Saturday, April 18, 2009

"Para una filosofía del coleccionismo" por Arturo Danto


La práctica del coleccionismo artístico es al menos tan antigua como la de filosofar acerca de la naturaleza del arte, pero en el canon fundamental de los textos sobre estética, desde Platón y Aristóteles, pasando por Kant y Hegel, hasta llegar a Nietzsche y Heiddeger, no hay nada que nos permita concluir que el arte sea algo que las personas pueden coleccionar.
Gran parte de lo que han escrito los filósofos presupone que coleccionar arte constituye un afán casi irracional, bien porque el arte se presenta como algo demasiado despreciable para imaginarse que alguien pueda querer poseerlo, bien porque aparece como algo tan elevado que nadie que comprenda su naturaleza podría querer comprarlo o venderlo. La teoría del arte de Platón, que lo entiende como imitación, como algo poco menos efímero que una imagen reflejada en un espejo, desacredita las obras de arte hasta el extremo de que no tiene sentido desearlas: ¿quién en su sano juicio iba a tener interés en poseer una imitación? ¡Sería como querer poseer una sombra! Kant, que pensaba en el arte principalmente en términos de belleza, analizó la valoración de la belleza en clave de placer desinteresado. Pero, en realidad, lo que define la mentalidad del coleccionista es el interés, y el deseo de posesión parece tan arraigado en nuestra relación con el arte como lo está en nuestra relación con un ser amado.
«Monsieur le Prince de Galles –afirmó Rubens refiriéndose a Carlos I de Inglaterra– est le prince le plus amateur de la peinture qui soit au monde» [«el príncipe de Gales es el más entendido en pintura de todos los príncipes del mundo»]. Pero Carlos I no era un esteta desinteresado: compró obras de Rubens, así como los cartones de Rafael y las fabulosas colecciones palaciegas de Mantua, y consiguió que Van Dyck le hiciera unos retratos maravillosos a cambio de nombrarlo caballero y concederle un estipendio. Una vez que la Revolución se apropió de las obras de arte de los aristócratas, la actitud del pueblo francés consistió en reclamar que ahora eran suyas. Toda nación que se precie de serlo define su identidad mediante los tesoros que alberga en sus museos nacionales y negocia sin descanso para recuperar sus bienes culturales. Si Kant estuviera en lo cierto, ¿qué importaría dónde se alojaran los mármoles de Elgin?
¿Es éste únicamente un ejemplo más de la inconsciencia crónica de la filosofía, similar al hecho de que en ningún fragmento de su densa y abstracta prosa sobre la naturaleza humana se haya señalado una sola vez que los seres humanos son sexuados, por no hablar de que tienen género? ¿O se debe, por el contrario, al hecho de que el coleccionismo y la posesión son secundarios con respecto a la esencia del arte? ¡Hay tantas cosas que se coleccionan!, podría haber dicho el filósofo en su disculpa: cajas de cerillas, cromos de béisbol, botellas de cerveza, sellos, monedas, agitadores de cócteles, libros de bolsillo, huevos de aves, conchas marinas, simples piedras… Se puede crear una colección con cualquier tipo de objetos y, por tanto, también con obras de arte, siempre que se las considere entidades visibles y tangibles. Ahora bien, Hegel pensaba que el arte, como modo de ser del Espíritu Absoluto, era, junto con la religión y la propia filosofía, una de las encarnaciones espirituales más elevadas. Pero entonces, ¿qué puede tener en común el arte con las chapas de botella si con lo que realmente tiene afinidad es con la metafísica y la religión? ¿Qué nos diría acerca de la naturaleza de la filosofía el hecho de que haya coleccionistas de libros de filosofía?, ¿o acerca de las profundas verdades de El Corán el hecho de que los emires coleccionen ediciones raras de ese libro? El Corán podría habitar, y de hecho habita, en la memoria de las personas y en sus corazones. Al fin y al cabo, podría concluir el filósofo, debe de haber alguna razón por la que aquellos que disponen de los medios (los príncipes, los cardenales y los acaudalados del mundo), quieran coleccionar arte. El pueblo francés difícilmente podría haber sentido orgullo al apropiarse de la colección de yoyós de algún aristócrata. Carlos I no habría recibido ningún elogio si hubiera sido un entendido en calzadores ornamentales (de ser así, se le habría tildado despectivamente de chiflado).¡Qué típico de la filosofía es considerar accesorio el que las obras de arte sean objetos materiales encarnados en pintura, mármol, tinta, bronce, estuco o madera! Alguien podría decir también que es secundario en nuestra condición humana el hecho de que tengamos genitales e interpretemos la felicidad en términos carnales. Pero, si la encarnación material forma parte realmente de la esencia del arte, tal vez entonces la indiferencia radical hacia esta dimensión de su ser no sólo explique lo que en ocasiones se ha calificado como «monotonía de la estética», así como la irrelevancia del canon en nuestra experiencia del arte. Quizá también signifique que la filosofía lo ha entendido mal desde el primer momento.
_
Arturo Danto
(traducción de Ricardo García Pérez)

6 comments:

Ernesto Menéndez-Conde said...

gracias por traer este texto que no conocia.

Gerardo Muñoz said...

Interesante el texto eh? Gracias a ti.
un saludo,

G

Ernesto Menéndez-Conde said...

Por alguna casualidad tienes la referencia. Podrias decirme donde localizarlo? Tengo la impresion de que el texto esta inconcluso y es un tema que me interesa mucho. Siempre es maravilloso leer a Danto.

Gerardo Muñoz said...

Si, de hecho esta incluso. El texto entero esta en el ultimo numero de MINERVA, aqui te pego el link:
http://www.circulobellasartes.com/ag_ediciones-minerva-LeerMinerva.php?ele=14

Yo solo borre la ultima parte de este interesante ensayo de Danto.

G

Pelusa said...

Pues si que es interesante el ensayo... Siempre me ha parecido rara la idea de la "posesion" del arte. ¿Como poseer algo tan efimero y personal, con tantas interpretaciones como observadores tenga, y tan cambiante que, incluso para una misma persona, diferentes oportunidades de ver una obra pueden representar diferentes interpretacion de la misma?
...............
Oops! Tengo la mala costumbre de lanzarme a leer sin reparar mucho en los titulos, y solo ahora que leo el comentario de Ernesto me entero de que no es tuyo el texto... :)
Saludos!

Gerardo Muñoz said...

Muchas gracias por el comentario Pelusa, el tema dificil que a mi me interesa muchisimo. El texto de A. Danto plantea esas dificultades muy bien, creo yo.

un saludo fuerte y gracias por pasar!

G