Thursday, August 20, 2009

Enrique Martínez Celaya: el paisaje del alma



[A continuación traduzco un breve artículo que publicó el amigo Leah Ollman, a propósito de la exposición del pintor de origen cubano Enrique Martínez Celaya en Nueva York. Un pintor que, por ser un cubano post-insular, es heredero de Anselm Kiefer y de las mutaciones científicas de la Física Cuántica. Creo que éste fue en el algún momento de su vida un estudiante de esta disciplina. El influjo de la física viene, me atrevo a pensar, por esa gallardía en cambiar un arte numérico (poco visual) por lo visual.] -G.M

Enrique Martínez Celaya ha tratado el paisaje con una mirada conmovedora. Nada mas que comprarlo en sus últimos cuadros del 2008: campos de amapolas, nieve brillante, y ramas secas que describen cambios sujetivos como el anhelo, la soledad, la pérdida, y una rara nostalgia por el la vida en comunidad.

La memoria en muchos de estos inmensos lienzos (mucho pasan más de 10'), en los cuales aparece la figura solitaria, una especie de andrógeno viajero, que pudiese marcar el itinerario del propio artista entre Cuba y España, Puerto Rico y Estados Unidos. (Aunque ahora el artista comparte su tiempo entre su estudio de Los Ángeles y Dalray Beach en Florida). Con los usos del óleo y cera, Martínez Celaya crea livianas capas de una densidad y transparencia que evocan tanto la impenetrabilidad como la naturaleza impecable del pasado.


En The Return, vemos las rodillas en carne viva de un joven que han sido descubiertas por su abrigo de lana. Frente a nosotros, él sostiene la rienda de un caballo. Una franja de rosa polvorienta agrieta el cielo que, a su vez, revela finas líneas de un azul intenso. Este cuadro, como otros de la misma serie, puede ser leído como una parábola del exilio, de la resistencia y la supervivencia. En otras obras, vemos a un joven parecido, aunque un tanto más varonil, sujetando un bloque de hielo sobre sus hombros.

La sensación de desalojamiento y de empollo satura sus cuadros. En otros lugares el color juega una presencia mayor que en sus monocromías, aunque vale insistir que el espectro cromático de Celaya retiene los tonos tristes, aun en los paisajes más templados.
.


El ánimo de desasosiego se impregna también en sus esculturas. En The Savior (5' ½), un ciervo de bronce arrastra una pequeña montaña con sus cuernos. The Rail (9' ½), una figura femenina cabizbaja e introspectiva, tallada en madera, la vemos envuelta en un abrigo prehistórico que cuelga hasta dar con las rodillas. La forma, de simpleza angular, contiene un poder de reliquia tanto del presente como del pasado.

No comments: