Sunday, June 7, 2009

Michel Foucault y lo no afirmativo



Es lugar común concebir al Posmodernismo como un discurso en la filosofía ofuscado por los deterioros del saber de la Modernidad, y como proyecto que apelaba a la teoría crítica y social para reformular la politización del sujeto. Ha sido solo reciente que revisionistas de aquella corriente que se han valorado la inmanencia de la crítica posmodernista en el estudio de las artes visuales, la imagen, y la pintura. Aunque es cierto que los filósofos (solo Jacques Ranciere en las ultimas décadas ha sido el responsable en abrir nuevos espacios de análisis entre filosofía, política, y artes visuales), mayormente los franceses, no se ocuparon sistemáticamente del exegesis de la pintura, aunque desde Heidegger en su debate sobre las botas de Van Gogh con Meyer Schapiro (“El Origen de la obra de ate”), los planos de análisis entre filosofía y estética se comenzaban a trazar.

Entre los posmodernistas, Foucault fue sin dudas el que menos escribió sobre artes visuales. Mientras que Derrida dedicaba un volumen sobre la polémica Heidegger/Schapiro (La verdad en la pintura), Deleuze sobre Francis Bacon (La lógica de la sensación), Lyotard sobre Barnet Newman, y Barthes sobre Cy Twombly y la fotografía; en Foucault la crítica de arte se encuentra en el espacio estructural de los fines filosóficos de sus obras.

La crítica de arte desarrollada por Foucault, como sus estudios arqueológicos del saber, registran que en las artes en la modernidad se enfrentan – y quizás en esto se acerca mas a W. Benjamin que de Adorno, a la fragmentación de lo mismo, de una “estupidez de la acategorazacion” quasi-ontológica, desplazada y múltiple; como el afirma a propos de Warhol en su ensayo sobre Deleuze (Theatrum Philosophicum) [1]. El arte se convierte en espacio unidimensional de los nuevos saberes y practicas que surgen de las instituciones de la Edad Clásica, responsable de la invención nominal del hombre moderno y de un nuevo lenguaje.

En la temprana obra Le mot, le choses como es sabido, Foucault abre su análisis del saber y su organización con el cuadro ‘Las Meninas’ de Diego de Velazquez. No le interesa a Foucault mucho la historia ni la formación espacial del cuadro, sino la manera en que el pintor ha organizado la representación. Para Foucault se trata de una obra que ilustra la nueva conceptualización del espacio moderno: el pintor, o sea Velazquez, mira hacia fuera de su cuadro, y no es a nosotros a quien mira, sino hacia un espacia que existe mas allá del cuadro mismo, solo que nosotros ocupamos el imaginario del mirar (del ‘gaze’) que dirige el pintor.

Si algo nos revelan Las Meninas – advierte Foucault, es la misma obsesión por organizar el caos desde adentro, desde un espacio que se crea entre las palabras que nombran y las cosas como nuevos objetos del saber. A diferencia de otros posmodernistas, Foucault fue quizás el que menos escribió sobre las artes visuales, quizás porque como dijo en una entrevista, “la estética ya es algo mas complicado” [2]. Las otras alusiones que se pueden encontrar en su obra es el largo ensayo sobre “La Pipa” de Magritte, donde expone los niveles semánticos que yuxtaponen entre la representación del objeto y la negación del mismo con las palabras. Si Platón había condenado a la pintura por pecar de doble mimesis; Foucault se plantea una cuestión radicalmente diferente: la del orden epistemológico en el arte como plano de representación.

Cómo debe o puede el observador entender el doble gesto de Magritte en su lugar enunciativo de significación? Más radical, pero del mismo esquema hermenéutico, es el fragmento sobre la obra de Magritte y Andy Warhol, que analiza las repeticiones y relaciones entre lenguaje y representación. La tesis de Foucault se conceptualiza como “pintura no-afirmativa”. Si para Benjamin esta “reproductibilidad” significaba la pérdida del aura, para Foucault es la pérdida y la apertura de la identidad: una libertad significativa para librarnos de los estatismos de la mimesis o del poder que nos reproduce desde nuestra presencia. Es esta labor en la era de la imagen que el artista debe agotar, reproducir y reinventar nuestra misma identidad.

Veamos el método en forma de contraposición de un discurso clásico:


"La separación entre signos lingüísticos y elementos plásticos equivalen a la una similitud y una afirmación. Estos dos principios constituyen la tensión de la pintura clásica, porque la segunda reintroduce un discurso (la afirmación solo existe donde está el habla) en una forma del arte por el cual el elemento lingüístico quedaba rigurosamente excluidos. Por esto que la pintura clásica hable – y habló constantemente – mientras se constituía así misma desde afuera del lenguaje; por esto el hecho que en un espacio discursivo; es por esto que facilitó, debajo de si misma, un territorio donde se pudiera restaurar los signos y la imagen. Magritte teje signos verbales y elementos plásticos, pero sin referirse a ellos en como antecedente isotópico. El esconde la base afirmativa del discurso donde la representación se sitúa, y así inserta similitudes puras y sentencias no-afirmativas en el juego dentro de la estabilidad de un espacio voluminoso y desorientado. Un proceso, cuya formulación cobra sentido en la pintura Ceci n’est pas une pipe.

1. Se emplea un caligrama encontrado [la pipa], simultáneamente presente y visible, imagen, texto, semejanza, afirmación, y sus terrenos comunes.
2. Abrir un espacio, para que el caligrama inmediatamente se descomponga y desaparezca, dejando como traza solo su ausencia.

3. Dejar que el discurso surja como lenguaje en forma de letras. Letras que, en la medida que son dibujadas, entran en relación indefinida, confusa con la pintura misma.

4. Dejar que similitudes que se multipliquen, que nazcan de su propio vapor y que se alcen hacia un espacio donde solo se refieren a si misma.

Para clarificar, al fiel de la operación, y que la precipitación ha cambiado de color, que ido de negro a blanco, que el “Esto no es una pipa” silenciosamente escondida en la representación mimética se convierte en la sentencia “Esto no es una pipa” por la cual circulan otras similitudes.

Se acercará un día cuando, por similitudes indefinidamente transmitidas en serie, que la misma imagen, junto con el nombre que lleva, perderá su identidad. Campbell, Campbell, Campbell [2]*".
___________

[1] “Theatricum Philosophicum” reprinted in Language, Counter Memory, Practice. Cornell University Press 1977.

[2] “How much does it cost reason to tell the truth?” en Foucault Live: Interviews, 1966-84. p.250. Semiotext(e) 1989.

[3] This is not a pipe. Michel Foucault. University of California Press 1983.

[*] La traducción de este fragmento de Foucault es mío.

1 comment:

Anonymous said...

Excelentes apuntes Munoz. Foucault hace referencia a Goya en el trabajo sobre la locura. Gracias otra vez.

Alex