Friday, August 14, 2009

A cuarenta años del Festival de Woodstock: ¿A dónde fue a parar la música popular?



Ver una fotografía es una forma recobrar la memoria. Selecciono una al azar: Carlos Santana al fondo con su guitarra, su grupo derrumbando, como dioses de un desierto, los instrumentos ensalzando resonancias sobre un campo abierto: las tumbadores incesantes, las maracas que abren huecos en su transcurso de sacudir el aire, los platillos de una batería galáctica, una Fender arañada entre los dedos serpentinos de un guitarrista que niega su rostro. Una foto común, que enmarca y excluye la intensidad de un evento que significó la furia de la música de los sesenta.

Escribí sobre una foto de Santana, pero también pudiese haber indicado otros nombres: Jefferson Airplane, Janis Joplin, Joe Crocker, Sly and the Family Stone, Hendrix, Joni Mitchell, The Who…voces de un concierto que intentó sanar ese vaticinio de Guy Debord sobre la esencia de la cultura de consumo: hacer una fraternidad con la mediación del arte. Durante estos días de Agosto se celebran los cuarenta años del Festival Musical de Woodstock de 1969 que, más que un festival, fue un evento de nuestra reciente historia. Un capítulo de esa historia de liberación y justicia, dos credos que hoy, prácticamente, se han borrado del imaginario de la Izquierda.

Si algo he aprendido con los recientes debates en torno a la polémica del concierto de Juanes en Cuba es que, aunque pensamos muchas veces que vivimos en tiempos de esa libertad post-ideológica, la música popular hoy no posee el poder que una tuvo en sus comienzos. El debate sobre la participación de Juanes no debe ser entendido, como se ha dicho en la mayoría de los medios comunicativos, como un problema de resquebrajamiento moral del artista (aunque parte de esto es innegable), ni tampoco como un problema de "ideología", es decir, especular sobre el contorno ideológico revolucionario de Juanes que le ha permitido contraer una creencia a favor de esa longeva dictadura cubana de medio siglo. El problema de Juanes solo indica, a mi parecer, un problema aun más inquietante y global, que responde a la carencia de conciencia crítica por parte de los artistas populares contemporáneos. El artista de hoy se deja llevar – a diferencia del ideal espíritu crítico de los años sesenta, no solo por el capital, sino por la ideología del sistema. En otras palabras: si antes el artista servia de contrapunto ante el poder y al orden social, en la actualidad este es un vocero del poder y un cómplice del sistema global del capitalismo. Es un miembro mas de la era Fukuyama que no ha encontrado una propuesta para criticar su contemporaneidad.

El artista de hoy no solo carece de conciencia crítica y del vibrante espíritu de la canción protesta, sino que es parte de un nuevo contexto socio-político que, compartiendo mucho de las vistas con la sociedad de consumo, se ha visto desprovisto de la creación de "ideas" en la música popular. La música de los sesenta fue de alguna manera, avant la lettre, una participación total de una juventud que creía que un cambio en el mundo era posible, y que una de las maneras más eficientes de llevarlo a cabo era a través de la música – de eso que se llamó "grooving" - como instrumento de una contracultura. No es coincidencia que el paisaje de nuestros tiempos borra la opción del artista comprometido con los males de la sociedad y con la actitud crítica, sino que la misma idea de una "contracultura" es inexistente o sumisa a las corrientes mas hegemónicas del momento (el anime, el neo-punk, el gótico que tiene sus tiendas en un mall, o los famosos "emos" que van a la par de los medios electrónicos comunicativos o del iPhone). Volviendo sobre Juanes: cuando este escribe en una de sus canciones que desea que dos "hermanos se abracen y se entiendan", una letra dicho sea de paso que se ha querido recontextualizar para el caso cubano, no hace mas que ser un ventrílocuo del discurso multiculturalista de nuestros tiempos. Un discurso que célebremente se jacta de argumentar: tu enemigo es solo aquel, cuya historia tú ignoras. Este discurso presupone (precursores también se pudiesen encontrar en las más ingenuas páginas "Sobre la tolerancia" de Voltaire o en los panfletos New Age), un subjetivismo que invierte una ética o moralidad por un plebiscito de la complacencia.

