Sunday, November 30, 2008

Evanescencias de Rubén Fuentes



-Fragmento Rubénico

Manteniendo la calma del satori, el artista cubano Rubén Fuentes, vuelve a retomar el tema de las sombras y las evanescencias en el tiempo y espacio en esta breve obra fílmica que yuxtapone dos concurrencias plurales: la sombra de hombre y las diferentes etapas del agua de la orilla. Vemos que, como en el río de Heráclito, el hombre no es el mismo (no tanto porque el río fluya), sino porque la definición del yo siempre presupone un traslado cósmico de partes y substancias. No es el monismo austero de Leibniz. Se estima el tiempo de la ausencia que nunca llega, pero llegara? El misterio de un futuro se comunica con los aclamados consejos de esta espuma. La voz, el sonido de la imagen gira sobre ese vacío oriental. La sombra aquí es ya materialización de lo real en su trascendencia…
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G.M
Gainesville Nov 30, 2008

La traza de la escritura: Guillermo Ockham, Joyce, y Lezama Lima.




"Quien es el autor? Cual es su funcion?" - Michel Foucault

Thursday, November 20, 2008

Emmanuel Levinas: Conferencia sobre el Otro, el judío, y la Filosofía


"There are some Germans that one can forget, but I can not forgive Martin Heidegger"
- Emmanuel Levinas



El atributo o la actividad del olvido ha sido un tema perpetuo en la historia de la filosofía desde Platón. Se recuerda con el sabor de la epifanía mística que reproduce una ávida lectura del elenco socrático que, tras la traza, el hecho escrito comete el parricidio contra la reminiscencia – la escritura es el veneno de la memoria, o el pharmakus de lo suplementario como nos dice Jacques Derrida en su Gramatologia.
En la Modernidad el problema del olvido se arrastra a nivel conciente, ya que el gesto de olvidar es parte del mecanismo de exclusión. El canon, ese ultra fenómeno de lo taxonómico, supera toda acumulación del recuerdo mientras que voluntariamente decide que se debe olvidar y que no. Es fácil remontarse a este poco estudiado tema en la filosofía (apenas Locke le concede unas paginas en su Essay on Human Understanding y Kant en Kritik lo eleva a la trascendencia epistémica), porque este mes se saca de las telarañas memoriosas a un pensador al cual le debemos mas de lo que parece. Que significa recordar a Emmanuel Levinas sesenta años después de su magnus opus, El Tiempo y el Otro? Es posible no recordar a Emmanuel Levinas cada día que leemos o que pensamos sobre la filosofía, o mejor dicho (como dice Fernando Savater), cuando evocamos la 'historia de la filosofía'? Aunque de cierta "fama" filosófica en los cenáculos (mucho mas que María Zambrano, Thomas Reid, Miguel de Unamuno), la presencia de Levinas no ha sido reconocida como ha de ser. Fácilmente se puede aseverar que pocos pensadores del siglo XX han sido tan influyentes como el autor de El Tiempo y el Otro. Olvidar a Levinas seria olvidar una de las grandes proezas éticas de nuestros tiempos: reconocer al Otro, acceder a ese espacio ínter-sujetivo que resuelve descontruir al monolítico Ser Occidental (proyección totalizadora trazada por Martín Heidegger) para creer un puente entre la diferencia, y así modular con cierta neutralidad la violencia que ha sacudido el discurso de la metafísica. Levinas en el siglo XX fue la voz del cristal en dos trincheras: la del Ser como el Otro y la del Tiempo como prolongación venidera.

I

Organizada por mi colega, maestro y amigo, estudioso derrideano Dragan Kujundzi (PhD. University of Southern California), la conferencia Being Jewish in Philosphy, ya en su mismo titulo bracea su doble propósito: analizar lo Judío en la filosofía de Levinas, a la vez que se reconstruye, se reinserta el renglón de la ontología moderna. El Ser en el origen de la filosofía occidental ha sido siempre conceptualizado como la presencia total de una identidad, negando la traza del Otro, la diferencia que se destila en el tiempo. El proyecto del "Otro" sin embargo, no es una oposición diametricamente opuesto al Ser – nos advierte Levinas, sino una conjunción, un espectro cuya estructura se exterioriza entre las sombras de lo íntersujetivo que habita en la "traza". Esa traza del No-Ser, o sea del "Otro", es lo que ha sido reprimido desde la primera instancia del pensamiento; ya sea en la Republica platónica, en la cual como bien nos recuerda Milán Kundera "el poeta, ni el rey es capaz de reír", o en los análisis conceptuales de la teoría formal de Aristóteles. El Ser, como lo entendió Emmanuel Levinas, ha sido instrumentalmente manipulado como sujeto de la trascendencia vertical (el Segundo nivel en Plato, por ejemplo), pero que a la vez se cuestiona y se aliena por su precaria negación de lo Otro. Levinas apunta en Time and Infinity: "Western Philosophy has most often been an ontology: a reduction of the other to the Same by interposition o a middle and neutral terms that ensures the comprehension of being" (Time and Infinity p.33-34). El ostracismo del "Otro" no es que se estructure como parte de la realización (lo que Hegel universalizó también como el desarrollo histórico de la dialéctica de un Geist unitario y universal con el Cristianismo), sino que despierta interesantes aporías en torno a la problemática de la ética. Ya Simone de Beauvoir en un texto publicado posteriormente (La ética de la ambigüedad) al Tiempo y Ser de Emmanuel Levinas reconocía que toda ética tiene como piedra angular esa relación intersubjetiva, análoga también la relación hegeliana entre el Gobernador y el Esclavo, donde el Uno siempre tiende sus acciones para desdoblarse ante el Otro. Es por ello que la filosofía de la "Otredad" de Levinas trata de reconciliar ese mecanismo ético que en la historia de la filosofía Occidental es una de las tres ramas esenciales del saber. Después de los avatares epistémicos del siglo XX que podemos esperar (del futuro, del l'avenir) entre la pluralidad de la sociedad Moderna? Si para Lyotard el posmodernismo es la nueva duda de las narrativas clásicas, para Levinas el Otro es parte de una "salida", en el sentido Kantiano, para una auténtica esencia del imperativo categórico. Al llegar a este punto dos líneas de pensamiento en la discusión sobre Levinas parecen esclarecerse: i. No es azaroso entonces que la totalidad del pensamiento de Levinas, hijo prodigo de Heidegger, se formulará después del Holocausto, ii. Que significa Ser Judío? Cual es la metafísica de lo judío?

II

El problema de lo que Jonathan Judaken (PhD. invitado presente en este coloquio sobre la obra de Emmanuel Levinas de la Universidad de Memphis) llama la "teorización de la cuestión judía", a propósito de la publicación de Jean-Paul Sartre, La Question Juive, tiene una larga historia desde Moses Hess y Marx, Ahad Aham y los Sionistas, Francia y Zola, o Pinsker y Rusia. Seria contraproductivo resumir en breves líneas sobre esa historia. Me limito en esa genealogía teórico de lo Judío en un momento de raro esplendor entre dos de los intelectuales mas importantes de la Europa de ese entonces: Sartre y Levinas. Con la publicación del libro de Sartre (panfleto el cual, por supuesto, integra el humanismo de su filosofía existencialista) se conectan tres nudos esenciales en el debate metafísico e histórico, a través del Ser, la Esencia, y la Existencia. El texto de Sartre argumentaba dentro de su marco epistémico que, el Judío después de la Guerra Mundial, tenia que desplegarse de su "esencia metafísica" para liberarse así mismo de su propia condición. Sartre, ideólogo del heroísmo como significante hueco (o sea, cabe tanto el asesino absurdo, como el ironista de Kierkegaard, como el dandy romántico Che Chevara, o las chispas verbales de Nietzsche) teorizó que para el Judío, en su esencia trascendental, era incapaz de poseer una conducta de la eticidad autentica a nivel de existencia. Judaken, autor de Jean Paul Sartre and the Jewish Question (2007 University of Nebraska) nos ha dejado claro que la valoración de Sartre en torno a los Judíos es instrumental por naturaleza, y que se basa en los estereotipos del discurso antisemita. En el breve texto de Emmanuel Levinas, Being Jewish, en apenas tres cuartillas el filosofo judío le a Sartre con contundencia. Primero señala que Sartre confundió al "Judío" como un Otro determinado por una esencia metafísica, cuando ciertamente el judío es un ser historicisista. La lectura filosofía de Levinas sobre lo judío se circunscribe en la filosofía anti-heideggeriano del "Otro": Ser autentico para el Judío es afirmar su pasado, su conciencia de elección como tal, ya que tiene que aceptar su carga genealógica. A diferencia de Sartre, cuya filosofía Existencial estudia la esencia del hombre como un desarrollo de actos acumulados para crear una existencia; el Judaísmo (Sartre ignora) solo se puede autenticar en una circunnavegación (aquí vale citar el recorrido de Leopoldo Bloom en el Ulises de James Joyce, por Dublín cuyo paseo, como el de Abraham, nunca se cierra, nunca vuelve sobre su origen primordial) del presente-futuro hacia el pasado. Cito al mismo Levinas: "For the Jews is not only about finding a place, but about finding a place in the election of the economy of being", donde se aclara que "Judaísmo no es una religión, sino una esencia del Ser". Que Sartre ubique al judío es una mitificación de la esencia metafísica, por lo cual no llega a entender al judío como el "Otro" histórico como un tropo de lo ético, plus ultra Kierkegaard, en relación con la fe.

