedaron grabados en mi memoria. A veces me sorprenden y me regalan un pedazo de aquella aventura que había dado por perdida. Olores del jazmín mezclado con el agua barrosa del Nilo regresan hacia mi olfato. En mi ensueño, revivo el omnipresente Cairo y sus diseños.
Para escapar de la rutina me sumerjo en viajes ilusorios de remembranza donde la calle sucia, el bello rostro femenino cubierto por el paño, y la melancolía propia de la ciudad me consuela y me embriaga con su substancia de la que están hechos los sueños. El viaje al exterior siempre permite obtener una nueva dimensión, y si se es buen observador, esta se ramifica y se extiende para convertirse en una regla medidora que otorga validez y al mismo tiempo niega los estándares en que vivimos y las esferas que rodean la existencia. Todo viaje por Egipto regala la valiosa frescura eterna para descubrir que hay otras maneras de vivir, otras maneras de circular; quizá otras formas de morir.

Juan Hernández
Septiembre 21, 2008
University of Florida

Sunday, September 21, 2008

"Tres Versiones de Dante Alighieri" - Pinturas


(ii) Retrato de Dante despues de Boticelli - (oil on canvas 20x25)

(i) Dante espera a Beatriz - (watercolor on paper 8x10)
(iii) Silueta de Dante en un banco (twigs, leaves, nature)

Durante un periodo de dos años he completado una serie de tema literario: la figura de poeta, Dante Alighieri. Tras ver los retrates renacentistas de Botticelli, Domenico di Michelino' y Luca Signorelli, he comprobado que la figura de Dante, su silueta, es de gran fuerza visual. El rojo de su vestimenta anuncia como prologo o entremés, la atomización sanguínea de Mark Rothko. Dante también fue un exiliado, y como exiliado pudo encontrar su mundo imaginario y real que aparece cada vez que leemos La Divina Comedia. (i) El primero es un dibujo en acuarela sobre papel. (ii) el segundo es un retrato de Dante después del Sandro Botticelli, (iii) el último es una silueta hecha con ramas y hojas en un banca público. La correspondencia con el il sommo poeta sigue siendo para mi, el misterio de la poesía que nace en cada instante de la sensibilidad de esos que saben mirar bien.

Gerardo Munoz.
Septiembre 20, 2008

Wednesday, September 17, 2008

"Autoretrato de Frida Kahlo" (Poema) por Inés Toledo

(Columna Rota - Frida Kahlo)

AUTORETRATO LEJANO DE FRIDA - INES TOLEDO

Te llamaron columna
y pienso en Frida Khalo
pintándose, tumbada, vertebrada de clavos.

No sé si la lejía
provocó ese inquietante resultado:
el hecho de que tengas en los ojos
un color inhumano,

ese verde nocivo
como el aire de Venus
Son tu cuerpo quebrado
y la luna en tu frente,
y dos pájaros verdes encerrados en jaulas
de lo más elocuentes cuando no dices nada.

Empapaban la sala los gritos de dementes,
como cada mañana.
Tan lejos,
en tu sitio,
aguantando la absurda duración del invierno,
en la mesa pintabas con un dedo la pena.

Y te miró tan cerca
que, del frío en tu cuerpo
se congeló la sangre recortada.
Pero apenas dijiste
de lo mal que se pasa:
Enfermera, no es nada, estoy un poco baja”.

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*Inés Toledo es una poeta nacida en Oviedo. Junto con Ana Vega y Javier Almuzara, es una de las voces mas representativas de la poética contemporanea, la cual sigue los pasos del gran poeta de esa ciudad, Ángel González. Ha publicado un libro, El final del cuento (2007), y contribuye en numerosas revistas.

