Wednesday, April 1, 2009

Cintio Vitier, Marx y la historia de Hans Rockle


Entre las mistificaciones más burdas de la ideología revolucionaria cubana tenemos aquella que convierte a Cintio Vitier en un partidario de la llamada Teología de la Liberación. El propio Vitier, por supuesto, se ha encargado de alimentarla: citas de Ernesto Cardenal y Frei Betto, teoría de la “pobreza irradiante”, turismo revolucionario en Solentiname… Pero en realidad, lo que Vitier defiende en la Revolución cubana es el meollo reaccionario que se corresponde con su mentalidad de adusto teólogo frustrado. Entre las cosas que Vitier no le contó a Cardenal (y sí a Thomas Merton) figura la historia de su poema “Glosa a las aventuras de Hans Rockle”.

Escrito en 1964, este largo texto puede ser interpretado como un manifiesto de fe católica y crítica antimarxista, lo cual explica que su autor lo haya diseminado entre sus antiguos compañeros de fe y letras –entre ellos, Eugenio Florit.Todo el poema gira sobre una anécdota conta por Eleonora Marx, en sus Recuerdos de Marx y Engels, escritos poco antes de suicidarse con ácido prúsico. El Moro, como llamaban sus hijos al padre del marxismo, acostumbraba a contarles la historia de un tal Hans Rockle, un mago que a pesar de poseer una tienda maravillosa llena de juguetes extraordinarios, andaba siempre sin un centavo. Para saldar sus deudas, no le quedó más remedio que vender al diablo sus criaturas que, sin embargo, regresaban de nuevo a su tienda tras correr interminables y divertidas aventuras.La historia fascinaba y asustaba en igual proporción, a los pequeños hijos de Marx. Es poco probable que la hayan interpretado como una fábula sobre el materialismo histórico o como metáfora sobre la verdadera naturaleza de la mercancía —lecturas posibles, que tal vez alentasen la versión socialista de la fábula.Pero es raro, dice Vitier, todo este asunto de un marxista contando cuentos de hadas a sus niños mientras pasea por las calles y los parques de Londres.

"Pensadlo bien, no es un contador indiferente,ya que de su maciza cabezota estaba saliendola revolución contra los dioses"


Y pasa enseguida a citar las famosas diatribas de Marx en su Prefacio a la tesis “La diferencia entre la filosofía natural de Demócrito y la filosofía natural de Epicuro”:

Porque él adoptó el lema de Prometeo:“En verdad a todos los dioses odio”.Porque él en verdad estaba haciendo la revolución“contra todos los dioses,celestiales y terrenales,que no reconocen la conciencia que tiene el hombrede ser la divinidad suprema”,según dijo.

Prometeo es aquí uno de los múltiples nombres del Maligno. Es probable que el poeta cubano hubiera leído la famosa biografía de Robert Payne, donde se citan algunos alucinantes textos del joven Marx, como los titulados Oulanem o El Violinista. (”Oulanem” literalmente significa Anticristo (las letras de Manuelo —el Salvador, el Cristo— puestas en orden inverso). En cualquier caso, al ultramontano Vitier de mediados de los sesenta no le habrían gustado demasiado estrofas como esta:

“Mira esta espada: me la vendió el Príncipe de las Tinieblas,porque él marca el tiempo y traza los signos.Con furia creciente toco la danza de la muerte…”
“¡Destruido! ¡Destruido! ¡Mi tiempo ha terminado!Pronto estrecharé a la eternidad en mis brazos y pronto proferiré gigantescas maldiciones contra la humanidad. ¡Ah! ¡La eternidad! Es nuestro eterno dolor, indescriptible e inconmensurable muerte, vil artificialidad para burlarnos a nosotros (…)Destrozaré con permanentes maldiciones, el Mundo que se interpone entre mí y el Abismo. Rodearé con mis brazos su dura realidad: Al abrazarme, el mundo morirá sin un quejido, y se hundirá en la nada más absoluta. Muerto, sin existencia… ¡eso sería realmente vivir! (…)”

Cierto que no es cuestión de juzgar al filósofo por sus desvaríos baudelaireanos escritos a los 18 años, pero en el caso del Moro estos impulsos no se quedaron en el papel. Incluso, hay un libro de Richard Wurmbrand dedicado al satanismo de Marx.Robert Payne ha escrito que es prácticamente imposible no ver en Hans Rockle al propio Marx. Algo semejante concluye Vitier cuando afirma:

"Si el Diablo quería esas imágeneses porque representaban otras tantas almas vivas.Si Hans Rockle se las daba una a una,para seguir viviendo,es porque tenía con él secreto pacto.Si las imágenes volvían a su tiendaes porque Hans Rockle había vendido su almaa cambio de la magia de poseerlas imágenes materiales de todas las cosas."

Parece difícil colocar esta crítica del pacto faústico que supone el marxismo dentro de la teoría que se empeña en buscar puntos de conexión entre el mensaje de puro amor de Jesucristo y la doctrina marxista. Una crítica católica de Marx, como bien sospechaba Vitier antes de pasarse a las filas de los “hombres de madera”, también podía usar las razones de la demonología.
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Ernesto Hernández Busto
Barcelona

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