Parte de este coloquio tuvo en mente estos problemas para el siglo XXI, a los cuales acudimos en formas de preguntas sin respuestas: Que puede significar el judío hoy después de la creación del Estado de Israel, la tierra prometida, el Estado de 1948? Si el proyecto de Levinas es un proyecto de eticidad, por que no se perdona a Heidegger (el que o el quien, me dice Judaken cuando le comento sobre el perdón)? Que relación existe entre el paternalismo del Judaísmo, el acto parricida que se confronta con el Otro en la esfera de lo político? También como académicos nos preguntamos a la manera de Helene Cioux, como nosotros los stranjews, podemos posibilitar una apertura sideral del dialogo mesiánico con el Judío en la Academia. Yo me limité a comentar sobre dos problemas en la rama política para terminar la sección de una obra, Time and the Other, la cual ya lleva sesenta años de existencia en el discurso filosófico. Primero, como vincular a Walter Benjamin y a Emmanuel Levinas a través del Judaísmo, ya que ambas estrategias oscilan entre un discurso filosófico y un dogmatismo teológico. Que significa Benjamin, el autor del Fragmento Teológico-Político, a la luz del Tiempo del Otro? Los esporádicos intentos terroristas del nuevo siglo recalcan un borroso signo sobre el futuro. La segunda pregunta es sobre el perdón: Si Arendt perdonó a Heidegger, donde debemos colocar el perdón dentro de la obra de Emmanuel Levinas? Que significa decir "perdón" al Ser con la voz del Otro? En Levinas, la figura y la institución que nos lega su aura, es el sello de un archivo de las más preocupantes nociones de nuestro tiempo: la conexión entre lo político, lo ético, y la existencia del ser como una entidad. Una identidad plural.
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Gerardo Munoz
Diciembre 9, 2008
Gainesville Fl.
*(Despues de un ensayo en ingles sobre el tema)

John Cage y los sonidos del Zen por Rubén Fuentes



A nuestro profesor del Instituto Superior de Arte (ISA), Jorge Fernández

Como ya es costumbre, apunto los lugares que he tenido la oportunidad de visitar. En esta ocasión, me toca hablar de un viaje hecho el domingo 9 de noviembre desde Valencia a Castellón, en cuyo trayecto apenas saliendo de Valencia, se ve en una colina a la izquierda el gran castillo de Sagunt, además los extensos campos de naranjos custodiados por el mar a un lado y montañas al otro. Pero no es esta crónica de las descripciones habituales, sino del insólito paisaje visual y sonoro que encontramos al llegar al Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón. Allí se expone hasta finales de diciembre una singular muestra llamada Paisajes Imaginarios que rinde tributo merecido al músico Norteamericano John Cage.
Según Arnold Schoenberg, su discípulo John Cage no tenía ningún talento para la armonía, sin embargo, sería precisamente el aporte de Cage aprovechar esa incapacidad suya para convertirla en puerta de salida al bosque sonoro. En Ryoanji, por ejemplo, aparece una réplica del famoso Jardín Zen japonés de piedras, a partir del cual Cage dibujó los perímetros de las piedras en unos gráficos cuadrados para construir líneas melódicas, cuyos acompañamientos se ejecutaban rastrillando la piedra. Otras obras fundamentales del músico aparecen ilustradas como Water Wolk en donde la los instrumentos musicales aparecen substituidos por nada menos que: una batidora, una olla de presión, una palangana llena de agua, un radio y objetos similares que son ejecutados según intervalos de tiempo prefijados. Cosas tal vez más insólitas se pueden escuchar al ejecutar sonoridades desde la pulsación de las espinas de un cactus al que se le ha insertado un amplificador conectado a un altavoz.
En Imaginary Landscapes, una sucesión de 12 radios que son sintonizados según los dictados del I Ching, el cual Cage usaba frecuentemente como herramienta de composición. El azar objetivo duchampiano, parece hacerse radical entonces en las ideas de Cage, cuando habla de la no intencionalidad, o tal vez dejar actuar a fuerzas desconocidas o aleatorias, que representan el modo de operar de la naturaleza.
Una pieza no menos interesante es Organ 2/ASLP, que significa as slowly and softly as posible (tan lentamente y suavemente como sea posible). El órgano que da notas continuas con unos contrapesos que son cambiados en diferentes momentos del día siguiendo estrictamente la partitura, el resultado es que la obras dura 87 días, 2088 horas en total. Otra famosísima creación de Cage es su tan conocida 4.33, el equivalente en la música, a la galería dejada completamente vacía por Yves Klein, en este caso Cage, deja la partitura en blanco, y la orquesta “ejecuta”, un silencio de 4 minutos y 33 segundos. Además aparece su famosa experiencia en la Cámara Anecoica, el recinto herméticamente cerrado, donde Cage buscaba la escucha del silencio total. Pues escuchó entonces 2 sonidos, uno grave, y el otro agudo, el grave era su sangre circulando, el agudo su sistema nervioso funcionando.
La obra de John Cage, inspirada en los escritos de Thoreau, y las conferencias sobre el Zen de Suzuki entre otros, ha sido más que un gran cúmulo de bellas obras melódicas, o un torrente de ideas refrescantes sobre lo que entendemos por música. Cage, más que ser un irreverente desacralizador y dinamizador de la tradición sonora; también fue un maestro que nos enseñó a disfrutar un poco más de los ruidos cotidianos cuando decía preferir escuchar el siempre diferente sonido de los coches transitando por la Fifth Avenue que oír una sinfonía de Beethoven. Cage, nunca vendió un disco, más que un genial músico o un artista visual, fue un gran pensador.
Si en el Budismo Zen la iluminación puede llegar en cualquier labor cotidiana: cortando leña, barriendo, o preparando el té, igualmente, el disfrute sonoro puede acontecer cuando fregamos los platos, y el sonido del agua arrastra la espuma, cuando el viento mueve los árboles de parque, el perro ladra, y el avión surca el cielo. La obra de Cage, como la de muchos otros creadores del siglo XX, acercó y diluyó el arte con en la vida cotidiana, dándonos a todos, tal vez sin proponérselo, valiosas herramientas para hacer nuestro breve paso por la vida, una experiencia cargada de intensidad de instante en instante.
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Rubén Fuentes
Gijón, 17 de noviembre de 2008.