Tuesday, September 16, 2008

"Readdressing the Classics": Selected Works de Focus Gallery en UF

Este verano mas de una docena de estudiantes del Departamento de Arte e Historia del Arte trabajaron en un taller del Centro de Investigación del Arte en Paris, para la ejecución de una obra que lleva como titulo: "Revistiendo a los Clásicos". La muestra que ahora se puede ver en Focus Gallery presenta solo una parte de este proyecto en grupo, pero que igual nos muestra el talento personal de los diferentes estilos artísticos individuales. El conglomerado es de una heterogeneidad excesiva; tanto de estilo como de temas. Imposible de anotar todas las alusiones, que tratan de marcar muchas de las obras clásicas: desde la mujer miniatura de Willendorf, hasta la era de la imagen en la que habita la Venus secular. Se puede decir que el trabajo gira sobre el eje de una concepción temática de la mujer o de la iconografía de la Venus.
Muchos de los artistas como Catherine Murray, Darcy Strobel, Julia Tankhelson o Alice Mayeron juegan con la tradición plástica con gran habilidad y muchas veces se ríen de ella, como en el caso de una parodia de una imagen de un inmenso pie femenino conformado por pequeñas imágenes de los diferentes pies recortados de mas de 100 laminas de pinturas del canon Occidental. En otro caso, vemos un falso vitral también inundado de las caras barrocas y manieristas que proponen ilustrar el fetichismo de las representaciones de la mujer por los pintores clásicos. De los mas delirantes es la foto de la obra titulada "Moan – a – Lisa" que juega con el sentido gramático de la gran obra maestra de Da Vinci: "Moan" alude al orgasmo; mientras que en la foto vemos el gesto de la mujer quien se frota su pubis a la vez que derrocha el placer con su boca en forma de "O".
La sobriedad de la Mona Lisa para estos estudiantes ha sido uno de los mitos centrales para entender la pintura en el occidente. Como proyecto es muy una revisión de forma inteligente, de toda la narrativa visual europea; pero como obra original, no llega a desprenderse de ese discurso retórico que exigen las lecturas feministas. No lo niego: la representación de la mujer en el Occidente ha sido desfavorable, y se basa en la violencia y el dominio de géneros; pero siempre se tiene (debe) poner en tela de juicio el "Poder" y las variables que van más allá de las formaciones icnográficas de la historia. Ana Mendieta, por ejemplo buscó la representación de la ausencia al mismo tiempo que incomparaba al "Otro" (en este caso a la mujer) en su universo visual. La imagen de la mujer no se debe considerar solo por lo que ilustra, sino también por lo que oculta. Esta exposición solo explora el primer nivel de una tesis moderna.

G.M.R Sep 16, 2008

"El Lector de Tabaquería en Cuba" (Reseña escrita para -Revista 'Sin Fronteras' de Literatura Hispánica-)

Araceli Tinajero, El Lector de Tabaquería: Historia de una tradición cubana
Editorial Verbum 2007. Madrid


Gerardo Muñoz*
Septiembre 2008


"El tabaquero, con su artesanía,
En las raíces de la historia acampa:
Con Marti destrozo la tiranía
En las gloriosas fabricas de Tampa.

- Guillermo Villaronda."
"Elogio al tabaco cubano"


El nuevo estudio histórico de Araceli Tinajero tiene como boceto precursor una última sentencia escrita por la propia autora al final de uno de sus ensayos sobre la escritora cubana-americana, Cristina García, en el volumen Cuba: Un Siglo de Literatura 1902-2002 (editado por Roberto González Echevarria. Colibrí Editores) donde nos alerta: "la historia de las tabaquerías cubanas está por escribirse". La estudiosa mexicana ha decido embarcar esta ambiciosa historia en su totalidad con la publicación de El Lector de Tabaquería en Cuba. El estudio de las tabaquerías en Cuba no solo abarca la cuestión de la arqueología histórica sobre una de las instituciones mas importantes (a la vez, es una de las mas raras de la modernidad) de la época finisecular en America Latina, sino también marca un punto de referencia vital donde la política, la sociedad y la literatura convergen dentro de uno de los espacios primordiales de la sociedad civil cubana: la tabaquería. El lector de tabaquería, por su parte, es una de las figuras más sobresalientes de la cultura cubana, de mucho relieve social y político, aunque hoy es apenas recordado.
El estudio de la Dra. Tinajero, en sus palabras: "recobra una practica cultural de importancia", ya que la lectura en voz baja, tal y como la conocemos hoy en día es una invención muy reciente. Es solo durante los años intermedios del Medioevo, cuando los monjes, escribanos y teólogos dan luz a la lectura en voz baja, de este modo pensaban crear un puente entre la tierra y las jerarquías divinas, las cuales solo eran dignas del silencio y de la palabra sagrada del magíster dixit. En contraste con los rapsodas griegos como Hesíodo u Orfeo; los monjes de las tenebrosas catedrales góticas aspiraban a la reflexión taciturna y sosegada. Esta tradición continúa hasta nuestros días en las universidades y escuelas públicas. Sin embargo, la otra tradición, la misma que se impone en el lector de tabaquería, es la de la voz alta que nos remonta no solo a los griegos sino a los juglares de los cánticos sefardíes o a los romances moriscos que se cantaban por los siglos trece y catorce en la península ibérica. Cabe distinguir, desde luego, la diferente función de la oralidad en el Medievo, con la práctica del lector de tabaquería en la modernidad. Aun en el siglo XIX, un autor de gran obra literaria como Charles Dickens cumplía con su oficio de lector hacia una audiencia pública en Londres, siempre emocionado y lleno de gallardía (así lo pinta Mario Vargas Llosa, en uno de sus más admirables glosas). Mientras los poetas medievales como los griegos practicaban su gesto de arte verbal en público, el lector en voz alta de la Modernidad se encuentra en una matriz política y social. Sin embargo, el lector de tabaquería comparte con los previos ejemplos, el mismo sentido de la preferencia por la palabra en voz alta, la cual después de los desarrollos tecnológicos modernos como en el caso del libro, la imagen, la radio o la televisión, se veía afectada por las nuevas funciones que remplazaron la calidez acústica del otro interlocutor en la experiencia viva y tangible de la lectura. La misma autora nos advierte: "Este estudio presenta como la lectura en voz alta es un eslabón con el pasado, con las épocas pre-industriales era la norma y no la excepción".

La investigación de las tabaquerías y el lector, traspasan la hermenéutica de la crisis de la lectura o del nacimiento del libro como argumento histórico y cultural. Siguiendo los pasos de la transculturación de la ínsula emprendido por Don Fernando Ortiz en Contrapunteo del Azúcar y el Tabaco, este libro también pretende desentrañar con una erudita y minuciosa investigación, cómo, porqué, y cuando emerge la institución tabaquera en la isla, y como se desplaza, y renace en el exilio estadounidense, y termina trasladándose posteriormente a España y a la Republica Dominicana.
La tabaquería como institución nace en Cuba aproximadamente hacia 1865. Es sobre estos años que la importante firma de tabaco Partagás, implementa la lectura en voz alta para mantener a sus trabajadores ecuánimes y hacerlos sentir, como bien decía Marti, que el trabajo bien pudiera ser "un arte". Las tabaquerías cubanas, son al mismo tiempo el eje de un espacio que creaba una identidad nacional y que daba sustento a la floreciente economía del boom azucarero que comenzó durante el primer cuarto del siglo XIX en la isla de Cuba. Nace así, una profesión que mantiene a los trabajadores informados de las noticias, y del uso de un buen lenguaje mediante las lecturas literarias; mientras que los artesanos torcían la paca del habano con paciencia. Era también una variante opuesta al estridente trabajo mecánico de las fábricas y factorías de la industrialización, las cuales exigían, por regla, el ejercicio físico de las manos y una atención total a un infausto empeño que solo resultaba en la alineación de la condición humana. El lector de la tabaquería, como lo lee Araceli Tinajero, es semejante a un obispo que desde su púlpito y atril podía terminar con el incomodo y monótono silencio del trabajo. A través de las lecturas el trabajo se hacia mucho más ameno, donde los trabajadores no se sentían bajo la impresión de la explotación, sino fieles a sus tareas. Este espacio laboral se convertía en un ambiente cerrado, y despejado a través de las lecturas. Así lo describe la autora: "La ausencia del ruido en los diferentes departamentos permitía el dialogo e intercambio de ideas entre los tabaqueros e hizo que el artesanado siempre tuviera un nivel de cultura…el ambiente de la lectura es como en el ámbito conventual o escolar donde hay silencio, disciplina y donde un lector le lee a un grupo de personas sentadas que en la mayoría de los casos pueden verlo y escucharlo." (p.36-37) Esta institución, con sus estructuras y planes de distribución del saber, posteriormente fue exportada debido a las febriles condiciones de las luchas independentistas cubanas ('la Guerra de los Diez Años') hacia al exilio; donde la primera diáspora cubana se asentó en las regiones floridanas, específicamente en Tampa y Cayo Hueso. Junto a ellos, muchos de los lectores de tabaquerías también vuelven a practicar su labor en la tabaquería. Valga recordar que el mismo apóstol y poeta José Marti lee desde la tarima tabaquera su eufórico discurso 'Los Pinos Nuevos', con propósito de lograr recaudaciones en vísperas de la guerra de independencia.
La formación "critica-literaria" de la Dra. Tinajero (autora también de Orientalismo en el Modernismo Hispanoamericano) enriquece su estudio en varios niveles, puesto que parte de diferentes ángulos interpretativos, y maneja con habilidad fuentes que se extienden desde textos literarios, periódicos, manuales, cartas y panfletos; a entrevistas efectuadas por la investigadora durante su viaje a Cuba. El libro de Araceli Tinajero también impulsa revisiones tanto en el campo de estudios genealógicos e históricos de la Modernidad, como en el campo de la cultura cubana. Su libro es fácilmente divisible en tres secciones: en la primera parte la autora esboza y analiza la tradición de la función del lector de tabaquería en la Cuba del siglo XIX. En la segunda parte, investiga como el oficio de la lectura se llevó a cabo en el exilio de Cayo Hueso, Tampa y Nueva York desde el fin de siglo hasta el comienzo de los años treinta. La última parte se circunscribe a un estudio comparativo donde yuxtapone el desarrollo y uso de la lectura en voz alta en Cuba, con países como México y la Republica Dominicana.
Como en otras monografías que abarcan la memoria cultural cubana, pienso específicamente en tres ya clásicas: El Monte por Lydia Cabrera, Holy Smoke por Guillermo Cabrera Infante y La Gloria de Cuba: Historia del Béisbol en la isla por Roberto González Echevarria; la historia de la tabaquería y su lector por Araceli Tinajero se cifra dentro de este escaso circulo de importantes estudios que merecen tanto el elogio de la critica, como el disfrute del lector. Para los que buscan una inteligente y multidimensional exégesis sobre un tema poco asimilado en los estudios latinoamericanos, encontraran en la monografía de Araceli Tinajero un hito de la práctica de investigación histórica sobre un oscuro archivo de nuestra cultura poco estudiado hasta nuestros días.

