Tuesday, June 16, 2009

"La experiencia cubana de William de Kooning" por Ernesto Menéndez Conde



I.
En un artículo publicado en la Revista Arte Cubano, el curador y artista Ramón Serrano menciona la llegada de Willem De Kooning a La Habana como uno de los acontecimientos más relevantes en la evolución del arte abstracto en Cuba. ¿En qué pudo consistir esa importancia? Edmundo Desnoes, que fue probablemente la fuente a la que acudió Serrano, es mucho más explícito. Escribe Desnoes:

De Kooning, de la escuela abstracta de New York, estuvo en Cuba en 1957. Pasó aquí un par de meses y a su regreso a Estados Unidos pintó una serie de cuadros no figurativos donde trataba de expresar su experiencia cubana. Eran completamente diferentes a lo que había pintado: en lugar del rojo, el blanco y el azul, dominaban el verde, el amarillo y el ocre claro. Las formas, en lugar de explosivas, eran sinuosas y rítmicas.

En su texto de 1962, Desnoes criticaba el desarraigo de los pintores abstractos cubanos que no debían “apoyarse en el vacío”. Había, de acuerdo con Desnoes, que impulsarse “sobre la tierra de nuestra isla”. Podrían desprenderse algunas observaciones, muy obvias, a partir del comentario de Desnoes. La primera es que “la experiencia cubana” puede representarse y tiene un conjunto de cualidades estilísticas (como las formas sinuosas y rítmicas o el predominio de verdes y amarillos). Luego la noción de lo cubano como un valor positivo que vendría a darle originalidad y tal vez cohesión a las imágenes abstractas nacionales, aun cuando fuesen realizadas por extranjeros (de hecho, el artista holandés, radicado en New York, vendría a erigirse como ejemplo a seguir por los creadores del patio, que aspiraban a un estilo internacional). Por último, la “experiencia cubana” incidió sobre la obra del propio De Kooning.
II.
Movido por la curiosidad, revisé la exhaustiva biografía sobre el pintor, escrita por Mark Stevens y Annalyn Swan y publicada el año pasado. Stevens y Swan mencionan, en efecto, un viaje de De Kooning a Cuba. El problema está en que no coincide exactamente con el descrito por Desnoes. Para empezar ocurrió en 1958 y no el año anterior, como había dicho el autor de Memorias del Subdesarrollo. Tampoco se extendió por dos meses; sino que duró tan sólo una semana (en algún momento entre febrero y marzo). Según relatan Stevens y Swan, De Kooning fue a Cuba acompañado de una de sus amantes, Ruth Kligman, quien anteriormente había tenido un affair con Jackson Pollock (Ruth logró sobrevivir al accidente automovilístico que ocasionó la muerte de éste último). De Kooning se marchó de New York sin avisarle a su otra amante, Joan Ward. Ella se enfadó con su repentina ausencia. No se nos dice cuál pudo ser la reacción de su esposa. Se sabe que Elaine De Kooning detestaba a Ruth; pero el matrimonio llevaba una vida sexual muy abierta. Willem era un mujeriego empedernido y Elaine había tenido varios amantes (entre los que figuraban los críticos de arte Thomas Hess y Harold Rosenberg). Una vez en Cuba, lo único medianamente memorable que hizo De Kooning fue visitar a Hemingway. El pintor no estaba particularmente interesado en el escritor, ni conocía gran cosa su narrativa; pero se reunieron porque ambos eran celebridades. ¿Y la experiencia cubana? En algún momento De Kooning dijo sobre Cuba: "it was like being in New Jersey, except for the palm trees”. No parece que realmente la "experiencia cubana" lo haya inspirado mucho.
III.
¿De dónde habrá sacado Edmundo Desnoes esa historia sobre De Kooning? ¿Habrían lagunas tan profundas en la investigación de los norteamericanos como para saltarse esos dos meses y su importancia sobre la obra del autor? La visita pasó completamente inadvertida por la prensa habanera del momento. Una curiosa "memoria" del subdesarrollo la de Desnoes.
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Ernesto Menendez Conde
New York, 2009

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