Monday, November 17, 2008

"Andy Warhol en China" por Chris Domínguez


En esa aplastante lección de banalidad que son los Diarios de Andy Warhol no queda consignado nada de interés sobre los escasos cinco días que el padre del arte pop pasó, viniendo de Hong Kong, en Pekín, del 1 al 4 de noviembre de 1982. Lo más entretenido es que al regresar a Nueva York, dándose cuenta de que no había traído regalos, mandó a su ayudante a comprarlos, previsiblemente, al barrio chino.
Pero de aquel viaje no sólo quedaron las fotografías –recientemente reimpresas en un libro de gran formato publicado por Timezone– que le sacó Christopher Makos a Warhol en la Gran Muralla y en la Ciudad Prohibida. Dirán que soy un ingenuo (o una persona poco enterada) pero me sorprende que la impronta warholiana, plasmada en la serie Mao Zedong manufacturada en 1972, acabara por convertirse en la carta de creencia del millonario arte contemporáneo de China. Los originales, además, los compró un magnate de Honk Kong hace un par de años. No es necesario darse una vuelta por el antiguo distrito industrial número 798 de Dashanzi, el Soho pekinés, para descubrir que en China impera el marxismo–leninismo pensamiento Andy Warhol.
Esta efervescencia que ha hecho la fama de un arte comercial, afectadamente infantil, a veces simpático y siempre desconcertante, tiene su origen en el horror que fue la Revolución Cultural o al menos así lo parece si se lee Burden or Legacy. From the Chinese Cultural Revolution to Contemporary Art (Honk Kong University Press, 2007), una colección de ensayos recopilada por Jiang Jiehong. Durante la década anterior a la muerte de Mao, el patrimonio cultural chino fue vandalizado en un porcentaje desconocido y de la destrucción no se libraron ni las reliquias budistas ni los recuerdos del confucianismo. Ardieron las bibliotecas, lo mismo que las peluquerías y unos diez millones de letrados fueron ultrajados, desde los escritores y artistas hasta los campesinos instruidos, pasando por los profesores universitarios y los maestros rurales, a menudo asesinados o torturados por sus propios alumnos.
Fue el propio Mao, amenazado en su poder, según algunos, o deseoso de experimentar con fuegos controlados, dicen otros, quien impuso la Revolución Cultural, encomendándola a los guardias rojos, jóvenes y adolescentes fanatizados, quienes hicieron de las suyas, sobre todo, entre 1966 y 1967. Todo esto ocurrió con la alucinante aprobación y el respaldo delirante de numerosos intelectuales occidentales, algunos de ellos poseedores de las mentes más veneradas de su tiempo.
La Revolución Cultural y ello se nota en el arte que a manera de exorcismo la explica con ironía y la niega con estupor, fue la pesadilla, el lado oscuro de aquellos años sesenta tan felizmente recordados (y no siempre por malas razones) en París, Berkeley o la ciudad de México. Presidiendo un mundo hermético y fastidiado del ejemplo jerárquico de los soviéticos, a los cuales imitó tantos años, Mao puso en práctica una utopía infernal que realizaba, en la calle, los sueños de miles de estudiantes en Occidente y de sus ideólogos. Según ciertas interpretaciones, la Revolución Cultural fue algo más que un fenómeno endogámico brotado del secular odio chino a una modernidad agresora. Nada de lo que hicieron los guardias rojos fue ajeno al clima intelectual de su tiempo: ni la divinización de la juventud como demiurgo destructor ni el repudio de una organización tradicional de la enseñanza. Se propagó la idea de que el oprimido tenía derecho legítimo, filosóficamente mandatado, a oponer a la violencia, la contraviolencia. Más propia de China fue la persistente incapacidad de conciliar el igualitarismo anticonfuciano con los derechos humanos y las garantías individuales.
Las movilizaciones de miles y miles de jóvenes chinos del campo a la ciudad y de regreso, tan propias de la Revolución Cultural, compartieron el clima de libertad sexual y de misticismo grupal que en Occidente quedaron identificados con las manifestaciones pacifistas y los festivales de rock. El testimonio de los guardias rojos sobrevivientes, según leo en Burden or Legacy, habla amargamente de grandes ilusiones juveniles fincadas en la destrucción de lo viejo y en el alumbramiento, a través de un trance de histeria colectiva, de lo nuevo. De aquello, como puede verse en las fotografías tomadas por Shao Yinong y Mu Chen de los cientos de auditorios abiertos por los guardias rojos para realizar sus autos de fe, sólo quedaron ruinas. Y a veces, ni éstas: no es del todo paradójico, en una tradición dada a la iconoclastia, que las pocas construcciones realizadas en nombre de la Revolución Cultural hayan sido destruidas para ser substituidos por imitaciones de la dinastía Qing o de otros estilos pretéritos.
De aquella nada, de ese grado cero al que la Revolución Cultural sometió a sus intelectuales, salió el arte contemporáneo chino, que todavía hubo de pasar por la prueba de Tiananmen. Y no deja de ser un tanto angustioso pensar que los más de dos billones de retratos estándar de Mao que se imprimieron y de las toneladas y toneladas de libros rojos que abreviaban su ideario e infestaron el planeta, quedó, por el Gran Timonel, un culto invertido, a la vez sacrílego y clasicista, iniciado, inadvertidamente, por Warhol. Es cosa de mirar a Li Shan y el llamado “pop político”, de asomarse a la sonrisa diabólica repetida una y mil veces en los monigotes de Yue Minjun o de apreciar a Liu Dahong y sus exvotos o de meditar ante la versión que Hu Jieming hizo de La barca de Medusa para corroborar que el vacío dejado por Mao, a la vez un letrado conservador que un innovador incendiario, sólo podía ser llenado por Mao... en la versión de Warhol. Antes de las Olimpiadas, en mayo pasado, uno de los principales acontecimientos culturales en China fue la exposición en homenaje a Andy Warhol que, respaldada por la casa Christie´s, se abrió en Hong Kong.
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(Publicado originalmente la semana pasada en el suplemento El ángel de Reforma)

Diálogo con el Ogro Estético (VIII): El alma de Kandinsky

Gerardo Munoz: Amigo Ogro, hoy me ha cegado tras su velocidad, el verdoso espectro del blaue reiter.

Ogro: Ya veo, te refieres al cuadro más representativo del movimiento del mismo nombre encabezado por Wassily Kandinsky y Franz Marc.

GM: Si Ogro, en efecto. Auque los impunes historiadores todavía discuten sobre el origen del paradigmático movimiento expresionista, con la obra Der Blaue Reiter podemos decir que es simplemente que se forma uno de los puntos de partida de la estética del movimiento de la vanguardia alemana. Vemos que el artista de las sinfonías pigmentadas todavía no ha logrado el sello estilístico dotado de la pura abstracción o los gestos geométricos que caracteriza su formación pictórica más madura. En este jinete solitario, sin embargo, ya comenzamos a vislumbrar una totalidad que se compone a través del color y del balance entre las sombras impresionistas rumbo a la abstracción moderna. Lo más interesante del lienzo de Kandinsky no es lo prematura de su estilo, ni la atomización unidimensional del lienzo, sino su iconografía. Por una montaña verde, el jinete recorre a toda carga en busca de ese destinatario que ignoramos. La fascinación por el caballo o el jinete se convierte en el eje central de la iconografía del joven Kandinsky, a tal punto que aparece mencionado en su Manifiesto sobre la esencial espiritual del arte. Para Kandinsky el caballo es entonces, y he aquí lo singular de este gran artista, símbolo de dos preocupaciones: por un lado el camino, la ruta que el jinete (el artista) se abre al concebir su obra y su destino; mientras que por otra tenemos también la concepción del jinete en la iconografía clásica de la historia del arte, y me refiero claro está, a la parábola mística divisada por San Juan en el libro de Apocalipsis. En ella se personifica la Apocalipsis a través de cuatro jinetes en sus respectivos caballos en diferentes colores (rojo, verde, negro, y blanco), cada uno con su significado de malestares sobre lo humano. Mientras digo esto puedo visualizar el terrible e imponente grabado de Durero de los 'Cuatro Jinetes' arrasando con todo a su paso, y uno de ellos con una inmensa espada en alto. El Jinete Azul de Kandinsky esconde este silencio entre lo apocalíptico en torno al destino del hombre moderno, a la vez que deja entre ver un gran optimismo, una redención concurrente (salvación) con su propuesta de fe sobre el arte. Como los estetas de su tiempo Kandinsky cree que solo el arte puede justificar la vida.

Ogro: Munoz, cada encuentro suyo, usted dispersa mis oidos con pretensiones catedráticas, sin dejar que el Otro, su querido Otro, para no decir Ogro, deje caer al menos la palabra en el poso. Solo le digo esto: el jinete de Kandinsky no solo es alegoría de lo espeluznante de lo apocalíptico, sino también un paseo por la naturaleza. No cree usted que tanto el caballo como el color verde del pasto representan una unión del hombre solitario con la naturaleza?

GM: Puedes tutearme querido Ogro, ya que algo nos conocemos. En cuanto a tu pregunta sobre la unión del hombre con la naturaleza, te respondo en lo positivo. Algo que perdió el hombre moderno en el curso breve de su condición fue precisamente el vinculo con su mundo maravilloso. Karl Marx nos advierte en su crítica económico/teológica sobre Hegel, que el hombre se encuentra distanciado y alienado totalmente del mundo natural. Kandinsky sintió eso mientras pintaba, y por eso opto en sus tardías obras por la representación de la forma en su pureza, o sea en la abstracción. El jinete se pudiera leer como el artista que cabalga hacia ese camino, que se sale de la humanización artística para entrar a otro mundo, a otro tiempo. Pintada a principios de siglo, la Gran Guerra dará paso al cuestionamiento del Dadaísmo y del existencialismo como sanadores de la Apocalipsis. En la obra de Kandinsky, no obstante, es imposible de discernir hacia donde se dirige el jinete, hacia la hecatombe de nuestra civilización o hacia una posible salvación del art pour art?

Ogro: Quizás nunca sabremos…

GM: Lo mismo creo yo. Aunque no quisiera leer a Kandinsky bajo la situación posmoderna de nuestra realidad, me inclino a pensar que el jinete está mas cerca de los bárbaros de la inmolación que de las apacigües luces que emiten una falsa estética para la vida.

Jacques Derrida sobre "El Perdon/Forgiveness" 2004

Nota:

Un reencuentro con la etica de Derrida sobre el perdon, donde se analiza lo que el filosofo llama la esencia del perdon incondicional, o llegar a perdonar aquellos que no a) no piden ser perdonados, b) no se han arrepentidos, y quizas no se arrepentiran, c) perdonarlos ontologicamente, no por sus hechos. Claro esta que es dificil de compreder al gran Derrida en nuestros tiempos, como la de Nietzsche el pensamiento del autor de Of Grammatology es para el futuro.

Sunday, November 16, 2008

Rubén Fuentes, exposición personal‏ en Gijón

El viernes pasado 14 de Noviembre se inauguró en el barrio antiguo de Gijón, Cimadevilla la exposición de pinturas "Crónicas de un Cubano en Europa" del artista matancero Rubén Fuentes González que seguirá en puesta hasta el 28 de este mes. Con la presencia de artista, se colgaron 21 obras todas realizadas desde su llegada a Gijón del 2007 al 2008. Aunque la mayoría de las obras fueron concebidas en las tierras cantábricas de Asturias, otras fueron hechas también en la ciudad de Valencia. Esta ciclo de acrílicos en cartulina, y oleos en tela, cierran un momento crítico en la visión plástica de Rubén.

