Tuesday, July 28, 2009

Diálogo con el Ogro Estético (XVI): Miró y el color del sueño


G.M: He visto hoy una obra muy tierna mientras me sentaba a leer hoy en mi biblioteca. Se trata de una de esas peinture-poésie que realizó Joan Miro hacia 1924. Aunque pudiese ser calificada como abstracta y surrealista, lo que me atrae de este cuadro es la limpieza mental, la reflexión, su sensibilidad casi un cuadro mental, como el blanco de Tomas Sánchez que, aunque nada tiene que ver con las del pintor cubano, produce una sensación de ensueño sobre el espectador.

Ogro:
De seguro que aludes a la ya famosa El color de mi sueño, donde Miró experimenta, de manera originalísima, con los límites de la escritura y la pintura, pues como se puede observar, el cuadro carece de toda formalidad icnográfica o figurativa, y pone en representación varios anuncios para conceptualizar su propia codificación. Como un lago de ausencia, Miró deja regiones del blanco para operar sobre el significado que se forma mas allá del cuadro, es decir, por abre una libertad en el agente que habita en el otro extremo de la creación. ¿Qué nos puedes decir sobre esta formación de pictura-escritura?

G.M: Me parece que, dejando ya a un lado las novedades de un Henri Michaux, esta obra de Joan Miro lleva la relación de pintura y escritura hacia sus límites. Al colocar el grafo "Photo" no solo se crea un espacio que sitúa al espectador en la obra, sino que relaciona formalmente la representación pictórica con la escritura, llevando a un mismo nivel a esta última con la primera. Quizá la explicación para esta obra de Miró es mejor hallarla, no tanto en las invenciones surrealistas o vanguardistas de la época, sino en los cruces estéticos con el Oriente, en especial con la técnica del haiga, arte visual hermana del haiku, donde el espacio de la caligrafía y la ilustración llegan a confluirse en un mismo espacio. Roland Barthes por ejemplo, pregunta en su libro sobre la mitología de Japón que seria imposible trazar los límites entre el comienzo de la pintura y el fin de la escritura en el arte asiático. Miró de alguna forma estiliza las letras que incluye en su obra, y con estas crea un diálogo muy original con la totalidad de la obra. El fondo blanco, la especialidad, y los usos económicos de los trazos, forman un conjunto impresionantes de pequeños ingenios que llevan al cuadro a una similitud real con la estética oriental. No olvido, desde luego, que el centro de la obra de Miro, o si queremos, el sujeto, se trata del sueño de cada uno, el cual también podríamos situar dentro de la amplia gama oriental de lo onírico; un registro que fascinó a los artistas japoneses y chinos mucho antes que las modernas serendípias de los surrealistas o del subconsciente de Freud formaran parte de nuestro discurso moderno. La obra de Miro renuncia a una interpretación total, dejando así un espacio para el propio ensueño del espectador que mira la obra, es decir, que deje su mirada (su propia foto) sobre el fondo de la tela.

Ogro: Creo que lo que expresas es cierto, al menos en un sentido. La obra de Miró no intenta expresar la naturaleza del sueño, sino un espacio para tener esta ocurrencia. Lo único que no me convence sinceramente es el anuncio que leemos bajo el parche azul: este es el color de mi sueño. ¿No está forzando Miro con esta aclaración una especie de subjetivización de su obra, o sea, no cierra a través de estas palabras la apertura del significante del propio sueño?

G.M: Mirar esta obra de Miró, casi como todas las suyas, es una experiencia enigmática, de un hermetismo muy raro, pues creo que el artista siempre se coloca entre la experiencia abstracta de la visualidad y la composición con un lenguaje de significado. Ambos, el enunciado y el parche de azul, pueden leerse como iconos de la obra de Miró, pues el azul para el, como para Yves Klein o Pablo Picasso, es símbolo del espacio, del infinito, y del paisaje marítimo de la experiencia del mundo Mediterráneo. Su sueño es también el sueño de la experiencia terrenal: la del espacio de un viejo mundo que vieja en su liquidez por los años. Es por esto que creo que este sueño de Miró es una especie de firma de autor, de sello con el cual declara su estilo y su expresión, pues el azul es también el sueño de la expresión mirosiana. Si queremos correlaciones exteriores, sin embargo, tendríamos que pensar en los escritos de Gastón Bachelard sobre el agua que, según el filosofo de la poesía, es parte de nuestras profundidades oníricas. No se trata de bajar al "subconsciente", sino de sumergirse en sus profundidades; y recordar que no es por coincidencia que Freud relaciona el oscuro lado del psiquis con la metáfora de un tímpano de hielo que se encuentra dentro y el fuero del agua. El espacio de Miró es un paisaje que habita la región del fondo de los sueños. Es esta substancia es intervenida en el mundo de la plasticidad.

Ogro: El cuadro de Miró guarda un secreto creo que visible: la intimidad del artista, ya que nos declara algo sobre su sueño. Es un gesto que dice mucho con recursos mínimos. ¿Se trata de una astucia del pintor, o de una mentira?

G.M: Ogro, creo que has hecho la gran pregunta que muchas veces ni se debe hacer. Indagas sobre interminables cuestiones del arte: la muerte y la presencia del autor, la verdad en la obra del arte, la esencia del sueño en la realidad, hasta la cuestión de la forma en el arte. Yo me preguntaría algo más humilde: ¿Es posible representar nuestros sueños? Apuesto a que este fue el móvil de la obra de Miro, y a través de este, el artista nos invita a zambullirnos en nuestros propios sueños para llegar a una imagen propia. Miró hace despertar una bella pregunta al espectador, aunque hoy un poco demodé: ¿Cuál es tu sueño?

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