Friday, September 25, 2009

Gilles Deleuze y la entrevista como forma literaria

I

El aporte mas duradero de los muchos que nos ha legado el filosofo francés Jacques Derrida es, sin duda, su inversión prioritaria del grafema por el fonema. Para el autor de La carta postal, una de las formas más violentas de la tradición filosófica del Occidente la podemos marcar con el hecho de haber favorecido durante el transcurso de su historia discursiva, la oralidad sobre la práctica de la escritura. Es por esto que, para Derrida en su lectura del pharmakon de Platón o los textos sobre el lenguaje de Rousseau, una inversión no solo es posible, sino real: la de una memoria que siempre, y desde su propio origen, no haga otra cosa que el gesto o la simulación de la escritura.

Esta atemporalidad del lenguaje, no solo busca invertir el orden de las cosas, sino también acentuar momentos en que la escritura difiere de si misma, de su significado, y de los referentes que muchas veces solemos interpretar bajo una hermenéutica reduccionista, pragmática, e inmobiliaria. En la obra de Derrida se establece una libertad, donde la escritura se abre hacia el Otro, y por lo tanto los límites entre pensamiento y acto escritural se llegan a confundir, pues todo es oralidad de una escritura. He remitido a Derrida para subrayar como en otro filósofo contemporáneo, como es la figura de Gilles Deleuze, ocurre lo inverso: el lenguaje es solo, si se quiere, un puente para entender la realidad concreta que existe en el mundo a priori de la expresividad de los fenómenos orgánicos. La oralidad, según Deleuze, es solo una forma más de comunicar diferentes procesos, y no como quería Wittgenstein, la reducción total de un sistema de lógica. Al regresar a la filosofía Griega, vemos que algunos (los Sofistas) ya entonaban una ruta hacia la comunicación de ideas como trasmisión libre del pensamiento. Ambos filósofos, en cambio, son dos figuras que durante sus vidas concedieron entrevistas, diálogos, polémicas, en la forma oral, creando de esta forma, todo un corpus, y basta aclarar que no muy pequeño, de una "obra oral" de sus respectivos pensamientos filosóficos. Uno de los proyectos mas innovadores del pensador Deleuze fue haber contestado al cuestionario del Alfabeto, conducido por Claire Parnet, el cual fue mostrado después de su muerte como el lo había querido. Recientemente la forma de la entrevista y el diálogo se ha comenzado a analizar como forma literaria y como regreso a las formas arcaicas del saber. La conducción de estas entrevistas, y el hecho que se han hecho oralmente, exigen por otra parte un nuevo marco donde la palabra se toma, ya no tanto como signo derridiano, sino como texto literario de la expresividad de las ideas.

II

La genealogía de la forma oral nos remonta a los propios orígenes de la poesía (la épica, los rapsodas, y la modernización de las letras con los trovadores medievales), sin embargo quisiera detenerme en dos momentos de la cultura griega: los pre-socráticos y el propio Sócrates. Es sabido que Sócrates debatió incansablemente contra los Sofistas, y que le reprochaba a estos el menosprecio de la doxa retorika, es decir, de la manipulación del lenguaje (como en el diálogo con Gorgias). Sin embargo, el mismo Sócrates nunca escribió una sola palabra, y se especula, siguiendo las pistas que nos ha dejado Platón, que esta ausencia de obra escritas se debe, al menos, al método socrático del elenco como forma ideal para alcanzar la verdad. Como ya ha señalado Derrida en sus análisis sobre el Fedro y el Cratilo, la desconfianza que Sócrates siente por la palabra escrita va a la par de una concepción que vincula a la escritura con la idea muerta, a diferencia de la oralidad que según el filósofo griego es un intercambio entre diferentes opiniones que a su vez permite el intercambio y el fluir entre pregunta y se respuesta. La idea del diálogo, desde Sócrates a Montaigne, va abriendo su espacio hacia lo que pudiese ser constituido como la forma de la expresión oral literaria. En el siglo XX, justamente coincidiendo con las formas de comunicación en masa y la canalización de voces en la esfera pública, es donde la entrevista obtiene una importancia crucial tanto para los escritores como para los críticos literarios.


III

La idea del diálogo como forma literaria aparece, dentro de las estructuras literarias, como un evento para entender, no la oralidad o el cambio de esta hacia la escritura, sino como concepto mismo de las estructuras del texto. Mijail Bajtín en los ensayos de la Imaginación Dialógica, arguye – y adelantándose al estructuralismo francés, que el texto no solo cobra sentido por su codificación monológica, en la vieja costumbre cartesiana, sino que el texto en realidad, es como una red compuesta por una heteroglosia, que debate y enriquece su sentido a través de su comunicación con otros textos disímiles al el. Particularmente en Francia, comenzado con el grupo de Tel Quel, el diálogo como herramienta para analizar y leer los textos literarios impulsan una vez mas a flote el concepto del diálogo y la forma de la entrevista como creación original de un escritor, y no como un mero suplemento a la producción de una obra. Un estudio de la "entrevista" o del diálogo como forma del arte debe presuponer que, si bien en diferentes modos de expresión, el habla oral es una inscripción de las ideas: una obra que ocupa parte del espacio autoral y estructural de un creador. De hecho, los críticos literarios y estudiosos de la cultura que hoy indagan sobre el evento de la entrevista como "obra", apuntan que parte de los obstáculos que se topan durante su trabajo es, en efecto, la paradoja del diálogo como forma muy antigua, y la versión del diálogo como nueva forma en las categorías de la tradición literaria. Leer u oír entrevistas de autores o pensadores requiere, de algún modo, nuevas formas de llevar a cabo el análisis literario, y de situar este en las prácticas existentes.

IV

Tras la muerte de Gilles Deleuze en 1995, se dieron a conocer las ocho horas de conversación que Claire Parnet, discípula del filósofo, mantuvo con su maestro. De la "A" de Animal a la "Z" de Zen, Deleuze hace un lúcido recorrido in situ por los senderos de su pensamiento: ¿síntesis de su sistema? ¿Reducción de sus ideas previas? Ninguna de las dos: autonomía y repetición de la originalidad. Al igual que la última entrevista que concedió Jacques Derrida antes de su lamentable muerte, Deleuze hace del diálogo un arte, un proceso crudo de su propio pensamiento. Mas que una síntesis, la entrevista es un andamiaje de esa "razón dialógica", al decir de Bajtín, donde se mezcla la obra previa con la filosofía occidental, el pensamiento especulativo y las ideas para un futuro libro, la obsesión con los animales y los ritmos de la tos. El Alfabeto de Deleuze es, más que todo, un riesgo: aprender a leer la voz. Se intenta de callar con letras lo que se puede decir con la palabra viva.

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Gerardo Munoz
Septiembre de 2009
Gainesville, FL.

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