(*)Gerardo Muñoz es estudiante de Ciencias Políticas, Filosofía y Literatura en la Universidad de la Florida, Gainesville. Nació en Matanzas, Cuba. Es autor de ensayos, poemarios, y textos críticos sobre temas que abarcan tanto la filosofía, la cultura cubana, como la política, artes plásticas y la literatura. Ingresará el próximo año para estudios posgraduados de Literatura Hispánica.

Monday, September 15, 2008

"UNPLUGGED – Pintura de Dana Schutz" por Iván de la Nuez

-No creo que ya estén pintados todos los grandes cuadros.

Así habla Dana Schutz. Y así de contundente expone el porqué de su pintura; tal vez el porqué de la pintura. El porqué de continuar, lienzo y pincel, una tradición artesana en esta era tecnológica. No se trata, sin embargo, de una actitud melancólica. Tampoco de la típica diatriba reaccionaria contra otros medios contemporáneos (vídeo, netart, creación digital). Al contrario: la pintura de Schutz sólo puede ser comprendida -en toda su dimensión- si valoramos los efectos de la tecnología sobre los individuos. Si calibramos el impacto de la tecnología -telefonía celular, efectos del píxel, clonación- sobre la cultura.
-Ni creo que un medio sea históricamente más progresista que otro.

Así remata Dana Schutz, como recordando que el medio es, literalmente, eso: un medio y no un fin. Como abriendo una puerta a la pertinencia de pintar en el siglo XXI. Pintura que, en cualquier caso, no anticipa una narrativa sobre los conflictos humanos sino desde estos; lejos de coartadas didácticas o imposiciones retóricas. Desde un profundo conocimiento de la tradición pictórica -Guston, Dalí o Freud, pero también Matthew Barney o John Currin- y, al mismo tiempo, desde un profundo convencimiento de la necesidad de llevar esa tradición hasta sus límites -The Autopsy of Michael Jackson, Gravity Fanatic, Self Portrait as a Pachiderm, Singed Picnic.
Así se han nombrado unas piezas que parecen lanzar el siguiente mensaje: no hay que estar todo el tiempo en red para decir algo en la cultura de este tiempo de hiperconexión y, asimismo, incomunicación. Yo mismo acabo de vivir la paradoja de tener que desconectarme para “recargar las pilas”. Y, curiosamente, no he encontrado otra manera mejor de regresar al éter y al blog -y vuelvo con ganas- que valerme de esta pintura inteligente y extraordinariamente bien resuelta que le concede a la soledad algunas vituallas para la resistencia.
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(*) Para las frases de Dana Schutz me he servido de una entrevista suya con Nicole Hackert, aparecida en el catálogo de su exposición individual Teeth Dreams and Other Supposed Truths. Mi contacto con su obra más reciente la debo a la muestra colectiva Eklips. Art in a Dark Age, concebida por el curador Magnus af Petersen para el Moderna Museet de Estocolmo.