Uno año de mutuos descubrimientos (tanto para la persona, como para la obra) de la riqueza infinita de la cultura ibérica, que ha sido incorporada en la amalgama de las otras inquietudes del artista; entre ellas la insularidad y esencia de Cuba, el budismo Zen, la filosofía occidental, y la música. La exposición fue todo un éxito, ya que estuvo acompañada de un performance de María Isabel Rodríguez, interpretaciones de una de las piezas más bellas del gran Leo Brower por el músico español Maza, y la participación de otros amantes del arte.

El artista desea agradecerle a la 'Fundación Alvargonzález' y a sus respectivos coordinadores por el evento. Me tomo este espacio también para agradercer a Rubén F. por haberme cedido el espacio de la critica y así haber podido colaborar con un texto en torno a su obra. Obra que taso como uno de los testimonios más interesantes de la actual pintura cubana .

Gerardo Munoz
Gainesville, 
Nov.16,2008

Friday, November 14, 2008

Arendt/Heidegger: epístola del amor y el perdón

Querida Isis Wirth,

Muchísimas gracias por este texto que me has dedicado, y que tan bien has articulado a traves de tu sutil prosa de bailarina rusa. Al leerlo me conmueve, un verbo que pocas veces uso, y logra esa bella relación, de la cual solo usted es capaz, entre la amistad en tiempos borrascosos y teleologías del desenfreno intelectual. Me llama la atención esta aseveración por parte de Arendt hacia Heidegger. Cito: "esta obra que te debe casi todo…". Aunque la sentencia es verdadera, no es así su contenido. Quizás podemos leerla como uno de sus ciegos elogios por ese maestro que le introdujo la belleza laberíntica de la filosofía, como una tolerancia por el "Otro", pero con sinceridad "The Human Condition" poco tiene que ver con la fenomenología del joven Heidegger, o con las tardías glosas del viejo Heidegger.

Lo raro de Arendt se encuentra en la incógnita de su carácter: como una persona con ese sentido total de la tradición judía y occidental pudo perdonar a un traidor? Aventuro a decir que ahí esta su grandeza, como aclaró Derrida en su conferencia sobre "Forgiveness" cuando habló en Sudáfrica sobre la esencia del perdón en la nación. El cubano tendrá que aprender mucho del pensamiento judio del siglo XX. Mientras escribo esta nota, me informan que mítines de repudio pueblan y acosan las calles de Miami, a propósito del concierto de Paulito F.G en un night-club de la ciudad. La violencia hacia el "Otro" es un factor primordial en nuestra discordia. Cuando hace unos meses escribí sobre Hannah Arendt y Leo Strauss a pedido de mi amigo el filosofo Emilio Ichikawa, tuvimos la oportunidad de polemizar sobre la centralidad e importancia de la figura de Arendt en nuestro futuro, el no muy lejano futuro de los cubanos. Que hacer con nuestros intelectuales? Que hacer con ese tapiz tan complejo que hacen del canon cubano, como bien nos recuerda R. Rojas, un muy estéril instrumento político?

Esto, sin dudas requiere de una reflexión mas calada, mas profunda que yo no tengo. Que puedo saber yo con veinte anos? Como Sokrates, yo cada dia se menos. Pero pienso que no muy lejos nuestro futuro, un posible discurso sobre la ética del perdón será necesario para unior un puente entre el yo y el otro. Desde luego, hablo del perdón dentro de un marco normativo, pero ese será nuestro gran debate insular. El exiliado siempre vuelve sobre el "otro", una reconciliación es inminente en este nuevo paradigma imaginario que hemos decido llamar como "post castrismo". Vuelvo a Heidegger.

Si Heidegger sigue esa tradición del filosofo romántico por excelencia, solitario, hundido entre los silencios de su sosegado bosque en las montañas de Todtnauberg, ahogado con los versículos tenebrosos del Hegel mas sintético, o sea el esteta feliz; Arendt es la filosofo(a) de la teoría política del debate publico, regresión hacia la polis. Arendt es la defensora de la "Doxa" sofista que el mismo Sókrates derribo con su infame elenco parasítico hacia la "Verdad", Arendt es el pluralismo que siempre ha estado ausente de toda filosofía Occidental. Por ello, Arendt nunca quiso el titulo de "filosofo(a)". Esto se debe primero a que "el filosofo", como la obra de Heidegger nos demuestra ,se preocupa por la ontología como centro: el "yo", la singularidad del Ser, mientras que el teórico político, o la teoría política abre la pluralidad en la praxis y reconoce al Otro, y a los otros. Segundo, pienso que el rechazo de Arendt al "filosofo" se debe un tanto al problema de género, aunque por suerte Arendt no estuvo de acuerdo con ninguna de las vagas y encandilas teorías feministas. Ser una "filosofa" era un imposibilidad, y Arendt no llegó hasta el punto derridiano de poder plantear y afirmar con un "Si/Yes!" de joyceano que el "filosofo del futuro" seria una mujer, un himen que se traga a la violencia falo-logos-(cas)centrista (bonita coincidencia – castrista, centralidad del logos, el recurso de todo método), como usted bien planteó sobre Platón o Pitágoras (por cierto este ultimo tuvo una circuncisión en Egipto, símbolo que une al Occidente con el Oriente, algo que se pierde con Platón, el 'Otro' muere, como mismo muere Bloom en el Ulises de Joyce, el judío en la inmensa cultura de la ontología del Occidente). La filosofía como gesto discursivo en el Occidente ha sido sujeto de especulación metafísica que niega al hombre(s), mientras que la practica activa y comunicativa de una Arendt, de un Habermas, afirma, reestabiliza, se ríe de las estructuras del poder en la Modernidad – reinventa las opciones normativas.

La apatía política de Heidegger fue lo que convirtió al autor de "Sein und Zeit" el galán ideólogo del nazismo. Sabemos por Benjamin que 'toda estetizacion de la politica termina en una sola cosa: guerra". Es precisamente esta 'no-participación' de lo intersubjetivo lo que Arendt analizó como la declinación total de la vita activa moderna, y la postura esencial de la banalidad del mal. Arendt cumple esa promesa: ser influida, ser judía, ser alemana, y "Ser" discípula de la indulgencia del gran enemigo de su pueblo en el siglo XX. Quien otra puede confersarnos esta verdad sino Hannah Arendt, la gran pensadora del desafío del perdón ?

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Gerardo Munoz
Gainesville, Fl 1:00 am
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**PS: La longitud del texto me obliga a pedir disculpas. Pero anoto lo siguiente: pocas veces se puede hablar con alguien (pido disculpas otra vez, iba a decir con una dama, lo cual me convertiría en una especie de Heidegger) sobre estas vislumbres totalizadoras. Le doy gracias a Isis Wirth por motivar estos intercambios. Ella allá lejos, en Munich, donde ocurrió todo - la viva historia, yo en la oscura biblioteca del saber, el infinito don y la ironía de Dios, parafraseando a Borges.

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Ernesto Menendez Conde responde a la polemica de Arendt y el perdon en su Lapiz y Nube

Tuesday, November 11, 2008

Napoleón, el Turco, y la pasión por el ajedrez (ensayo arqueológico)


- Para mi gentil amiga Isis Wirth, la connaisseur napoleónica mas ilustre que he conocido


