Sunday, August 30, 2009

La abstracta Esphyr Slobodkina (Exposición retrospectiva en el Harn Museum)



Tras conmemorar los cien años de la pintora moscovita-americana, Esphyr Slobodkina (1908-2008), volvemos a la totalidad de su obra para registrar y reunir el amplio panorama de su legado plástico dentro de las artes visuales modernas en Norte America. Un legado tan rico como ignorado, pues rara es la vez cuando se menciona a Slobodkina en alguna clase de historia del arte o en las paginas de algún manual de pintura de este siglo. Quizá sea este olvido voluntario la primera virtud de esta exposición que ahora abre sus puertas en diferentes museos del país, y cuyo destinatario ha terminado exhibiéndose en el Museo Harn de la Universidad de la Florida. Volver a recordar una artista como Slobodkina es también revisar una carrera lucida y plural de una mujer que, aun pasando por los avatares artísticos de la segunda mitad del siglo veinte, no vaciló en atesorar una estética y un lenguaje pictórico personal, fácilmente reconocido por los versados en la geneologia de la abstracción americana.
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Es cierto: sus primeros cuadros, mayormente escenas interiores y fragmentos abstractos, no dejan de pasar por simples emulaciones de los grandes maestros europeos: Juan Gris, Chirico, o Henri Matisse. La segunda etapa que tiene sus orígenes en los años cincuenta y sesenta, y marca un desprendimiento radical de esos elementos que, perteneciendo al centro de la tradición Occidental e importados a la periferia, se hacían fácilmente reproducibles en sus primeros cuadros. Son estos nuevos cuadros, su verdadero legado y sello original. La abstracción de Slobodkina difiere, en esencia y en forma, tanto del abstraccionismo expresivo de la Escuela de Nueva York como el de los lenguajes continentales de principio de siglo. Curiosamente, no es arduo discernir en algunos cuadros de Slobodkina, lugares análogos o próximos a los de Amelia Peláez, pues sus figuras, entre la redondez y lo ovalado, le otorgan al cuadro una sensación de mantel con frutas y utensilios. En otras palabras, muchos de sus cuadros parecen ser mesas que han sido servidas por finas manos de damas. Los retazos de color en diferentes planos del cuadro remiten, en numerosas ocasiones, a alas descompuestas por el espacio, y tal parecieran que se moviesen hacia el espacio exterior del contemplador. .


Justamente uno de los pareceres de la abstracción de Esphyr Slobodkina que he podido notar, y que prácticamente los comisarios del catalogo y de la muestra callan, es su relación con el Arte Cinético. En algunas de sus obras vemos aviones y elementos fragmentados del movimiento, como son las bisagras de una puerta, alambres de púas (no muy disímiles a los que Jorge Camacho hay veces utiliza para cercar con huesillos sus paisajes), o piezas que, ya sean de maquinas o de imposible figuración, cuelgan desde el espacio interior del lienzo como como peldaños en movimiento. Slobodkina, sin embargo, parece haber dominado lo Cinético en sus esculturas, en las cuales siempre encontramos una fuerza total por el movimiento, ya sea en un ventilador o en una nave espacial.

Una lectura cinética de su obra, se puede deconstruir desde la pieza Our Great Big Happy Condominium que es nada menos que dos inmensos lápices de madera, montados en una pieza mecánica de base, y tallados en forma de edificio futurista. Esta pieza da la sensación de cobrar vida y salir hacia el espacio, aunque su riqueza semántica se debe, en efecto, a su ambigüedad: es tanto una crítica a la alineación de la vida norteamericana, como a los avances tecnológicos de nuestra era. La escultura intenta explorar esa región que el exilio ha comprendido desde su propia condición: la condición de la vida y los desplazamientos por la geografía global. La fuga (necesaria?) hacia otros espacios.

En muchas obras al óleo Esphyr Slobodkina ha pintado sobre un pedazo de gasa de yeso: una superficie frágil que a su vez crea un relieve poroso sobre lo que se representa. Su obra, como ese gesto de interponer lo deleznable ante la consumación de la vista, es un monumento que no busca salidas desde los amplios discursos de la tradición, sino que prefiere, con la modestia que sabemos que caracterizó a la artista, ver en el arte un pedazo de cada día. Enamorada del color y de la felicidad, quiso ilustrar cuentos infantiles, y sin embargo, dadivoso como es el destino, terminó siendo una de las pioneras de la abstracción en Norteamérica. La obra de Slobodkina, como la de Klee, es sencillamente misteriosa, entre otras cosas, porque proporciona fragmentos de la armonía coexistente entre colores y la firmeza de sus formas.


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Gerardo Munoz
Agosto 2009
Gainesville, FL.

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