Saturday, September 13, 2008

Diálogo con un Ogro Estético (VI): Hopper, entre la alienación y el Eros



G.M: Ogro, hoy he divisado a Edward Hopper en mi galería de espectros.

Ogro: Te refieres al enigmático artista americano, Edward Hopper? Seguramente viste el eminente Night Hawks, cuadro que figura en cada catalogo del arte moderno y en afiches de las tiendas de un Mall.

G.M: Si, me refería precisamente a Edward Hopper, aunque no específicamente a ese cuadro trillado por la reproducción de las láminas de todo catalogo del arte moderno. He vislumbrado otro mucho mas siniestro donde se entrelazan dos elementos aun presentes en la posmodernidad. Me refiero al Burócrata y la Chica. Un cuadro donde la soledad del hombre, con un fondo de carácter elegiaco se encuentra en perfecta armonía. Vemos dos de los aspectos del derroche de nuestra cultura. Primero la monotonía de lo cotidiano, simbolizado por el hombre atrás del buró (el burrócrata) que le es imposible conocer a los hombres y mujeres que pasan por sus manos, pero que igual no los quiere conocer. Odia su trabajo y encuentra su vida absurda. El otro símbolo de nuestra cultura esquizofrénica es el fetichismo por el cuerpo de la mujer, que denota explícitamente Hopper de una forma tímida el vicio de nuestro placer por la carne y por el deseo de esa posesión del Otro de que tanto nos informan los sicoanalistas. La Venus ha bajado a la tierra para ser devora por hombres. No es casualidad que Hopper decidió pintar a la mujer alejada del hombre pero de espaldas a nosotros, convirtiendo a la audiencia también en un poseedor de esa mujer enigmática y silente cuyo vestido azul se ajusta a su cuerpo y deja las piernas al descubierto.

Ogro: Me parece también Munoz que uno de los elementos que caracteriza a la pintura de Hopper es el silencio, no como concepto metafísico sino como resultado de los desarrollos tecnológicos del presente. Este silencio que también puede ser la bulla de las fiestas nocturnas o de los infames 'bailes perreos' en las oscuridades de una fiesta. Vemos un teléfono en el buró que en cualquier momento puede sonar, es una de las cosas más aterradoras de la sociedad en la cual vivimos. Estamos solos?

G.M: Ogro tu lectura me parece adecuada. No solo en esta pintura, sino en toda la obra de Hopper el silencio es uno de los personajes centrales del lienzo, lo que también muestra el silencio que circula en la respiración del ente que mira la obra de Hopper. Es también una de las paradojas de la Modernidad que, aun cuando se desarrollaban los medios de comunicación masiva, y las redes de proliferación que, aunque anulan distancias y nos conectan con los otros, sigue existiendo aun la soledad, el vicio y la indiferencia ante los demás. Si te fijas el burócrata no mira a la mujer, mientras que la mujer tampoco trata de buscar la mirada del burócrata. Derrida, como bien tú sabes, decía que los medios tele-comunicativos tenían como propósito multiplicar infinitamente los espectros fantasmagóricos entre nosotros. Si el personaje intelectual de Hamlet podía ver a su padre en una imagen de fantasma, el hombre moderno ya no tiene visiones sino solo ojos para los espectros que se repiten y se multiplican en sus representaciones.

Ogro: El espacio cerrado también es parte de la economía de nuestros tiempos – la reducción, o el trauma por la fijación de un espacio. Hay salida de este laberinto?

