Monday, July 6, 2009

Julio Larraz


"Pretendo crear otra realidad, donde los sueños sean el fundamento de un universo paralelo. No albergo una segunda intención. Me gusta pensar que los seres representados tienen vidas propias." - Julio Larraz

Hablar de la pintura de Julio Larraz quizás sea un gesto incorrecto desde el punto de vista de la crítica de arte. Intentaré elaborar sobre el asunto.

El mismo acto enunciativo de vincular su pintura a la tradición visual del Occidente, desde el espacio de nuestros tiempos donde la pintura ya no existe, se vuelve facilmente en un ejercicio carente de toda aproximación real. Aunque esta ficción pudiera ajustarse no a la pintura (lo cual seria casi imposible), sino a ese segundo mundo que busca Larraz: abierto, mágico, por el cual (a diferencia de las consignas surrealistas) el objeto de la cotidianidad encuentra su forma dentro de las posibilidades de sus orígenes. Las figuras de Larraz no se yuxtaponen para crear el tan buscado efecto de lo "maravilloso", sino que exaltan la posición real en su propio entorno.

Una vista al mar, un melón rojo, un buda que medita, la sombra de un toro que sale a la corrida, son solos algunos de sus momentos. Si damos por "mágica" la pintura de Larraz, no se debe leer que esta se encuentra en otro plano de la creación metafórica de significante, sino al hecho que nuestro mundo hoy, lo real se ha impregnado de la substancia de lo anti-natural. Su mundo (si es que es realmente poseedor de tal) es mágico porque es real. Una dialéctica en secuela: solo lo real es desde el momento representativo lo que aparenta ser mágico o sagrado. La deshumanización de las artes no se debe, como pensó Ortega y Gasset, al formalismo de la obra de arte, sino a la relación simbólica de la ínter-subjetividad posmoderna.
 

Mucho se ha dicho de su pintura como lugar donde la luz cobra un nuevo sentido, una orbita que circula sobre lo inesperado de la realidad (irrealidad?) tropical. Un discurso que abusa de la arbitrariedad biográfica del pintor: el solo hecho de ser cubano levanta las sospechas de un estereotipo insular.

Ver un cuadro de Larraz encierra una de las sensaciones poco úsales del mundo contemporáneo: el silencio. Mas raro aun es que se consiga a través de la pintura no abstracta, un género que, como muchos críticos han observado ya, se encuentra en la declinación desde hace mucho en las artes visuales de nuestros tiempos. Este silencio explicaría la levedad dúctil de sus piezas, es decir, un realismo que a su vez no se encuentra colmado de las desmesuras naturalistas o de la narrativa hegemónica del realismo del siglo diecinueve.

Encuentro en sus obras una larga familia de la tradición realista moderna: los vasos y naturalezas muertas de Morandi, que como cenizas polvorientas hablan de la esencia de la pintura; o Edward Hopper, cuya galerias de figuras silentes hace del espacio un lugar de lo tenebroso; o David Hockney, donde la tensión lineal entre el silencio y el onomatopéyico splash es análogo a los azules silencios de Larraz, pero que en algún momento pueden interrumpir su sequedal desde un abismo (el cuadro dentro del cuadro: una ventana).

Su color, como tambien en Morandi, es el blanco: color del mármol, de la cal, la nieve, el horror de vacío oriental, de la piedra Zen, y de todo aquello que emana el tacto de su porosidad nublada. No hay luz, no hay brillo, no hay impresión. Queda la piedra y el sueño. Y es por esto que la pintura de Larraz puede verse como un intento formal de hacer escultura en el espacio: la de un ecfrasis hacia un romance entre la visualidad que se toca y la otra muy diferente, la visualidad que se ve. Solo Fontana lo consiguió a traves de la abstraccion. Larraz la ha aproximado exitosamente desde el realismo.

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Gerardo Munoz
Verano del 2009
Miami, Florida.

2 comments:

Anonymous said...

UN GRAN PINTOR !

Augusto Chimpen said...

Me gusta mucho Larraz, te felicito por promover el arte. Yo tambien tengo un blog que te lo mandoa para que lo visites.


http://preguntas-de-arte.blogspot.com/

Sinceramente,

Augusto