Para poder dar una respuesta adecuada a este cambio paradigmático del espíritu de la música popular, se tendría que indagar sobre la complejidad de la "guerra cultural" que, en todas sus dimensiones políticas, sociales, económicas, y psicológicas, combatió el destino de Estados Unidos desde principios de los años 50 y los 60. Si bien la guerra cultural americana con el hippies y el yuppies abrieron el espectro de una emancipación cultural o de reinvención de una forma de la vida al decir de Michel Foucault, también terminaron siendo parte del mismo "establishment" que criticaron con tanta vehemencia. El espíritu del "68", como ha señalado Slavoj Zizek en su última ponencia en el Congreso de la Izquierda de Nueva York, es un tanto ambiguo [1]. Por una parte, advierte Zizek, el legado del 68 marca el último intento de resurrección contra el sistema, mientras que por otra, apunta hacia un fenómeno que, quizás por los recursos instrumentales e ideológicos (la influencia naif de Marcuse o de la Revolución cubana, por mencionar solo dos), culminó en una gran ironía: el "Gran Masturbaton" de California, donde los individuos que pretenden ser auténticos con alguna causa global (los niños desnutridos de África), compran una boleta para masturbarse en un recito junto a un grupo de personas desnudas; y el Wallstreet, donde los antiguos hippies marijuaneros se han tornado en grandes empresarios del capitalismo. Bastaría con señalar que Jerry Rubin, autor del "Manifiesto Yuppie" (1969), exitosamente terminó, como empresario de Apple, sentando en una oficina de Nueva York. Era el mismo Rubin escribía hacia el 1969:
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"Los yuppies dicen: LA PROPIEDAD ES UN ROBO. Todo lo que tiene Estados Unidos ha sido hurtado…el verdadero enemigo es el billete de dólar que sostengo en mi mano. Ahora mismo si tuviese un fósforo lo quemaría. Creo que es más importante hoy quemar un billete que una tarjeta del reclutamiento militar"[2].

El caso de Jerry Rubin, es solo una metáfora del atrofiado legado del 68 y de la contracultura impulsada por la Izquierda, pues toda esa "decadente generación" fue un acicate para la concepción de otro mundo posible, como también el final de esa propuesta. De Daniel Bell a Francis Fukuyama la ruta de la política cultural en Estados Unidos culmina tanto en el fin de la ideología, como en una homogeneidad cultural que solo es comparable con el vacío de un régimen inoperante y pasivo. Ese régimen lo vivimos hoy.

Cuando era pequeño tuve la oportunidad de tener una magnifica profesora de inglés, una obsesa y delirante afro-americana de apellido Higgins que, con sus tempranos setenta años, me narraba oralmente su experiencia en el Woodstock: "Mucho fango, mucho fango, y mucha peste…mucha música, y la guitarra de Hendrix…la gente muy feliz". Estos son los retazos que aun conservo, bajo las tiernas sombras del olvido, de aquellas conversaciones que me fueron legadas por una persona de la generación del Woodstock. Desear pertenecer a otra generación es una quimera infantil, reconozco lastimosamente que nuestra generación ha sido mas pasiva y mas inconciente ante los problemas del mundo, ante los atropellos sociales, y ante los conflictos políticos del sistema bajo el cual vivimos. Ya no se intenta de cambiar el mundo, ni de modificar la historia; se vive en un presente hedonista dominado por la emergencia. Hace mucho que llegó el fin de la utopía. Este parecer ideológico se repite desde la estela de la música popular como su única forma. Es innegable que presenciamos la muerte de la música popular, pero al menos nos quedan los recuerdos de sus mejores días. Algunas fotografías.


[1] Žižek, Slavoj. "Resist, Attack, Undermine: Where are we 40 years after '68?" March, 2008
[2] Rubin, Jerry. "A Yippie Manifiesto" (1969), p.1354 en American Political Thought: A Norton Anothlogy by Kramnic & Lowi. La traducción al español es mía.
foto: del archivo de LIFE MAGAZINE

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Gerardo Muñoz
Agosto del 2009
La Florida, USA.

3 comments:

Anonymous said...

!

Anonymous said...

Excelente articulo Gerardo. Fui de aquella generacion y comparto tu opinion acerca de la crisis de los artistas de hoy.

Lucho

Gerardo Muñoz said...

Gracias a ambos.
Mis saludos,

G