Thursday, May 21, 2009

Obituario para Mario Benedetti: Morir más allá…


Ha muerto un poeta: murió – quizás ayer, hoy, mañana; quizás nunca. Ha muerto Mario Benedetti. Que significa morir? Que sentido tiene decirle adiós a un poeta como Mario Benedetti, quien hoy, digo esto desde un tiempo confundido de palabras y silencios de otros hombres que han sobrevivido; puede entender el significado del nombre de Mario Benedetti? La muerte no deja de ser una solemne aporía que desde el momento de nacimiento dibuja su propio horizonte en cada una de nuestras vidas. Ha muerto Mario Benedetti, y me ha entristecido el hecho de que no he sido de sus fieles lectores. No soy un lector de Benedetti, otra manera de decir que Benedetti no ha sido mi escritor. Como con la música, esa forma oblicua del tiempo, he prescindido de la obra del poeta de Uruguay (no ha sido así con la obra de Fernando de Pessoa, con Borges, o con los versos de Ángel González). Son pocos los recuerdos íntimos que he tenido con la poética de Benedetti, esa prosodia del compromiso y de las raíces de America Latina, sin embargo apunto, sin atentar contra una memoria que nunca ha sido (que nunca fue, y que quizás no será), dos recuerdos de ese nombre que llamamos Mario Benedetti. Mario: muerto ya, mas allá del nombre, el pasado diecisiete de Mayo. (Hace pocas horas, pocos días, Benedetti vivió entre nosotros…hoy nos falta una voz; una llovizna sobre una llovizna de palabras).

En termino primero, su poesía: la verificación de la decencia, sobre todo, de la decencia ética con el otro, ya sea ese ‘otro’ lector de la obra, o como en Vallejo, ese otro de las clases explotadas, del mas sufrido – lo que en algunos lejanos tiempos enfáticamente se llamó el ‘proletariado’. Sin embargo, aquellos que ha visto en Benedetti un hombre de compromiso, de voz altisonante con algunos cursos de la historia política latinoamericana, fracasan en ver que en Benedetti el compromiso mayor ha sido con el lenguaje, con el verso impecable, el cual siempre encierra una melodía, o sea otra forma de felicidad y de misterio. He confesado que la obra de Benedetti me es ajena, no es así algunos de sus versos. Recuerdo (y alzo mi mano para extraer de mi biblioteca un libro de Benedetti) ese ramo de haikus escritos hacia el cúmulo del siglo veinte titulado “Rincón de Haikus”, de tapa verde y con una ilustración estilizada de Torres García. El Benedetti de los haikus es un poeta de la reflexión de su propia muerte, del pensar sobre las estrategias de la métrica, de la poesía en general:

la muerte invade
de vez en cuando el sueño
y hace sus cálculos. (
2)

O, como antes evocaba, el compromiso total con el lenguaje, con el significante que destituye en su elaboración de sus imágenes poéticas. Una imagen grafica del Edo, o quizás también del lenguaje:

por este puente
transcurren ilusiones
y contrabandos.
(76)

La palabra es el puente entre el yo (el poeta) y las cosas – decía Octavio Paz. Lo repetía inconcientemente Benedetti en este haiku tan latinizado. El otro recuerdo que me invade es mas baladí: se trata de su figura enigmática y fantasmagórica en esa film, El Lado Oscuro del Corazón, donde se ve al poeta vestido de marinero, recitando versos en alemán de Heine, e invadiendo, con la daga que es el verso, toda relación humana. En ese momento del film, Benedetti corporiza, personifica la poesía misma: el verso hecho carne en un bar. La poesía, como la filosofía es otra forma, más elevada y secreta del amor, ha dicho María Zambrano. En Benedetti, la poesía no es instrumento, ni recurso sino destreza y método de si misma: es el lenguaje el que habla sobre si mismo, es mas allá del referente hacia donde el navío, marcado por el nombre “Benedetti”, se dirige; una tierra sin nombres y sin adverbios.


Buscando y leyendo sobre Benedetti en ausencia de su corporeidad he notado que su nombre integro es “Mario Orlando Hamlet”. Otra traza en su nombre es la huella de otro poeta, de Shakespeare, y de su inmortal Hamlet. El inteligente y dudoso Hamlet. “Hamlet”, que también es un signo de un conjunto de casas; alude de igual modo a la menos conocida novela de W. Faulkner, “The Hamlet”, un lugar donde la memoria nunca muere. Y pregunto otra vez: ha muerto Benedetti? La respuesta no la niego, pero su estancia en la tierra ha sido una dádiva de lo que es ser poesía entre los hombres y los mortales. La poesía es sustancia de la memoria, y Benedetti, aunque ya muerto, se queda entre nosotros como una casa habitable de esa memoria de palabras que solo olvidaran sus sentidos después de muchas otras muertes: mas allá, de la muerte misma del lenguaje, mas allá de otro allá que no está aquí y ni tampoco con la muerte. Como el fuego, gracias por todo el fuego.

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Gerardo Munoz
Mayo 18, 2009

4 comments:

Ernesto Menéndez-Conde said...

Me ha gustado mucho tu compleja vision de la obra de Benedetti. Yo tampoco soy un admirador suyo. Pero creo que algo en su poesia consigue suscitar ciertas simpatias. A veces he pensado que, en lugar de un poeta, Benedetti fue un excelente, maravilloso, escritor de letras de canciones. Ese fue un Benedetti que me gusto mucho en su momento. Pero hay, me parece, una distancia indescifrable, entre una poesia y la letra de una cancion. No lo digo en un sentido despreciativo. Mas bien me parecen modos de expresion diferentes y hasta cierto punto incompatibles. Silvio Rodriguez y Serrat me parecen igualmente extraordinarios autores de letras de canciones. En cambio, encuentro ridiculo escuchar un poema de Marti o de Casal llevado a cancion. Mas aun, algo de Borges o de Lezama Lima.

Gerardo Muñoz said...

Muy de acuerdo contigo Ernesto. Hay poesias para leerlas en voz baja y otras para leerlas en voz alta. En la primera categoria esta Gongora, Lezama, Borges; en la segunda creo que Vallejo, Guillen, Brull, o tantos otros. Es algo rarisimo, ya que la poesia comenzo como rapsodia, y siguio asi hasta en la misma poesia provenzal del Medioevo. La cancion es quizas la unica forma hoy que mantiene aun esas antiguas trazas de la esencia milenaria de poesia.
En cuanto a Benedetti, creo que sus cancios son buenas, es cierto. Pero todavia creo que su poesia no se para al lado de las grandes voces de America Latina: no fue un poeta de poetas, digamoslo asi.
un abrazo,
G

Gerardo Muñoz said...

canciones*

Ernesto Menéndez-Conde said...

Muy de acuerdo. Benedetti no estaria nunca a la altura de un Vallejo, un Huidobro, Borges, Parra, Lezama, Paz y tantos otros. Pero pocos podria figurar al lado de estos grandes. Latinoamerica ha dado poetas descomunales.