Sunday, August 30, 2009

Diálogo con el Ogro Estético (XVII): La visualización de Daumier

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Gerardo: Querido Ogro, ahora que vuelvo a verte se me hace imposible no preguntarte por tus estudios visuales y por tu progreso en las ciencias académicas. Hoy quiero compartir contigo un espectro que se ha asomado sobre mi sección de literatura fantástica en mi callado recinto de lectura. Creo que es una caricatura de Daumier, aunque lo que más me ha sorprendido ha sido, en efecto, la imaginación que veremos en nuestra imagen.

Ogro: Muñoz, me place informarte que los estudios marchan bien, aunque confieso que un tanto pesimista sobre la vida académica que, con sus profesores y estudiantes, muchas veces resulta un disfraz para la pedantería y la vulgaridad intelectual. Dicho esto, volvemos a nuestros diálogos que tan bien nos hacen para nuestros intereses sobre las artes. Daumier ha sido, como Gilray o Posada, un caricaturista que siempre me ha fascinado por su modernidad – o mejor, su contemporaneidad que no se añeja. Tal pareciera que en sus cuadros y dibujos el hombre sostiene un espejo de si mismo, de lo que fue en una mañana cercana, y de lo que, potencialmente, ha tratado de ser. El hombre moderno se puede leer como eso: una búsqueda hacia cierto disloque en el tiempo, y una cuantificación atómica del los espacios pictóricos. Pero si se puede preguntar, ¿qué fue en realidad lo que vislumbraste de Daumier?

G.M: Lo extraño es que no voy a hablar de uno de esos óleos de Daumier que, un poco adelantado a su tiempo, denunciaban la burguesía y los pesares de la clase obrera. Esta ladera pictórica de Daumier es la más visible, pues como en las novelas de Balzac o de Maupassant, nos legan una fascinante y heterogénea galería de personajes de aquella sociedad. Daumier, también como el Constantine Guys que menciona Baudelaire en su famoso ensayo, es un artista que deambula por la ciudad para recoger o comprar como si se tratase de una comodidad, la imagen de sus sujetos. Nada de estos lo he visto, salvo que me parece meritorio recordar, al ver la obra de Daumier como ilustrador satírico y fomentador de verdades sociales de su época. Quizás por esto prefiero sus caricaturas humorísticas, sus retratos de personajes deformados a su trabajo en lienzos, algunos con un profundo resentimiento de luchas de clases que pintaba paralelamente a su obra menor. He visto, de un conjunto de caricaturas de la época, una titulada "Le mal de tete", que podríamos titular como "Malestar de cabeza", aunque en castellano tenemos la ventaja de poseer una bella palabra para esto: la migraña. En esta imagen, el artista tiene sentado a un señor, mayor de abultado panza, agonizando por su dolor. Tiene la cabeza vendada, y mientras aprieta los puños para impedir un ruido, un séquito de diablitos navega sobre su perfil, figurando así el intenso dolor de cabeza. Lo mas entretenido de esta ilustración de Daumier es como el pintor ha figurado la sensación de dolor con figuras visuales que sirvan de mediación para que el veedor pueda entender el tema, aun si éste ignora el titulo de la obra.

Ogro: Si, es una ilustración sorprendente, ya que converge el dolor del hombre con su imaginación de este dolor. Muchas veces cuando tenemos dolor de cabeza, al menos para mi esa es la impresión, solemos imaginar, a través de figuraciones visuales, lo que ocurre dentro de ese espacio simbólico que es la mente. Justamente, vale hace hincapié, el encabezamiento de la ilustración de Daumier es "La imaginación", y no, como podríamos concebir a primera vista, malestar de un hombre o momento de agonía. Lo que me gustaría sugerir Muñoz, dirá usted si es valido, es que, si bien la ilustración refleja un significado específico (el dolor que produce la migraña), el tema central de esta ilustración es la función imaginativa del artista en crear, de algo puramente sencillo y directo, hacia un alto contenido simbólico.

G.M: Pienso en tus palabras, y pienso también en la cadena de significantes de la cual hablaba Jacques Lacan, a propósito de algunas reflexiones sobre la pintura. La migraña de Daumier es posible a través de esa cadena de significantes en el cuadro (la expresión del hombre, las figurillas, las compañas, los yunques y los martillos) para sugerir una sola idea, es decir, la del dolor de cabeza misma. Pero el protagonista aquí no es la migraña, sino la imaginación de esta migraña. El ilustrador pudiese haber pensado en cualquier otro tipo de forma de ilustrar la migraña, sin embargo, consiguió la intensidad de esa sensación incorpórea a través de su representación icnográfica propia de los diablitos y las campanas y mandarrias. Creo que, cuando mencionamos iconografía, tendríamos también que señalar el otro logro de Daumier: el haber creado una iconografía intra-histórica, o moderna. A diferencia de las largas representaciones en la historia visual del Renacimiento o la Edad Media, la representación moderna suele incurrir a convenciones propias del artista, donde éste ultimo es el creado de nuevos espacios y nuevas tradiciones de entenderse a si mismo en sus contextos. Esta es la idea del creador como un genio pequeño, una idea que se transmite desde los románticos a Huidobro, pero que tiene como centro a todo artista moderno a la hora de concebir su obra de arte.
Es fácil, al ver esa ilustración de Daumier, que existe una categoría social de un artista que hace de su obra un instrumento para cambiar el mundo o para explicarlo. En la antigüedad, no solo que no existía la diáfana noción del autor como lo concebimos en nuestros días, sino que se podía prescindir de todas explicaciones. El hombre moderno, en las artes, es un creador de símbolos sociales, sin transcendencia alguna. Otra manera de plantear estos símbolos de la vida cotidiana seria analizando como la representación pictórica comienza a ser un espacio que el creador mismo inventa, y que no adopta de la naturaleza o de la divinidad.
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Ogro: Esta representación que ha tratado Daumier, sin duda hubiese sido imposible en otro tiempo, con lo cual digo que el arte de Daumier es una matriz sobre la realidad social e institucional de su momento. El interés por la medicina, por las enfermedades, por la locura, por la mirada del doctor, por los tratamientos científicos; comienza a ejercer un importante despliegue durante el siglo dieciocho y comienzos del diecinueve, y por ello, éste es el espacio social en el cual Daumier ejecuta mucha de sus ilustraciones de corte sociológico. Existe al menos una inversión: antes del desarrollo institucional de la medicina y de los controles del cuerpo (el hospital, la clínica como vemos en algunos cuadros de Thomas Eakins), la pintura era una dimensión factible para estudiar las malestares de los hombres; mientras que en Daumier, el arte se vuelve secundario en relación a los nuevos saberes científicos de la época. Tal pareciera que en esta ilustración Daumier intenta volver a cierta desmitificación de la ciencia y de lo moderno, pues al evocar los diablillos como la causa de la migraña, está negando a su vez los nuevos descubrimientos de la medicina.

G.M:
Una explicación social muy atinada. En términos de recepción, la ilustración de Daumier quizás fue cómica para los espectadores de la época, sin embargo para nosotros hoy, es una reliquia de aquellos tiempos: una estampa de un ojo dotado para recoger los discursos de una época clásica. Sigo pensado, en todo caso, que lo más espeluznante en esta obra de Daumier – como en otras de sus caricaturas – es el hallazgo imaginativo de su creación. Yo ignoro si será así para otros espectadores, pero yo muchas veces he imaginado esos diablillos taladrando también mis sienes.

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