Tuesday, September 15, 2009

La ciudad y deseo en Rafael López-Ramos





La ciudad, como eje utópico y espacio fantasmagórico de lo moderno, se encuentra bajo una crisis que, aun coincidiendo con la crisis económica y moral del Occidente, ha alterado sus contornos homogéneos y monumentales para convertirse en un espacio de lo fragmentario y de las diferencias propias de la cultura global. Parte de esta crisis de la ciudad o del urbanismo responde a la nueva hegemonía de la globalización como proceso que inestabiliza y deconstruye la ciudad. Hoy, más que en ningún otro territorio de la Modernidad, la idea de un ecumenopolitaniamo, como diseñó alguna vez el griego Constantinos Dixioadis, ha ocupado un lugar por el cual las diferencias globales han terminado aniquilando las particularidades de una identidad micro-urbana.

El arte de López-Ramos, más allá de su representación fragmentaria, también se inscribe como una sinécdoque en la fascinación que el arte moderno ha sentido en torno a la máquina. La Modernidad es la historia de varios accidentes de máquinas, cuyo medio es el espacio: desde el accidente en coche que ilumina a Martín Lutero hacia el Protestantismo, al abrupto resbalón en la carretera que Marinetti tuvo que hacer para evitar arroyar unos venados; el transporte moderno es a su vez una transformación del tiempo histórico y del saber. No obstante, la tradición en la cual Rafael López Ramos se ha insertado no es aquella que promueve el Futurismo bajo los ideales de la velocidad y del ostento bélico, sino la de una contra-tradición mucho mas crítica de las máquinas mismas, ya que en su contexto social, las maquinas es el suplemento hegemónico de los controles del consumo. La crítica de Rafael López Ramos es de cierta forma análoga a las poéticas latinoamericanas sobre la máquina, en las cuales se deslizaban una atroz crítica a la ausencia de modernidad y al surgimiento de la nueva ciudad devorada por los complejos tecnológicos. Al acércanos a esta nueva serie, no tenemos la más minima duda que, al ver cada uno de los cuadros, estamos frente a una estética crítica del defasaje del tiempo, de los excesos del hiper-consumo, y de las inigualdades sociales que esconden las apariencias de la voluptuosa industria automotriz.

plano de Constantinos Dixioadis
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La producción del deseo en esta serie de Rafael López Ramos ha quedado al desnudo a través del espejismo de las máquinas que nos devuelven no solo la lúgubre imagen de la naturaleza asaltada por los fetiches, sino la estructura interna de la producción de objetos sujetada por la producción de un sujeto que existe, o cuya ontología existe, para dominar el campo del deseo. Las máquinas de López-Ramos es el epítome de este irreversible proceso posmoderno.

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Como hemos dicho antes, estas nuevas obras que ahora se exponen bajo el rótulo de "Mirroring Nature" configuran diferentes niveles polisémicos de una crítica dirigida tanto a la industria cultural como al capitalismo global, a los valores norteamericanos del consumo como a su ensueño ideológico, a las apariencias de la felicidad en un contexto post-industrializado, y en específico a la idea de la manufacturación del deseo a través de la imagen. Aunque de un estilo de expresión muy personal, la forma de estos cuadros da una impresión al veedor de que el artista ha acertado en un punto intermedio entre la parálisis pictórica de David Hockney y los óleos hiperrealistas de Richard Estes. Como estos dos, el espacio de Rafael López Ramos es siempre geográfico (algo que, por cierto, vemos en sus tempranos trabajos hechos en Cuba en los años ochenta): una vuelta a la ciudad y a los fragmentos que la retienen.

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Gerardo Munoz
Gainesville, FL.
* fragmento de un extenso texto que escribí para el catálogo de la última serie del pintor Rafael López-Ramos. El texto fue escrito en su integridad en inglés.

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