G.M: Si te fijas en el cuarto del burócrata la ventana esta abierta, algo que nos recuerda a la simbología del famoso retrato de los Arnolfini por Jan Van Eyck, donde el hombre se encuentra mas cerca de la ventana para dejar claro que el es parte de ese mundo. En Hopper el mundo exterior pueda que sea parte del mismo cubículo donde nos encontramos o una mera extensión de un despacho. Ni una gota de luz penetra el cuarto, solo el resplandor del bombillo de luz fría. El laberinto ya no es un juego mental o estético (como lo fue el Minotauro), sino una realidad que habita en cada de los destinos del hombre. El hombre, como diría Borges, es ya un laberinto infinito. Hopper encuentra este punto borroso donde habita la sensualidad siniestra y la alienación total. Dudo aun que con la muerte podramos saber nuestro destinatario; dudo también que pocos lo hayan imaginado tan brillantemente como Hopper.

Gerardo Munoz
Septiembre 13, 2008

Thursday, September 11, 2008

Postal para Jacques Derrida: JaQUEs y mi Maestro (Nota)

La foto que aquí (no)vemos es la de dos hombres muertos: Dr. Kujundzic y Jacques Derrida. Dos fantasmas en un espacio muerto, dos silencios en el tiempo – ni aquí, ni allá; ni en el mas allá del pasado, ni tal vez en el presente. Si nadie nos mira, desde la foto, el contenido es falso y se convierte en la deformación del archivo.
Dragan Kujundzic es mi maestro de Teoría Literaria (Deconstrucción) este semestre. Ya hemos hablamos de varios temas y el Dr. Kujundzic, es una maquina de formular conceptos, ideas, respuestas y comentarios acerca de todo el amplio espectro que discutimos: de Sócrates a Bernard Stiegler. Es nacido en la antigua Yuguslovia, y habla y escribe en más de cinco ideosas para publicaciones críticas de muchos países. Sus especialidades son múltiples, que se desplazan en las disciplinas y se cruzan con diferentes géneros disímiles: la teoría literaria, la literatura Rusa del siglo XIX, las literaturas eslavas, el vampirismo, la geopolítica, la filosofía alemana desde Husserl en adelante, estudios del cine y de la imagen, la parodia como uso mímico, y por ultimo la obra filosófica de Jacques Derrida. Lo ultimo como concesión de la diferencia de lo primero.
No solo conoce la obra del filosofo de la deconstrucción y de la traza a través de sus meditaciones y de sus interminables lecturas (solo pensemos que Jacques Derrida escribió cien libros y que dejo sin publicar ciento cincuenta, el mismo Dragan me cuenta), sino que trabajo a mediados de los anos ochentas con el mismo Jacques en USC Berkeley en California, pues es ahí donde tienen el archivo (o los sarcófagos del espectro – como los llamaba Derrida) del gran filosofo. De los descontruccionistas, Dr. Kujundzic, es uno de los más originales e renovadores de las academias americanas, después de la muerte de Paúl de Man y de la disolución del grupo en Yale. Tengo que agregar (con palabras), el hueco del significante, que es un honor que sea mi maestro y amigo? Me dice que Derrida era una persona muy calida y con una potencialidad para la comunicación tremenda, configuraba e improvisaba sobre cualquier tema en cualquier lugar. Ejemplo/Efeméride: Cuando a Derrida le brindaron un yogurt un día, que tenia como marca la palabra YES!, Derrida se asombro: Como pudiera mi simple no, ganar a un escrito y eterno YES!". Nadie como Derrida para jugar con las palabras y hacer de una solo palabra un libro o un discurso literario/filosófico. Esta anécdota fue aludida por Derrida en suconferencia sobre Joyce y el ultimo monologo de Bloom.
Todavía, me recuerda Dragan, cuando ve a Derrida en el film de Kufman o en el Ghostdance, se le retuerce el cuello y cree que los fantasmas habitan en todos los medios de comunicación donde la prótesis auxilia a la técnica del hombre. Este mismo comentario es un gesto no a una figura, sino a la traza que deja una imagen en la mente del Otro – que ahora es mi maestro, que recuerdo, que apunto su nombre, su firma, su identidad; pero que algún día será olvidado como el otro lector que esconde su cara del otro lado del blog. Esto no es mas que una postal (el blog como paloma de mensajes) a Derrida, nunca el que estoy pensando, sino el Otro.

