Tuesday, June 23, 2009

El arte y la ¿crisis? (nota sobre Yves Saint-Laurent)

(Saint-Laurent con un Matisse)
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A pesar de que son uno de los matrimonios más exitosos del capitalismo, el arte y el mercado se empeñan en mantener sus relaciones en un bajo perfil. Los economistas dicen no comprender por qué alguien invertiría millones en un objeto cuyo valor es imposible de medir con criterios objetivos y sobre el que no se tiene previsión de retorno, y los artistas se empeñan en asegurar que la creación estética es tal cuando no está contaminada por el mercado.

En las prácticas cotidianas, como suele pasar, los vínculos son más cercanos: el mercado agradece las inversiones que el arte genera –que desbordan hacia otras actividades, desde el diseño al turismo–, y los artistas aprenden a convivir con el marketing. Por eso no sorprendió que, a poco del inicio de la crisis financiera mundial, el año pasado, se anunciara que los remates de obras de arte previstos hacia fin de año no iban a sorprender con récords mundiales.

Sin embargo, cada tanto el mundo del arte sorprende con comportamientos que confirman la desorientación de los economistas. La semana pasada, en plena recesión, la colección de obras de arte, antigüedades y muebles que atesoró Yves Saint-Laurent, fallecido el 1° de junio de 2008, y su pareja, Pierre Bergé, recaudó 374 millones de euros en París, el mayor monto logrado en la historia por el remate de una colección privada. La prensa francesa la llamó “la subasta del siglo”: 700 objetos, tres días de subasta, 1200 personas presentes en un salón del Grand Palais, entre marchands, coleccionistas, anticuarios y representantes de museos de todo el mundo, con la batuta de Christie’s.

El remate tuvo también su escándalo judicial internacional, que agregó interés a los medios. Días antes de la subasta, el gobierno chino pidió que no se remataran dos cabezas de bronce –de una rata y de un conejo–, que pertenecieron al Palacio Imperial de Verano de Pekín hasta la invasión de franceses e ingleses en 1860, y reclamó la devolución de las piezas. La justicia francesa desestimó el pedido, pero un ciudadano chino –que es un conocido coleccionista y miembro de un organismo estatal de cuidado del patrimonio en su país– se las adjudicó por 31 millones de euros en la subasta. Al día siguiente, reveló su identidad en rueda de prensa, dijo que había actuado “en nombre del pueblo chino” para sacarlas del remate y que, “por patriotismo”, no iba a pagarlas. Pierre Bergé, de 78 años, fue claro: si no se pagan, las obras regresarían a su casa. “En ella estaban y a ella volverán si es preciso”, dijo a los periodistas. Si faltaba confirmación de la pertenencia del arte al mercado capitalista –que se derrumba en algunos espacios, pero en otros parece mantenerse bien en pie–, el remate de Saint-Laurent agregó el componente filantrópico infaltable: lo recaudado se destinará a la investigación médica contra el sida.
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Raquel San Martín
Marzo de 2009

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