Cuando en mayo de 1809 Napoleón junto a sus tropas marchó por las oblicuas tierras de Austria, rumbo a Viena, muchos fueron los que ya esperaban al Emperador para poder visitar y rendir honor ante sus pies en el palacio de Schonbrunn. De esos que estuvieron a los pies del emperador, la historia recuerda al misterioso Johann Maelzel, un eminente inventor de la época quien trataba de dar a conocer su última invención: un autómata ajedrecista. El "Turco", como se llamo el famoso robot que jugaba ajedrez del siglo dieciocho, puesto que el maniquí se vestía en atuendo oriental, con turbante y pipa, terminó siendo uno de los fenómenos tecnológicos mas atractivos para el siglo XVIII del continente Europeo, mientras que deslumbraba a personalidades como Edgar Allan Poe y a otros en sus viajes por Estados Unidos. El inventor Maelzel en si no fue el verdadero inventor del autómata jugador de ajedrez, sino el húngaro Wolfgan von Kempelen, quien después de muerto le había dejado el aparato a su hijo, y este lo vendió a Maelzel un año antes que Napoleón llegara a Austria, nos dice Tom Standage en su historia The Turk: The life and times of the eighteen Century chess playing machine. Ya en 1809 todo estuvo preparado para que el autómata deleitara al emperador sobre un tablero.
Los testimonios acerca del encuentro del "Turco", el ajedrecista simulacro, y el emperador han sido borrados o mitificados por el tiempo de la historia. Sabemos a través de Louis Constant Wairy, que Maezel le comentó a Napoleón que había sido el quien había inventado el autómata, y así fue como Napoleón permitió que el inventor presentara su muñeco en el palacio. Maelzel ubicó el aparato en el despacho del Príncipe Newchatel, según comenta Constant en sus memorias. Entre la maquina y Napoleón hubieron muchas partidas, pero ninguna instancia tan divertida como esa que nos relata la emoción de Napoleón al verse enfrentado a la maquina. Así Constant Wairy: "His Majesty took a chair, and sitting opposite of the automaton, said, Laughing: "Come on comrade, here is for us to!". Rápidamente el juego comenzó después de una señal gesticulada por el autómata. Nos comenta Constant en sus memorias: "the game opened, the Emperor made two or three moves, and intentionally a false one. The automaton paused and put the piece back on its place. His majesty cheated a second time; the automaton saluted again and confiscated the piece. His Majesty cheated for a third time. The automaton shook his head, and passing his hand over the chessboard, it upset the whole game". Se dice que las trampas de Napoleón se debían a que el tenia que comprobar primero el autómata (sus niveles básicos del juego) antes de comenzar a jugar. El emperador felicitó al inventor Maelzel por su invento y otra vez, esta en serio, se sentó frente a la maquina para una partida. De los juegos de Napoleón no mucho se ha podido saber a faltas de anotaciones y evidencias. Aunque existen diferentes fuentes sobre el evento, al parecer el General perdió más de un juego frente al autómata. Otros reportes que tomaron veinte años en salir sobre el evento, cuentan la rabia de Napoleón tras una derrota contra el "Turco", arrojando las piezas hacia el suelo y maldiciendo la inteligencia artificial del androide. Se puede concluir que estas anécdotas no son del todas falsas, pues Napoleón desde joven era un ávido y apasionado jugador de ajedrez (nivel medio/avanzado), y en los la ultima década del siglo XVIII se le veía frecuentar las mesas del Café de Regence de Paris demoliendo a sus opositores frente al tablero de la guerra.
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El legado de Napoleón en la historia del ajedrez ha sido mas bien una curiosidad fomentada por los entusiastas que por los logros teóricos del emperador en el tablero. Se dice (aunque de ello Eckermann no escribe nada) que Napoleón jugó una partida con Goethe en su primer encuentro, y Goethe se dejó ganar. Tampoco han quedado registradas las anotaciones de la partida. Sin embargo tenemos registros de la partida de Napoleón con Madame de Remusat, una bella doncella de la corta de Josefina. Recuerdo haber leído en "The Chess Queen" de Yalom que todavía en la Modernidad, o sea siglo XVIII y XIX, se les concedía la apertura del juego a las féminas con las piezas negras; una regla que ha cambiado totalmente hoy en día, pero que en su tiempo era un gesto simbólico para resaltar la mano blanca y delicada de la mujer con la pieza de brillante de ébano. Es interesante notar que el nacimiento de la pieza de la reina en el juego del ajedrez nace con la unificación española durante la Reconquista de Isabel "la católica", para borrar el pasado moro y sefardí hasta del mismo juego, ya que habían sido ellos quienes trasladaron el ajedrez desde el oriente a Córdoba, nace el personaje de la mujer como centro (es la pieza que mas poder tiene en la partida) del ajedrez. Durante el romanticismo, y sobre todo en la era Napoleónica, el ajedrez era parte de un espacio para el encuentro amoroso entre los burgueses europeos.

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Madame de Remusat fue una de las damas de honor de la Emperatriz Josefina quien convivió durante 6 años con los Bonaparte. El juego ocurrió en el castillo de Malmaisson en el mes de marzo de 1804. Según nos cuenta el historiador Manuel Golmayo esa noche que jugaba Bonaparte con la Madame Remusat coincidía el fusilamiento de uno de sus enemigos políticos, el duque de Enghien: " Esta famosa partida, típica del estilo impetuoso de Napoleón, dobla su interés histórico por las circunstancias dramáticas en que se desarrolló y la dejaron ligada al inicuo e injusto proceso de que fue víctima el nieto del príncipe de Condé y duque de Enghien, Luis Antonio Enrique de Borbón". En esta partida comprobamos como Napoleón comienza desplegando sus caballos, movida que acostumbraba hacer porque reproducía fielmente sus estrategias en el campo de batalla, donde como se sabe, solía abrir la lucha con la caballería para más tarde dar paso a su infantería que atacaba sobre a toda brecha. El estilo ajedrecístico de Napoleón se caracteriza por una espera del oponente, con el propósito de era la prolongación de su temperamento en el tablero, y buscar la sorpresa con meditadas combinaciones de alfil y caballo. Similar a sus batallas, el Córcega utilizaba estrategias que el enemigo jamás esperaría. Aunque hoy ya la apertura 'Napoleónica' de E-4 E-5, seguida por Reina F3 ha sido comprobada como pésima (pues obstaculiza la movilidad de los peones hacia el centro, lo que Phillidor llamó el "soul of chess", y también saca la dama muy anticipadamente), la originalidad a la hora de innovar era un rasgo imparcial en la elaboración mental de Napoleón cada vez que jugaba al ajedrez. En el juego contra Remusat tenemos los apuntes completos del estilo de juego de Napoleón.

Madame de Remusat (negras) – Napoleón (blancas)

1..., d6

Salida un poco conservadora

2. Cf3, e5
3. Cc3, f5
4. e4, fxe4
5. Cxe4, Cc6

Jugada mala, ya que le permitió a Napoleón afincarse al ataque.
6. Cfg5 d5

Interesante jugada, pero pienso en otras alternativas después de Cf6.

7. Dh5+, g6
8. Df3, Ch6
9. Cf6+ Re7
10. Cxd5+ Rd6
11. Ce4+

Buen ataque de Napo.
11..., Rxd5
12. Ac4+


El sacrificio del alfil blanco es decisivo, consiguiendo un mate en tres movimientos. Después del alfil a Ac4, se dice que el Emperador con la cabeza apoyada sobre su mano izquierda, citó unos versos de Corneille del acto IV, escena II de su obra Cinna

Quién perdona fácilmente, invita al delincuente:
Castiguemos al asesino, declaremos proscritos a los cómplices
¡Más qué! Siempre sangre, y siempre suplicios…
Y la sangre derramada de mil conjuras
Marcando mis días malditos.

12..., Rxc4 13. Db3+ Rd4

Napoleón seguía recitando los versos del acto V, escena II de Cinna, mientras dada un bello jaque mate:

Yo soy mi maestro así como del universo:
Lo soy y quiero serlo. ¡Oh siglos! ¡Oh memoria!
Conserva mi última victoria para siempre.
Yo triunfé hoy de manera justa
Lo que me recuerda que puedo llegar hasta vosotros.

14. Dd3++ mate

Agregando: “Os he dado jaque mate. Mañana os tomaréis el desquite. Hablemos ahora de otra cosa.”


Solo unos días después, el 18 de mayo de 1804, Napoleón sería en el Emperador de Francia, y solo catorce años mas tarde el emperador seguiría jugando al ajedrez en su exilio de Santa Elena. Se pueden encontrar anotaciones de sus juegos con Bertrand, uno de sus más fieles generales. Mas interesante aun es la anécdota de como dentro de un juego de ajedrez que se le fue regalado durante su exilio final de Santa Elena, se escondía un mapa secreto con instrucciones de cómo escapar del segundo exilio insular, pero como la historia indica Napoleon muere en la isla. Existe entre los jugadores e historiadores del ajedrez un dicho proveniente de la India, el posible lugar de origen del ajedrez, que nos advierte que el ajedrez es un 'pantano donde el elefante puede hundirse y el mosquito sobrevivir'. Napoleón fue el gigante total, el elefante mas lucido de su tiempo, pero socavó como en una partida de ajedrez, contra un mosquito. Para Napoleón, el ajedrez no fue más que una guerra misma: un microcosmo de la batalla continental, donde el adversario era la isla. Pero su destino fue la derrota, la belleza más bella según De Quincey. Fue derrotado, pero nunca se sabrá en cual batalla, ¿En la guerra de los colores opuestos del tablero de ajedrez o los campos de la degradante y atroz batalla de Waterloo?


Gerardo Munoz
Noviembre 10, 2008
University of Florida, Gainesville.

Monday, November 10, 2008

Crónicas de un cubano en Europa



INVITACION/ GALERIA EN GIJON
Aquí pego la invitación a la exposición "Crónicas de un cubano en Europa" del pintor matancero Rubén Fuentes que se estará presentando en la FUNDACION ALVARO GONZALEZ, el 14 de Noviembre en Gijón Asturias. Rubén Fuentes es uno de los pintores más talentosos que ha dado la última generación de la plástica cubana. 

Es un máximo heredero tanto de los ecuánimes paisajes de Tomas Sánchez, lo telúrico de Tapies y Josep i Genistar, como de las virtudes filosóficas/tecnológicas de un Arturo Cuenca, o un Torres Llorca. La exposición mostrará gran parte de los últimos trabajos del artista desde que salió de Cuba en rumbo a Asturias. La puesta estará acompañada de un pequeño catalogo con un breve texto mío sobre su pintura. Invito a ver la obra de este gran pintor a todos aquellos que disfrutan de la fuerza de la pintura. Pueden ver parte de la obra de Ruben en su pagina: Ruben Obras.

