Friday, August 28, 2009

El complejo de los museos


Hay muchas cosas que permiten distinguir a una revista cultural especializada en arte contemporáneo de aquellas otras dedicadas a la divulgación artística, algo que hemos tratado en varias ocasiones con anterioridad. No vamos a insistir tampoco en el tratamiento que hace del arte la prensa, sus suplementos culturales o los grandes medios de masas como la televisión. Una buena revista de arte contemporáneo es, por una parte, un "espacio" privilegiado de exposición de los avatares de la plástica de nuestro tiempo y, por otra, una fuente de conocimiento que va mucho más allá de las modas y de los hechos meramente noticiosos.

En ambos sentidos coincide con el papel desempeñado por los grandes museos, cuya función se halla, idealmente, más cerca de la producción y difusión del conocimiento que de la simple presentación de espectáculos. Sin embargo, la masificación de los espacios museísticos, invadidos sobre todo por los turistas, ha contribuido en los últimos lustros a una lenta pero pronunciada mutación de su función, hasta el punto de que la valoración de la importancia de un museo ha acabado por depender absurdamente de la cantidad de personas que lo visitan anualmente.

Ciertamente, la mayoría de los visitantes acuden a un museo en pos de determinadas obras conocidas, como si de un espectáculo renombrado se tratara. Sin embargo, existen quienes buscan en el museo un placer que solamente proporciona el conocimiento, que requiere indefectiblemente un cierto esfuerzo, de la sensibilidad y del intelecto. Aunque ambos tipos de visitante son radicalmente distintos, cuentan de la misma forma en la cifra final, y son los visitantes insensibles, mucho nos tememos, los que suman el grueso de ese conteo. Basta observar el comportamiento de gran parte del público en cualquier gran museo europeo y estadounidense, arrastrando sus pasos con la mirada perdida saltando de obra en obra buscando la Mona Lisa particular del centro que visita. Sin embargo, al parecer, a los museos ya no les bastan sus "previsibles" colecciones, por buenas que sean, y, con objeto de escalar a un lugar destacado en la lista de los más visitados, se ven impelidos a competir en la celebración de exposiciones. Muchas muestras son concebidas, de hecho, pensando en esa triunfante masa a la que en realidad no interesa el arte ni la cultura, pero que invade el espacio museístico como parte del itinerario obligado de la ciudad, que le lleva también a visitar tal o cual monumento, tienda o cafetería, tanto da.

También las estrategias publicitarias de los museos se inclinan cada vez más a un lenguaje que vulgarice el contenido del arte, en aras de evitar ahuyentar con su complejidad al espectador medio, irremediablemente ajeno, hoy como siempre, a este peculiar mundo, cuya comprensión y disfrute están reservados tan solo a aquellos que observan con atención y que reflexionan sobre lo que han examinado antes detenidamente. Así, el terror irracional de los museos a convertirse en mausoleos del arte amenaza, inopinadamente, con transformarlos en serviles vasallos de una cultura de masas cada vez más fortalecida por la sorprendente agilización de las comunicaciones y la subsecuente difusión sin precedentes de todas las formas de, sí, la baja cultura de siempre.
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José Alberto López
originalmente en la Revista Lápiz nº 249. 2009
foto: multitud en el MoMa

4 comments:

Laberintos said...

Muy bueno esto, muy lúcido y cuanta razón lleva, pero que se puede hacer? es dificil.
No queda otra que seguir el camino de nuestra propia sensibilidad y resignarnos a que los bajos espíritus también visiten los museos. Conozco personas que no entrarían a un museo ni aunque les pagues, así que esa gran masa de mercenarios de estética, de la cual habla el artículo, al menos algo (alguito) se llevarán en sus mentes...y en sus pupilas. Sin contar lo que aportan al museo, economicamente hablando.
He leído todas tus entradas anteriores y como siempre, te felicito.

Gerardo Muñoz said...

Comparto tu opinion Laberintos, estamos en una encrucijada muy compleja, y senalar hacia una direccion es casi mentir sobre la solucion del problema mismo.
Por cierto, un gusto tenerlo de vuelta despues de unas largas vacaciones, como pudimos ver en su espacio.
saludos,

G

R.L.R. said...

Muy buen artículo, Gerardo. Gracias por compartirlo.
Mira este que publicó en El País hace algún tiempo el director del Reina Sofía
http://www.elpais.com/articulo/arte/Museos/Sur/elpepuculbab/20081220elpbabart_3/Tes

Gerardo Muñoz said...

Rafa, gracias por pasar y por el articulo. Muy interesante, sin dudas.
un abrazo,

G