Tuesday, April 7, 2009

Anécdota de Susannah Heschel: la negatividad de la influencia doméstica (Nota)

(Susannah y Abraham Heschel)
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Hay una ingeniosa y memorable cita de Lezama que tiende a ser, como casi todas las nos ha legado el "Maestro", lapidaria: "tener una casa es una forma de combatir el tiempo".
Por qué para "combatir el tiempo"? Por qué no para aplazarlo, dejarlo fluir, soñarlo, para inventarlo…tantas otras infinitas posibilidades en el tintero quedan obliteras por una metáfora del combate. Lezama, hombre de eras imaginarias, entendía que el hogar cumplía una función de espacio furtivo, un amigo rumor, donde se podía penetrar en la imagen a través del verbo, y así crear de la nadería, un bosque de palabras: la casa es espacio íntimo donde sueña la escritura – podría decir un Gastón Bachelard. La casa es homóloga a la semejante soledad intelectual. Virginia Woolf, recuerdo después de años de haber leído ese bello ensayo (o al menos que la memoria a transforma en belleza) sobre la casa de Thomas Carlyle, en la cual describe las texturas, el polvo en el librero, la fogata apagada; en resumen, el digno olor al pasado y a ausencia de ese gran escritor. Woolf había dicho en otro ensayo que la mujer realmente solo podía ejercer su profesión de escritora si era dueña de un espacio, o sea de una habitación. Ambas, la casa guerrera de Lezama y la casa solitaria de Woolf, son hogares creados para crear, meditar, y pensar en la creación.

Recuerdo la metafísica de las casas porque recientemente pude intercambiar unas vagas palabras con la Dra. S. Heschel, quien tras haber impartido un brillante discurso sobre la influencia del Islam en los intelectuales judíos decimonónicos (Abraham Geiger, por citar uno), fue el centro de atención en un almuerzo que se llevó a cabo un día después. Le dije que era cubano, un gran admirador de la cultura Judía, y sin proponérmelo, le mencioné la importancia de la obra filosófica de Walter Benjamin en mi carrera y pensamiento. Se sonrió cuando le dije que Benjamin casi estuvo a punto de llegar a La Habana en 1940, en plena segunda guerra mundial, con la ayuda de Theo. Adorno. Ella conocía la carta: claro, era la última correspondencia entre los dos grandes filósofos de la Escuela de Frankfurt. Fue entonces que habló sobre aquellas personalidades, tan remotas y textuales para mi (soy un empedernido y quijosteco lector: creo que la gente existe primero en el texto, y no en la vida de la experiencia), hoy todos clásicos y convertidos en lecturas asignadas por rancias facultades académicas. Todos visitaron su casa. Allí se congregaban, mientras que discutían sus proyectos, sus obras, las noticias del momento, el ser judío, la filosofía…

-"Imagínate a mi casa fueron todos: Arendt, Leo Strauss, Adorno y Horkheimer, Auerbach, Daniel Bell y los miembros de la intelectualidad de la Universidad de Columbia; tantos otros. Todos querían mucho a mi padre. Y la situación era cómica. Después que se iban de la casa, entre las mujeres se comentaba quienes iban a ser inmortales y quienes no, quienes se pasaban la vida trabajando en grandes obras y quienes estaban presos por los controles de sus respectivas esposas que los obligaban a salir los fines de semana en busca de banales distracciones. Las mujeres contrataban la esfera de la casa. Los controlaban". –

Susannah Heschel es hija del legendario Abraham Heschel, quien para muchos, ha sido el teólogo judío y rabino, más importante de la segunda mitad del siglo veinte. Así, desbordando un tono de extrañeza e imparcial complicidad, contó Susannah Heschel sobre lo que fue su casa de New York por muchas décadas del siglo veinte. Aunque la anécdota fue referida por Heschel para ilustrar el poder que ejercían las mujeres judías en aquellos hombres, o lo que estas pensaban de aquellos, yo intuí otra conclusión. Hablar de estos gigantes no es matar el aura de sus voces? Haber vivido bajo las inmensas sombras de estos hombres, no es una forma de la negatividad de la influencia? Cómo leer a Adorno después de haberle conocido y compartir a su lado? Lo que para algunos lectores la persona detrás del texto es un mito, un ser alejando en el tiempo y en el espacio; para ella no fue más que un ser común: un calvo que en la mesa de cena se embarraba la camisa con puré. Conocer a la gran persona detrás de la obra es de alguna manera lapidar su creación: invertir el orden natural de la metafísica de la casa, volverla un museo arqueológico. Para el judío mirar a Dios seria conocer el secreto, violentar contra la esencia absoluta e impronunciable. Y para que verle? La casa debe ser un espacio para la ausencia.

Borges cuenta que en los años cuarenta, quizás al mismo tiempo que los intelectuales se reunían en la casa de los Heschel's, G.K. Chesterton visitó a Buenos Aires. Borges nos dice que se negó a ir a verlo, aunque este era, no cabe duda, uno de sus escritores predilectos. El sabía que toda acercamiento al "secreto" mata el imaginario e impone una influencia negativa. Un menoscabo a causa de una experiencia real es más lamentable que la fe en un artificio a lo largo de toda una vida.
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Gerardo Munoz
Abril 6, 2009
Gainesville, FL.

3 comments:

Dedalus said...

hehe, bueno, en algún lado habré leído que el pobre de Darwin tuvo que escuchar una vez de un interlocutor: Señor Darwin, permítame decirle que sus libros son mucho más interesantes que su conversación.
O lo dijo uno de sus conocidos a otro a espaldas de darwin??
En fin, lugares para la ausencia conozco, mi memoria es uno.
saludos desde Rep. Dominicana. No conocía tu site, voy a ver si me robo unos minutos y leo algo más ;)

Gerardo Muñoz said...

Gracias Dedalus, muy buena tu anecdota sobre C. Darwin, creo que se aplica muy bien a lo que yo pense al analizar esta anecdota.
un saludo,

G

Pelusa said...

Tienes razon, creo. No se si me atreveria a acercarme a una de esas leyendas vivientes y salir indemne del contacto. Temeria, como Borges, borrar la magia.
Por ahora me basta con meterme en sus vidas a traves de buenas biografias…
“Olor a pasado y a ausencia…”. Muy buena frase.
Saludos atrasados por aca.