Thursday, November 6, 2008

"Krapp's Last Tape" de Samuel Beckett en Constant Theater: Un Quijote Posmoderno


Una vez inmerso en el mundo de Samuel Beckett, todo se vuelve más familiar, o tal vez podríamos decir, que el mundo se percibe como un íntimo tejido que misteriosamente habitamos. Los personajes de Beckett, como esos de Maurice Blanchot o los autómatas de Kafka, son encarnizados espejos de la condición del hombre en la posmodernidad de las sociedades capitalistas. Después de haber visto Waiting for Godot el Teatro Constant de la Universidad de la Florida, y este martes regresa ese placer que solo puede emanar la obra de Beckett, con su corto, pero lacerante monologo Krapp's Last Tape. Escrita hace exactamente cincuenta años, en 1958, este monologo de un solo personaje tiene la misma fuerza que los absurdos personajes del Godot, y la picardía de los momentos risueños de Endgame. Bajo la dirección de The San Quentin Drama Workshop, y magníficamente actuada por el actor Rick Chuchey, la obra no duró mas de cincuenta profundos minutos de silencio y reflexión.
Acompañado de mi amiga derrideana e historiadora de arte americano, Alexandra Challenger, entramos al teatro con ciertos pensamientos en cuanto al "Krapp" de Beckett. Pensamos que una obra con un solo personaje viejo, loco, cascarrabias, y con una maquina de grabar no podría ser menos que un paradigma de la condición del siglo XXI. El viejo Krapp es un personaje tan completo como el Alonso Quijano, o el viejo romántico de Nabokov, o sea un ser inmortal. La obra consta de este solo personaje, y fue una de las últimas obras escritas por Beckett. Entonces es también como si estuviéramos en presencia de un espejo del propio artista. El tema central de la obra es la afirmación de cada momento de la vida, esa protesta que Nietzsche acogió en su eterno retorno de la eternidad. Al final de la obra las carcajadas del viejo Krapp sentado en su buró se interrumpen por sus palabras de cuando era un joven. Se da cuenta que ha perdido toda su vida, y que ahora no es mas que un viejo solo con su memoria y sus anhelos; aun así dice Krapp: "No cambiaria nada para volver a ser ese joven". Krapp es la matriz moderna de la búsqueda de significado en el momento sacramental de la muerte. Como en los versos de Góngora o Quevedo, donde el apostrofe y las alegorías de la muerte conducen al poema hasta el final; en Beckett la muerte es la liberación misma, un final feliz, un final humano.
Si Don Quijote enloquece por estar dentro de una biblioteca, y si su pasión no es más que la patología por el libro, esa rutilante enfermedad libresca; la pasión del viejo Krapp se encuentra en las antípodas de Alonso Quijano o del memorable librero de Spitzweg que reaparece como un espectro en la novela de Canetti, Auto de Fe. Krapp es el fantasma fatigado por las intromisiones sonoras de lo acústico de la tecnología. Beckett, con una magia profética, se adelanta a los avatares de la comunicación de nuestro siglo XXI. La maquina de grabar con sus cintas es el medio de cautivar la memoria, de fijar los recuerdos para la posteridad. Oír para Krapp es volver a vivir, mientras que reconoce que la muerte se le viene encima y que ni las fugas del recuerdo, ni el "otro" yo de las voces de la grabadora puede salvar su pudoroso destino. La proliferación de los medios de comunicación marca la nueva era de la desimanación y la desunión del centralismo del Sujeto moderno. Aunque vemos en la obra de Beckett solo un personaje, el viejo Krapp, tenemos también la certeza de presenciar otros Krapp's a través del tiempo: ninguno es el verdadero, ya que la cinta y la voz que habita, destruye todo intento de demarcar lo real de lo fantasmagórico, como lo definió Walter Benjamin en el caso de Baudelaire. En Krapp's Last Tape, Beckett propone que miremos el destino del hombre moderno mas allá del sentido de la autoridad existencial y del miedo. El Krapp es la figura total de lo posmoderno, ya que el uso de la tecnología siempre divide y sirve como poder corrosivo del saber humano. Si recordamos que el mismo Lyotard decía que la fe sobre las metanarrativas modernas moririan al ser vistas desde la multidimensional red de información; Krapp también duda y muere de sus retazos de vida que escucha en su grabadora desde su solitario cuarto. Para Krapp la pregunta esencial es: "Quien he sido?". Beckett partiendo del Zarathustra de Nietzsche deja claro que el humano debe aprender a reír, como también debe aceptar la vejez como una estación violenta de nuestra condición absurda por el flujo de la información de nuestra era.
Volvemos al principio: al empezar la escena de la obra vemos a Krapp, viejo, con una sucia bata de baño, en pantuflas, dejando caer ininteligibles monosílabos hacia la audiencia (algo que se parecía a los insultos de los personajes de Ionesco en sus obras, en especial el Bald Soprano). Abre la gaveta de su buró y saca un banano. Lo pela, y arroja violentamente la cáscara hacia el suelo. Se maravilla frente al banano, y se ríe. Todos nos reímos con Krapp, todos volvemos a reir porque todos somos Krapp, y todos somos humanos en la era de la deshumanización. Lo único restante es maravillarse ante la naturaleza de un banano, o sea de lo superfluo y lo banal. Cada carcajada, cada sonrisa hacia lo absurdo es una nota testamentaria hacia un destino común y solitario – para Beckett, como lo fue para los macabros personajes de Dostoievski, la muerte y la vejez no es una derrota, sino otra movida en el juego de la vida.

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G.M.R
Noviembre 5, 2008
University of Florida, Gainesville.

Wednesday, November 5, 2008

Mr. Cornel West on the 'Post-Racial' Debate' of Obama



Obama ha ganado por un amplio margen, un indicador que ávidamente defiende la teoría de Barack Obama como una figura negra del discurso pos-racial. Pero, que significa ser un candidato "post-racial"? Es posible que Obama niegue su color (esa mascara que conforma la diferencia de una identidad como sentenciaba Frantz Fanon), y que aun siendo negro se ajuste a las reglas forjadas por una matriz de poder blanco? Como había dicho ya en el pasado comentario sobre "Obama el Orfeo", el presidente demócrata se encuentra en una confusa problemática: identidad vs. Historia, diferencia vs. Tradición. Aunque Obama ha ganado el voto negro, no es solo el negro el que lo eligió, sino también los blancos. Todos esperan de el, ya que el es la Historia. Quizás todo lo que logre será subordinado a nuestras construcciones imaginarias conducidas por el deseo utópico. Aquí el siempre lucido Cornel West analiza como Obama no conforma aun el arquetipo del concepto "posracial"; un término que apenas comienza a formularse.
Si la raza no fue el "factor" determinante para la victoria de Obama, todo indica que en la realidad practica el candidato si será visto como presidente afroamericano, quien tendrá que servir a ciertos grupos que aspiran a ser apoyados. El apostrofe final de las elecciones fueron las "lagrimas negras" (será un bolero?). El problema de lo posracial no es tanto sobre la eliminación de las "razas" como parte de las diferencias humanas, sino una paradoja de la imagen que enlaza la política social y la cultura histórica; el deber de lo esperado, y la función determinada. Es en esa dialéctica donde el problema reside, y probablemente donde próximamente se combatirá.
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G.M

Tuesday, November 4, 2008

OBAMA TAKES ALL: 338-156 ! (November 4-5, 2008)


"The road ahead will be long. Our climb will be steep. We may not get there in one year or even one term, but America -- I have never been more hopeful than I am tonight that we will get there. I promise you -- we as a people will get there,"
- Barack Obama, November 5 2004 Chicago

"I voted!" – Votando tres veces por Obama (crónica del viaje a las urnas)


