Saturday, June 20, 2009

Diálogo con el Ogro Estético (XV): Arte, terror, y futuro en Lovis Corinth


Gerardo M: Ogro, hoy he vislumbrado una desgarradora imagen de Lovis Corinth mientras pasaba por mi silenciosa biblioteca. Tan grande fue el horror que al cerrar el libro he tratado de borrar la imagen de aquel monstruo, aunque sin éxito alguno.

Ogro:
Sin dudas te refieres al Samson Ciego de Lovis Corinth, ese pintor alemán, que injustamente ha sido olvidado por muchos de nuestros académicos de la historia del arte, y hasta por aquellos que dicen ser “especialistas” en la disciplina?

GM: El caso de Corinth, como el de otro mis pintores predilectos, Adolph Menzel, es el del triste pintor olvidado por no haber sido militante de una monolítica escuela de la pintura moderna. Esto pasa con pintores, poetas, filósofos, y con todo aquel que sea un espíritu que valientemente se mantiene al margen de sus tiempos. También como Menzel, el estilo de Corinth vacila entre el expresionismo y el impresionismo lo cual dificulta el proceso de encasillarlo en los llamados “movimientos”, que inventan los taxonomistas, para organizar la linealidad del arte. Sin excluir otra de sus grandes e impresionantes obras, creo que el retrato del “Samson ciego” es la obra maestra de este pintor. Ejecutada después de un ataque al corazón que tuvo el artista, esta pintura es una rareza dentro del corpus del artista: muestra un hombre en sufrimiento, lacerado, en doliente agonía. En contraste a sus otras obras donde el artista, aun bajo el enorme influjo de los románticos (que concebían al artista como un pequeño dios, avant la lettre de Huidobro, o un ser heroico y en contacto con lo sublime y lo mas pulcro de la naturaleza), los retratos de Corinth pintan al artista como la gran figura de la victoria estética, un ser de ese espíritu triunfal dionisiaco que moviera también a Nietzsche en sus apuntes sobre la tragedia. El hecho de que Corinth retomara el mito de Samson (Jueces 13-16), aquel hombre que batalló contra los Filisteos, y que fue apresado, cegado, vedado de su poblada melena (alegoría de su poder sobrehumano); evidencia su caída tanto espiritual como existencial. El Samson en esta pintura, solitario, amarrado en gruesas cadenas es símbolo del derroto universal del hombre, aunque en el cuadro de Corinth encuentro un elemento muy moderno de representar esta caída. Una caída solitaria y misteriosamente moderna.

Ogro: En particular impresiona mucho la forma en la cual el cuadro pinta al personaje: desnudo, ensangrentado, con una mordida llena de dolor, un paño topando sus ojos, y sus manos en busca de un espacio exterior hace de este cuadro un ícono muy contemporáneo. Es mas, casi diría que se trata de una foto, de una de las muchas representaciones de un prisionero que vemos en los medios y cuyo horror no se puede comparar con ninguna creación del arte contemporáneo.

GM: Muy agudo tu comentario Ogro, creo que justamente iba a comentar alguno de las similitudes que podemos desentrañar desde este cuadro con las fotografías contemporáneas y el arte mediático. Todos los elementos de este lienzo – las cadenas, el antifaz, el gesto facial, la desnudez, hacen que esta obra se enmarque dentro del paradigma del arte contemporáneo que pregunta, como ha señalado ya Boris Groys, cual es la relación entre arte y terrorismo. Lo primero que nos viene a la vista es la sublimación de la representación: el Samson de Corinth, muy diferente a los otros Sansones de la historia del arte (el de Rubens, por ejemplo), es una figura humana, de esta tierra, o sea desmitificada. El horror nace de ese punto de normalidad que cuestiona la posición misma del espectador, ya que pudiéramos ser nosotros mismos quienes, en lugar de Samson, fácilmente pudiéramos ocupar el espacio pictórico del personaje o lo que es peor, padecer su condición (ya que el dolor es universal, algo que nos llega de Schopenhauer). Otro de los aspectos más aterradores del Samson de Corinth es su similitud con las fotografías de los prisioneros de guerra, el mejor de sus ejemplos, los de la infame prisión de Abu Ghraib en Bagdad.


