Tuesday, April 28, 2009

Picabia, ¿pintor cubano? (ensayo)


Sobre el origen natal de Francis Picabia poco se sabe con certeza. Escasean las epístolas, testimonios y diarios. Su biografía parece inevitablemente reducida a la media cuartilla de cualquier catálogo de arte moderno: Francis Picabia nació en París, hacia 1879 y fue uno de los pioneros del dadaísmo. Sin embargo, otras fuentes revelan que el origen del pintor no es precisamente francés y crean dudas sobre su verdadera genealogía.Sus biógrafos suelen coincidir en dos incógnitas: primero, la disputa sobre su nacimiento (aunque si se sabe que su padre fue un diplomático cubano para España ), y segundo, la influencia cubana en su plástica.Todo empieza con la Primera Guerra Mundial, cuando Picabia visita con su esposa los Estados Unidos. Durante su estancia en América, el pintor se relaciona con Marcel Duchamp, Man Ray y Max Ernst; trío de artistas que había conseguido desplazar el centro artístico mundial de París a Nueva York. Justo en esos mese que vivió en Nueva York, Picabia hace un corto viaje a Cuba. Así nos cuenta la crítico Mariea Caudill Dennisson en “Picabia’s Machinist Works”: “Picabia pasó la mitad del periodo desde junio del 1915 hasta finales de 1917 en Nueva York, incluyendo un corto viaje a Cuba y a Panamá” (pág. 2). Otra fuente, el autor Jan Thomson, cita un artículo de periódico en el cual se alude a Picabia como un artista cubano: “At the Armory Show, Picabia exhibited four paintings that employed the superficial vocabulary of Cubism, as in his Procession, Seville (private collection, Paris), which encouraged a New York Times critic to label him “the Cuban who outcubed the Cubists.” (”Picabia Francis. Art Rebel. Here to Teach New Movement.” The New York Times, February 13, 1913. p. 9)¿Fue Picabia, entonces, un artista cubano? Algo parece haber captado el artista del paisaje de la isla, como podemos comprobar en sus primeros lienzos, muy parecidos a los de Carlos Enríquez, puesto que operan con la misma técnica de transparencias y de figuras eróticas entrelazadas. Pero las fuentes disponibles no señalan si tuvo o no relaciones con algunos ilustres nombres de la cultura cubana, o si conoció al propio Carlos Enríquez durante su estancia en Nueva York. Picabia tampoco dejó escrito notas sobre sus paseos por la Habana, donde vivió muy corto tiempo. Monsieur Picabia condenaba el uso del cuaderno de apuntes, y prefería llevarlo todo en memoria. ¿A quién pudo haber conocido Picabia en Cuba en el ámbito de la cultura hacia 1915? Nicolás Guillen, Ballagas, Loynaz, o Carpentier por 1915 tenían alrededor de doce años. Lezama hubiera tenido apenas cinco. Modernistas como Borrero, Avellaneda, Casal, Martí ya habían muerto. Pero el paisaje cubano sí ejerció en Picabia el mismo influjo que sobre André Breton y Robert Desnoes: Cuba también fue parte del espacio surrealista de la tradición del Occidente. Algunos críticos sospechan, sin embargo, que si Picabia tuvo algún acercamiento en el ámbito intelectual cubano, fue con los paisajistas, Rodríguez Morey y Federico Sulroca, quienes en ese entonces eran el eje de la plástica cubana en la capital. Lo sospechoso es que no existen pruebas de ningún tipo sobre esta relación.


¿Por qué viajó Picabia a Cuba? William Inés Homer, especialista en la obra picabiana, revela que: “A finales de la primavera de 1915 (probablemente en junio), Picabia residió en Nueva York, donde vivió por unos cuantos meses antes de continuar hacia Cuba, donde el gobierno francés lo había enviado a comprar azúcar para el ejército” (The Art Bulletin, Vol. 57, No. 1. Mar. 1975, pp. 110-115). Los lazos, entonces, se deben a un cargo diplomático a las órdenes del gobierno francés, y no a una búsqueda de su ambiente familiar o cultural. He aquí, quizás, la única huella de Picabia en Cuba —una relación de índole burocrática y de poco provecho artístico. Manuel Moreno Fraginals también nos recuerda, que poco antes de iniciarse la Primera Guerra, el padre de Picabia, funcionario de la Legación de Cuba en Francia, le consiguió al joven artista un cargo en La Habana. Picabia entonces se convertía en uno de los representantes del comercio francés de azúcar, trabajo que abandonó poco después. No llegó a quedarse en Cuba por mucho tiempo, ya que como concuerdan sus biógrafos, poco después Picabia regresa a Nueva York, y posteriormente a Francia.Sin embargo la historia de Picabia no termina tras su viaje a la isla. En el libro, Mujeres en la historia de Cuba, de Antonio Molina aparece un interesante perfil de un señor de apellido Picabia: “Loreto Domínguez de Picabia”: “Fue asesinado el 19 de enero en 1829, inspiró unas décimas muy populares en la Habana, que conserva la Biblioteca Nacional. Puede ser que sea pariente del pintor francés, Francis Picabia, cuyo padre era cubano”. También la versión inglesa de La música en Cuba, el célebre ensayo de Alejo Carpentier, destapa unas extrañas pistas sobre la oscura genealogía de Picabia en Cuba, que revelan su intención de colocar al pintor dentro del marco de la identidad cubana, para reivindicar, tal vez, una modernidad que de otro modo era discutible. En la introducción a la edición inglesa del libro de Carpentier, Timothy Brennan escribe lo que parece uno de los más reveladores apuntes biográficos sobre Picabia:


Sabemos que el Surrealismo le debe mucho a sus precursores Dadaístas; y aunque Francis Picabia, pintor y cineasta de de origen cubano, fue una leyenda entre ellos, pocos saben que Picabia construyó su obra sobre fábulas y principios cubanos. En el “choteo cubano” –Picabia encontró una expresión única con los celebres actos del Dada. Es notable que Alejo Carpentier se frustraba sobre el origen de Picabia, un tema a que siempre volvió una y otra vez” (Timothy Brennan, Music in Cuba, p.19-20).