Puse la alarma para las ochos menos veinte, pero me fue imposible levantar a esa hora después de haberme pasado la noche leyendo. Creo haberle dado como tres manotazos al reloj antes de por fin tirarme de la cama. Ya eran las ocho y diez. No se por que, pero me suponía una cola enorme en este día de votación. Me imaginaba también muchedumbres hondeando banderas, gritos, música cargada del habitual esperpento nacional. Nada de esto fue el caso. El cielo se pintaba de plata gris, y las caras de los peatones mostraban cierto descontento y apuro. Entreveía muchas caras mustias y sombrías, parecía que hoy, el día mas alegre de todos, la gente se encontraba triste.
Caminé ruta el centro de las urnas, el cual se encontraba en Reitz Union Ball Room del segundo piso. Subí las escaleras, y dos chicos me saludaron mientras entraba al salón de las urnas. Me indicaron como era el proceso, y entonces me acerqué a una viejita para enseñarle mi identificación y probar que era yo el votante en persona y no otro. Me dio una boleta metida dentro de una carpeta amarilla que leía en la cubierta "Secret Ballot" y me estacioné hacia la cabina mas cercana. Ahí empezaron los problemas. Lo primero fue fácil: rellenar las bolitas a favor de Obama/Biden, seleccionar los otros miembros demócratas, rellanar la casilla a favor de los derechos para los homosexuales, declinar la casilla de los impuestos para que los colegios comunitarios puedan recoger fondos de los contribuyentes (de todas formas los 'community-colleges' son lo que son: recintos para desempleados y subnormales), y el derecho a la propiedad para aquellos que no tengan status legal en el país. La boleta tenia además muchas otras opciones sobre el "wildlife" y la ecología, y otros temas locales. Al terminar camino con boleta en mano dentro del file siniestro hasta llegar a una maquina negra, donde se insertan los boletas. Cuando me propongo insertar mí boleta, me la regresa la primera vez. La segunda vez también. Una de las viejitas me dice que al parecer yo había "overvoted". Que era eso de "overvoted"? Al parecer un poco de tinta negra del plumón había marcado las dos opciones en la pregunta de los parques nacionales. Tuve que pedir otra boleta y comenzar por segunda vez. Cuando casi voy terminando mi segunda boleta, y me pongo ha revisar veo que había votado por McCain/Palin…No podía ser! Me encontraba tan aterrado, que verdaderamente consideré dejarlo así y votar por McCain, pero sabia que seria una marca eterna para toda la vida, aunque esto parezca una exageración. Vuelvo hacia las mesas de registración y pido otra boleta. Me miraron con cierta sorna, y seguramente pensaron que yo era un anarquista que me proponía sabotear las elecciones de Obama.
Por tercera y ultima vez, mas calmado y cauteloso, terminé la boleta sin errores. Volví hacia el aparato negro, y lancé mi boleta por la rendija mecánica. Esta vez si contó mi voto, y la viejita me obsequio, como a los niños cuando se portan bien, un regalito: una calcomanía de "I voted". Por ser mi primera votación no estuvo del todo mal: voté tres veces, aunque dos no contaran. Ahora falta que los otros voten bien. Si se equivocan hagan como yo. Aun si Obama pierde hoy, ya puedo estar tranquilo que voté mas de una vez por el.
Nov 4, 2008

Monday, November 3, 2008

Barack Obama, votar por el Orfeo Negro (reflexión)

Gerardo Munoz
Gainesville, FL.
Noviembre 3, 2008


Es verdad que Obama no es un santo, pero nadie realmente lo es. La situación en la nación durante estas elecciones; una mezcla de antipatía, desconfianza, y desasosiego, como ninguna otra elección en nuestros tiempos, nos exige una decisión firma y juiciosa. No hablo solamente de la debacle económica en la esfera domestica del país, sino de los problemas que enfrentamos en nuestra casa "globalizada" que cada día que pasa parece mas un manicomio que un mundo pos-civilizado del siglo XXI. Hacia el siglo XVIII filósofos como Edmund Burke, Kant, y luego Augusto Comte, creyeron firmemente en el progreso de la humanidad – sin embargo, sus proyectos de esperanzas se desmoronaron, mientras que ahora es el espectro de Spengler quien nos persigue. Presenciamos a una bélica Rusia que parece reaparecer como un barco que emerge de la espuma roja de la Guerra Fría, mientras que por otros horizontes el circo del saltimbanqui de Hugo Chávez en Venezuela va haciendo de las suyas, aunque, dicho sea de paso, ni el Chavez, ni el parlanchín presidente de Irán, representan amenzas para los Estados Unidos. A esto le podemos sumar la guerra en Irak, y la otra infinita guerra contra el terrorismo que continúa en marcha. Quien sea que gane las elecciones la presidencia, enfrentará una plétora de problemas que ha dejado en la mesa de juegos el "lame duck" Bush. Si ocho años bajo el liderazgo de George W. Bush, el país ha quedado en ruinas, ¿que podemos de esperar de John McCain? Pueda que lo dicho suene tópico, pero en verdad para políticas viejas y beligerantes ya tuvimos la de Bush en doble bandeja. Elegir a John McCain para la presidencia seria volver a las continuidades de una vieja agenda fracasada, o sea que votar por McCain no es una opción. Al menos, como nos señalan todas las estadísticas y encuestas, Obama será el ganador; pero nos queda todavia la realidad del día de "mañana" para ver como las masas se compartan ante un candidato tan inusual en la historia de este modesto pais.

No hay ansias ni confusión al respecto del candidato a votar: hay que votar por Obama. Lo que consterna es como votaran los otros, ya que como confirma Platón y lo comprueba las elecciones del 2004, la democracia puede ser un carnaval para brutos. La personalidad de Obama – su brillantez a la hora de impartir sus discursos, su impulso esperanzador, su inteligencia e historial personal, pudieran ser los atributos a olvidar por las masas. Mi escepticismo en las masas, es como el de Elías Canetti sobre la muchedumbre: el hombre pierde su esencia, y se deja llevar por los otros. Votar por Obama resulta, desde la perspectiva de la Historia, tan radical como votar por McCain. Si votar por McCain seria votar por la miseria y la continuidad de un país en "llamas"; votar por Obama seria votar por un desconocido, que aportaría consigo incalculables riesgos para la nación. Votar por Obama en la conciencia del americano, significa votar contra su "identidad" nacional a nivel simbólico. Si Obama logra el voto popular y electoral, seria el estallido de esa "clash of civilizations" de la cual hablaba Samuel Huntington hace unos años atrás. Salvo la derecha intransigente; las masas, es lógico, quieren un cambio que les mejore su citación micro-económica. Ello le suma una ventaja práctica a Obama, aunque esta no sea una ventaja psicológica. Obama pudiera estar perdido a nivel simbólico de lo que representa la "nación" – esa comunidad imaginaria de la Modernidad.

Podemos decir que el paradigma en la historia de Estados Unidos en cuanto a la Presidencia no ha cambiado en doscientos años. El mismo presidente, o arquetipo de presidente desde el mandato de George Washington, ha sido el mismo. Se entiende que el presidente es un hombre, de piel blanca, protestante (excepción con Kennedy, pero sabemos su final), y patriota. Barack Obama no parece portador de ninguna de estas cualidades históricas, pero sin embargo ha llegado a la nominación y candidatura del partido demócrata. El presidente como institución nacional es parte de todo un engranaje memorial en la abstracción de las masas que solo se decidirá en el día de las elecciones. Obama tiene toda una memoria colectiva a su desventaja, ya que el es prácticamente el "Otro" en términos de identidad. Dos metáforas inmateriales compiten en esta campana electoral: por un lado la mejora económica del individuo, y por otra, una manifestación violenta contra la propia historia nacional. Si la historia juega un papel importante en la victoria política, la figura de Obama también ha sido fabricada como un símbolo anti-nacional por la derecha. Una de las formas que ha sido manufacturado, es esa del "socialista", una especie Robin Hood que le quitará a los ricos para darle a los pobres. Todo una fuerza mediática ha podido sustentar la creación del mito de la fórmula "Obama + Programas Sociales= Comunismo" para lograr la victoria de McCain. Con la ayuda de los "slogans" de la campaña , la derecha ha ido tergiversando la imagen de Obama para falsificar sus verdaderas propuestas. Locuciones como "el cambio", la "esperanza", el "otro empezar", se leen bajo una codificación Neo-McCarthista que se propone unir el arcaico discurso de Guerra Fría con disparatados analisis sobre el miedo a la globalización y al Islam como religion terrorista (cuando en verdad solo menos del 2% en el mundo Islámico es parte del radicalismo del Islam, algo completamente insignificante). Estados Unidos y su derecha han ambientado por todos los francos una diatriba política que pinta y desfigura al Obama como un extranjero. Este discurso se fomenta a través de alusiones a su pasado islamista o amigos comunistas. Todos parecen haber olvidado las conexiones de la familia Bush con los Saudis, o como grandes gerentes de Transnacionales fueron hippies y miembros de la Nueva Izquierda Maoísta en los años sesenta. Aun si Obama fuese comunista o ferviente creyente del Islam, es absurdo creer que Obama pudiera perturbar el funcionalismo institucional de las estructurales gubernamentales. Aunque las relaciones personales de Obama con el intolerante predicador Wright, y sus antiguas afiliaciones con los Weatherman han causado cierta modorra en torno a su persona, esto se debe leer bajo el signo de la publicidad y de la táctica opositora para crear un "shock effect", y no como parte de una realidad.

