Friday, January 16, 2009

Diálogo con el Ogro Estético (X): El gorrión de Ryder


Gerardo M: Querido Ogro, fíjate que empiezo el año muy pesimista. Como T.S. Eliot creo que la primavera es la estación más triste del año, donde el frío te estremece con su hielo, cielo gris y donde las flores nacen y se entierran en la tierra. Todo un sacrilegio natural. Creo entonces que no es casualidad, ni mucho menos, por causalidad, que he visto en mi galería de espectros hoy al "Pájaro Muerto" de Albert Ryder.

Ogro: Te refieres me imagino a esa sombría y monstruosa tela que muestra un gorrión muerto, que a su vez, es el único personaje en la creación de esta pintura de Ryder?

GM: Si, hablo de esa pintura del pintor Americano del siglo XIX, quien como pocos, fue mas allá a la hora de creación sutiles alegorías de la condición del hombre y de su tiempo. En esta pintura vemos algo aterrador, algo bellamente patético: un gorrión, símbolo de inocencia y libertad, acostado, podríamos decir que casi "pegado" (como un collage de Braque o Picasso) al lienzo, en el centro del cuadro; mientras que el fondo, un opaco rasado, nos vuelve a recordar que estamos frente a esa encrucijada entre lo inocente y su teleología de la declamación. Una vuelta ecfratica aquí me hace recordar a William Blake en sus poemas de Songs of Innocence, cuando le canta a un pobre niño, o al momento en que la rosa del amor es penetrada por el gusano de la muerte. Ryder, sin embargo, no hace uso de la metáfora, ni de los tropos literarios para llegar al raquítico momento de nuestra realidad: todo se conduce a la muerte, aun la belleza – podría decir con mucha honestidad tanto el pintor como los otros decadentistas franceses del momento.

Ogro: Pero también veo una especie de uncanny, como si el pájaro estuviese vivo…mirándonos, quizás. Por el momento, parece caerse de la tela. Nos crees esto Munoz?

GM: En efecto Ogro, y es esto una de los aspectos pictóricos de la técnica de Ryder que mas me llama la atención. Por un lado, la tensión entre la belleza inocente, mientras que por el otro un sentido total por la dúctil, lo flexible, la plasticidad que existe en la misma vida de los animales y de los hombres, la pintura, el roce y la vista. Todo se encuentra en esta pintura. No es muy difícil entender lo que quiso decirnos Ryder con esta obra. Una vez que su padre murió, Ryder se dedico a la casería del pasado: ese recinto ruinoso y hostil que nos puede llevar al abandono de nuestro presento homogéneo. Se dice que Ryder vivía en su casa como un ermitaño franciscano, bajo las telas de aranas que colgaban desde las esquinas del techo, varias capas de polvo, rastros de comida, y hasta fúnebres olores de estiércol. Ryder, entonces, nunca mas pinto; sino que repintó. Volvió, una y otra vez, sobre cada una de sus obras, a las crueles nunca dejo secar. Cada una de ellas las consideraba como caudales de un perpetuo río de la muerte, y nunca quiso resignarse a ese injusto menosprecio por la "obra acabada". El pájaro de Ryder es una síntesis de esa preocupación maldita: el futuro de la obra, aun después de que el pintor deje de existir, no llegará a ser terminada. Ryder, sin embargo, ignoró que la otra parte de la obra no se encontraba ni en los cambios tonales de sus colores (los cuales cambio una y otra vez durante más de dos décadas), sino en las miradas de los lectores, de esa pupila viñera que recrea el lago de la quietud contingente.

Ogro: Es una lastima Munoz, porque casi todas las obras de Ryder hoy en día están al borde de su desaparición. Muchos comisarios y "curatos", advierten que el proceso de Ryder hizo de cada pintura una momia para el futro, y es por ello que cuando vemos un cuadro de Ryder solo parece que miramos grietas del desierto de Las Mil y Una Noche.

G.M: Tienes mucha razón en aclarar esa cuestión técnica, ya que Ryder quizás hizo (como Pollock mantuvo después) que el arte, su arte, no era eterno y ni esta hecho para ser colgado en las ficticias y pulcras paredes de los museos. En ese gorrión, moribundo y soñoliento, se encuentra la deformación pictórica del gran pintor: pintar para construir ruinas, para agrietar y para llenar el presente con una burla hacia el futuro. En otro de sus cuadros muestra la muerte a caballo, tras un oscuro paisaje del Midwest americano. Hoy, ese lienzo, como todos los suyos están al punto de ser no más que cenizas cromáticas. Lo extraño, la contribución mayor de Ryder, consistente precisamente en esto: implementar en el lienzo la decadencia de las cosas, el paso del tiempo; la muerte misma.

Ogro: Ningún hombre puede dejar de pensar en la muerte…recuerdo las palabras de Octavio Paz. Pero puede un hombre vivir sin Arte?

G.M:
Ogro, tus preguntas, resuenan como los alfileres en el manto metálico. Fíjate que no soy Sócrates, y por ello, tengo una respuesta: No. El hombre no pudiera vivir sin el arte, y creo que el propio Ryder es ejemplo de mi aseveración. Estando muerto en vida, en los subsuelos del corazón de la America democrática, Ryder encontró una vía para crear su presente. Como para nosotros, para este pintor, el futuro solo fue un ensueño.

2 comments:

Ernesto Menéndez-Conde said...

he disfrutado mucho este escrito Gerardo, en el que evidentemente aprovechas muy libremente el trabajo de Albert Ryder (que, dicho sea de paso, no conocia). Saludos,
Ernesto.

GerardoFilosofo said...

E,
Gracias, si lo acepto, estos dialogos son muy libres, casi que analogos al fluir de la conciencia, pero a-lo-pictorico. Parece increible pero es cierto: de aqui a tres decadas, quizas todos los Ryder's desapareceran.

Gerardo