Monday, August 10, 2009

Pintar desde niño: Entrevista a Eduardo Michaelsen

Nota:

Conocí la obra de Eduardo Michaelsen a través de mis investigaciones en torno a la obra de un pintor que fue muy amigo suyo, un joven de nombre Ángel Acosta León. Lo que siempre me llamó la atención de la pintura de Michaelsen fue su estilo que, entre lo naif y el primitivismo, tenia muy poco que ver con el barroquismo vanguardista cubano. Tengo la impresión de que Michaelsen cuando pinta nunca envejeció, aunque hoy rebasa la injusta marca de nueve décadas. La otra imagen que tengo de Michaelsen es cinematográfica: en el importante documental de Néstor Almendros, Conducta Impropia, una toma sobre la llegada de un barco del Mariel, nos encierra una imagen de Michaelsen, un blanco alto, pisando tierras estadounidenses. Alejado de Miami (vive en San Francisco), aunque no necesariamente de su Cuba, el artista ha hecho casi toda su obra en las alturas diaspóricas de San Francisco. En el 2007, Cuza Malé, le rindió un muy merecido homenaje al pintor en su cuaderno Linden Lane (VOL XXVI No. 2 2007), donde aparece esta vívida y honesta entrevista. Recordar es también volver sobre un pasado inacabado. Que esta entrevista cumpla una función similar; la de recordar la vida y obra de uno de los maestros de nuestra plástica moderna. Le agradezco a Belkis C. Male por permitirme compartir tan amena entrevista con los lectores de este espacio.

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BCM: ¿Qué se siente, mí querido Michaelsen, cuando se es "inmortal" como tú?

MICHAELSEN: Bueno, yo soy una persona muy sencilla y, aunque me siento bien, o sea mi corazón está lleno de alegría, sigo siendo el mismo, sobre todo para mis amigos.

BCM: Me gustaría oírte contar un poco de esa infancia santiaguera. De tus padres, de los estudios y de todo eso que viviste siendo un niño.

MICHAELSEN: Bueno, yo no puedo decir mucho de mi infancia. No fue muy alegre porque nosotros fuimos de la familia "tuvo". Eso quiere decir que habíamos tenido y ya no teníamos nada. Mi padre era alcohólico y, en fin, el hogar se desbarató y fuimos a dar a La Habana por todas esas circunstancias. Entonces no hay capítulo alegre ni nada de eso en mi vida. Los estudio, muy pocos, porque mi mama, cuando yo tenía catorce años, me dio a escoger entre estudiar o trabajar y yo le dije que yo quería estudiar. Ella me pregunta ‘¿qué tú quieres estudiar?’ y le dije, ‘pintura’. Ella me contesta: ‘Ay! pintura no! Yo no quiero artistas en la familia’. Y entonces, pues, trabajé.

BCM: ¿Dónde estaba situada tu casa en Santiago?

MICHAELSEN: En la calle de San Francisco entre Gallo y El Callejón. Y ahí estaba también la casa de mi abuelo, que era la principal. Nosotros vivíamos casi frente a la casa de mi abuelo.

BCM: Háblame del Almirante Michaelsen y de su contribución a la historia de Cuba, a la santiaguera, que le valió el nombre de una avenida.

MICHAELSEN: Almirante Michaelsen no, eso es un error. Mi abuelo fue el cónsul de Alemania, Austria y Hungría, desde la época de España hasta el año en que murió. O sea, que a él lo hicieron cónsul vitalicio. Murió en el año 1928. Sus obras fueron muchas y, por eso, la ciudad lo quiso mucho. Fundó el Club Náutico, hizo el Parque de La Alameda y además cuando la escuadra del Almirante Cervera prácticamente bombardeara la ciudad, los españoles no dejaban salir a los cubanos y, entonces, él, bajo la bandera alemana, sacó al pueblo para el Caney y vació sus almacenes para darle de comer al pueblo. Además, fue presidente de la Cámara de Comercio de Santiago de Cuba dos veces. Eso es todo.

BCM: Ay, ya sé que conociste a tanta gente, pero ¿quiénes te han impresionado más? No importa su estatus social, desde el arrabal a las cumbres....

MICHAELSEN: Entre las personas que conocí me impresionó mucho Ángel Acosta León. Un pintor que fue muy amigo mío. Inclusive, el día que salió para París, salió desde mi casa en Buenavista, en La Habana, el mismo día que yo cumplía años. Eso fue el 18 de abril y yo fui hasta el aeropuerto a acompañarlo. También el Maestro Lam, del cual dos veces fui acompañante, designado por el Museo de La Habana.

BCM: ¿Estudiaste pintura? ¿Dónde?

MICHAELSEN: No, no. Matriculé en San Alejandro, pero nada más que fui a dos o tres clases, entre los años 44 y 47, no me acuerdo bien. Pero mas o menos en esos años fue. El método era que se hacía un curso de dibujo durante dos años. Después te mandaban a lo que era la academia que estaba en la calle Dragones. Y a mí no me gustó el método de enseñanza y, entonces, nada mas que fui a cuatro o cinco clases y después no fui más.

BCM: ¿Cuándo comenzó en ti la furia por pintar?



MICHAELSEN: Bueno, por pintar desde niño. Como mi abuelo pintaba y yo lo veía pintar, a mí me se me alborotó la chispa y yo quería ser pintor como mi abuelo. Y ya conté que no me fue posible. Entonces, de joven, pintaba todo lo que veía. Lo que más pinté fue Blanca Nieves y los Siete Enanitos que estaban en plena moda en aquel entonces, cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años.

BCM: ¿Cómo fue que llegaste al Museo Nacional trabajando como restaurador?

