Friday, July 31, 2009

Fragmentos sobre un espacio pictórico


I.

Las escenas interiores de Hammershøi se encuentran bajo el signo del silencio, y quizás por ello que no se merecen ser comentadas, sino recordadas. Habitadas. Recordar siempre es un acto de modestia, o al menos, de generosidad con un pasado. Se sobreentiende que recordar es siempre recordar en palabras que no son las mías, como estas (inmejorables) que he recordado del poeta Orlando González Esteva:

¿Qué tarde desconocida
se posará en los postigos
de mi casa y llenará
de luz los cuartos vacíos?


Escenas de una memoria. Gastón Bachelard en La Poética del Espacio nos dice: "La ausencia de lucha es evidente de las invernales en la literatura. El hogar deriva reservas e intimidad del invierno". La casa cumple una función de micro-mundo, de resguarde ante la blanca nieve, esencia de una cosmología. Los sujetos de Hammershøi tratan de aprisionar la intimidad del espacio con sus almas, es por ello que, volviendo sobre una larga tradición renacentista, el dorso de sus narrativas esté constituido por el silencio. O por la escasez de este.

Rainer María Rilke apunta la necesidad de una crítica del silencio cuando el veedor observa la obra del pintor: "Hammershøi es uno de esos artistas, de los cuales uno no debe apresurarse a clasificar. Su arte es sosegada y fugaz, desde cada momento de aprensión, siempre habla de lo esencial del arte".
.
Lo fugaz del arte: la economía de la memoria evoca ciertos olvidos.

II.

Hay dos formas de llevar a cabo una hermenéutica de la obra Vilhelm Hammershøi. La primera frecuentaría la búsqueda de un procedimiento en torno a la fluidez del puritanismo en el espacio (la influencia de Soren Kierkegaard, o sea la parábola como existencia espiritual). Otro procedimiento trataría de ver el espacio como lugar de reclusión de lo eterno que, con el nivel cromático y la formalidad sensorial, llega a sembrar lo interior como una poética del pecado. Una concepción sobre el amor hogareño de Nathaniel Hawthorne pudiera elucidar la vitalidad del espacio de lo pulcro. Esta ambivalencia, que intenta pensar a Hammershøi en una tónica dualista, puede ser justificada por su iconografía y por el orden de su espacio pictórico. En muchas de las obras, el sujeto siempre queda de espaldas, huyendo de la mirada del espectador, es decir que el espacio queda negado desde la perspectiva de una subjetivización del exterior. La vista – parece sugerir Hammershøi, es un indicio de la libido. La reducción del espacio cerrado se comprueba por el gesto de la misma visualidad del sujeto de sus obras. Este ícono recurrente en las obras de Hammershøi es un ser melancólico: irrepresentable en su esencia, debido al secretismo y a la negación de su rostro. Un sujeto que es siempre un ciego del amor exterior. Estas especulaciones hacen pensar a los seres de Hammershøi como sujetos de una "desnudes del ama" hacia Dios (Lutero dixit): se intenta representar el espacio sacralizado, donde se transmite la virtud de lo pulcro y lo casto. La otra lectura del pintor, con la que quizás mas nos sentimos identificados hoy, es la que ciertamente narra un espacio infinito dentro del confinamiento espiritual gnóstico (geometrico), elevado a símbolo por la puerta abierta, siempre situada en el centro del cuadro. En otras palabras, los centros de sus obras intentan retar tanto al sujeto del cuadro como al espectador hacia una salida. Ya es algo que leemos en Nicolás de Cusa: la puerta de lo legible es también lo ilegible, lo que nunca se sabrá.


III.

La novelística es el género total del hogar, o de un hogar que surgió en momentos específicos, y que hoy ha desaparecido por nuestro nomadismo naturalizado. Tanto en las novelas de Marcel Proust, como en la única novela de José Lezama Lima, la casa queda eternizada como espacio cerrado, y es forma de vivir la creación en el tiempo. En la página 366 de La Cantidad Hechizada, Lezama escribe: "La imagen de la casa es la infancia". El espacio alude a la muerte en el tiempo, donde nace el pecado del hombre como ser caído. No resulta inverosímil que los monjes medievales vivieran en reclusión para así contemplar la eternidad. En cambio, el espacio Protestante no es un horror vacui, sino un abismo de la mano de Dios.

El espacio de Hammershøi, comprendido desde estas estrías teológicas, no goza de la esencia maniquea del espacio como zona de combate, sino de una actividad reflexiva de los ejercicios del alma, a posteriori de su predestinación divina. Al reflexionar sobre esto no estamos libres de pensar en John Cotton, o Calvino, cuando estos evocaron desde sus sermones el espacio como reposo de lo divino. Esta divinidad en Hammershøi es de índole del panteísmo spinoziano. Todo es divino en su plástica: el filtraje de la luz entre las persianas, el búcaro con flores, el mantel impecable, el inmóvil sofá. ¿Por qué no puede ser la puerta abierta un camino vertical hacia Dios?

IV

Todos estos apuntes son atribuidos a la obra del pintor danés V. Hammershøi. Quizás también sean parte de algún otro plan secreto, parcialmente revelado. La plástica no solo genera misterios, pues en Hammershøi se hace visible un espiritualismo pagano.
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Gerardo Munoz
Verano del 2009
Florida

2 comments:

Patricia Miranda said...

Gerardo, mientras te leia he recrodado ese poema de Dulce Maria Loynaz "Ultimos dias de una casa", en el creo reconocer esa misma esencia, la evocacion de un recuerdo, el silencio, el vacio, la ausencia, la nostalgia. La casa, como un poema que si no es leido muere, padece si no es habitada! no conocia este artista, ni todo el enigma que encierra esta geometria de lo cotidiano!
un abrazo!

Gerardo Muñoz said...

Me gusto mucho esa conexion que has hecho con DMLoynaz. Aunque confieso que no es de mis poetas predilectas, siempre he sentido que sus poesias encierran un agregado de sensaciones sobre la intimidad con los espacios (el "Jardin", por ejemplo). En Hammershoi lo que me interesa es esa resonancia hogarena de la pureza y el pecado tan comun en el Puritanismo. Un gran enigma, como bien dices.
abrazo,
G