Carpentier, por su parte, dedicó al asunto una crónica en Social (Vol. 18, números. 2) titulada “El cubano Picabia”, y fechada en febrero del 1933. Un fragmento:


Un amigo me dijo: “Ya que vas a La Habana, me agradaría que me trajeras un ave de esas que llaman loros; vivo muy solo, y de ese modo tendré compañía…” Confieso que, después de mucho hojear la colección de Literature, y otras revistas publicadas por Francis Picabia en los alrededores de los años veinte, sólo esta remota alusión a nuestra Isla he podido hallar en los textos firmados por quien parece haber olvidado el color del cielo tropical. Sabemos todos, sin embargo, que Picabia es cubano. Y aunque no lo fuera por nacimiento o ascendencia, no nos costaría trabajo situarlo en el árbol genealógico que hunde sus raíces en el suelo de America Latina, al observar la riqueza de sus lirismo, la cáustica actitud de su espíritu, la abundancia de gestos arbitrativos que ha sabido prodigar a lo largo de su atormentada existencia. Independencia, violencia, fortuna verbal, choteo: cuatro atributos que le son inseparables y que bastan, por sí solos, para atarlo a nuestro continente con sólidos lazos…


Carpentier habla de Picabia como si fuera uno de los valores secretos de la pintura cubana. La idea le parece tan atractiva que no tiene en cuenta la biografía real, sino una especie de tradición imaginaria:


“Hay dos focos del nihilismo actual en este momento…Este grupo está encabezado por dos figuras extraordinarias: Duchamp, artista francés, y un cubano que es Francis Picabia. La cubanidad de Picabia, es una cosa absolutamente evidente, en primer lugar por su ascendencia. No tengo su biografía a mano, pero ahora que se publica en Europa con todos los detalles, creo que su familia era oriunda de Cienfuegos, y hay otra cosa que lo demuestra es que su hermana Ivonne Picabia fue alta funcionaria de la embajada de Cuba, sin jamás haber renunciado a la ciudadanía cubana durante muchísimos años, durante diez o doce años”.


Así termina la crónica de Carpentier. Sin fuentes, ni datos precisos, con datos e indicaciones que parecen apócrifos. Tal vez Carpentier, con sus furias de lo “real maravilloso”, se proponía lanzar al pintor de la vanguardia internacional al marco de lo cubano. Lo alarmante de estos comentarios es que se convierten en la primera fuente legítima, que luego han usado los críticos y biógrafos para la reconstrucción de la vida de Picabia. Sospecho que así se fomentó la leyenda de este “retorno al país natal”. Pero ¿y si Picabia, el “cubano”, no fuera más que una de las fabulaciones de Alejo Carpentier? En el libro Surreal Lives (2000), Ruth Brandon llega incluso a dudar del hecho que Picabia haya desembarcado en La Habana. Quizá, en efecto, nunca pisó tierras cubanas. Su origen bien podría ser otra de las muchas mentiras sobre el origen —parafraseando a Cabrera Infante, que nos dejó el autor de El Arpa y la Sombra. De cualquier modo, nacer es un accidente geográfico, como también nacieron por accidente Julio Cortázar en la embajada de Bruselas, o Italo Calvino en Santiago de las Vegas; Picabia, aun naciendo en Cuba, no hubiera sido nunca un cubano. El resto es nostalgia del origen perdido —o inventado.


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Gerardo Muñoz

Miami

Septiembre 27, 2008

6 comments:

Ernesto Menéndez-Conde said...

Maravilloso, Gerardo. Es la segunda vez que tengo oportunidad de leer este ensayo, que es tambien una busqueda admirable. Pondre un link en mi blog. Saludos.

Gerardo Muñoz said...

Gracias E. Hace dias que he querido colgar tus apuntes sobre Goethe y aquel grabado que aparece en Eckermann (no habia encontrado tiempo por culpa de los examenes finales). Quiero tambien agregar un comentario sobre ese detalle en Goethe.

G

Chez Isabella said...

Excelente tu ensayo sobre la cubanidad de Picabia, Gerardo. Muchas gracias por compartir toda esa información. Hablas con rigor cuando dices que lo peor es que porque lo haya escrito Carpentier -ese gran fabulador siempre maravillado- muchos lo han tomado por cierto. Gracias una vez más. Saludos desde Montreal.

Gerardo Muñoz said...

Isabella, muchas gracias. Carpentier era tremendo, un mitomano natural, sin duda alguna.
un saludo desde Miami.

Gerardo

Establo Pegaso said...

"He nacido en París, de familia cubana, española, francesa, italiana y americana, ¡y lo más asombroso es que tengo la sensación muy clara de ser de todas esas nacionalidades a la vez!
Se trata sin duda de una fórmula de demencia precoz, que para mi será siempre mejor que la que sufría Guillermo II, que se creía el único representante de la única Alemania."
Francis Picabia

Gerardo Muñoz said...

Gracias Elena por la cita. Pero te dejo dos preguntas; cual es la fuente? Y segundo, cual es el punto?

saludos,

G