Monday, July 27, 2009

Tres variantes de Takarai Kikaku


NOTA:

Es la feliz historia del Maestro y el pupilo. En una tarde lluviosa en Edo del joven siglo dieciocho, uno de los alumnos del Maestro Matsuo Bashō se atrevió a leer una de sus poesías al Maestro. Leia: " Una libélula / le arrancas las alas / queda un pimiento". El Maestro, furioso por la composición de su alumno, rectificó el orden que, según el, violentaba el orden poético y la armonía interna: "A un pimiento / le añades alas / bella libélula!" – le anunció Bashō a Kikaku. El Maestro mejoraba la imagen del discípulo: zurcía la destrucción en creación.

Glosar la literatura, es también recorrer la historia de la amistad, y hasta en momentos presenciar, o volver a vivir lo cual es lo mismo, las efemérides de los maestros y alumnos. En algunos momentos de Oppiano Licario y José Cemi, o en los recuerdos de Joseph Knetch, encontramos esa favorable esencia de la amistad que existe entre el Maestro y alumno. Como en la ilustración posteriormente acotada: el alumno llega a sobrepasar al Maestro. No busco probar esta aseveración con un análisis, sino con la especulación de un ejemplar, de una huella, o de lo que ha quedado de esta.

El jaikú que traduzco de Kikaku, con ayuda de Makoto Ueda, es una estampa del sueño. En este ejercicio he querido ejecutar una práctica que, como lo ha mostrado Octavio Paz, enriquece a la poesía, y que trata de multiplicar el significado semantico a través de una misma sensación. Ninguna de las tres traducciones es más "real" o fiel al original. Modestamente espero que haya logrado tomar rutas alternas que me lleven a un mismo centro. Ese centro es el caudal poético.
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I.

Sueño batallas
¿Acaso fui herido?
Punzan mosquitos.

II.

Muerto en batalla:
¡Rosetas de moquitos,
al despertar!


III.

Ronchas rojas,
un campo de batalla.
¡ mosquitos pican!
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Gerardo Munoz
Verano del 2009

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