(contra/firma):GM
Septiembre 11, 2008

Tuesday, September 9, 2008

Manchas de una metafísica telúrica


 
Discípulo y seguidor de la filosofía Zen (este término aislado de todo significante Occidental), el artista Rubén Fuentes posee una obra que se gesta de una maquinaria muy disímil pero que proviene tanto de la influencia oriental (cabe resaltar el Budismo Zen, las vislumbres Hindúes, la caligrafía Japonesa, el eterno oro Bizantino) como de los maestros modernos y contemporáneos. Si podemos discernir vagas influencias en su plástica – pensamos en la fuerza de una anthropométrie de Yves Klein, el conceptualismo de Beuys o Marcel Duchamp, o lo telúrico de Ana Mendieta; siempre su obra logra un sentido de síntesis total, lo que imposibilita cualquier categorización de su obra en las tendencias o movimientos estéticos vigentes. Podemos decir con poca resistencia que la obra reciente de Rubén Fuentes es un estilo de lo telúrico metafísico, una unión que solo puede surtir clausuras para una percepción de ese multiverso dentro de su configuración plástica. La cosmovisión de Rubén no construye, ni erige sistemas, sino que disemina y convierte la unidad de un sistema plástico en una pluralidad telúrica. Siempre parte de la iluminación de un concepto, aunque no es esa teleología que busca el pintor. La búsqueda en la obra de Rubén circunnavega en el secreto círculo de ensō, donde se acaba por llenar con el óleo y el pincel, una escritura operante de la pintura. Esta ejecución mental reluce en las últimas series del pintor: Registros de la Lámpara y Geometrías No Euclidianas, donde la figuración plástica solo queda presente en su invisibilidad. Es esta invisibilidad, la habitación céntrica del tokonoma del artista, bajo el abismo del vacío donde se logra que el espectador pueda mirar, penetrar y elaborar la presencia de un "Otro". El espacio de la obra de Rubén nos secuestra: no en el espacio del lienzo sino en el contacto visual de la distancia y del espectro. Las sombras de matas, hojas secas, plumas son las huellas y las manchas de la pureza de un ambiente telúrico de lo trascendental. Los puntos que se conectan en las geometrías de sus abstracciones (Geometrías No Euclidianas) son dispersiones orgánicas que cobran sentido solo sobre un profundo cuestionamiento filosófico: ¿Que es el tiempo/espacio? ¿Que son las substancias de las estructuras? Sus formas pictóricas, en su propagación no aspiran a las respuestas del instante metafísico, sino a la exaltación taciturna del observador. Rubén Fuentes, en su obra visual no busca un sentido ideal ni una consumación; cree compartir una de las sentencias de su compatriota el poeta cubano, José Lezama Lima: "lo que interesa es la sombra que va quedando en el muro".\(Escrito para el catalogo de una exposición del artista en Gijón, Asturias 2008)



"Painting as in writing, is after all, in its way, a satori (the Zen occurrence) which causes knowledge or the subject to vacillate: it creates an emptiness of language"
- Roland Barthes, Empire of Signs


A lo largo de la historia del arte moderno, son escasos los artistas que han podido integrar la inteligencia cartesiana (el saber metafísico) con el séquito de la sensibilidad estética. El arte cubano contemporáneo, una totalidad desigual y heterogénea por excelencia, consta del pintor matancero, Rubén Fuentes; que desde hace unos años atrás viene trazando una obra rica e inteligente donde sobresalen los elementos metafísicos de la curiosidad del hombre en relación con el cosmos. El pintor desempeña su inteligencia sosegada y geométrica tanto para la búsqueda infinita del hombre en sus espacios, como para crear contornos inusuales, los cuales tienen el propósito de escapar las letanías fugaces y las reproducciones de la vida moderna. El artista ha optado por dejar en el lienzo, no las fortalezas matéricas del pasado, ni tampoco las transparencias del vacío, sino solo rastros, huellas, trazas; en fin, ecuánimes gestos para la autorreflexión y las búsquedas internas.

Gerardo Muñoz
Septiembre 4, 2008
Gainesville, FL.

Monday, September 1, 2008

Séptimo Puente Ecfratico: Sor Juana Inés de la Cruz / Francisco de Goya

PROCURA DESMENTIR LOS ELOGIOS QUE A UN RETRATO
(Soneto) - Sor Juana Inés

Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:
es un vano artificio del cuidado;
es una flor al viento delicada;
es un resguardo inútil para el hado;
es una necia diligencia errada;
es un afán caduco, y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.