Sunday, January 4, 2009

"Postcapital y Atopía" por Iván de la Nuez

El comienzo del siglo XXI describe un síntoma urbano sobrecogedor y al mismo tiempo irrevocable: la ciudad occidental abandona sus antiguas funciones -las funciones de la vida moderna- y empieza a ser “otra cosa”. Como un monstruo independiente que se desarraiga de sus pasadas pertenencias, se ha situado en una dimensión posterior. Así, la ciudad como territorio de congregación y trabajo, ha dado paso a la ciudad como ámbito de atomización y de ocio (o desempleo); el perímetro que hasta hace muy poco funcionó como fantasía de encuentro y realización se transforma ante nuestros ojos en un espacio de pérdida y fracaso; la ciudad concreta pierde sus contornos y da lugar a la ciudad abstracta. De modo que eso que continuamos llamando “la ciudad”, ha desembocado en lo que muy bien podría comprenderse como una entidad postcapital, en el doble sentido de este concepto.
En parte, por alusión al hundimiento de su antigua función de representación (la ciudad como capital de un país, un Estado, una nación, una comunidad) y, en parte, por el sentido de su ubicación en el poscapitalismo, en un tiempo en el cual los hechos urbanos vienen marcados por nuevas economías en las que el ritmo del capital, como sucede con la música electrónica, en vez de producirse se programa; en lugar de reproducirse, simplemente comienza a reiterarse.
Esa es la razón por la cual, en algunas ocasiones, los sujetos que se desplazan por las nuevas tramas urbanas parecen petrificados y absortos, convertidos en seres mecánicos; sonámbulos habitantes de unos mundos que bien pudiéramos nombrar atopías. Es decir, espacios que no se convierten en lugares concretos pero que tampoco podemos considerar utópicos. No están por alcanzar, sino que han quedado detrás de nuestra experiencia y, si bien ya no parece posible que regresemos a ellos, tampoco se nos dibujan, como una meta, en el firmamento. Tal vez lo que hoy habitamos no es necesariamente una ciudad, sino un estadio posterior en el que, por otra parte, fuera de la experiencia urbana, ya no queda casi nada. Acaso estemos en ese punto en el que la ciudad, como una cámara fotográfica en las manos de un turista, ha pasado a convertirse en una herramienta, un “útil” -como un antiguo disco de vinilo en la maleta de un DJ.

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