Sunday, February 8, 2009

Ezra Pound, u otra versión del Intelectual Orgánico en 1933


"I am more like a Mad Poet" - Benito Mussolini.


En los años cincuenta y sesenta, tras las publicaciones de la editorial de Carlos Barral en Cataluña (Seix-Barral, hoy unidos a la familia corporativa de Planeta), el mundo Hispánico comenzó a enamorarse de la idea del "intelectual orgánico" tal y como la presentaba Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la Prisión. Las traducciones de Cesare Pavese también poblaron los espacios de la Ciudad Letrada. Los sucesos ideológicos, al menos en America Latina, se dan entonces por influencia de estas idea, por los cuales los debates entre la revisión marxista italiana y las teorías del leninismo marxista ortodoxo entran en dialogo (no mucho después la teoría de la Dependencia valdría a valerse de las suyas): aparece una fina línea entre el pasado conocido, y la apertura de un conocimiento socialista con cara humana para reconstruir el lacerado rostro de America Latina. Alejo Carpentier y el Grupo Minorista, por citar una de las tesis que más me parecen del momento y de años precursores, sitúa un listado de relaciones en un plano histórico de simultaneidad: aparece en America Latina el pensamiento Marxista, el Trotskismo con la llegada de León Trostksy a México, el arte muralista comprometido de Diego Rivera y de Clemente Orozco, las revistas anarquistas en el cono sur y la Revista de Avance en la Habana, en el 33' J.A Mella toma las armas y pronto se derrota a Gerardo Machado. Por el otro lado del hemisferio, los escritores de Hispanoamérica (Paz, Guillen, Pellicer, Neruda, Carpentier) viajan a la España de la Guerra Civil, como defensores de republicanismo rojo. El intelectual se convertía en la figura del intelectual orgánico, avant la lettre, de las páginas de Antonio Gramsci o del tardío Che de manuales. No se trata de un proceso de homogeneidad, ni mucho menos de conciencia historicista, sino de un fenómeno ambiental: un episteme de un presente. Los lectores de esta nota podrán encontrar al menos una versión de otro intelectual.

El mundo anglosajón durante estos años franqueaba otros caminos. El "High Modernism" del Imaginismo servia de escudo para todo vinculo social y para celebrar un arte por arte enmascarado. El arte puro siempre es una mascara: más que ningún otra estética, el arte puro puede llevar la pureza de un pensamiento político condensado dentro de una estructura fantasmal que se niega a si misma, y que niega una abierta posición ideológica. El caso de Ezra Pound, no es el único ha notar, sino el mas extraño; quizás el que mas irradia surrealismo de la violencia poética en el campo cultural. Una incursión derrideana encaja: ya y ahora el 33 es una traza significante entre intelectualidad y poder: el fantasma de Mella pelea entre las columnas de La Habana en Cuba, mientras que Ezra Pound por primera vez se da cita con Il Duce, en Italia. Lleva en sus manos una carpeta en donde guarda los escritos sobre economía (notas e ideogramas) con el fin de presentar su propuesta de las teorías económicas, las cuales servirían para complementar el desarrollo nacional del Fascismo Italiano.

La economía de Pound no fue más que poesía. Humo en la Historia. Pero al igual que desde su origen, como nos recuerdan tanto Horkheimer como Hannah Arendt, el totalitarismo Fascista erige su propia tumba y destrucción, también de ese mismo modo, desde las concepciones estéticas, en Ezra Pound la destrucción es interna. Todo comienza con el lejano Oriente y la pertinente fascinación por los caligramas chinos. El canjeo político de Pound no se trata de un intercambio tangible y visceral entre las cúspides ideológicas del fascismo y un poeta, sino desde la internalización de la estructura de una misma poética. Ernesto Hernández Busto, ha completado un diáfano trazo en su perfil sobre Pound, donde analiza la línea de la importancia del dinero (de la moneda tangible; el Zahir de Borges) como una norma clasicista que Pound sustrae de Confucio y de la China Imperial como ataque a la Modernidad. El judío, por consecuente, es figurado como tropo del ladrón de ovejas, o mejor, como el tropo del usuro. Esta lectura, más allá de su impúdico pedigrí, pudiera servir como una hipótesis entre una axiología ontológica de la estética de un poeta y una política en declinación (otros ejemplos que seria notorios de estudiar son los siguientes, aunque dejo muchos en el tintero: Pablo Neruda y Stalin, Aragón o Víctor Manuel y Franco, Rubén Darío y el Imperio Británico, Carilda Oliver y Fidel Castro. Una variante de la pregunta es esta: dónde reside el poder? Cómo se da el intercambio simbólico?). Es por esto que la distancia es corta en la temática de los Cantos de Pound: vamos de Confucio y los budistas, al análisis monetario de Hart Benton o la paleontología de Louis Agassiz. La relación entre un compromiso, sobre todo en el caso fascista, no debe leerse como una influencia de orden sacrificial o de un organismo del individuo, sino como algo mas secreto aun, como una realización de la forma externa de una poética – quizás, la inversión dialéctica del pronunciamiento poético de Mussolini: la instauración de la vida fascista, a cambio de la estatización de la política. En la figura de Ezra Pound, metonimia de los Cantos no queda absuelta del compromiso político y del resquebrajamiento moral, pero tampoco lo está el poeta que niega su compromiso y que busca la sombra. El nombre de Pound es solo eso: la realidad de una sombra puesta a la luz.

____
Gerardo Munoz
Febrero 2009.
Gainesville, FL.

No comments: