Friday, March 20, 2009

Las Fabulas de Humberto Castro por Ernesto Menéndez Conde (*)


Desde mediados de la década de los ochenta el pintor cubano Humberto Castro por primera vez expuso en La Habana, el cuerpo se ha convertido en el leitmotiv que le otorga continuidad en los diferentes periodos de su obra. El hombre ha sido el tema central de su arte, pues a través de cuerpo humano, muchas veces en aislado y perdido en paisajes enigmáticos, es donde Humberto Castro ofrece imágenes de la incertidumbres tanto psicológicas como existenciales, las cuales son características inherentes de las nuestras sociedades contemporáneas. Sus lienzos e instalaciones se encuentran en relación con la falta de comunicación, la soledad, y la agresividad del hombre en el mundo actual. En su nueva exposición, "Fabulas Contemporáneas", la cual se inauguró en el "ArtSpace Galleries" conduce levemente hacia nuevas rutas. Castro esta vez explora el rol del subconsciente y del ensueño en nuestras vidas.

No es azaroso que el lugar de los antiguos mitos (como el de Edipo, Narciso, Orfeo, o Leda) en la vida contemporánea fuese tan notado por los pintores abstractos de la Escuela de Nueva York siguiendo los pasos de Freud y los surrealistas. Los mitos en la vida contemporánea se relacionan con la angustia existencial que para los aristas americanos se expresa a través de la violencia, lo aleatorio, y el caos. En "Fabulas Contemporáneas", Castro hace uso de los bruscos gestos expresionistas y fondos dúctiles para crear ese sentido existencial en la forma del uncanny. Su mundo es binario: lírico y hostil.

"Fabulas Contemporáneas" son relatos de lo absurdo. Ellos ilustran imágenes como si fuesen extraídas de una indescifrable pesadilla. En estas nuevas pinturas el sentido espacial se caracteriza por lo poético y lo sugestivo. La iconografía, por su parte, tiene mucho que ver con la lógica de los sueños: figuras que flotan en el vacío, hombrecitos perdidos en bosques circulares y temerosos; botes en metamorfosis, animales y ramas. A diferencia de los trabajos de Humberto Castro ejecutados en Cuba, donde el color era tratado con violencia en cuanto a los colores primarios, en sus últimos trabajos vemos una tendencia hacia una unidad monocromática del color, como vemos en un lienzo cubierto por una primera capa dorada. Si las pinturas de Castro de la mitad de los años ochenta se pueden interpretar como gemidos o rupturas, esta nueva muestra puede medirse por su expresión de silencio, de miedos, y de intromisiones.

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*traducción de Gerardo Munoz
Esta crítica fue publicada en Wynwood Magazine en ingles.

1 comment:

Zoe said...

¡Cómo me gusta leer estas críticas! Porque en ellas hay vida y cultura. Gracias.