Wednesday, July 15, 2009

Crisis e ideología: Entrevista con Boris Groys

Boris Groys es uno de los críticos de arte mas originales de nuestros tiempos. Con su obra – ya establecida como clásica, aunque agotada en Estados Unidos; The Total Art of Stalin, se consagra como un pensador hegeliano de la Modernidad que se enfrenta con pudor a todos los problemas planteados por las ultimas corrientes del pensamiento contemporáneo: el posmodernismo y los estudios culturares en la globalización. Es Global Professor de estudios eslavos en la Universidad de New York, y profesor de estetica en el Centro tecnologico de Karlsruhe. Como especialista de arte ruso y de la obra del artista Ilya Kabakov, Groys se encuentra hoy entre los pensadores imprescindibles para aclarar las paradojas entre arte y la crisis. Aquí comparto en traduccion una entrevista conducida por Thomas Knoefel, a propósito de la publicación de su obra sobre Stalin, la obra de arte total publicada por Pre-Textos .
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P. ¿Cómo entiende la filosofía en una época tan poco amiga del pensamiento?

BG: La filosofía se ocupa desde siempre de preguntas eternas que no tienen respuesta. Así que hay un espacio donde están aquellos que se han entretenido con estas cuestiones, y de lo que se trata es de hacerse un hueco ahí. Es un lugar poblado de muertos (Platón, Kant, Descartes...) y tienes que buscar tu manera particular de ocuparte de esas preguntas que no tienen respuesta, dialogando con ellos, discutiendo, peleando si hace falta. Si son preguntas que pueden contestarse, ya no serían eternas y no estaríamos hablando de filosofía, sino de ciencia o de arte. Que son otras maneras de responder a esas cuestiones que nos afligen.

P. ¿Y cómo se ha instalado usted en ese territorio?

B.G: A la defensiva. Vivimos un tiempo lleno de discursos -ideológicos, políticos, religiosos...- y de actitudes que no dejan de bombardearte y acosarte por todas partes, así que lo que pretendo es neutralizarlos. Soy un filósofo al estilo del protagonista de aquella serie televisiva Kung Fu. Nada de atacar, defenderse, y desarmar tanto ataque.

P. Ha dicho que "la época de las explicaciones y justificaciones ha terminado", y habla de malos tiempos para disciplinas como el arte, la literatura o la filosofía, que considera "variantes sublimes en las estrategias de autoexplicación"...

B.G: No tengo una gran simpatía por las autoexplicaciones. Tienen un componente psicológico enojoso, el del afán de estar delimitando cada rato tu propia identidad. Que si soy así, que si mi género es éste, que si lo mío tiene que ver con esto y lo de más allá...

P. ¿Cómo caracterizaría la sociedad actual, la de la cultura de masas?

B.G:. Estamos en la época de la cultura del espectáculo. Lo que está cambiando es que ahora todo el mundo quiere ser protagonista, todos quieren mostrar lo que saben hacer, y de paso tener éxito. Ahí están MySpace o YouTube: todos quieren expresarse, todos son artistas. Con lo que hay un nuevo problema: ¿quién es el espectador? Guy Debord, el analista más lúcido de la cultura del espectáculo, se suicidó. El último espectador atento se suicidó. Así que hablamos, pero no sabemos quién está escuchando, escribimos y no sabemos si hay alguien que lee. Para que haya espectáculo tiene que haber espectadores. Así que todos esos afanes de proyectarse, de crear espectáculo, se sostienen en una hipótesis imaginaria: que hay alguien ahí.

P. Vivió mucho tiempo en Rusia ¿Cómo valora lo que ha pasado allí desde que terminó la llamada guerra fría, de la que fue al parecer la potencia derrotada?

B.G: No me atrevería a ir tan lejos, no creo que perdiera la guerra fría. Lo que ocurre es que hay mucha desinformación y tampoco se sabe muy bien qué está pasando en los países ex comunistas. Hay un fenómeno muy claro: son sociedades que están abandonando un sistema de consumo colectivo para pasar a uno de consumo privado. La gente quiere consumir ahora. Y la ideología del consumo se ha convertido en la gran ideología. En Rusia, pero también en China y en Vietnam y en Cuba y en todos los países que fueron socialistas. En Rusia hay ahora un montón de millonarios y el desarrollo de la cultura de masas ha sido allí espectacular. La presencia mediática de los nuevos ricos no obedece tanto al afán de ostentar su poderío como a la exigencia de la cultura de masas de estar ahí para ser alguien. La felicidad artificial de los grandes escaparates se ha convertido en la única meta.

P: Frente a esa exigencia de felicidad, usted ha reivindicado el fracaso, la enfermedad...

B.G: El valor fundamental de las sociedades capitalistas es la salud. Si se ve hoy el amor con bueno ojos, y ya no es esa tragedia que contaban los románticos, es porque han comprobado que practicarlo es saludable, que hacer el amor reduce el estrés o cosas por el estilo. También en Estados Unidos se considera que es bueno pensar una media hora al día porque ha habido estudios que han demostrado que se trata de una actividad que, siempre que no se abuse, genera unos procesos químicos que son provechosos para la buena salud. No hay otra opción para disentir que reivindicar la infelicidad, la enfermedad, el fracaso, la ruina.

P. ¿No se trata de una mera pose?

B.G: Le voy a contar un caso muy ilustrativo. Cuando Alexander Shaburov, un amigo artista, empezó su carrera en los años noventa, fue saludado con muy buenas críticas. Pero no tardaron en advertirle que tenía un problema muy grave: una mala dentadura. Sin embargo, tuvo suerte, y le concedieron una beca para que se arreglara los dientes. Y lo hizo. Y le ha ido bien. Hoy no se puede ser un buen artista si algo va mal a la hora de sonreír.
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1 comment:

RJ said...

Respetos desde Kiev al zar Boris Groys,que trae preguntas mas que respuestas..........