El tema esencial para mi sigue siendo la raza, aunque algunos expertos digan que el factor Bradley ya no tiene peso. No hablo del racismo como tal, sino del racismo como marca perenne en la memoria colectiva de la conciencia de este pueblo. Obama ha tratado durante un año de campaña; suspender y mantener en la invisibilidad el tema de los negros en su discurso, pero me temo que el efecto será lo opuesto: ese mismo silencio, como decían los antiguos poetas chinos, ha dicho más que mil palabras. Si el racismo a nivel de Estado en Estados Unidos ha mejorado en las ultimas cuatro décadas (Rebecca Kook, ha argumentado que las libertades y derechos cívicos y sociales se han otorgado, pero todavía el negro no forma parte de la reproducción de una identidad de Estado), las masas siguen poseídas por el estigma del color de piel. Este tema suele envolverse en una paradoja. Por un lado los americanos se han integrado (o han integrado) a la cultura popular del 'rap', a la moda de los afroamericanos, y a su jerga coloquial, salvo que a la hora de cargos "serios" el negro siempre es excluido de la normalidad. Para las masas americanas, el negro es un objeto a imitar como producto de comodidad, pero no conforma el líder de una identidad, y muchos menos de una nación. El continúo silencio de Obama, ha puesto en relieve el tema del racismo. Ya Cornell West, por ejemplo, se ha percatado como Obama ha preferido quedarse en el limbo del marco de la identidad. Pocas veces ha evocado su pasado negro o blanco. Obama se encuentra entre esa encrucijada política de callar para ganar votos de blancos (el silencio sobre la raza es el reconocimiento del racismo en las masas) y por otra parte, poner su color a fondo para ganar a la demográfica afroamericana. Sus amigos, patrocinadores, preferencias musicales dan a entender a veces que Obama es también un negro minoritario, otras veces aparece como el estudiante de Harvard, y hombre cosmopolita. Obama, como el Orfeo negro, sabe cuando cantar y cuando callar; esta habilidad meta-discursiva pueda que resulte en ese "upset" de McCain, y de su derrota a la hora cero de la decisión.

Obama, aun cuando es el candidato mas apto para las circunstancias por las cuales atraviesa la nación americana, es el candidato de la duda en los ojos de las masas. Parafraseando a Kierkegaard sobre la esencia de la duda, para el hombre moderno siempre es mejor vivir en el vacío de la credulidad que creer en la existencia cruda. No quiero comparar a Dios como Obama, sino ilustrar que la duda es análoga en el caso del candidato democrata. McCain, por su parte, es la cara de la historia, la estampa de lo eterno, el hombre de la seguridad simbólica, y también el patriota de la nación.

Mi escepticismo no cuestiona la figura de Obama, sino la posibilidad de cambio en la memoria histórica de Estados Unidos. ¿Podrán los hijos de Whitman cambiar su pasado? Parece que la respuesta solo lo tendremos cuando se decida el ganador mañana, cuatro de noviembre. Por ahora, podemos decir que gane quien gane la democracia en Estados Unidos seguirá en pie, las instituciones se mantendrán intactas, los derechos serán respetados, y su hegemonía continuara en el globo. No hay mucho que temer, solo esto: el tema fundamental de la discordia es a nivel de clase social, y no a nivel nacional. De no ganar Barack Obama, moriría el Orfeo negro, que cantaria el fallecimiento de la clase media. Voto por Obama porque el silogismo me lo exige:

(i) Como soy hombre de clase media no quiero morir,
(ii) y si mi vida está en peligro;
(iii) :. no tengo otra alternativa que salvarme, quiero decir, votar por Obama.

Saturday, November 1, 2008

La pupila del turista: tipología fotográfica de una ciudad imaginaria



Entre las mejores noticias que trae Flickr para la fotografía, ya lo he dicho: la democratización. Novedad que incluye, en primerísimo lugar, la democratización del cliché. Desde el comienzo, la fotografía alteró nuestras nociones acerca de qué valía la pena mirar y qué teníamos derecho a observar (Sontag dixit). Pero eso fue antes de Flickr, asesinato blando de la fotografía como arte elitista. Hoy el poder del cliché fotográfico no emana tanto de la mirada manipulada sino del podio que la galería —o la prensa— le conceden a esa mirada. En la abigarrada narrativa visual que desde esas elevaciones consagra a La Habana como la ciudad más fotogénica de América Latina pueden distinguirse, con facilidad, tres estereotipos. Sumados, vendrían a ser algo así como la mirada turística por excelencia:
La cubana, se sabe, es la perla (negra) del Edén. Y La Habana es epítome de sensualidad tropical. Lo dicen todos los folletos, y mil anuncios que juegan a mezclar el sexo con el deporte de aventura. El mejor análisis del tema está en Plataforma, la novela de Houellebecq. El cliché cotidiano se desarrolla en numerosas narrativas callejeras, que van desde un fotorreportaje sobre las jineteras hasta la mirada pedófila que se recrea en una multitud de pequeñas lolitas con pañoleta. Yo sólo puedo imaginar el placer que puede provocarle a un turista capitalista follarse a una lolita comunista. Pero que a Cuba se va a templar lo sabe todo el mundo, y sobre todo, las agencias de viaje. Hay una abundante producción visual, más o menos descarnada, que se acerca a ese significado promocional. La consagración de este estereotipo puede alcanzar también momentos depuradísimos, que se convierten en arte justo cuando rozan la inutilidad de un silencioso soft porno en locaciones donde lo normal resultaría “métemela más duro, papi”. Tal sería el caso de estas fotos de Thierry Le Gouès, recogidas en su libro Superfinos Popular, donde la promesa del sexo en cuarterías de Centro Habana se eleva, silenciosamente, a la categoría de deporte africano. No por gusto, Thierry ha hecho, también, una espectacular campaña para Nike.

 Como un museo de los años 50, donde sólo dejaran entrar a canadienses veinteañeros. Un set. Un mundo en cámara lenta, bañado por una luz artificial, que evoca un dramatismo imposible. El pionerito que juega entre coches de los 50 nunca ha visto coches de los 50 sino “almendrones”. Y las citas de Our man in Havana son recuerdos inventados para ese falso dandy que todos los becarios de Ceiba Uno llevamos dentro. Un buen ejemplo de esta confusión son dos series de Philip Lorca DiCorcia que enloquecieron a la crítica neoyorkina: aquella titulada “Two hours”, por ejemplo, donde una calle habanera quedaba paralizada durante dos horas, o la fallida “Cuba Libre”, concebida para la revista W. (marzo del 2000), donde en intenso contraste con la libreta del MINCIN, La Habana se convertía en escenario davidlyncheano para confecciones de alta costura (Giorgio Armandi, Nina Ricci o Calvin Klein, entre otros) bajo el lema: “Havana was once a nightclub hotspot. These days, it’s the perfect backdrop for sober day clothes or racy little evening looks. Think brief, briefer, briefest.”


Havana (2001) de Robert Polidori, claro, y los males asociados. ¿Se acuerdan de aquella división que hacía la Sontag entre fotógrafos “científicos”, dedicados a fríos inventarios, y fotógrafos “moralistas”, consagrados en exclusiva a los “casos difíciles”? Polidori la superó. Su catálogo de las ruinas habaneras tiene una frialdad versallesca que siempre me ha parecido profundamente aburrida. “Bueno —se dirá—, se trata de la belleza de lo que está desapareciendo”. Pues no: se trata de los jirones pintarrajeados de algo que desapareció hace mucho, y en los cuales se intenta insuflar un aire de grandeza perdida. No es el miserable que custodia un tesoro porque ya no hay tesoro, más allá de una nostalgia que Polidori no consigue sentir —ni trasmitir. (Ni siquiera son originales: Michael Eastman, heredero de Evans, es mucho mejor a la hora de fotografiar esta hipotética Vanishing Havana).Las postales de Polidori no tienen ni las virtudes del conocimiento minucioso ni las del azar revelador. Son vistas fijas de una catástrofe social disfrazada de metafísica urbana. Y así como sus fotografías de la tragedia del Katrina—ya lo dijo Kimmelman en su momento—, tienen más de esteticismo que de indagación moral (y por eso han podido ser usadas en campañas publicitarias sin mayores problemas de conciencia), sus visiones de una Habana en ruinas incitan a confundir la colección de pecios con el retrato del tiempo detenido.

Estos tres paradigmas, que tal vez enumero con demasiada rapidez, no son los únicos aunque sí los más evidentes lastres de una mirada turística que ha masacrado La Habana durante los últimos 20 años. Suelen ir asociados, o mejor, gustan de aparearse obscenamente. Pero de vez en cuando, cuando me meto en Flickr y busco La Habana, me doy cuenta de que su imperio visivo tiene los días contados. ¿Cómo podría lo turístico como estética sobrevivir a la avalancha de verdaderos turistas, todos armados con cámaras digitales? Y no es sólo porque ya cualquiera pueda citar los clichés (y en la fotografía, como en cualquier cubículo del Arte, la proliferación de imitaciones desgasta irremediablemente el prestigio del original) sino porque la proliferación de fotógrafos espontáneos y el uso extendido de las nuevas tecnologías ha empezado a formar, lenta pero inexorablemente, otra mirada: una auténtica ficción urbana que por un lado redefine la experiencia ordinaria y por otro nos regala a veces la bendición de la originalidad.

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Ernesto Hernández Busto
Barcelona, 2008

Noveno Puente Ecfratico: Williams Carlos Williams/ Brughel (traducción de Gerardo Munoz)


Paisaje con la caída de Ícaro por W.C.Williams
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Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era todavía primavera

y un labrador araba
su tierra
todo el esplendor

del año estaba
zumbando despierto
cerca

de la costa del mar
turbado
consigo mismo

sudando en el sol
las alas de cera
derretidas

diminuto
junto a la costa
un

chapoteo inadvertido
era
Ícaro que se ahogaba.