Saturday, September 5, 2009

La política cultural en México con el "1900 El Greco"


La estrecha obra de El Greco llega de España a México (Palacio de las Bellas Artes) bajo los protocolos oficialistas de gobierno y sus respectivas instituciones culturales. La muestra recoge todos los cuadros del griego - Doménikos Theotokópoulos – y más que una exposición, es una forma de reconciliación, de estrechar la mano a los conquistadores, o de volver a ese pasado que, como también ha señalado Carlos Fuentes en algunos de sus ensayos cultures, tan bien simbolizan el contexto histórico de las obras del Toledano. La temática religiosa que se impregna en toda la obra del Greco es el signo de las grandes aspiraciones políticas y teológicas de una España que entretenía la idea de llevar su civilización e imponer una cultura a los nuevos países de Latinoamericana. Aunque esto, de ninguna forma, trata de negar el centralismo monárquico de Iberia, o negar la Nueva España, sino todo lo contrario, reconocer la simbiosis de cultura, los lazos de un período tan dramático como poco olvidado.

Coincidiendo con el brote nacional del virus H1 en ese país, El Greco viene siendo una muestra simbólica de la culturización de la política: México se abre al mundo, y el mundo hacia México. En un ominoso conjunto de fotografías de la presentación en la exhibición en el Palacio de Bellas Artes, el Presidente Felipe Calderón mira detenidamente los cuadros, los examina con gran detalle, vislumbra colores y rostros angelicales con barbas, y por ultimo, sacraliza el cuadro frente al presente. El vinculo entre poder (Estado) y cultura no existe porque se hace visible en algunas instancias, ya que éste siempre es una mediación constante. Sin embargo, es crucial indagar sobre las razones del estrecho intercambio entre gobiernos y salones culturales que, sin bien son parte de la sociedad y de la industria hegemónica de la nación, muchas veces quedan a la periferia de un discurso oficial de Estado, mientras que otras veces sucede lo contrario.

Desde luego, el discurso de Felipe Calderón en esta muestra ha sido el de "punto de encuentro" o zona de contacto. Ya no tanto entre México y España, sino entre los mexicanos mismos, es decir, entre las capas de la cultura en un país que desde la Revolución Mexicana (quizá un poco similar a Cuba y su problemática decimonónica) ha estado en búsqueda de su identidad nacional.

"2010, que será el año de la Patria, será una gran oportunidad para acercarnos a México, a su historia y a su cultura, que es el gran activo nacional", así declaró Felipe Calderón en su discurso de inauguración el pasado 2 de Septiembre en el Palacio de Bellas artes, mientras desde el fondo un Santo Greconiano vigilaba sus palabras. El énfasis de la cultura mexicana en los últimos anos responde a esta cuestión que, aunque bien no solo una molestia histórica de México como país aislado de Hispanoamérica, busca remantizar la historia, el pasado, y la identidad a través de la representación de las artes. Justamente, Calderón explicó que para el futuro habría otras exposiciones de una magnitud similar sobre periodos poco conocidos como el arte de la Nueva España, o las civilizaciones de Teotihuacán; centros históricos de la memoria que, como ya ha dicho Paz en Postdata, son lugares que han permanecido inmóviles para el mexicano como espejos de su identidad. La exposición del Greco, sugiero, es una política cultural que enmienda o cura – para expresarlo en vocablos del crítico Geoffrey Hartman, lo que ha sido un roce de culturas y pasados que plantean las no cómodas cuestiones de cómo recordar (en Alemania un debate similar en la posguerra tiene el casi infinito vocablo de Vergangenheisbewaltgang) los héroes, las figuras del odio, el imperialismo del siglo dieciséis, o las riquezas de la colonia. Los colores del Greco, acaso, son el arco iris de estos problemas por los cuales la cultura y la política coinciden para el bienestar simbólico de la nación.

Siempre me llamó la atención que en un catalogo que tengo de Kasimir Malevich de los años 90s, estuviese prologado o introducido por George Bush (padre). Ahora, con la exposición del Greco en México, reconozco que la intervención política o estatal en las esferas culturales, no son muy disímiles a las intervenciones estéticas de Hitler con Leni Riefenstahl o el cine (como, de hecho, nos ha enseñado Quentin Tarantino en su ultimo film), o el realismo socialista de Stalin. Ambos sistemas de gobiernos, tan diferentes en términos políticos, llegan a unirse en la discursividad de una estética nacional: del arte como vehiculo para forjar una memoria, o para celebrar – como ha dicho el Presidente Calderón – "el año de la Patria". La politización cultural de las artes, al menos en la Modernidad, alteran no solo las zonas de la cultura, sino la propia estructura de la edificación nacional. Otra singularidad: aunque es innegable que vivimos en la época de las diferencias globales, la nación aun es el centro de la creación de una identidad homogénea. A través de un discurso de política de la memoria, Felipe Calderón no solo está elogiando a un pintor o un período de la historia, sino curando la forma de la representación de la misma, instituyendo una información de la posición del contemplador frente a un cuadro y su propia historia.
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Gerardo Munoz
Gainesville, FL
Septiembre 4, 2009
foto: Inauguración de la Exposición El Greco 1900 (03-09-09) en Flickr

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