Las fotos que circulan de Abu Ghraib, mas allá de sus atropellos morales y escandalosas violaciones a los llamados “derechos universales del hombre”, nos interesan no por la compasión por el otro, ni por ser un documento histórico, sino por otra razón: por su impacto grotesco (componente de las versiones mas radicales del arte, como ha notado Adorno, y como atestigua Goya), y por el morbo de que sean “real” dentro un saber cinematográfico que brinda placer por la muerte misma sin hacer uso del mimesis. Es por esto que Susan Sontag notó que el problema no se debe centrar entre la dialéctica entre tortura y respeto a POW, sino sobre la dialógica del discurso visual de la tortura como algo “aceptable” en nuestra arena mediática. Hablar hoy de las torturas, remplaza todo tipo de fabulación crítica o de creación kafquena: la excepción se ha convertido en la regla de nuestros tiempos, algo que ya también había alertado Walter Benjamin en sus tesis sobre la Historia. Estas fotos, como casi todas que archivan nuestra visualidad cotidiana, al menos tiene algo en común: prescinde de la participación del artista. Es tal el terror de esas fotos que el artista ha quedado al margen (ya no como en los tiempos homéricos, donde el artista, o sea el rapsoda iba cantando de pueblo en pueblo las odiseas gloriosas de la guerra) de la reproductibilidad mecánica en la era de la imagen. Lo que siempre pareció un cliché se ha impuesto como norma: la realidad sobrepasa la ficción o la creatividad del artista. El terror casi ha triunfado, en su “tremendismo”, sobre la obra de arte. Quizás sea esta la base de la declaración estética de Stockhausen, quien a raíz del desplome de las torres gemelas 9/11, pudo decir que el evento era sin duda una de las “obras de arte mas grande de la historia”, salvo que era una obra donde la gente no había sido invitada. Pensar en la politización total de la estética de Marinetti, por ejemplo, se queda a tras después de las decapitaciones en Films, el hongo de la bomba atómica, los prisioneros desnudos de Abu Ghraib, o un acto terrorista. El punto cero o de sublimación ha llegado a realizarse en nuestras vidas. El arte que una vez intentó de ser demoledor, radical, explosivo, desde la vanguardia más incipiente de principios del siglo veinte, parece quedarse sin discurso ante la amenaza real de la diseminación de las fotografías como “shocks” en el cociente colectivo de las ciudades y del individuo que las percibe y vive con ellas todo el tiempo. El cuadro de Corinth parece positivo en este sentido: le devuelve al arte parte de un poder que hoy es hegemónico, político, y parte de la maquinaria de eso que Adorno llamó, quizás no del todo adecuado seguir utilizando esta terminología, la “industria cultural” del capitalismo. El terror hoy, como fenómeno natural de lo político en la era de lo global, parece poner en jaque el espacio y legitimidad de la supervivencia del arte mismo.

Ogro: Hay dos detalles de esta pintura de Corinth que sin embargo me siguen llamando la atención: la rudeza con la cual está compuesta el cuerpo desnudo, y su postura, que parece salir del espacio del cuadro. Que te parece?

GM: La figura de Samson, con su cuerpo desnudo, parece salirse de su espacio para pedir ayuda en un meta-espacio que ocupa el espectador. Lo mas aterrador de este Samson no es solo que busca ese espacio que no es suyo, sino que lo busca en vano sin ver: aquí el homo pictor está cegado por su condición, aunque su mano tantea a en búsqueda de algún objeto que le dibuje un espacio para aliviar su dolor. Aunque el Samson de Corinth es metáfora del ser caído, no como el Jesucristo que próximamente resucita hacia un cielo de recompensa doble; también puede ser leído de otra manera: como una nueva puerta para redirigir el arte contemporáneo, y así liberar, no solo la prisión en la cual el arte se encuentra en nuestros tiempos, sino definitivamente la pintura, cuya condición bien se pudiera recoger en la alegoría de Samson: mutilada, deficiente, moribunda, con ambiciones de recobrar nuevas fuerzas. Solo después que Samson rompa las columnas del palacio, entonces será que la pintura regrese a nuestros tiempos.

6 comments:

PFOrsini said...

Me permito felicitarle, por cuanto acabo de leer, todavía quedan quienes se preguntan, si algún día la Pintura volverá a habitar esta tierra desolada.
Saludos Cordiales.

Nuna said...

Hola
Te invito que pases por el blog:
http://www.culturayarteperuano.blogspot.com

Saludos¡¡¡¡¡¡¡¡

Gerardo Muñoz said...

Pforsini, la pintura sin duda se encuentra en crisis, aunque algunos "pintores" existen y pintan hoy en dia, la teoria, los museos, y los "tiempos" buscan otras variantes. El arte hoy creo se encuentra en otras partes. Quizas los ochentas (Basquiat, Barcelo, Tapies) fueron los ultimos grandes anos de la verdadera pintura. Muchas gracias por su estimulante comentario.
un saludo,

Gracias Nuna, ahora mismo paso por alla. Gracias!

G

Laberintos said...

Gerardo, me pareció excelente tu análisis y tienes razón, esperamos siempre la buena pintura ya estamos un poco hartos de lo mismo con lo mismo...

Anonymous said...

La pintura regresara...

Gerardo Muñoz said...

Gracias "Laberintos" (ya que no se tu nombre...?). He visto tu blog y lo incluyo en mi lista.
un saludo,

G