MICHAELSEN: Bueno, ésa es una historia larga. Yo hacía trabajos de decoración, de tapicería de muebles, de cortinas, imagínese. Entonces yo trabajaba para una señora que se llamaba Ernestina Pola de Bustamante. A Ernestina yo le pedí trabajo y que me colocara porque el trabajo que conseguía era muy poco y apenas daba para cubrir mis gastos y, entonces, yo le pedí que, por favor, me buscara un trabajo fijo en algún sitio. Ella hizo unas diligencias, pero nada se me consiguió. Yo empecé a trabajar en el museo el 8 de junio de 1955 como janitor. A los tres meses, cuando inauguraron el museo, me hicieron velador de una sala. Y a los seis meses me hicieron ayudante técnico del director del museo, el señor Antonio Rodríguez Maguey[**].

BCM: ¿Experiencias previas?

MICHAELSEN: Bueno, una vez que me situé en el departamento de restauración, entablé amistad con Ángel Bello Romero. Por medio de él conocí a Ángel Acosta León. Entonces, entre los dos me iniciaron de nuevo en la pintura. 'Ay no, que tu dibujas muy bonito', y no quisieron que tomara clases de dibujo sino que fuera directamente a las pinturas con los dibujitos que yo hacía. Entonces, ya en el año sesenta y dos, expuse con los pintores del museo que hicieron una exposición. La exposición la visitó Mariano, el pintor célebre de los gallos, que era amigo de la directora, la señora Natalia Bolívar. El le dijo a Natalia que los mejores eran los míos. Pero yo no creo que los míos fueran los mejores sinceramente, sino que ellos eran académicos y yo no hice nada académico. Inclusive, Natalia en La Habana conserva dos de los cuadros de esa exposición.

BCM: ¿Cómo fue que escapaste de la isla a través del Mariel?

MICHAELSEN: Bueno, el Mariel fue un momento que ha pasado a la historia como el de la embajada del Perú. En un momento de calentura, Fidel decidió abrir para todo el que se quisiera ir, y yo, pues aproveché la oportunidad de irme.

BCM: El cine: las colecciones de revistas de cine, y de todo lo que oliera a cine. ¿Es verdad que llegaste a tener un archivo único en Cuba? ¿Qué pasó con todo eso cuando saliste de Cuba?

MICHAELSEN: Si, llegué a tener un archivo muy bueno. Cuando yo me fui lo dejé a la persona que quedó en mi casa, un amigo mío que yo tenía en la libreta. Porque tenía que estar en la libreta para tener derechos. Esa persona, que se llama Armando López Rodríguez, tenía conexiones con el ICAIC y llamó a alguien allí y le entregó todo lo de cine que yo tenía. Todo está conservado en la biblioteca del ICAIC en La Habana.

BCM: ¿Sigue siendo tu casa en San Francisco un museo de la amistad, el arte y la buena cocina?

MICHAELSEN: Ni es un museo, ni yo soy cocinero experto. Lo que hay es muchos libros buenos porque mi mejores amigos toda la vida han sido los libros. Entonces, yo le doy mas preferencia a los libros que a tener muebles o cosas superfluas. Tengo libros, y como el apartamento es pequeño, del suelo al techo hasta en el pasillo tengo.

BCM: ¿Es verdad que conociste en persona a Greta Garbo?

MICHAELSEN: ¡No! Eso lo inventó una persona que yo conocí y le decía a todo el mundo que yo había conocido a Greta Garbo. Jamás en mi vida. Desgraciadamente no la vi nunca en persona.

BCM: ¿Y como pintor "naïve", te comparas con algún otro? El Aduanero Rousseau, ¿quizás?

MICHAELSEN: No, no me comparo con nadie. Yo creo que los otros hicieron lo suyo y yo hago lo mío. La pintura de Rousseau me encanta y yo creo que ha sido, no solamente el fundador de la escuela, aunque la escuela yo creo que se pierde en los comienzos del imperio. O sea, que la pintura primitiva está desde las cavernas hasta actualmente. Lo que se perdió mucho simplemente.

BCM: ¿Qué es ser cubano para ti?

MICHAELSEN: Ser cubano. Yo me siento orgulloso de ser cubano. A pesar de nuestros malos políticos, o sea, hemos tenido políticos muy malos desde que se fundó la república, pero tenemos buenos pintores y buenos músicos. Estoy muy orgulloso de los pintores y los músicos cubanos.

BCM: ¿Cómo ha sido tu vida fuera de Cuba?

MICHAELSEN: Como la de todo exiliado; al principio fue muy dura y se fue suavizando hasta llegar a hoy que no soy rico, ni me puedo considerar pobre. Gracias al Estado he podido sobrevivir.

BCM: ¿Le has dicho a tus amigos que habrá que hacer el museo Eduardo Michaelsen con toda esa obra?

MICHAELSEN: No, nunca lo he soñado ni lo he pensado.

BCM: Serás más viejo que Matusalén, estoy segura, pero me gustaría preguntarte: ¿tienes miedo a morir?

MICHAELSEN: No, ninguno. Yo creo que es una liberación. Es un descanso eterno, más nada.

BCM: ¿Dónde quieres que descansen tus restos?

MICHAELSEN: Bueno, frente al parque donde vivo. He sido bastante feliz en el apartamentico. Vivo frente a un parque. Yo creo que mis cenizas me gustaría echarlas frente a mi ventana.

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Fotos: Eduardo Michaelsen por Pedro Portal.
Oleo titulado El Huron Azul.

[**] Algunos lectores, correctamen han notado que se trata no de "Maguey", sino de Morey (el pintor). Suponemos que se trata de un desliz del propio Michaelsen.

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